CDMX supera las 21 mil muertes por COVID; hospitales con 24% de disponibilidad
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CDMX supera las 21 mil muertes por COVID; hospitales tienen solo 24% de disponibilidad

No habrá medidas adicionales como Hoy no circula o ley seca durante Año Nuevo, pero la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum pidió a la ciudadanía quedarse en casa y celebrar solo con quienes se comparte vivienda.
Cuartoscuro
30 de diciembre, 2020
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En el penúltimo día de 2020, la Ciudad de México llegó a las 21 mil 224 defunciones por COVID-19, mientras que los casos totales registrados desde el inicio de la pandemia en la capital son 320 mil 251. De estos, 4, 503 se sumaron en las últimas 24 horas.

La disponibilidad en camas generales de hospitalización es de 24.2% y en terapia intensiva para intubación de 25%. 

Durante su conferencia de prensa diaria, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, explicó que esta disponibilidad se debe a que varias instituciones ampliaron su número de camas, entre ellas hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social y el ISSSTE de Tláhuac. La misma Sedesa todavía tiene algunas camas para intubación, aseguró. 

Lee: Líderes sindicales intentan colarse en vacunación COVID en CDMX; habrá sanción penal, dice Sheinbaum

A la fecha hay en CDMX 5 mil 961 pacientes hospitalizados, de estos mil 570 están intubados. Del lunes al martes hubo una estabilización, informó Sheinbaum, incluso una cama se liberó, pero no se puede asegurar que ya viene una tendencia a la baja. 

Incluso Sheinbaum señaló que ayer fue el día que más emergencias se atendieron en la capital por COVID. Hubo 243 despachos de ambulancias y 68 trasladados a hospitales. En mayo y junio, subrayó la jefa de gobierno, no había tantos despachos de ambulancias, pero era porque no había tantos vehículos. 

La mandataria recalcó es muy importante, ante la presencia de síntomas, llamar al 911, a LOCATEL, para orientación médica. Si el nivel de oxígeno en sangre, medido con oxímetro, baja a más de 90, hay que llamar, alertó, “ahí mismo se les orienta para que ya sea por sus propios medios o por una ambulancia puedan llegar a un hospital. Pero, repetimos, es muy importante que sigan utilizando este sistema SMS, LOCATEL, 911 y la orientación general para que se llegue temprano a los hospitales”. 

Sheinbaum precisó que no es conviente quedarse en casa solo con oxígeno sin la adecuada supervisión de un médico calificado. 

La jefa de gobierno informó que no habrá medidas adicionales, como doble Hoy no circula, ley seca u operativos en plazas y avenidas, pero pidió a la ciudadanía quedarse en casa y festejar la llegada del Año Nuevo solo con las personas con quienes se vive. 

“Viene el 31 y el 1° de enero, pedirles que no realicen fiestas, que las celebraciones sean esencialmente con la familia con la que vivimos. Si cumplimos las medidas sanitarias, más rápidamente vamos a ir disminuyendo las hospitalizaciones, y por supuesto, las lamentables defunciones que hemos tenido en la ciudad”, refirió.

Hospitales IMSS al 92% de capacidad

De todos los hospitales que están brindando atención a los pacientes COVID, los del Instituto Mexicano del seguro Social son los que tienen mayor porcentaje de ocupación.

En videoconferencia de prensa, el director de prestaciones médicas del IMSS, Víctor Hugo Borja Aburto, informó que los hospitales COVID del Instituto en CDMX tienen una ocupación del 92% y los del Estado de México están al 98% de su capacidad.

Borja Aburto explicó que estas cifras se modifican constantemente por los pacientes que cambian a urgencias o son dados de alta y desocupan la cama.

“En la Zona Metropolitana del Valle de México tenemos una gran presión y necesitamos hacer todas las medidas para evitar que sigan llegando pacientes a los hospitales”, agregó Borja.

El director de prestaciones señaló que la toma de pruebas rápidas o la agilización de atención en las unidades de medicina familiar han ayudado a que los pacientes no sean internados y puedan llevar un tratamiento desde casa.

Por su parte, el director del IMSS, Zoé Robledo, dijo que la reconversión hospitalaria en la CDMX ayudará a que la curva de hospitalizaciones no rebase la capacidad de atención en las siguientes semanas.

Robledo aceptó que los últimos días han sido muy complejos en el tema de la atención y que la carga de pacientes es mayor por las noches.

Ante esto, invitó a la población a mantenerse en casa durante estos días y seguir respetando las medidas de prevención y de sana distancia.

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"Fue un capricho de Pinochet": la historia de los 15 mil libros de García Márquez que quemó el gobierno de Chile

En noviembre de 1986, el gobierno militar de Chile ordenó la incautación del libro 'La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile', del premio Nobel de Literatura, cuando un embarque se dirigía a Santiago.
5 de junio, 2022
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El 28 de octubre de 1986, después de varios días de viaje, el ‘Peban’, un vapor de bandera panameña, atracó finalmente en el puerto chileno de Valparaíso. Mientras se preparaba para diligenciar los papeles de aduana, la tripulación recibió la noticia de que se procedería con la incautación de una parte del cargamento.

El capitán, que estaba seguro de que todo lo que llevaba en su barco estaba en regla, preguntó cuál era la mercancía que iban a retener.

La respuesta oficial fue la que menos esperaba: “Los libros”, específicamente, 15 mil ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por el ganador del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que habían sido enviados desde el puerto de Buenaventura, en Colombia.

Y que debían llegar a manos de Arturo Navarro, el representante de la editorial Oveja Negra que publicaba los libros del Nobel en aquellos años en Chile.

El libro narraba las peripecias que había que tenido que sortear el cineasta chileno Miguel Littín, quien vivía en el exilio desde el golpe de Estado que llevó a Augusto Pinochet al poder en 1973.

Littín había vuelto a Chile durante dos semanas en 1985 para filmar en la clandestinidad un documental sobre lo que estaba pasando en el país 12 años después de la irrupción militar.

Arturo Navarro

BBC
Arturo Navarro era el representante de la editorial Oveja Negra en Chile.

Luego estrenaría el documental Acta Central de Chile en el Festival de Cine de Venecia del 86.

Pero el libro de García Márquez iba más allá: contaba sobre todo detalles que no aparecían en la cinta, como por ejemplo el encuentro de Littín, quien se había hecho pasar por un empresario uruguayo, con el propio Pinochet en los pasillos del Palacio de La Moneda, donde el presidente de facto no lo reconoció.

“Yo me enteré de la incautación de los libros dos semanas después porque estaba fuera del país”, recuerda Arturo Navarro, tomándose un café bajo la nave central del Museo Nacional de la Memoria en el corazón de Santiago.

Navarro había regresado de un viaje por EU para visitar a su familia cuando se encontró con un mensaje de alerta en el contestador automático de su casa. Era de su agente aduanero y le describía una situación crítica: “Arturo, me dicen que los libros fueron quemados”.

"Esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describen cómo le habían metido los dedos en la boca"", Source: , Source description: , Image:

Para Navarro, el cargamento era fundamental: era el principal producto que esperaba exponer durante la feria del libro de Santiago, que se iba a celebrar pocas semanas después del incidente.

Él, que había sido empleado de la Editorial Nacional Quimantú (ampliamente perseguida por el régimen) y había visto a los militares ejercer la destrucción de libros en primera fila, también sabía que el régimen de Pinochet había flexibilizado sus políticas de censura.

En ese contexto, creyó que la incautación debía ser más un malentendido que un acto de represión y decidió viajar a Valparaíso para resolver el problema personalmente.

“El libro ya había sido publicado en capítulos en Chile por una revista (Análisis) meses antes”, señala Navarro. “Sin embargo, lo que me preocupaba es que, de acuerdo a la prensa, la incautación de los libros se debía al mal estado de los contenedores, que me parecía una disculpa inusual”.

Los ejemplares habían quedado bajo el control de la jefatura de Zona en Estado de Emergencia, a cargo de militares.

Cuando Navarro se acercó al edificio castrense donde podría intentar rescatar los libros, percibió de inmediato la tensión que se sentía dentro del gobierno por esos días: un mes y medio antes, el 7 de septiembre, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez habían estado muy cerca de acabar con la vida de Augusto Pinochet, en un feroz atentado cuando este regresaba a Santiago desde su residencia en el Cajón del Maipó, a unos 50 kilómetros de la capital.

El asalto había dejado cinco escoltas muertos y varios heridos.

“En el edificio logré hablar con un militar de rango medio al que le pedí que al menos me permitiera devolver los libros a Lima”, señala. “Pero después de hacer un par de llamadas, finalmente me dijo: ‘Navarro, no se preocupe, que los libros ya los quemamos'”.

La versión en los medios se mantenía: contenedores en mal estado, lo que podría explicar la incautación, pero nunca la incineración.

Para Navarro, era claro que la orden había venido de arriba y, aunque no tuviera pruebas, no se iba a quedar quieto hasta que la gente supiera que el régimen de Pinochet había mandado a quemar 15 mil volúmenes de nada menos que un premio Nobel.

“Yo sigo sosteniendo que esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describe cómo le habían metido los dedos en la boca”, afirma Navarro.

La noticia lo dejó abatido y sin ejemplares para la feria.

Entonces, convocó a ruedas de prensa para dar a conocer lo que había pasado, hizo la denuncia pertinente ante la Cámara Chilena del Libro y, aunque dentro del país no hubo mucho eco, en el mundo sí publicaron la noticia.

Navarro guarda recortes de prensa de medios de Grecia, Holanda y EU que hablan de los ejemplares calcinados.

Pero quedaba por saber qué era realmente lo que había pasado. “Yo de verdad no creía nada de lo que me habían dicho. Ni siquiera que los habían quemado”.

Uno de sus colegas le recomendó que el mejor camino para obtener una respuesta del régimen era la vía diplomática, por lo que decidió acudir a la embajada de Colombia, país de donde originalmente habían salido los libros.

“Ahí conocí a Libardo Buitrago, el cónsul colombiano, quien se ofreció a ayudarme”.

Poco después, gracias a la presión de un país extranjero, le llegó al cónsul un papel muy revelador, una carta fechada del 9 de enero de 1987, firmada por el vicealmirante John Howard Balaresque, en la que no solo se confirma la incineración de los libros sino también las razones: a los ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile se les impuso “una medida de censura previa” por considerar que el contenido “transgredía abiertamente las disposiciones constitucionales”.

“Ese papel es el único documento oficial que existe en el que el régimen de Pinochet acepta que quemó libros y que lo hizo por censura. Algo imposible de obtener en esos tiempos”, relata Navarro.

“Y ahora está acá, en el Museo de la Memoria”.

El documento, con firma oficial, le sirvió a la editorial Oveja Negra para poder cobrar el seguro por la pérdida, pero además implantó en la cabeza de Navarro una certeza que no lo abandonó nunca: la cultura sería clave en el fin del régimen.

“Esta represión a los libros, a la cultura, se daría vuelta y terminaría siendo uno de los principales motivos por los que Pinochet saldría del poder. Porque fueron los cantantes, los artistas, los escritores quienes serían fundamentales en la campaña de votar ‘No’ en el plebiscito de 1988 que acabaría con la dictadura”, concluye.


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