Seguimiento a casos COVID en la CDMX: los aciertos y deficiencias
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Foto ilustrativa / Cuartoscuro

Llamadas, kit de ayuda: los aciertos y deficiencias del seguimiento a casos COVID en CDMX

La Ciudad de México hace 20 mil pruebas diarias para detectar en menos de media hora casos COVID. El reto ahora es el seguimiento médico y el apoyo para quienes resultan positivos.
Foto ilustrativa / Cuartoscuro
16 de diciembre, 2020
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El lunes 7 de diciembre pasado, Rodolfo, sus padres y su esposa se subieron al automóvil de la familia y fueron al Quiosco de la Salud del deportivo Carmen Serdán, en Cuautepec, en la Ciudad de México, a hacerse la prueba de COVID-19. De todos, solo la esposa de Rodolfo resultó negativa. Algo que no se explican, por el estrecho contacto con los demás. Después del resultado positivo del resto, la familia ha estado lidiando con la enfermedad sin seguimiento médico por parte de alguna institución pública. Uno de ellos rechazó la oferta de hospitalizarse y a partir de eso quedaron por su cuenta. 

Aunque la CDMX ha dicho que tiene una estrategia de rastreo de contactos, a Rodolfo y su familia no les preguntaron quiénes eran las personas que podrían estar contagiadas por haberse reunido con ellos. Si se hubiera seguido este protocolo, por ejemplo, al hermano de Rodolfo, a la esposa de éste y a su hijo, que el fin de semana anterior convivieron con los tres casos positivos de la familia, les hubieran llamado las autoridades de la CDMX, pero no ocurrió así. Ellos acudieron también a un quiosco para someterse al test de COVID por precaución. Salieron negativos. La única explicación que encuentran es que se hicieron la prueba demasiado pronto. 

A los padres de Rodolfo, que no se sentían tan mal, solo les dijeron en el quiosco que se aislaran durante 14 días. A Rodolfo, de 52 años, con diabetes y que en ese momento ya tenía problemas para respirar, le preguntaron si quería hospitalizarse de una vez. La familia lo platicó por un momento y decidieron que no. 

Lee: CDMX suma 260 camas en carpas y hospitales ante aumento de COVID

Rodolfo se fue a su casa, con una lista de hospitales a los que podía acudir si empeoraba. Sus padres, que viven en el piso de arriba, se mudaron a la casa de él para aislarse todos juntos y ayudar a cuidarlo. La esposa mostró síntomas, pero no se agravó. Los padres no tuvieron complicaciones. A Rodolfo le consiguieron asesoría médica privada y un tanque de oxígeno. La familia ha gastado alrededor de mil pesos diarios para rellenar el tanque. 

Tres días después de su visita al quiosco y del resultado positivo de tres de ellos, les llamaron, de parte del gobierno de la CDMX para corroborar su dirección y enviarles, a cada uno, el kit médico, la despensa y la tarjeta con mil pesos para comprar en el súper. No han recibido ninguna otra llamada ni seguimiento médico. Quienes estuvieron en contacto con ellos no han tenido seguimiento tampoco. Ni les llamaron para alertarlos o darles alguna orientación. 

Frank, un joven que acudió el 4 de diciembre a hacerse la prueba de COVID al quiosco que está afuera del metro Jamaica y también resultó positivo, dice que en su caso no ha recibido ningún tipo de apoyo, ni kit, ni despensa, ni tarjeta. Tampoco seguimiento médico. “Nadie se ha puesto en contacto conmigo. En el quiosco solo me dijeron que avisara en mi trabajo y que si presentaba síntomas más fuertes, llamara a Locatel. Ni siquiera me preguntaron en qué había llegado o cómo me iba a regresar, como para ver si en el camino podía contagiar a alguien. Nada de eso”. 

Estrategia de seguimiento variada

La CDMX presentó desde junio su Programa de Detección, Protección y Resguardo de Casos COVID-19 y sus contactos. Los ejes eran las pruebas de PCR para detectar positivos, las visitas a las casas en las colonias de atención prioritaria para dar información a la población e identificar a personas con síntomas y el rastreo de contactos.

A partir del 20 de noviembre, sin embargo, la CDMX apostó por hacer más pruebas de COVID como parte de su estrategia para frenar el repunte de casos en la capital. De entonces a la fecha han subido el número de test hasta 20 mil por día. Las pruebas ya no son solo las PCR, con las que se deben esperar días para tener el diagnóstico. La capital está usando las pruebas rápidas de antígenos para poder dar los resultados en menos de media hora. 

Estas pruebas rápidas no son las mismas que las serológicas, esas que identifican si el sistema inmune ya estuvo en contacto con el virus, pero no son adecuadas para confirmar una infección en curso. Estas sí identifican si la persona está enferma en ese momento y están avaladas por la Organización Mundial de la Salud, por Cofepris y por el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica de México (InDRE). 

Las pruebas de antígenos se están aplicando en la capital en 229 puntos, distribuidos en 117 centros de salud, 33 quioscos en las colonias de atención prioritaria, 50 macro quioscos y 29 hospitales de la red de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa).

El 27 de noviembre, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció que su administración invertiría 160 millones de pesos para adquirir un millón de pruebas de antígeno, duplicar el número de aplicaciones realizadas y cortar la cadena de contagios de COVID-19.

El objetivo de hacer las pruebas, señaló la jefa de gobierno, es detectar casos positivos de la enfermedad, que las personas puedan aislarse durante 15 días, reciban un kit médico, alimentario y económico, y seguimiento médico por parte del gobierno capitalino.

Desde que se incrementó el número de test, la CDMX ha reportado más casos de COVID por día, hasta rebasar los 5 mil. El índice de positividad alcanzado es de 24%. 

Lee: CDMX rebasa el pico de hospitalizaciones de mayo con 4 mil 598 personas atendidas por COVID

A pesar del incremento de las pruebas, sin embargo, la estrategia para darle seguimiento a los casos positivos es variada. Las experiencias que narran los habitantes de la CDMX son distintas.

La segunda semana de agosto, Raquel Trior, de 23 años, se fue a hacer la prueba, entonces solo había PCR, a un quiosco en Santiago Tepetlapa, en la alcaldía de Xochimilco. Se tardaron tres días en darle el resultado. Fue positivo. Con ella viven cinco mujeres adultas y dos menores. Los demás salieron negativos. Como su hermana mayor tenía síntomas fue a atenderse con un médico privado, le dijo que era muy seguro que sí tuviera COVID. Se aislaron todos. 

“En mi caso, me pidieron que un familiar fuera al quiosco a recoger el resultado para que yo no saliera. Dos días después de que supe que era positiva, me llamaron de parte del gobierno de la CDMX para preguntarme si ya tenía mis resultados y cómo iban mis síntomas”. 

Raquel solo tuvo dolor de cabeza.  Les dijo eso. Dos días después le llamaron otra vez para volver a checar cómo estaba y corroborar su dirección. Le dijeron que iban a enviarle el kit médico, la tarjeta y la despensa. Poco rato después tocaron en su casa, dejaron las cosas en la puerta y se fueron. A la semana volvieron a llamar para verificar cómo seguía. Ella es de las que reportan que su seguimiento fue bueno.

En cambio Rubén Sandoval, de 27 años, cuenta que el seguimiento fue deficiente. Él se hizo la prueba en el quiosco de la colonia Presidentes, en la alcaldía de Álvaro Obregón, el 5 de noviembre. También fue con su familia: seis personas en total, en dos automóviles. 

Un tío con el que convive mucho se hizo un estudio de tórax, los estudios arrojaron un daño importante en los pulmones. La familia decidió someterse a la prueba de COVID por precaución. Los resultados de las pruebas PCR se tardaron cinco días.

En esos cinco días no supieron nada. Nadie los llamó. Igual se aislaron desde la prueba por precaución. De todos, solo un integrante de la familia, el papá de Rubén, salió negativo, los demás fueron positivos. Su tío vivía a parte, pero decidió mudarse con ellos para no estar solo. “Nos recluimos todos. De hecho a mi tío le llamaron después de parte del gobierno de la CDMX y como no estaba en su casa, le dijeron que entonces no podían darle la tarjeta, ni la despensa ni el kit médico. A los demás que salimos positivos y estábamos en nuestra casa sí nos llegaron”. 

Todos tuvieron cuadros leves, menos el tío. “A él, como ya iba con el antecedente de la placa de tórax y más síntomas, desde que le tomaron la muestra en el quiosco, el doctor de ahí le dijo que si se sentía más mal, les llamara, le dio los teléfonos y todo, y que le mandaban una ambulancia o le decían a qué hospital ir”. 

Pero el tío tampoco quiso llamar al centro de salud ni acudir a un hospital. Cuando se sintió más mal, lo llevaron a un médico privado que les aconsejó conseguir un tanque de oxigeno y eso justo hicieron. Además de las llamadas para corroborar la dirección donde se enviarían los kits de ayuda, no tuvieron otro tipo de seguimiento. 

María de Sanctis, de 24 años, dice que ella si no recibió nada de nada. Ni kit médico, ni despensa, ni tarjeta, ni llamadas de seguimiento. Se hizo la prueba de PCR en el quiosco del Parque San Antonio, en Mixcoac, el 18 de noviembre. Se quedó en la rayita, a dos días de poner acceder a una prueba rápida y lo resintió en el tiempo que tardó el resultado: siete días. 

“Se tardaron mucho y yo me sentía muy mal. Tengo antecedente de asma y me pegó mucho la enfermedad. Fui mejor con un médico privado y él me estuvo atendiendo. Fue hasta siete días después de la prueba que recibí una llamada: María, me dijo, soy el doctor tal, no recuerdo el nombre, solo llamo para informarte que tu resultado es positivo”. 

La joven asegura que solo le dijeron que se aislara 14 días y nada más. No recibió más llamadas, ni para otorgarle los apoyos ni para darle seguimiento médico. 

Qué podría hacerse mejor

Animal Político solicitó una entrevista al gobierno de la Ciudad de México para saber cómo se está haciendo el seguimiento a los casos positivos de COVID. Primero se le solicitó a la Agencia Digital de Innovación Pública (Adip). La agencia respondió que quien debía dar la entrevista era la Secretaría de Salud de la CDMX. Se hizo la solicitud a esta instancia. Respondieron que quien debía dar la entrevista era Locatel y Locatel respondió que quien debía darla era Adip. 

Ante la falta de respuesta oficial, este portal buscó al epidemiólogo y especialista en Salud Pública, Malaquías López, quien además es integrante de la Comisión COVID de la UNAM, para preguntarle sobre los aspectos que podrían robustecerse en la estrategia de asesoría y seguimiento a casos positivos en la CDMX.

El especialista señala que, por ejemplo, cuando las personas no quieren a ir a un hospital, y puesto que no se les puede obligar, sería oportuno ofrecerles atención médica en su casa, aunque reconoce que en el país no ha existido nunca un sistema de salud capaz de responder a esa demanda. 

Lo que quizá sería más factible, explica, son las llamadas de seguimiento médico, que tendrían que hacerse casi diario. “Y si la persona es diabética, por ejemplo, desde el momento de la prueba y ahora con el resultado casi inmediato, verificar si tiene un control adecuado de la enfermedad y darle indicaciones muy precisas sobre cómo debe controlarla”. 

La información adecuada a una persona que resulta positiva es básica, advierte. Se les debe de decir qué síntomas son de alarma, qué problemas pueden tener, y hay que hacer una lista con recomendaciones muy claras. 

“No hay que dejar a la gente sola, con el resultado positivo. Debemos entender que la gente con la angustia del soy positivo empieza a buscar opciones y caen en lo del cloro. Esas mentiras hay que cortarlas con información precisa y cercana”. 

Si hay cosas que de momento no es viable hacer, dice Malaquias López, como llevar a todas las personas que llegan a los quioscos en metro hasta su casa, lo que sí se puede hacer es darles un cubrebocas adecuado, decirles cómo deben usarlo y darles una botellita de gel para que se lo vayan poniendo todo el camino. Esas cosas son posibles y de mucha ayuda, dice. 

Con información de Itxaro Arteta.

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Qué es la 'desigualdad oculta' y por qué perjudica sobre todo a las mujeres que trabajan

Se ha hablado mucho sobre cómo las mujeres tienen que realizar la mayor parte de las tareas domésticas, pero lo que es menos conocido es la "carga mental" que también recae mayoritariamente en las mujeres, afectando su capacidad de trabajar.
25 de agosto, 2021
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Organizarles un programa con amigos o reservar sus turnos médicos. Pensar cómo esconder verduras en sus comidas o asegurarte de que haya suficientes en la lista del supermercado.

Preocuparte por si tu hijo va por buen camino en la escuela, su tu hija necesita zapatos nuevos y cuándo reemplazar tu lavarropas.

Por sí solas, todas estas pueden parecer tareas pequeñas, pero se acumulan.

Y si le preguntas a las parejas heterosexuales con hijos cuál de los dos suele lidiar con ellas, es probable que la mayoría de la misma respuesta: la madre.

Numerosos estudios muestran que las mujeres en relaciones heterosexuales todavía hacen la mayor parte del trabajo doméstico y el cuidado de niños.

Si bien muchas parejas tienen como objetivo dividir sus responsabilidades en un 50:50, por diversas razones estructurales y socioeconómicas terminan asignando tareas según los roles estereotípicos de género.

Incluso en las parejas que piensan que han logrado una división igualitaria del trabajo, las formas de cuidado más ocultas generalmente terminan recayendo en la mujer.

De hecho, un creciente cuerpo de investigación indica que, para las responsabilidades del hogar, las mujeres realizan mucho más trabajo cognitivo y emocional que los hombres.

Comprender por qué esto sucede podría ayudar a explicar por qué la igualdad de género no solo se ha estancado, sino que está retrocediendo, a pesar de que el tema se debate más que nunca.

Y una comprensión más amplia de este trabajo detrás de escena podría ayudar a las parejas a redistribuir las tareas de manera más equitativa, algo que, aunque inicialmente será difícil, podría desempeñar un papel importante para ayudar a las madres a aligerar su carga.

Una madre sostiene a un niño que llora

Getty Images
La carga oculta es mental y emocional: las investigaciones muestran que tareas como calmar a los niños angustiados generalmente recaen sobre las madres.

Trabajo invisible e ilimitado

Los expertos dicen que este trabajo oculto se presenta en tres categorías superpuestas:

  • trabajo cognitivo: consiste en pensar en todos los elementos prácticos de las responsabilidades del hogar, incluida la organización de citas para jugar, las compras y la planificación de actividades.
  • trabajo emocional: mantener las emociones de la familia; calmar las cosas si los niños se portan mal o si se preocupan por cómo les va en la escuela.
  • carga mental: es la intersección de las dos anteriores. Es preparar, organizar y anticipar todo, tanto lo emocional como lo práctico, que debe estar resuelto para que la vida fluya.

Este trabajo oculto es difícil de medir, porque es invisible y se realiza internamente, lo que dificulta saber dónde comienza y dónde termina.

En 2019, Allison Daminger, candidata a doctorado en sociología y política social en la Universidad de Harvard, descubrió que, si bien la mayoría de los participantes en su estudio sobre el trabajo cognitivo del hogar se dieron cuenta de que las mujeres estaban haciendo la mayor parte, esto no era considerado una “forma normal de trabajo”.

En su investigación, que incluyó a 35 parejas, los hombres se referían a sus esposas usando términos como “gerente de proyecto”, o decían que ellas estaban “haciendo un mayor seguimiento”.

Daminger identificó cuatro etapas claras del trabajo mental relacionadas con las responsabilidades del hogar:

  • anticipar las necesidades
  • identificar opciones
  • decidir entre las opciones
  • monitorear los resultados

Su investigación mostró que las madres hicieron más en las cuatro etapas; aunque las parejas a menudo tomaban decisiones juntas, las madres se ocupaban más de la anticipación, la planificación y la investigación.

En otras palabras, los padres estaban informados cuando se trataba de tomar decisiones, pero las madres hacían todo el resto del trabajo.

Una familia desayunando

Getty Images
Los padres suelen participar de las decisiones, pero no de la planificación, investigación, ejecución y monitoreo de las actividades de los niños.

Este trabajo oculto tiene varios impactos; sabemos, por ejemplo, que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de preocuparse por el cuidado de los niños incluso cuando no están con sus hijos.

Esto causa estrés adicional, porque esa preocupación siempre está presente, incluso cuando las mujeres deberían concentrarse en otras cosas.

La carga mental es ese hilo que trae tu familia a tu vida laboral“, dice Leah Ruppanner, profesora asociada de sociología en la Universidad de Melbourne y autora de Motherlands (“Tierras de madres”).

Es la preocupación constante de bajo nivel sobre si estamos haciendo lo suficiente y sobre el impacto que nuestra forma de crianza tendrá en el futuro de nuestro hijo o hija.

“Siempre estás tratando de mitigar el riesgo futuro”, señala Ruppanner.

“Control materno”

Una cosa que desconcertó a Daminger fue que esta distribución desigual del trabajo mental no parecía crear mucho conflicto entre sus participantes.

Para entender por qué, realizó un estudio de seguimiento que, un año después, mostró que las parejas justificaban algunos de estos comportamientos relacionados con el género.

Tanto hombres como mujeres sugirieron que la división desigual del trabajo mental se debía a que uno de los miembros de la pareja trabajaba más horas.

O afirmaron que las mujeres estaban “por temperamento interesadas en estar organizadas”, que simplemente eran buenas para planificar el futuro.

Esto mostró que los participantes creían que las diferencias de personalidad y las limitaciones laborales estaban impulsando estas desigualdades.

Estos eran participantes bien educados que aceptaron participar, por lo que es posible que no fueran completamente representativos, pero aún así da una idea interesante de un concepto erróneo que otros estudios han desacreditado: las mujeres no son naturalmente mejores en la planificación, organización o el multitasking, solo se espera que lo hagan más y, por lo tanto, eventualmente se vuelvan mejores en eso.

Una mujer tratando de trabajar con sus dos hijas al lado

Getty Images
Las mujeres no son naturalmente mejores con el “multitasking” sino que se hacen expertas por necesidad.

Sin embargo, existen otras razones estructurales por las que las mujeres continúan asumiendo una mayor carga mental.

A menudo encuentran una manera de trabajar de manera flexible, mientras que los trabajos de los hombres se consideran más rígidos y sus carreras son tradicionalmente más lineales.

Esto significa que las mujeres están más disponibles para el cuidado de los niños, lo hacen más y, como resultado, tienen que pensar más en ello.

Algo incluso más fuerte es que las expectativas de género, que comienzan desde el nacimiento, explican por qué las ideas sobre quién hace las tareas del hogar y el cuidado de los niños están tan arraigadas.

Se sabe que las hijas hacen más tareas domésticas que los hijos, por ejemplo.

Los ideales de la maternidad también se incorporan a esta ecuación. Por ejemplo, el hogar a menudo se considera un dominio de la mujer.

Sabemos que las mujeres son juzgadas por la pulcritud con más dureza que los hombres.

Un estudio mostró que si se decía que una misma habitación supuestamente en alquiler pertenecía a una mujer (Jennifer), ella era calificada como menos simpática, menos competente y menos trabajadora. Si se decía que pertenecía a un hombre (John), no había iguales juicios de valor.

¿La conclusión? El estado del hogar de una mujer estaba literalmente vinculado a su valor.

Estos ideales pueden autoperpetuarse. Debido a que las mujeres son más juzgadas por la forma en que funciona su hogar, es esencial que muestren un “control materno”.

Esto significa asumir tareas de cuidado infantil que podrían compartirse, como planificar comidas o elegir ropa, sugiriendo sutilmente que es el trabajo de una madre.

Piensa en el viejo chiste: “Bueno, la vistió su padre” (cuando la niña estaba mal vestida). Es gracioso si un papá lo hace mal, pero si las madres hacen las cosas mal implica una mala maternidad.

Una mujer vistiendo a su hija

Getty Images
La tarea de elegir la ropa de los niños suele recaer en las madres y si lo hacen mal son juzgadas por ello mucho más severamente que los padres.

A pesar de los avances que hemos logrado con que sea más normal que los hombres cuiden de los niños, todavía existe “la sensación de que las mujeres son en última instancia responsables de los resultados familiares”, señala Daminger.

“Hay más costos para una mujer si estas cosas no salen bien o no ocurren”, afirma.

Impactos, en casa y en el trabajo

Sin embargo, el hecho de que las madres terminen asumiendo esta carga mental tiene consecuencias.

Las madres están más estresadas, cansadas y menos felices que los padres durante el cuidado de los niños, según muestra la investigación, en parte porque ellos tienden a realizar actividades divertidas y recreativas con más frecuencia.

Un estudio sueco mostró que cuando las mujeres pensaban que la distribución de las tareas domésticas más obvias era injusta y las percepciones sobre la contribución de cada miembro de la pareja eran diferentes, esto generaba problemas en el matrimonio y aumentaba la probabilidad de una separación.

El riesgo también es el agotamiento de las madres, que inicialmente pueden pedir ayuda, lo que puede sonar fastidioso si tiene que repetirse una y otra vez.

“Y luego eso afecta a las relaciones“, dice el sociólogo Daniel Carlson de la Universidad de Utah, quien descubrió que la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado en las parejas también puede conducir a menos relaciones sexuales.

Si las mujeres quedan agobiadas en sus casas, además, eso significa que muchas sienten que no pueden dedicar física o mentalmente las horas extra que exigen muchos lugares de trabajo, por lo que la brecha salarial de género continúa ampliándose.

Un hombre y su hij@ limpian la casa

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Distribuir las tareas domésticas más equitativamente beneficia la relación de pareja.

La mayoría de los trabajos a tiempo parcial los realizan mujeres, por ejemplo, y, a su vez, es menos probable que obtengan aumentos salariales o ascensos después de tener hijos, lo que dificulta aún más la búsqueda de los mejores empleos.

Muchas abandonan la fuerza laboral por completo.

Habla más, haz menos

Desde que estalló la pandemia, el vínculo entre la igualdad de género en el hogar y la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha estado más en el centro de atención que nunca.

Si bien hay muchos problemas sistémicos en juego, abordar el trabajo doméstico oculto dentro de las parejas podría ayudar a aliviar la carga que recae sobre las mujeres y disuadirlas de otras actividades.

Está claro que la mayoría de los hombres quieren involucrarse más en la vida de sus hijos, por lo que, para facilitar esto, las parejas podrían hablar explícitamente sobre quién hace qué, de principio a fin (no sirve mucho llevar a los niños a jugar con amigos si la otra persona tuvo que planificar y organizar el encuentro).

Para fomentar nuevos hábitos que ayuden a compartir la carga, tenemos que hacer que lo invisible sea más visible.

Tener conocimiento de ello es un buen primer paso, coincide Daminger, y tener constantemente claro quién está gestionando qué tarea, incluida la planificación.

Si declaramos explícitamente cuánta planificación implica cada aspecto del cuidado de los niños y las tareas del hogar, quedará más claro cuánto trabajo oculto hacemos.

Dos hombres cambian a sus bebés

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Las parejas homosexuales dividen el cuidado de los niños de forma más equitativa, lo que demuestra que es posible hacerlo.

Afortunadamente, no todas las parejas dividen el cuidado de forma desigual: las parejas del mismo sexo, por ejemplo, tienen una distribución mucho más equitativa en comparación con las parejas heterosexuales, ya que no deben cumplir con los roles de género esperados.

Esto muestra que la carga se puede compartir claramente cuando se habla de ella de manera más abierta.

Por lo tanto, a nivel social, también debemos replantear algunas creencias muy arraigadas sobre lo que es el papel de un hombre o una mujer.

Carlson, quien dirigió una investigación que muestra que los puntos de vista igualitarios sobre el reparto de tareas contribuyen a la frecuencia sexual, dice que también debemos considerar los “factores estructurales que no permiten que haya flexibilidad en el lugar de trabajo”.

Por ejemplo, la norma de que los hombres son el sostén económico de la familia y “la cultura del trabajador ideal que empuja a los hombres a la fuerza laboral y los mantiene fuera del hogar”.

La política también podría ayudar: las investigaciones muestran que los hombres que toman una licencia por paternidad se encargan más del cuidado de sus hijos más adelante.

Pero en ausencia de políticas, quizás la mejor manera de que las mujeres reduzcan la carga mental sea hacer menos.

Esto puede generar dolor inicial, en pos de una ganancia a largo plazo, dice Carlson.

Si la madre deja de pensar en lo que hay que hacer y el padre no anticipa estas necesidades es posible que inicialmente cause estrés o críticas, pero eso podría permitir el aprendizaje para la próxima vez.

“Es una especie de condicionamiento operante clásico. No les estamos dando descargas eléctricas como en los experimentos con hámsteres… pero es como, ‘Oh, no me acordé de hacer esto la última vez y hubo una consecuencia negativa'”.

Con el tiempo, hacer menos podría aumentar la participación de nuestra pareja y, a su vez, liberar más energía mental para concentrarnos en nosotras mismas.

Al principio, es posible que nos juzguen por ello, pero podría llevarnos a una mayor felicidad más adelante. Todos aprendemos de la práctica, después de todo.

Melissa Hogenboom (@melissasuzanneh en Twitter) es la editora de BBC Reel y autora del libro, “The Motherhood Complex” (El complejo de maternidad), publicado en Reino Unido en mayo de 2021.


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