Tras presiones y retrasos Conacyt paga becas a alumnos de posgrado
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Tras presiones y retrasos Conacyt paga becas a alumnos de posgrado

Los jóvenes entrevistados confirmaron a Animal Político que ya habían recibido el dinero, pero ningún nuevo correo avisándoles o explicando qué fue lo que pasó.
Cuartoscuro
8 de diciembre, 2020
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Tras la presión en redes sociales de estudiantes de posgrado, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) depositó por la noche de este 8 de diciembre la mensualidad de las becas correspondiente, que debió pagarse en los primeros cinco días del mes.

El organismo, que no contestó durante el día los cuestionamientos de Animal Político sobre el retraso, envió a las 9 de la noche un comunicado confirmando los pagos y argumentando que fue por una falla técnica.

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“En días pasados, a través de un correo institucional, se informó a la comunidad de becarios nacionales que habría un retraso en la ministración de las becas del mes de diciembre, lo cual se debió a una falla técnica, que tardó sólo unas horas más de lo que esperábamos en resolverse. Por lo mismo, informamos que dicho impedimento ha sido solventado y las becas correspondientes al mes en curso ya han sido depositadas en su totalidad”, señaló.

Aunque el correo que recibieron los jóvenes no decía eso, sino que había “situaciones imprevistas” y que se resolvería “a la brevedad”, sin especificar si serían horas, días o semanas.

Además, esas fallas no afectaron a todos los estudiantes por igual. Entre ellos solo pudieron detectar que quienes sí recibieron la mensualidad eran alumnos de semestres más avanzados, y quienes no la tenían eran los que empezaron su maestría o doctorado apenas en este ciclo escolar.

Conacyt no respondió tampoco a la pregunta de cuántos habían sido los afectados.

Entre ellos estuvo Enrique Reyes. Empezó hace unos meses su maestría en Automatización y Control, con línea de investigación en diseño de sistemas inteligentes para la rehabilitación, a lo cual tiene que dedicarse de tiempo completo por mandato del organismo.

A cambio de eso y del compromiso de no tener trabajo para enfocarse solo en sus estudios, Conacyt le paga 11,800 pesos mensuales. Pero este lunes, en lugar del dinero recibió el correo que avisaba del retraso.

“Debido a situaciones imprevistas, por única ocasión no podremos realizar el pago de su beca a tiempo. Resolveremos este problema a la brevedad para poder abonarle la cantidad correspondiente al mes de diciembre. Agradecemos de antemano su comprensión y lamentamos los inconvenientes que esto le pueda causar”, decía el texto firmado por el director de becas, Edwin Triujeque Woods.

Ese, en realidad, fue el segundo correo que recibió. El primero fue a finales de la semana pasada y prometía que los pagos estarían en tiempo.

La mensualidad se deposita a los estudiantes de posgrado en los primeros cinco días de cada mes. Enrique supo que algunos ya la tenían, pero él todavía no. Entonces llegó el primer correo oficial, que decía que como el 5 de diciembre caía en sábado, el dinero llegaría hasta el lunes, que era el quinto día hábil.

Contó en entrevista con Animal Político que ya pasaban de las 5 de la tarde, que es cuando suele caer la beca, sin que nada ocurriera, y como a las 8 de la noche llegó ese segundo correo de Conacyt reconociendo que el pago no estaría.

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“No podemos trabajar ni tener ingresos externos, entonces uno cuenta con ese dinero. Yo en lo personal pago renta, pago internet, pago mis servicios, y pues yo ya tenía contemplado que al menos hasta el quinto día hábil yo ya podía contar con ese dinero. Entonces ahorita a lo mejor no tengo suficiente para pagar todo. Y no puedo decirle a la persona que me está rentando ‘le voy a depositar a la brevedad’, como ellos nos comentan… Y ni siquiera sé cuándo me van a depositar”, explicó.

Y eso que él al menos recibió las comunicaciones oficiales; otros, ni siquiera eso.

Un alumno de primer semestre de la maestría en el Instituto Mora, que prefiere que no se dé su nombre, se enteró de la situación gracias a quienes empezaron a compartir en sus redes sociales capturas de pantallas de los correos.

Él no es originario de la Ciudad de México, así que al venirse a estudiar, rentó un departamento con otros tres compañeros. Pero ahora, que hay que pagar la renta, ninguno de los cuatro estudiantes recibió su mensualidad.

“No tenemos ni idea del porqué, ni para cuándo, ni nada. Y el enojo es que ellos sí nos piden compromiso y dedicación. Estamos en finales de semestre en la mayoría de las maestrías y estamos a full, porque los maestros y las coordinaciones te ponen clases a la hora que sea necesario, de lunes a viernes y de 8 a 8 tú estás para la maestría. Si se ocupa recuperar una clase te la recuperan y si se trata de ir a un taller te lo ponen, porque te dedicas exclusivamente a estudiar y las instituciones asumen que tú tienes el tiempo para hacerlo. Entonces dependemos de ese ingreso al que se comprometió Conacyt”, lamentó.

Hasta ahora no había tenido problemas, aunque es de nuevo ingreso, lo que a veces puede implicar que pasen tres meses para empezar a recibir la beca. Él tuvo a tiempo sus pagos en septiembre, octubre y noviembre, y no ve la razón para que ahora se haya atorado.

“Se supone que ese recurso ya está asignado. Con todo y los cambios que han ocurrido, algo que ha dicho la administración federal es que el recurso de las becas ese sí no corre peligro porque ese ya está asignado”, subrayó. “Hace mucho ruido que sea en diciembre, cuando el gobierno tiene que desembolsar más dinero por los aguinaldos, etcétera”.

Con la etiqueta #CONACyTNoCumple, los becarios empezaron a compartir en redes sociales la situación y a ver que ni siquiera era homogénea: algunos decían que solo los que iniciaron maestrías este año estaban sin pagos, otros que no había un patrón y solo ocurrió que unos sí recibieron la mensualidad y otros no.

Los jóvenes entrevistados confirmaron a Animal Político que ya habían recibido el dinero, pero ningún nuevo correo avisándoles o explicando qué fue lo que pasó.

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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https://www.youtube.com/watch?v=eeU0dpGZPZ8

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