CNDH señala al INM por la muerte de un migrante durante un motín
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CNDH señala a funcionarios del INM por la muerte de un migrante durante un motín en Tenosique

La CNDH señaló la responsabilidad de funcionarios del INM, por no auxiliar a la víctima que murió en el motín, y también señala condiciones de hacinamiento en el centro de detención de Tenosique.
Cuartoscuro
1 de diciembre, 2020
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Héctor Rolando Barrientos Dardón, guatemalteco de 42 años y solicitante de asilo en México, murió asfixiado al interior de la estación migratoria de Tenosique, Tabasco, el 31 de marzo. El hombre había huido con su esposa, un hijastro y una cuñada porque estaba siendo perseguido en su país natal. Su petición estaba en trámite en la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar) y, sin embargo, el Instituto Nacional de Migración lo mantenía encerrado en la estación migratoria en la que perdió la vida. El fallecimiento se produjo durante un incendio provocado por otros extranjeros, disconformes con la situación de hacinamiento que les ponía en riesgo de contraer COVID-19.

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Siete meses después de los hechos, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación en la que señala a siete funcionarios del INM por la “vulneración del derecho a la vida” de Barrientos Dardón, ya que no tomaron las medidas necesarias para protegerlo. 

Según la CNDH, los funcionarios violaron el derecho a un trato digno e integridad personal por no garantizar seguridad durante el siniestro, a la protección a la salud por no dar atención médica y psicológica, y a la vida, por no proteger a la víctima. Además, se vulneraron los derechos de 20 menores no acompañados que se encontraban encerrados en la estación migratoria sin ser canalizados al DIF. 

La recomendación 69/2020, fechada a 30 de noviembre, está dirigida al comisionado del INM, Francisco Garduño, a quien le insta a colaborar con la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) para resarcir a 60 de los migrantes que se encontraban al interior del centro de detención aquella noche y colaborar con una investigación administrativa que determine la responsabilidad de los funcionarios.

Animal Político quiso conocer la versión del INM, pero al cierre de la edición no había recibido respuesta. 

El incendio y el fallecimiento de Barrientos Darpón fue investigado por la Fiscalía General del Estado (FGE) de Tabasco, quien imputó a cuatro ciudadanos de nacionalidad hondureña. Tres de ellos ya han sido condenados a 13 años de cárcel en procedimiento abreviado por “homicidio agravado por incendio” y otro está pendiente de su audiencia ya que decidió seguir adelante con su juicio oral. 

“Los principales responsables son las instituciones, no los migrantes que estaban encerrados”, consideró Alejandra Macías Delgadillo, directora de Asylum Access y representante de la familia de la víctima en la denuncia penal que interpusieron ante la FGE. 

En este sentido, la CDNH admite que fueron los migrantes quienes prendieron fuego a los colchones y provocaron el humo que causó la muerte de Barrientos Darpón. Sin embargo, no pasa por alto del contexto de hacinamiento, temor al contagio y falta de información al interior del centro de detención que terminaron por explotar en el motín del 31 de marzo. De hecho, menos de un mes después, la estación fue clausurada temporalmente después de que la CNDH dijese que no contaba con las condiciones mínimas para garantizar los derechos de las personas privadas de libertad a su interior. 

Riesgo de contagio 

La CNDH no se limita a señalar la responsabilidad de los funcionarios en no prestar auxilio a la víctima del siniestro. Señala una serie de deficiencias estructurales al interior del centro de detención que están en el origen de la protesta que terminó con la muerte del guatemalteco. Desde el hacinamiento de los extranjeros sin medidas de higiene contra el coronavirus hasta la falta de alternativas a la detención, la institución de defensa de los Derechos Humanos censura tanto el trato recibido por la víctima mortal, como el que sufrieron las 156 personas que se encontraban al interior de la estación migratoria, entre ellas menores de edad. 

El siniestro tuvo lugar en la noche del 31 de marzo cuando se registró un motín al interior de la estación migratoria. En aquel momento, debido a la pandemia de COVID-19, los países centroamericanos habían cerrado sus fronteras, por lo que México no tenía posibilidad de deportarlos. Además, el INM no solo tenía que gestionar las personas a las que detenían sus funcionarios, sino también los devueltos desde Estados Unidos a través del título 42. En las primeras semanas de pandemia, hasta que la institución decidió vaciar las estaciones migratorias, se registraron protestas en varios centros de detención, la más grave la de Tenosique. 

Reconoce la CNDH que antes de iniciarse la protesta los migrantes se encontraban privados de su libertad (el INM utiliza el eufemismo “alojados”, aunque no pueden salir libremente) y que su situación de vulnerabilidad “era evidente”, ya que no había opción de guardar la distancia de seguridad para evitar la COVID-19. 

El día de los hechos había encerradas 156 personas en todo el recinto y 62 en el área de hombres, lo que supone que no tenían acceso a “un espacio digno”. A su cargo, tres funcionarios del INM, que debían estar al pendiente de toda la estación. Para la CNDH, la falta de espacio y el peligro de contagio de COVID-19, la ausencia de atención médica a personas con padecimientos previos y la falta de atención psicológica a personas en una situación de fuerte estrés son condicionantes que explican el motín. 

Después de un tiempo encerrados, temerosos de poder contagiarse y sin recibir respuestas por parte de las autoridades, un grupo de migrantes inició la protesta. Para ello quemaron varios colchones, provocando un humo tóxico que terminaría por matar a Barrientos Darpón.

Lee más: CNDH y el INM se acusan de mentir sobre COVID en estaciones migratorias, pero ninguna muestra pruebas

“Los elementos del INM se reían”

El relato de los migrantes y los funcionarios es completamente distinto en este punto. Los oficiales aseguran que abrieron las puertas y trataron de auxiliar a los extranjeros, que en medio del pánico dificultaron la evacuación. Los internos, sin excepción, afirman que las puertas estaban cerradas y que tuvieron que romperlas para poner salir y tomar aire.

Las pruebas halladas por la CNDH dan la razón a los migrantes, ya que en su inspección del 1 de abril, horas después del siniestro, vieron al menos una puerta derribada y con el candado roto, lo que concuerda con la versión de los extranjeros. 

“Todos corrimos hacia las puertas pero el guardia del INM no abrió las puertas, yo fui a buscar a mis familiares al área de mujeres, los elementos del INM no hacían nada, solo se reían, un grupo logró entrar a la estación y sacaron a Barrientos Darpón, pero ya estaba fallecido”, dice uno de los testimonios. 

Las irregularidades no terminan aquí. La estación migratoria carecía de extintores que podían haber sido vitales para extinguir el fuego. Además, la quema de los colchones fue filmada por las cámaras de seguridad y los funcionarios tuvieron media hora desde que empezaron a apilarlos hasta que comenzó a salir el humo. En este tiempo, según recoge la CNDH, no hicieron nada. 

Reconoce la CNHD que el incendio fue provocado por cuatro personas, de origen hondureño, actualmente inculpadas de homicidio. Sin embargo, cree que lo ocurrido “podía haberse evitado”. 

Más allá de los hechos, la CNDH también responsabiliza al INM de vulnerar los derechos de los extranjeros que se encontraban encerrados. Por un lado, considera que se podía haber entregado tarjetas de residencia por motivos humanitarios, algo que se hizo dos semanas después de la tragedia. Por otra, recuerda que había solicitantes de asilo ante la Comar a los que se podía haber permitido seguir su proceso en libertad. De hecho, Animal Político pudo saber en el momento de los hechos que a Barrientos Darpón apenas le quedaban dos días encerrado cuando fue víctima del humo. 

La gestión del INM en relación a la COVID-19 ha sido duramente criticada por organizaciones de derechos humanos y la CNDH. Recientemente, Animal Político desveló la falta de control en las estaciones migratorias: desde el inicio de la pandemia, más de 40 mil personas fueron detenidas y encerradas, pero únicamente se realizaron 78 pruebas, de las que 52 resultadon positivas.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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