Personal de salud, entre la esperanza de la vacuna y las decenas de muertes
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Foto ilustrativa / Carlo Echegoyen

Entre la esperanza de la vacuna y las muertes por decenas, así cierra 2020 el personal de salud

La vacunación en México arrancó con el personal de primera línea que atiende COVID en hospitales. Eso les permite trabajar con menos riesgo, pero no les quita la amargura de ver una nueva oleada de muertes que parece no parar.
Foto ilustrativa / Carlo Echegoyen
28 de diciembre, 2020
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La enfermera Ángeles Cruz está serena, hablando de cómo se apoyan entre compañeros. No hay aviso alguno de que vaya a llorar. De pronto las lágrimas se le salen. Su compañera Monserrat Pedroza dice que así viven: van de la tranquilidad al llanto. Son los efectos de la tormenta de emociones que enfrenta a diario el personal de salud, el de la llamada primera línea, en su lucha cara a cara frente a la COVID-19. 

Esa misma tormenta emocional viven Ángeles y Montserrat este 24 de diciembre mientras esperan en fila, afuera del Hospital General de México, en la capital del país, a que las vacunen. Ellas forman parte del primer grupo que recibió en México la vacuna contra la COVID-19. Están contentas porque las eligieron entre los primeros para inmunizarse. Están esperanzadas de que esto sea de verdad el fin de la pandemia. Pero en un rato volverán al hospital y ahí han vuelto los días de las muertes por decenas. 

Lee: Operación Chapultepec: llegan más de 400 trabajadores de salud a CDMX para apoyar a hospitales COVID

La capital del país, uno de los tres puntos donde se realizó la primera jornada de vacunación, los otros dos fueron en Querétaro y el Estado de México, reportó este 26 de diciembre una ocupación hospitalaria de 80% y 31 mil 449 casos activos. 

Las dos enfermeras, Ángeles y Montserrat, trabajan en el Hospital General de Zona # 24 del IMSS, en Magdalena de Las Salinas, en la alcaldía Gustavo A. Madero. Ahí desde marzo solo han atendido a pacientes con COVID. En agosto y una parte de septiembre, como en todos lados del país, la institución tuvo descenso de casos. Las trabajadoras de la salud pensaron que a la mejor para fin de año, si no se normalizaba la situación al 100%, al menos se podría delimitar el área de atención a coronavirus y su hospital podría volverse híbrido. 

“Pero pues no. Lo peor lo estamos viviendo ahorita”, coinciden las enfermeras. Ángeles y Montserrat hacen así el balance hasta ahora: en la primera parte de la epidemia en México, el hospital se llenó, pero el flujo de pacientes era menos intenso. Ahora hay días en los que hasta cinco ambulancias hacen fila afuera en espera de que el paciente pueda ingresar. Adentro, como se desocupan las camas se vuelven a ocupar. Se han tenido que abrir nuevos espacios en el hospital y disponer de camillas para distribuir a los enfermos. 

Los fallecimientos son la peor parte para el personal, que se quedará con las marcas de esos decesos. Montserrat cuenta que pese a la recomendación de las autoridades de salud, difundida en las conferencias de prensa de todos los días y en redes sociales, sobre la importancia de ir temprano a recibir atención médica, la gente sigue llegando tarde al hospital. 

“No hemos aprendido nada -dice. Llegan muy mal. Algunos llegan ya muertos. Fallecen en el camino o apenas entrando al triage. Tratamos de reanimarlos y ya no se puede hacer nada. Eso es para nosotros hasta un daño psicológico, porque dices, bueno, si fuera mi mamá, mi papá, pues quieres hacer lo imposible y no se puede”. La situación es tan critica en los hospitales, que las enfermeras aseguran que en un solo turno pueden fallecer hasta 10 pacientes. 

Unos metros más delante de Montserrat y Ángeles, en la fila de espera para pasar a recibir la vacuna de COVID-19, están Emma González, médica radióloga, y María Elena Jiménez, técnica radióloga. Trabajan en el Hospital General de Zona · 27 del IMSS, en Tlatelolco. Desde enero han visto muchos pulmones afectados por COVID-19. Desde ese entonces ya había casos, aseguran, pero no se sabía que era el nuevo virus ni lo que producía en los pulmones.

Lee: Realizan segunda jornada de vacunación contra COVID para personal de salud en CDMX

Un pulmón afectado por esta enfermedad se ve como un panal de abejas, precisan. Hay casos de personas asintomáticas a las que por alguna razón se le toma una placa y se ven esas “zonas neumónicas”. Por eso las radiólogas insisten en aquello del por si sí o por si no tienes COVID, mejor, si puedes, quédate en casa. 

Para ellas la vacuna también es un regalo, una esperanza de que la pandemia por fin termine. Este 24 de diciembre en la primera jornada de inmunización en México se aplicaron a personal de salud 2,924 dosis: 975 en la CDMX, 975 en el Estado de México y 974 en Querétaro. 

Paradas afuera del Hospital General de México, a la espera de ingresar, Emma y María Elena tienen el mismo coctel de emociones. Emma dice que tiene un poco de miedo. Con la vacuna de influenza no le fue bien. “Me la pusieron y me dio neumonía. Pero aquí estoy. Sí tengo pendiente, pero nos han dicho que estaremos en observación, nos van a estar checando. Y recibirla primero es un gran privilegio. Un regalo que me permitirá seguir haciendo mi trabajo”. 

María Elena dice que a ella también le da un poquito de temor inmunizarse, porque la vacuna es muy nueva y no se sabe bien cómo se va comportar, pero hay que ser valientes, ataja. La radióloga ya tuvo COVID. Fue en los primeros días de abril. No estuvo hospitalizada, pero su cuadro fue grave. Sus compañeros del hospital la asistieron en casa, en los días de la fiebre alta y la falta de oxígeno. 

“Estuve enferma todo abril y parte de mayo. Sí me quedó temor a volverme a infectar. Por eso accedí sin problema a ponérmela. Además, si no hay reacciones adversas en nosotros, con más razón el resto del personal se la va a poner y después la gente y así se irán reduciendo los contagios”, dice María Elena. 

Esa es su esperanza. Su frustración es ver que la gente no entiende la gravedad de la situación y sigue en la calle y en las reuniones. Su amargura son los muchos fallecimientos de estos días. 

“En el hospital vivimos ahora tiempos difíciles. Para mí es muy deprimente ver como hay muchísimos muertos, porque es real, hay muchos muertos. Yo que estoy en Rayos X, nos toca subir a tomar los tórax y de pronto llegamos y los pacientes ya están muertos”. 

María Elena lamenta que no se tome en serio la situación.  “Está más complicado que en marzo. Al principio el virus sí atacó mucho, sí murieron muchos, pero hoy siento que están muriendo más, se complican más. La gente llega muy mal. Se confían con los síntomas en que es una gripe o se niegan a aceptar que tienen COVID y para cuando entran al hospital ya hay poco que hacer”.

La radióloga dice que tiene la “mala costumbre” de preguntarle a los pacientes cuántos días llevan con síntomas. “Cuando veo las placas, les preguntó: cuánto lleva así, me dicen llevo siete días, llevo cinco, llevo una semana. No hay uno que diga ayer empecé, y así ya es más complicado atenderlos”. 

Una cosa más que tiene en común el personal que hace fila afuera del Hospital General este 24 de diciembre, además del coctel de emociones, es que la mayoría trabajara estos días de manera normal. Así están acostumbrados, subrayan, se trabaja los fines de semana y los días festivos en sus profesiones. Muchos pasarán Nochebuena y Navidad en el hospital, lo mismo que el 31 de diciembre y el 1 de enero. 

Emma dice que a ella le dijeron que podía descansar el 25 si quería, pero “si hago falta, me voy al hospital”. 

Es difícil para ellos quedarse serenos en casa frente al caos en las instituciones de salud. “Lo que se vive dentro de áreas COVID de un hospital nosotros decimos que es como la Matrix, es otra realidad, una que nos preocupa mucho. Después salimos y vemos la otra realidad, la de la gente despreocupada en la calle, esa también nos preocupa mucho”, dice Lucía Ledesma, líder del programa de terapia afectiva para personal sanitario de primera línea en el ISSSTE.

Ella que ha andado de un hospital a otro con su perro Harley El Tuerto dándole soporte a sus compañeros espera, este 24 de diciembre, también en la fila para recibir la vacuna. “Para mí recibirla es un descanso mental. Confío en que la inmunización irá bien. Confío en la ciencia. Voy a poder hacer mi labor más tranquila.  Han sido diez meses de tensión física y psicológica para todos nosotros”.  

Junto a Lucía están sus compañeros del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, el médico internista Jesús Alberto López Guzmán, quien desde marzo atiende pacientes con COVID, y Sandra Muñoz López, coordinadora del área COVID en ese hospital. Los dos hablan de los numerosos pacientes que llegan al hospital más complicados que antes y de la esperanza de la vacuna. 

Todos, como una sola voz, le piden a la gente que no se confíe, que se queden en casa, porque aunque la vacunación en México ya inició, pasarán muchos meses para que al menos la mitad de la población esté inmunizada. “Si la gente no entiende, en enero ya no habrá forma de atender a todos en los hospitales”, advierte Ángeles. 

Enero es para el personal de salud otro punto de quiebre, en el que se verán los contagios de las fiestas de diciembre. Es un patrón que ellos ya conocen: después de las fiestas patrias de septiembre empezó el repunte fuerte de casos, siguió con las celebraciones del Día de Muertos y el Buen Fin. 

Así, entre las fiestas y las compras y el semáforo naranja que no pasaba a rojo en algunas entidades, el país llegó a 1,377,217 casos totales de COVID-19 y 122, 026 defunciones, este 26 de diciembre. Habrá que ver el escenario en enero. 

En tanto, este domingo 27 de diciembre, al medio día, arrancó la segunda jornada de vacunación, en el 81vo batallón militar, en la alcaldía de Tlalpan. Durante este día se aplicarán un total de 3 mil 900 vacunas contra COVID-19 a trabajadores de la salud del IMSS, Salud, Sedena, Marina, ISSSTE y Pemex. Las dosis son parte del segundo cargamento que llegó al país este sábado con un total de 42 mil 900 del biológico elaborado por Pfizer BioNTech. 

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Trump vs Biden: ¿cuándo sabremos el resultado de las elecciones de Estados Unidos? (y por qué puede ser tan disputado)

Estados Unidos se enfrenta a unas elecciones insólitas este martes 3 de noviembre, marcadas por la pandemia. Y puede que el resultado no se sepa hasta mucho después de la noche electoral.
3 de noviembre, 2020
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Las elecciones presidenciales que celebra Estados Unidos este martes son inéditas, y puede que pasen días o incluso semanas antes de que se conozca quién resultó ganador: Joe Biden o Donald Trump.

Millones de estadounidenses han votado esta vez por correo debido a la pandemia de coronavirus, lo que significa que es muy probable que el recuento de todos los votos se retrase.

¿Cuándo se suele conocer el resultado de las elecciones estadounidenses?

El resultado de las elecciones se suele anunciar la noche del día de las elecciones, que este año es este martes 3 de noviembre.

Diferentes estados concluyen las votaciones en horarios distintos. Las primeras urnas cierran en la costa este a las 19:00 hora local (00:00 GMT).

Después del cierre de las urnas se procede al conteo de votos en cada estado.

Los principales medios de comunicación estadounidenses “declaran” la victoria de un estado cuando creen que un candidato tiene una ventaja definitiva, pero eso es una predicción y no el resultado final. Lo mismo ocurre cuando los medios “declaran” ganador a nivel nacional.

Los presidentes de Estados Unidos no se deciden por el total de la votación popular a nivel nacional, sino ganando en los suficientes estados.

Mujer votando por correo

Getty Images
Millones de estadounidenses han votado de forma anticipada y por correo.

Cada estado tiene una cierta cantidad de “votos electorales” que se lleva por completo el ganador en ese territorio. El número de votos electorales de cada estado se basa en la población del mismo.

Para ganar la Casa Blanca se necesitan 270 votos electorales.

En 2016, la victoria electoral fue declarada a favor de Donald Trump alrededor de las 02:30 AM hora local del este (07:30 GMT), cuando la victoria en el estado de Wisconsin le permitió superar los 270 votos electorales necesarios.

¿Por qué la votación por correo podría retrasar el resultado de estas elecciones?

Durante los comicios anteriores era común que algunos estados limitaran el voto por correo, restringiéndolo a personas mayores de 65 años, aquellos que sufrían alguna enfermedad o que se encontraban fuera de ese estado.

Pero, en esta ocasión, esta modalidad está ampliamente permitida en la mayoría de los estados.

En las últimas elecciones presidenciales en el país, casi una cuarta parte de los votos se emitieron por correo.

Según el Proyecto de Elecciones de EU, hasta este 2 de noviembre más de 97 millones de estadounidenses habían votado anticipadamente, ya sea por correo o en persona. Esto ya es más que el número total de votos anticipados emitidos en las elecciones de 2016.

De estos votos un poco más de 62 millones son usando el servicio postal, en medio de los intentos de los estados por evitar aglomeraciones que puedan facilitar la propagación de la covid-19.

Estados péndulo en EE.UU.

BBC

Sin embargo, el Servicio Postal de Estados Unidos, el responsable de entregar las boletas postales, está experimentando recortes presupuestarios.

El presidente Trump impidió que se disponga de fondos adicionales, entre preocupaciones en el país por si el organismo podrá hacer frente al volumen de papeletas enviadas o si habrá mayores retrasos.

¿Cómo se contabilizan los votos por correo?

Los votos por correo suelen tardar más en contabilizarse.

Los diferentes estados tienen diferentes reglas sobre cómo y cuándo hacerlo.

La mayoría de los estados solo contarán las boletas postales recibidas antes del cierre de las urnas.

Pero algunos estados, como California, aceptarán votos siempre que sean enviados el día de las elecciones, incluso si llegan semanas después.

Promo image showing Joe Biden and Donald Trump

BBC
Puede que no sepamos el resultado de estas elecciones hasta día o semanas después.

El conteo de las boletas postales toma más tiempo porque cada voto debe tener una firma que se corresponda con la firma de la tarjeta de registro del votante.

Otro aspecto que retrasa el proceso es el momento en que se empiezan a contar esos votos.

Algunos estados como Florida, por ejemplo, comenzaron a contar las boletas enviadas por correo antes del día de las elecciones, pero ese no es el caso de la mayoría de los estados, que esperarán hasta el cierre de las urnas.

En 2016, el total de votos tardó más de un mes en escrutarse.

La entonces candidata demócrata Hillary Clinton llegó a ampliar su ventaja en el voto popular a nivel nacional, pero Trump ya había ganado los suficientes estados para asegurarse la presidencia.

¿Pueden existir demoras en los centros de votación?

Hacer fila en un recinto electoral seguirá siendo, por ahora, la forma más común en que los votantes estadounidenses entregarán su voto.

Y esa situación se complica debido a la pandemia de coronavirus y las restricciones a causa de ésta.

Algunos estados ya habilitaron centros para la votación anticipada en persona y se registraron enormes colas.

Fila de votantes

EPA
El voto en persona en algunos estados ya ha visto largas filas y cifras record de participación.

La mayoría de la gente votará este 3 de noviembre, y se estima que habrá abiertos menos centros electorales de lo habitual. También se advirtió de la falta de personal.

¿Trump y Biden aceptarán el resultado?

Existe la posibilidad de que el candidato que lleva la delantera en la noche de las elecciones no gane, una circunstancia que se ha vuelto más probable debido al voto por correo.

Biden, por un lado, aseguró que aceptará el resultado, pero insistió en que “se cuente cada voto”.

Hillary Clinton, quien fue la contrincante demócrata de Trump en 2016, ha dicho que Biden no debería conceder la victoria la noche de las elecciones “bajo ninguna circunstancia”.

“Creo que esto se va a alargar”, subrayó.

Mientras tanto, Trump advirtió que en la elección de noviembre puede producirse un “tremendo fraude” debido al voto por correo, pese a que hay muy poca evidencia de ello.

Y se negó a comprometerse a una eventual transferencia pacífica del poder si pierde.

¿Qué pasa si no se acepta el resultado de las elecciones?

El presidente llegó a decir que piensa que el resultado de estas elecciones puede terminar en la Corte Suprema de Estados Unidos.

Esto ha sucedido antes. En las elecciones de 2000, el candidato demócrata Al Gore afirmó que su estrecho margen de derrota en Florida ameritaba un recuento.

Se necesitaron 36 días para que el alto tribunal decidiera en contra de su reclamo y la contienda terminara a favor del republicano George W. Bush.

Además, este año pueden surgir otros desafíos legales, desde los requisitos de identificación para el voto por correo hasta la legalidad de los cambios hechos para esta votación debido a la pandemia.

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BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=4hw6wlscdUk

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