Divorcio, violencia, las luchas de las mujeres narradas en 100 años de cuentos
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Divorcio, violencia, sexualidad, las luchas de las mujeres narrados en 100 años de cuentos

Con 20 años de investigación en la narrativa del cuento mexicano, Liliana Pedroza visibiliza el trabajo de 100 cuentistas mexicanas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX con temas que reclaman el espacio público de las mujeres.

En los últimos 100 años, escritoras mexicanas utilizaron el cuento para hablar de temas como el divorcio, la violencia, la libre autodeterminación de sus cuerpos, el aborto, la sexualidad, la diversidad de género, su destino doméstico y la ruptura de estereotipos.

Esta evolución del pensamiento femenino fue recopilado en la antología A golpe de linterna de la escritora e investigadora, Liliana Pedroza con la pluma de 100 cuentistas mexicanas.

A golpe de linterna. Más de cien años de cuento mexicano de editorial Atrasalante es una antología editada en tres tomos. En 1,000 páginas recogen 100 historias de 100 cuentistas mexicanas a lo largo de 100 años. Esta recopilación de cuentos cubre de manera cronológica tres marcadas etapas en las manifestaciones feministas, acordes a determinadas épocas en las que se desarrollaron a través de la práctica del cuento en la literatura mexicana.

En estos tres libros, Pedroza presenta la narrativa de estas mujeres y la lucha por sus derechos y libertades que parecen no tener fecha de caducidad, donde la violencia aumenta, las manifestaciones no cesan y las mujeres se encuentran cada vez más organizadas, con grupos de apoyo a su lado decididas a conseguir lo que a principios del siglo XIX ya era evidente: el derecho a decir sobre sí mismas.

El Tomo I de A golpe de linterna se titula Pioneras, el Tomo II Insumisas y, finalmente, el Tomo III Exploradoras. Cada volumen es acompañado por los trazos de la ilustradora guanajuatense Susana Ríos.

“No solo van a encontrar 100 excelentes relatos sino 100 excelentes cuentistas. Cuando alguien se deslumbre con la historia de alguna y vaya a su obra total, como cuentista, se va a encontrar con una gran escritora”, añade la autora Liliana Pedroza en entrevista para Animal Político.

El título de esta antología nace de una frase del cuentista argentino, Andrés Neuman, quien dice que la novela es la luz del día mientras que el cuento es solo un golpe de linterna en una habitación oscura. Liliana toma parte de este enunciado para resignificar las luchas que han vivido las mujeres plasmadas en la literatura mexicana.

En ese sentido, Liliana explica que el cuento solo ilumina con un haz de luz una parte de una habitación oscura. Es el resumen de todo lo que ha sido el cuento a lo largo del siglo y contribuye a pensar en esta labor de búsqueda por encontrar a las voces de tantas mujeres.

Pasado y presente de una misma lucha

Liliana Pedroza trabajó en esta antología durante 20 años en los que recopiló, leyó, seleccionó y encontró a aquellas cuentistas mujeres que de alguna manera fueron omitidas dentro de este género de la literatura mexicana.

Cabe recordar que antes de A golpe de linterna, Pedroza ya había publicado Historia secreta del cuento mexicano 1920-2017 a través de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en 2018. Este ejemplar es el resultado de un catálogo historiográfico, a manera de directorio, que da cuenta de más de 500 cuentistas dentro de la historia de la literatura mexicana. “De esa investigación nace la antología”, añade.

Aunque el punto de partida de esta serie de libros de cuentos mexicanos es la cronología de las historias, en ellos resalta el constante diálogo de las autoras con temas como la maternidad -y la diversidad que hay de estas- al ser o muy violentas o muy rompedoras de estereotipos. Todas dialogando para generaciones distintas.

“Todas dialogan con nuestro presente, con lo que pensamos de la participación de las mujeres en los espacios públicos, en la eficiencia por el derecho a tener control sobre nuestros cuerpos. Hay muchos temas que siguen siendo actuales y se puede leer de manera indistinta”, explica.

Según datos presentados por la autora en su libro Historia del cuento mexicano, en la medida que las mujeres ocupan espacios del ámbito público su participación de la literatura se visibilizó más como sucedió en las décadas de los años 50, 60 y 70, sobre todo aquellas cuentistas mujeres que se vincularon con las actividades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Actualmente “hay muchos grupos de mujeres desde la academia con los estudios de género; activistas y cada vez más mujeres que están teniendo consciencia sobre los mecanismos de opresión que han ejercido sobre nosotras, como grupo social”.

Sin embargo, años atrás, ya había mujeres reuniéndose para crear grupos de apoyo, había organizaciones que buscaban enseñar un oficio a las mujeres para que fueran autónomas económicamente y no hubiera precarización laboral en ellas. Estas historias contextualizan cómo las exigencias continúan haciéndose a pesar de que ya ha transcurrido un siglo.

La violencia, un fenómeno que no hace distinciones

Dentro de la selección de cuentos, Liliana Pedroza da voz a la pluma de aquellas autoras que denunciaron la violencia a través de este género. Desde la violencia de género, el feminicidio y las manifestaciones de años recientes que ponen sobre la mesa la forma en que la violencia no hace distinciones en las diferentes épocas en la historia del país.

Tal y como sucede en el Tomo I con una de las historias que sucede durante la Revolución Mexicana con la historia de mujeres que tenían cargos de alto mando, por ejemplo, está el caso de una coronela que tiene un ejército de mujeres peleando en el campo de batalla o mujeres liderando una manifestación a través de la educación.

En el Tomo II de Insumisas, Pedroza muestra los rostros de las mujeres de los años 50 y 60 en un contexto de movimientos y oleadas feministas que ponen en la conversación temas como el aborto, el decidir sobre sus propios cuerpos, el derecho a la planificación familiar, la sexualidad, la diversidad de género y la libre elección de la sexualidad.

Mientras tanto, en el Tomo III las Exploradoras ya atravesaron diversas luchas sociales. Ellas recogen todo lo sucedido en el siglo anterior, cuentan sus propias realidades explorando otras narrativas. Nuevas formas de contar las realidades como la violencia, los feminicidios, la debacle ambiental y la lucha por seguir ocupando los espacios públicos que les han negado.

En este contexto, cifras de la Red Nacional de Refugios (RNR) muestran que de marzo a octubre de 2020, periodo que señala los primeros 8 meses de la pandemia, en México la violencia dentro del hogar aumentó. Ante esto, la organización dio atención y acompañamiento a 34, mil 716 personas, lo que representa un incremento de 51% comparado con el mismo periodo del año pasado.

De marzo a octubre realizaron 37 rescates de mujeres y en su caso, sus hijas e hijos en situación de riesgo, dos de ellos internacionales. En septiembre y octubre 3.78% de mujeres reportaron violencia feminicida, mientras que 4 de cada 100 mujeres reportaron intento de feminicidio.

A pesar de los índices de violencia que se dan dentro del hogar como consecuencia de las repercusiones de la pandemia y del temor a los riesgos por contagios de COVID, la autora considera que hay que salir a la calle a marchar y manifestarse en contra de la violencia, una realidad que para las mujeres es mucho peor que la pandemia.

A golpe de linterna. Más de cien años de cuento mexicano de la editorial Atrasalente ya se encuentra a la venta en distintas librerías. Recientemente se presentó, por primera vez, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FILG) y tendrá gira de presentaciones de forma virtual a través de las redes sociales de la editorial y la autora.

“Sí. Nosotras desde hace siglos venimos luchando contra otra pandemia que es la violencia machista y bueno, son temáticas que tienen las escritoras en el cuestionamiento sobre el destino social de las mujeres que es la casa, los hijos, el matrimonio; como algunas lo asumen y cómo otras se rebelan a este rol social, como las escritoras más jóvenes, retratan el feminicidio, la precarización laboral por ser mujer, por ser madre soltera. En la antología se ve un abanico de temas y la forma en cómo se abordan de una manera muy reveladora”, puntualiza la doctora en Literatura Hispanoamericana, Liliana Pedroza.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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