Cruce fallido en frontera de EU, la pesadilla de un padre guatemalteco
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Omar Ornelas

El cruce fallido en la frontera de EU se convierte en la pesadilla de un padre guatemalteco

El amor de un padre le hacer tomar la decisión mas difícil de su vida: dejar su sueño Americano.
Omar Ornelas
Por Lauren Villagran | Fotografías Omar Ornelas/ El Paso Times
20 de diciembre, 2020
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La noche después de su audiencia frente al tribunal de inmigración, Francisco Sical se encontraba en una celda helada de la patrulla fronteriza, con su hija menor en brazos. Ella le rogaba que abriera la puerta.

“¿Has vivido algún momento en el que ves llorar a tu hijo y tú no puedes hacer nada?” comentó referente a la noche en la que tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida. “O sea, te parte el alma”.

Lee: Migrantes de otro mundo: travesía desde Asia y África para llegar a Norteamérica

Melissa Sical, la penúltima de sus siete hijos ― con cabellera larga, castaña y una sonrisa tímida ― había visto El Paso desde una camioneta van del gobierno y quería ver las casas con jardín más allá de las carreteras. Ahora temblaba de frío y Sical no sabía cómo decirle que habían sido detenidos, que habían viajado tres mil doscientos kilómetros desde Guatemala para esperar dos meses en un albergue provisional en Juárez, para enterarse de que su caso, bajo los llamados “protocolos de protección al migrante” del gobierno de Trump, no tenía resolución.

“Yo le dije: No llores. Aguántale”, dijo Sical. “Mañana nos vamos de aquí”.

“No, papá”, le respondió. “Salgámonos. ¡Abre la puerta!”

Francisco Sical regresa su comunidad Maya Achi en Baja Verapaz, Guatemala, después de migrar a la frontera de los EU en verano 2019. Crédito: OMAR ORNELAS/ USA TODAY NETWORK

En aquel verano del 2019, decenas de miles de familias migrantes de Centroamérica se encontraban frente a las mismas opciones que Sical: quedarse en México y asistir a sus citas en la corte, en las que apenas un 1% de los solicitantes lograban resolver sus casos, volver para enfrentarse al hambre de sus hijos y a la deuda aplastante del banco que le financió el viaje al norte o arriesgarse a cruzar la frontera ilegalmente.

Sical y su hija eran dos de los más de 68 mil migrantes atrapados en la red de los protocolos de protección al migrante para ser devueltos a ciudades fronterizas en México como Juárez y Mexicali. Muchos, como Sical, eran padres de familia con buenas intenciones que buscaban refugio de la violencia de pandillas, la devastación del cambio climático y la angustia económica en América Central, pero quienes poca posibilidad tendrían de calificar para el asilo bajo la ley de los EE. UU., en particular sin la ayuda de un abogado.

Miles volvían a casa, vencidos, para sólo enfrentarse con una desesperación más profunda de la que huyeron. Cientos permanecen en limbo hoy en Ciudad Juárez, en habitaciones de alquiler o albergues de alivio bajo la dirección de organizaciones religiosas.

En lo que se prepara el gobierno del presidente electo Joe Biden para replantear las políticas fronterizas y de inmigración del país, los expertos opinan que el proceso de revisar las restricciones impuestas durante la era de Trump amenaza con provocar una nueva crisis humanitaria en la frontera entre los EE. UU. y México.

María Elvira Ramos sirve café caliente en los tazones tradicionales de su comunidad Maya a su esposo, Francisco Sical. Crédito: OMAR ORNELAS/ USA TODAY NETWORK

“Si no se comienza a reparar la operación de la frontera desde el primer día, se verán enfrentados con una crisis humanitaria sin estar preparados”, opinó Andrew Selee, presidente del Migration Policy Institute, sin partido, de Washington, D.C., el cual realiza investigaciones sobre patrones migratorios en América del norte.

Durante la noche que pasó en detención con su hija, a Sical se le venían ideas que ahora le duele recordar.

Consideró seriamente enviar a su hija de 10 años de vuelta a casa con un coyote.

“Yo miraba el muro desde Juárez”, dijo. “Ahí estaba el muro y yo lo miraba. Y yo dije: Ahí están los Estados Unidos. Yo me brinco el muro y yo me voy para allá…”

Se recriminaba por haberla traído hasta la frontera, por exponerla a tanto peligro por el camino y en Juárez, ciudad conocida por su extrema violencia. ¿Pero mandarla de regreso sola?

“Abandonarla a ella sería cometer el error más grande de mi vida”, explicó. “No podía abandonarla. No me importó el dinero. Me importó más mi hija. Y por eso estoy aquí”.

Sical hablaba sentado frente a su casa de adobe de dos habitaciones cerca de San Miguel Chicaj, en el altiplano de Baja Verapaz, Guatemala. Era marzo, antes de que arrasara con el país la pandemia, antes de que dos huracanes desataran su caos y se asentara por completo el hambre ardiente. Tenía el estómago en nudos por la deuda que debía. El banco poseía el título de lo único de valor que él tenía: su casa familiar.

A sus pies cacareaban gallinas; en su corral los cerdos resoplaban. Una de sus seis hijas barría hojas y basura del patio de tierra. Los campos al lado de su casa estaban baldíos y secos, sin manera de sembrarlos por faltar la lluvia de la que dependían años atrás.

Su nieta de dos años hacía berrinches, típicos de su edad.

“Siempre yo he sido una persona que sueño muy en alto”, dijo. “A mí no me gusta quedarme en donde estoy. Prácticamente yo no puedo entrar a Estados Unidos, ni por la vía legal, ni por la vía ilegal. Automáticamente esto está cerrado para mí. Para mí, el sueño americano se murió”.

Así parecía en ese momento. Pero bajo las cenizas arden brasas.

Una promesa falsa, una oportunidad para ‘trabajar tranquilo’

Mientras conversaba Sical, su esposa, María Elvira Ramos, encendía un fuego en el gran comal en su cocina a la intemperie, esperando que estuviera lista la masa de maíz con la que formaría tortillas gruesas y amarillas entre las palmas de la mano. La segunda de sus hijas, Delmy, se encaminó por la ruta de barro agrietado con dos canastos llenos de granos dorados de maíz balanceados en la cabeza, con destino al molino.

La labor sin remuneración de casa se extendía del alba al atardecer, todos los días. Pero los días, las semanas y los meses sin percibir paga de un trabajo consistente a Sical le agrietaba de preocupación el rostro.

Casi exactamente un año atrás, Sical y Melissa se habían dirigido al norte, con la esperanza de cruzar la frontera en El Paso para llegar hasta Virginia, donde viven familiares cercanos. Habían llegado rumores a la comunidad maya de que los Estados Unidos otorgaba permisos a familiares. Los detalles no llegaban sobre quién calificaba para ser considerado refugiado ni bajo qué circunstancias.

Melissa Sical observa a sus primos jugar desde la casa de sus abuelos en Baja Verapaz, Guatemala. Crédito: OMAR ORNELAS/ USA TODAY NETWORK

Un permiso para los hijos. Una oportunidad de trabajo para los padres

Sical recordaba conversar del tema con su esposa en su lengua nativa Achi, la que hablaban entre familia. Pensó que podía ser una oportunidad para trabajar legalmente en los EE. UU. Estaba considerando llevarse a Melissa.

“No, no, no. Mi hija no se va. Dios me guarde mi hija. Tú puedes ir, menos ella” su esposa le dijo.

“Yo le digo, ‘Mira, últimamente el gobierno de Estados Unidos está dándoles prioridad a los niños”, recordándole a su esposa que su propio hermano había llegado a los Estados Unidos hacía unos pocos meses. “La Migración lo está visitando dos veces por semana. ¡Pero igual lo están dejando trabajar tranquilo”!

Años antes, del 2003 al 2008, Sical había trabajado en Riverside, California, en Tampa, Florida, en Washington, D.C., y en muchos otros lugares, colocando losetas y conduciendo camiones, ganando 12 dolares la hora, como parte de una vasta fuerza laboral indocumentada que a mediados de la década de los 2000 nutría la expansión económica de los EE. UU.

Las dos hijas mayores de Sical, Olga y Delmy, en esa época de 24 y 21 años, ya tenían parejas e hijos. El hijo de Sical, Germán, de 18 años, vivía en la Ciudad de Guatemala. Sandy, en aquel entonces con 17 años, acababa sus estudios, mientras que Ilse, de 13 años, se había ganado una beca para estudiar en un internado religioso en la capital.

Daniela, de seis años, la menor, niña precoz y extrovertida, sufría de asma. Corría mucho riesgo llevarla en un trayecto arduo e impredecible, pensó.

Por tímida que fuera, Melissa tenía curiosidad del mundo. Sical le enseñaría México y los Estados Unidos, lugares que le encantaban. Y era lo suficientemente pequeña todavía como para aprender el inglés y sacar provecho de la educación en los EE. UU.  Con enorme esfuerzo, logró convencer a su esposa.

Pocas opciones en Guatemala

“Los guatemaltecos se arraigan mucho con la familia, la cultura, la tierra”, dijo Úrsula Roldán, directora del Instituto de Investigación y Proyección de Dinámicas Globales y Territoriales de la Universidad Rafael Landívar en la Ciudad de Guatemala.

Miembros de la comunidad Maya Achi en Baja Verapaz, Guatemala, buscan donaciones para el Santo Patrono. Crédito: OMAR ORNELAS/ USA TODAY NETWORK.

“Sin embargo, las condiciones de los países (de Centroamérica) empeoran día a día”, dijo. “En el acceso a remuneraciones, a empleo, incluso a educación para los hijos, no existen opciones”.

Según un informe del Banco Mundial, el porcentaje de la población considerada pobre en Guatemala aumentó de un 43% a un 49% entre el 2006 y el 2014, último año para el que hubiera datos. Aunque el PIB nacional se expandió un poco durante estos años, en un 1,3% como promedio, no bastaba para elevar a la mayoría de la población. La clase media del país vio un declive al 15% de la población, de un 21%, y los pobres se vieron más pobres.

Todo esto antes de que la pandemia del virus COVID-19 hiciera trizas la economía global.

Las presiones que han impulsado a familias, trabajadores y jóvenes guatemaltecos a la frontera de los EE. UU. en años recientes se intensificarán con la pandemia, dijo Selee, del Migration Policy Institute. El gobierno de Biden debe prepararse, advierte.

“La mejor forma para abordar la inmigración ilegal no es con la construcción de muros, sino con la creación de oportunidades laborales para que las personas trabajen durante temporadas en los Estados Unidos”, dijo.

Francisco Sical y su hija Melissa salen caminando rumbo a su escuela en marzo 2020 en Baja Verapaz, Guatemala. Crédito: OMAR ORNELAS/ USA TODAY NETWORK

“Porque si no las creamos, igual van a seguir llegando a través de rutas ilegales. Hay sectores de la economía estadounidense en los que requerimos la labor de trabajadores extranjeros porque los estadounidenses no quieren esos trabajos. Y queremos saber quiénes son esos trabajadores, y queremos que les paguen sueldos normales para que no subcoticen a los estadounidenses”.

El año que viajaron Sical y su hija a la frontera de los EE. UU., el año fiscal 2019, la agencia U.S. Customs and Border Protection reportó haber capturado a más de 264 mil guatemaltecos, incluyendo a más de 185 mil “unidades familiares” –un padre o tutor que viaja con un niño como menos– y a más de 30 mil niños sin compañía.

La gran mayoría no infringió ninguna ley. Se entregó a los oficiales de migración en las puertas de entrada o a agentes de la patrulla fronteriza, en busca de protección.

Es lo que hicieron Sical y su hija al llegar a la frontera en El Paso.

El gobierno de Trump dijo que la mayoría no calificaría para el asilo y que estaban jugando con el sistema. De todos los obstáculos que levantó el gobierno para bloquear la inmigración ilegal en la frontera, los protocolos de protección al migrante eran, según normas del gobierno, entre los más exitosos. Para los defensores de migrantes, los protocolos estaban entre los más crueles.

“Bajo cualquier medida, los protocolos de protección al migrante han sido un gran éxito, incluyendo con reducir el cargo para las comunidades estadounidenses y con aliviar la crisis humanitaria en la frontera sur”, aseveró en febrero el gobierno en una declaración, en respuesta a una demanda.

Los defensores de migrantes dijeron que el programa era tanto inhumano como ilegal, que obligaba a familias vulnerables a esperar la protección en algunas de las ciudades más peligrosas de México, como Juárez, Mexicali, Matamoros y Tijuana, sin acceso a asesoría legal.

Si bien después de un tiempo el gobierno de México estableció un albergue en Juárez, no tenía cómo atender a los miles que fueron devueltos a esa ciudad. Las iglesias y albergues sin fines de lucro, acostumbrados a ofrecer unas cuantas noches de vivienda y albergue a los viajeros, se veían apoyando a familias enteras durante meses.

“Esta política muy cruel puso en peligro a muchas personas, incluyendo a niños y familias enteras”, dijo Linda Rivas, directora ejecutiva de Las Américas Immigrant Rights Center en El Paso.

Dos demandas legales contra esta política van camino al Tribunal Supremo.

“Las personas se valen de los instrumentos que tienen a su disposición”, dijo Selee. “Y el sistema de asilo era el único instrumento disponible que había para llegar legalmente a los Estados Unidos. Tenemos que crear protecciones verdaderas para las personas que realmente las necesitan, y otras avenidas de ingreso para las personas que quieren empleo”.

Siguen vigentes los protocolos de protección al migrante, aunque durante la pandemia del COVID-19 se han implementado muy poco.

En marzo, el gobierno de Trump comenzó a devolver a cualquier persona que cruzara la frontera de los EE. UU. sin autorización o a México o a su país natal — incluyendo a niños sin compañía — haciendo uso de la misma ley arcana de salud pública para justificar la política.

Melissa Sical sonríe antes de ir a una competencia atlética con sus compañeros de escuela en marzo 2020. Crédito: OMAR ORNELAS/ USA TODAY NETWORK

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Daniel Picazo amaba los viajes, visitaba Puebla y por rumores difundidos en WhatsApp lo lincharon

Puebla volvió a registrar un linchamiento motivado por un rumor difundido en chats y redes sociales.
15 de junio, 2022
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Como tantas veces lo hizo antes, Daniel Picazo González salió de su domicilio en Ciudad de México para visitar la casa que heredó su abuelo en una pequeña localidad del estado de Puebla.

La propiedad está en la localidad de Las Colonias de Hidalgo, a unas tres horas de la capital mexicana, y como un joven de 31 años al que le gustaba viajar, pasar los días libres en medio de aquella comunidad en las montañas de la Sierra Norte era algo que disfrutaba.

Así lo hizo el 9 de junio. Les avisó a sus padres, Ricardo Picazo y Angélica González, que había llegado bien.

La siguiente noticia que tuvieron sobre su hijo fue que le había pasado algo terrible.

La noche de ese viernes, unos 200 habitantes de la localidad de Papatlazolco, vecino de Las Colonias de Hidalgo, detuvieron, golpearon y lincharon hasta la muerte a Picazo González.

Un rumor que corrió días antes por grupos de WhatsApp y Facebook de Papatlazolco decía que había gente foránea raptando niños para traficar con sus órganos. Y el joven de 31 años fue víctima del señalamiento público de una muchedumbre, según los primeros informes de las autoridades.

Información falsa de ese tipo ya ha sido usada para generar zozobra en comunidades que están dispuestas a creerla y que ha llevado a extremos como el ocurrido en esta comunidad de Puebla.

Lee: Pobladores de Huauchinango, Puebla, linchan a funcionario de la Cámara de Diputados; lo acusaron de supuestamente robar a un menor

¿Qué ocurrió?

Picazo González era abogado y hasta marzo pasado fungía como asesor de una diputada federal.

Daniel Picazo

Daniel Picazo
Daniel Picazo asistía a la diputada Joanna Felipe Torres.

Recientemente había terminado de cursar una maestría y el 9 de junio buscaba darse una “escapada” del estrés de la ciudad para visitar la casa de Las Colonias de Hidalgo, según explicó su padre.

Pero el ambiente por esa zona no era el de siempre.

Dos días antes empezaron a difundirse en chats y grupos de redes sociales los mensajes de que había foráneos raptando niños.

Incluso había imágenes con logotipos de instituciones que ya no existen como tales (la PGR, por ejemplo, que hoy es la Fiscalía General de la República). Esas fotos supuestamente señalaban que había una búsqueda de delincuentes.

“Esa información que circuló ya tiene algunos años. Esas mismas fotos corrieron no solo aquí, sino a nivel nacional, en otras partes de México”, explica a BBC Mundo el periodista Pablo Torres desde Huauchinango, el municipio donde se ubica Papatlazolco.

Una imagen difundida en la comunidad

BBC
Una de las imágenes difundidas fue esta, la cual no corresponde a un aviso de las autoridades y ya ha sido usada en el pasado sin ningún sustento.

La noche de ese viernes, alrededor de las 21:00, un habitante de la localidad vio una camioneta con matrícula de otro estado y alertó a la comunidad a través de WhatsApp de “que ya estaban por ahí personas extrañas y que probablemente era de quienes se hablaba desde hacía dos días”, cuenta el periodista Torres.

“Estaban señalando al joven como presunto secuestrador de niños, sin que nadie haya verificado nada“, agrega.

Primero se reunieron unos 30 pobladores, según el recuento que ha ofrecido el presidente municipal de Huauchinango, Rogelio López.

“Los elementos recibieron un llamado y acudieron de inmediato a prestar auxilio, pero luego llegaron más de 200 personas. Eran seis elementos para poco más de 200 personas“, asegura el edil.

Imágenes difundidas en redes sociales muestran a Picazo González maniatado, con señales de haber sido golpeado, siendo llevado por la fuerza por calles de Papatlazolco.

“Un acto de barbarie”

Las autoridades no han dado cuenta de qué pasó antes de la muerte del joven de 31 años “inteligente y estudioso”, según lo define su padre.

El presidente municipal asegura que “lo rescataron” los policías hasta que llegaron “más de 200 personas” a agredir a los agentes. “Y lamentablemente ya no pudieron hacer nada”.

Map

Según ha dicho la madre de Picazo González a la prensa mexicana, un hombre que presenciaba el hecho intentó ayudar a su hijo averiguando su identidad y origen.

“El joven dice que mi hijo le dijo ‘¡ayúdame, ayúdame!’. Lo tenían amarrado, esposado y de rodillas”, explicó Angélica González a la emisora Milenio Tv.

“Casi agonizando le dijo ‘sácame mi cartera, la traigo en el pantalón’. Y el testigo vio que traía su identificación de la Cámara de Diputados. (…) Él quiso defender a mi hijo, pero los pobladores no lo dejaron. Había policías estatales y municipales, pero lo estaban también inculpando a él”.

Su cuerpo fue encontrado carbonizado, después de que presuntamente le rociaran gasolina y le prendieran fuego mientras aún tenía vida.

El gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, ha dicho que la investigación de lo ocurrido ya fue iniciada.

“Es un acto de barbarie, totalmente aberrante, en donde hay prejuicios, ignorancia, rumores, un ambiente de no creer en la autoridad”, lamentó Barbosa.

Daniel Picazo

Daniel Picazo
A Daniel Picazo le gustaba viajar.

La familia, sin embargo, dice que no ha recibido ninguna información nueva. Las autoridades no han reportado si hay detenidos o algún avance hasta este martes.

“El único testigo se presentó por nosotros, valiente, declaró todo lo que había sucedido. Pero allá las personas encargadas de esclarecer estos asuntos y de responder nuestras preguntas no las vimos”, se queja Angélica González.

Un fenómeno de Puebla y el país

El gobierno de Puebla ha registrado 11 casos de intento de linchamiento en los que las autoridades han logrado rescatar a 15 personas, dijo el lunes Ana Lucía Hill, la secretaria de Gobernación.

“Se ha llevado capacitación de personal a 144 ayuntamientos , lo que ha permitido que se reduzcan de manera importante estos casos, y ahora lo que se reporta es retención de personas”, explicó.

Pero medios locales han informado sobre varias muertes más y, según el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, entre 2015 y 2019 hubo 600 casos y 78 personas muertas en el estado.

Previamente, en un informe de 2019, la Comisión Nacional de Derechos Humanos contabilizó 336 actos o casos de linchamiento que involucraron a 561 víctimas entre 2015 y 2018.

Un vehículo incendiado en Puebla en 2018

Twitter
Dos hombres, también acusados de “robar niños”, fueron linchados en 2018 en Puebla.

Desde Huauchinango, el periodista Pablo Torres explica que no es lo común en Papatlazolco, que es una comunidad indígena de unos 2,600 habitantes.

“Conozco esas comunidades y las he recorrido. Estas poblaciones no se caracterizan por tener esta conducta de manera recurrente. Yo considero que fue un hecho provocado por la desinformación y la euforia de la gente. Pero no son poblaciones que se caracterizan por la violencia permanente”, explica.

“Aunque ya tienen algunas posibilidades de desarrollo, presentan cierto rezago. Es gente que en su mayoría carece de un buen nivel de estudios, lo que provoca en ellos, en la mayoría de las veces, es ignorancia”.

La familia Picazo González, por su parte, espera justicia.

Su hermana, Madeline Picazo, escribió en Facebook: “Elegí mi foto favorita para despedirme de ti, enterarme de la forma en que te arrebataron la vida me provoca la mayor repulsión hacia la gente que injustamente lo hizo sin saber que eras un profesionista, incapaz de hacer daño a nadie, amante de los viajes y de la vida, con un futuro brillante, vuela muy alto mi Dany”.

“Confío en que Dios hará justicia a toda esa gente que te cortó las alas… sólo por estar en el momento y lugar equivocados. Disfrutaste tu corta vida como mejor te gustaba, descansa en paz…”.

Daniel Picazo en un viaje

Daniel Picazo

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