Comisión de Amnistía al fin se reúne; tiene más de mil pendientes
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Cuartoscuro

La Comisión de Amnistía se reúne después de seis meses y ya tiene más de mil solicitudes pendientes

Más de 3 mil presos fueron preliberados a causa de la COVID-19, pero todavía no se ha registrado ninguna excarcelación a través de la Ley de Amnistía.
Cuartoscuro
21 de diciembre, 2020
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La Comisión de Amnistía, el organismo encargado de revisar las solicitudes de los presos que solicitan el perdón y la excarcelación, tendrá hoy su primera sesión en seis meses, según fuentes oficiales. Sobre la mesa hay pendientes un total de 1 mil 062 peticiones presentadas desde que el 20 de abril fue aprobado el mecanismo de forma exprés por el Senado. El dictamen de la norma estuvo congelado desde 2019 pero se recuperó en los inicios de la pandemia con idea de que la amnistía permitiese reducir la presión en las cárceles, convertidas en foco de contagio de la COVID-19. A día de hoy, sin embargo, no se ha producido excarcelación alguna por esta vía. 

Al mismo tiempo, durante este período se registraron 3 mil 140 preliberaciones y libertades por compurga de pena en cárceles estatales a causa del coronavirus, según las mismas fuentes. El mecanismo aplicado no fue la amnistía sino la “Guía para llevar a cabo preliberaciones en el marco del COVID-19” elaborada por la Unidad de Apoyo al Sistema de Justicia de la secretaría de Gobernación, que fue desarrollada en marzo, cuando la pandemia apenas daba sus primeros golpes en México. 

La diferencia es obvia: mientras que los parámetros que determina la guía buscan sacar de prisión a personas especialmente vulnerables para evitar que enfermen, la Ley de Amnistía va más allá. Se trata de un proyecto del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para que personas condenadas por delitos leves (o con acusaciones como aborto) y que cumplan una serie de requisitos puedan recuperar la libertad. 

Lee: A siete meses de la Ley de Amnistía: hay 762 peticiones presentadas, pero ninguna concedida

Hasta octubre, la secretaría técnica de la Segob había elaborado 75 dictámenes de las 768 solicitudes que habían llegado hasta aquel momento. La mayoría de las peticiones venían de personas condenadas por narcomenudeo y solo una de las solicitudes fue presentada por una mujer perseguida por aborto. Estos casos y los que se hayan redactado entre noviembre y diciembre serán los que se tengan que debatir hoy. Hay que recordar que la ley prevé un plazo máximo de cuatro meses desde que se presenta la solicitud hasta que se toma una determinación sobre cada expediente. 

Dificultades con los jueces

No ha sido fácil el proceso. Por un lado, la administración estuvo más lenta de lo esperado en aprobar las normas, sesionar y hacer públicos los requisitos que debían cumplir los presos para pedir su perdón. Además, la pandemia por COVID-19, que limitó la actividad institucional, y el decreto de austeridad del ejecutivo federal, que cortó recursos financieros, alargaron los tiempos. Finalmente, la secretaría técnica se encontró con dificultades a la hora de valorar las peticiones de amnistía, según fuentes conocedoras del proceso. En primer lugar, muchas de las peticiones venían incompletas, por lo que exigían recabar información en el Consejo de la Judicatura Federal (CJF). En segundo, hubo problemas por parte de los propios jueces, que no respondían a las peticiones de información, lo que impedía integrar el expediente. Según pudo saber Animal Político, esta falta de colaboración por parte de la judicatura motivó una queja dirigida al presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar. Por último, está la variedad de las solicitudes, ya que también llegaban escritos reclamando la amnistía para personas con delitos graves como homicidio, casos que no aplican para la excarcelación. 

En los expedientes en los que la comisión dé su visto bueno, la liberación no es inmediata. Todavía tienen que pasar ante un juez federal que es quien determina si el reo obtiene definitivamente su libertad o no. Este trámite puede encontrarse con el obstáculo de la pandemia, ya que el CJF determinó la reducción de actividades para evitar los contagios. De este modo, todavía es una incógnita saber si para fin de año habrá la primera persona amnistiada por parte del gobierno.

La Comisión de Amnistía está presidida por el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. Su papel es el de evaluar los dictámenes que llegan desde la secretaría técnica y dar el visto bueno definitivo o rechazar las peticiones de amnistía. Aunque se suponía que la arquitectura legal iba a estar en marcha rápidamente desde que el Senado aprobó la Ley de Amnistía, llegamos a final de año sin liberaciones.  

Entérate: Una hora más sin la amnistía prometida

Recientemente, en su conferencia de balance del último año, el subsecretario Alejandro Encinas hizo mención a más de 3 mil solicitudes y 28 liberaciones. El dato no hacía referencia a posibles amnistiados sino a personas que recuperaron la libertad por el mecanismo de las mesas de justicia de la Unidad de Apoyo al Sistema de Justicia. En este caso se trata de expedientes que los afectados denuncian que fueron irregularmente ejecutados o que no se cumplieron todas las garantías constitucionales, por lo que reclaman que jamás debieron pisar la prisión. 

A pesar de las más de 3 mil liberaciones por COVID-19, México cierra el año con más presos que el año pasado. Según reveló Animal Político, al cierre de octubre pasado la cifra de personas en prisión en México ascendía a 214 mil 776, un crecimiento de casi el 7% respecto a las 200 mil 936 que había en diciembre de 2019. En números absolutos, son 13 mil 840 internos más en 10 meses.

Con la sesión de hoy se abre el camino para la excarcelación de aquellas personas que hayan solicitado la amnistía y que cumplan con los requisitos marcados en la ley. 

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

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Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

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Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

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Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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