Gobierno de AMLO da permisos de importación a empresa acusada de dar sobornos
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Gobierno de AMLO da permisos para importar combustibles a empresa hoy acusada de pagar sobornos entre 2015 y 2020

Vitol, empresa holandesa, es investigada en Estados Unidos por corrupción. En México su agente hizo negocios a partir de la autorización tanto de la Secretaría de Energía en tiempos de Peña Nieto como de López Obrador.
Cuartoscuro
Por Raúl Olmos (Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad) y Zedryk Raziel (Animal Político)
14 de diciembre, 2020
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Vitol, la multinacional petrolera acusada de haber pagado sobornos en México entre 2015 y 2020, obtuvo permisos para importar 57 mil millones de litros de combustible en los últimos días del gobierno de Enrique Peña Nieto y en el arranque de la administración de Andrés Manuel López Obrador.

Uno de los responsables de gestionar los permisos fue Javier Aguilar, un mexicano residente en Houston que enfrenta un proceso en una Corte en Nueva York por supuestamente haber intervenido como directivo de Vitol en una red de pago de sobornos en Ecuador.

Según documentos obtenidos por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), Aguilar gestionó también los permisos para la terminal Río Bravo, la cual almacena el combustible importado, y cuya operación fue autorizada durante la actual administración federal.

Lee: Pemex suspende negocios con la empresa Vitol tras acusaciones de sobornos

En los documentos consultados consta, además, que el exdirectivo de Vitol acusado de corrupción también fue el responsable de firmar un contrato de suministro de etano por 237 millones de dólares en Pemex (equivalente a 4,500 millones de pesos) para el periodo 2018-2020, el cual, según una auditoría, fue pagado con sobrecostos. También aparece como firmante en contratos y procedimientos de licitación con la Comisión Federal de Electricidad y el Puerto de Veracruz.

MCCI constató en documentos oficiales que Aguilar fungió como representante de Vitol hasta mediados de 2020.

En el sexenio pasado, la empresa transnacional también obtuvo contratos para el suministro de energéticos con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), cuando ésta era dirigida por Enrique Ochoa, ahora diputado del PRI. Los montos pagados por dichos contratos fueron clasificados como confidenciales por la actual administración obradorista.

Además, MCCI y Animal Político constataron que varios exfuncionarios públicos de Pemex y la CFE pasaron a formar parte de la nómina de Vitol, a la que presuntamente beneficiaron desde sus anteriores encargos.

Los permisos de importación

El 29 de noviembre de 2018, dos días antes de que Peña Nieto dejara la Presidencia de México, Vitol obtuvo de la Secretaría de Energía diez permisos para la importación de hasta 35 mil millones de litros de gasolinas, diésel, aceites, crudos ligeros y turbosina.

Luego, el 4 de diciembre de 2018, cuando López Obrador acababa de asumir la Presidencia, se otorgó un nuevo permiso a Vitol para importar 11 millones de litros de crudos ligeros. La titular de Energía ya era en ese momento Rocío Nahle.

Once meses después, el 15 de noviembre de 2019, se otorgaron a Vitol otros seis permisos para la importación de 22 mil 360 millones de litros de combustible –principalmente gasolina–, según documentos oficiales de la Dirección General de Petrolíferos de la Secretaría de Energía. 

Entérate: Pemex y CFE, los gigantes egoístas

Los permisos de mayor volumen otorgados aquel día fueron para importar 12 mil millones de litros de gasolina con octanaje superior o igual a 87 pero inferior a 92, y 9 mil 500 millones de litros de diésel.

Para almacenar tan elevado volumen de combustible que importaría de Estados Unidos, Vitol obtuvo el pasado 28 de mayo de 2020 la autorización por parte de la Comisión Reguladora de Energía para operar la Terminal Río Bravo, que fue construida en Matamoros, Tamaulipas.

La terminal consta de 12 tanques con una capacidad operativa de 216 mil barriles, equivalente a 34 millones de litros; Vitol proyecta distribuir el combustible desde ese punto fronterizo a gasolineras de todo el país, a través de autotanques.

La Semarnat y la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente habían otorgado su aval a la terminal en una resolución fechada el 21 de septiembre de 2018, a tres meses de que concluyera la anterior administración federal, según consta en un oficio enviado aquel día a Aguilar, el exdirectivo de Vitol acusado de corrupción.

Vitol es una petrolera de origen holandés que se enfoca en la comercialización de combustibles, más que en la extracción y refinación.

A partir de la reforma energética, su principal negocio en México ha sido la importación y comercialización de combustibles. 

 Vitol sustituye etano enviado a Odebrecht

Uno de los clientes de Vitol ha sido Pemex. En un contrato con vigencia de 2018 a 2020, la compañía acordó venderle a Pemex-Etileno hasta 720 mil toneladas de etano importado para distribuirlo a los complejos petroquímicos de Cangrejera y Morelos.

Con el insumo importado se cubriría el déficit que enfrentaban las plantas de Pemex, tras los compromisos establecidos desde el gobierno de Felipe Calderón de suministrar 66 mil barriles diarios de etano a la planta Etileno XXI, propiedad de Braskem, filial de Odebrecht.

Originalmente el contrato se había asignado en mayo de 2018 a Sabic Petrochemicals, con sede en los Países Bajos, pero al mes siguiente de la adjudicación la compañía envió a Pemex una carta en la que señalaba que no acudiría a firmar el contrato por no estar en condiciones de cumplir el suministro de etano.

Fue entonces que el contrato se asignó a Vitol. Carlos Espinosa fue el funcionario de Pemex que el 11 de junio de 2018 notificó a Aguilar la decisión de otorgarle el contrato a Vitol, según el expediente obtenido por MCCI.

Espinosa se desempeñaba como gerente general de Pemex Procurement International Inc., una subsidiaria de la petrolera mexicana que tenía su sede en Houston, en donde también residía y despachaba Aguilar.

Sobreprecio del etano

El contrato con Vitol para suministrar etano fue por 237 millones 614 mil dólares, con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2020.

La empresa holandesa se comprometió a entregar 144 mil toneladas de etano en 2018, otras 288 mil toneladas en 2019 y una cantidad idéntica en 2020. Es decir, si bien el contrato con Vitol se negoció durante la gestión de Peña Nieto, ha estado vigente en los dos primeros años del gobierno de López Obrador.

Lee más: Pemex reporta ganancia de 1.4 mil mdp pero su deuda sube 24.9%

La Auditoría Superior de la Federación detectó que Vitol había vendido el etano muy caro a Pemex. 

El precio acordado fue de 321.30 dólares la tonelada, equivalente en la fecha del contrato a 6 mil 388 pesos, mientras que Pemex Transformación Industrial estaba comercializando el mismo insumo a Etileno XXI en 2 mil 727 pesos.

Contratos reservados

Pemex no fue el único cliente de Vitol. En 2016, la CFE le adjudicó dos contratos: uno, del 8 de abril, para el suministro de gas natural en la zona de Manzanillo, y otro, del 28 de julio, para el suministro de combustóleo, un energético que la paraestatal podía adquirir de Pemex.

El primero de los contratos fue adjudicado por la CFE cuando su director era Enrique Ochoa, que dejó la empresa el 8 de julio de ese año para irse a dirigir su partido, el PRI. Ochoa ahora es diputado federal.

El monto pagado por la Comisión a Vitol por ambos contratos fue reservado el pasado 29 de septiembre por el Comité de Transparencia de la CFE, con Manuel Bartlett a la cabeza de la paraestatal.

El primer contrato, mediante el que se acordó el suministro de gas natural licuado por buque-tanque, se suscribió con la razón social Vitol S.A. El segundo de ellos, firmado con la razón social Vitol Inc., fue para el suministro de combustóleo por buque-tanque para abastecer a centrales de generación eléctrica de la CFE.

En ambos contratos se estableció que el pago sería en dólares. Sin embargo, el Comité de Transparencia decidió clasificar como confidencial la información referente al monto erogado por la CFE, con el argumento de que ello “evidenciaría costos de importación para la generación de energía”, de acuerdo con el acta de la sesión.

“Esta Comisión Federal de Electricidad (CFE) señaló que los costos de importación para la generación de energía es información que está estrechamente vinculada a una estrategia propia para enfrentar la competencia y posicionar su participación de mercado (…) y que le significa mantener una ventaja competitiva o económica frente a terceros en la realización de actividades económicas como empresa productiva del Estado”, estableció el Comité de Transparencia.

Los funcionarios que avalaron la reserva de información son Raúl Jarquín López; Juan Tadeo Ramírez Cervantes y María Beatriz Rivera Hernández.

De reguladores a socios

Al menos dos exfuncionarios de Pemex y uno de la CFE pasaron a formar parte de Vitol. En todos los casos, cuando fueron servidores públicos, tuvieron cargos desde los que pudieron haber beneficiado a la multinacional holandesa. Además, el hijo de un alcalde priista de Coahuila formó parte de una empresa socia de Vitol en la época en que fueron pagados los sobornos.

El caso más emblemático es el de Eduardo Arriola Jiménez, quien fue subdirector de Generación y de Negocios no Regulados de la CFE hasta diciembre de 2018 y luego fungió como director de Grupo Vitol México. Su cambio del sector público al privado se dio antes de que se cumpliera el plazo mínimo establecido en la ley para no incurrir en conflicto de intereses.

Otro caso es el de Yolanda Alicia Villegas Morales, que laboró de 2012 a 2013 en Pemex como Coordinadora de Asuntos Jurídicos Internacionales. La exfuncionaria ingresó a Grupo Vitol en 2018 como directora jurídica. Además, figura como integrante del Consejo de Administración de la razón social Vitol Energy México S.A. de C.V. y apoderada legal de Vitol Electricidad de México S. De R.L. de C.V., según documentos del Registro Público.

Un excolega suyo de Pemex ingresó a Vitol en 2019. Se trata de José Esteban Esponda Hernández, que fue asesor de la Dirección General de Pemex Exploración y Producción (Pemex) hasta octubre de 2015. Un año antes, en 2014, esa subsidiaria adjudicó a Vitol dos contratos para la producción de hidrocarburos en los campos de Amatitlán y Miahuapan. Entonces, Esponda Hernández era asesor de Juan Javier Hinojosa Puebla, que dirigía Pemex PEP.

En documentos del Registro Público, Esponda Hernández figura desde 2019 como miembro del Consejo de Administración de Vitol Energy México S.A. de C.V., donde comparte un asiento con Yolanda Villegas.

Para la explotación de los campos de Amatitlán y Miahuapan, Vitol se asoció con GPA Energy S.A. de C.V., perteneciente al emporio coahuilense Gimsa, que encabeza el empresario Gerardo Benavides Pape.

La empresa matriz de Gimsa es Grupo Industrial Monclova S.A. de C.V. En ella, Diego Siller Beltrán fungió como apoderado desde 2018 hasta octubre de este año. Siller Beltrán es hijo del Alcalde del municipio de Frontera, Coahuila, el priista Florencio Siller Linaje.

La acusación en EU

El pasado 3 de diciembre, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó ante una Corte en Nueva York que en el transcurso de 2018 Vitol había pagado sobornos a un funcionario de una subsidiaria de Pemex, para obtener información confidencial que le ayudara a la compañía a obtener un contrato. La acusación no precisa el nombre de la subsidiaria ni revela la identidad del funcionario.

Sin embargo, hay coincidencia con la fecha en que se asignó el contrato millonario del etano. En el rastreo documental realizado por MCCI no se localizó en 2018 alguna otra adjudicación a Vitol.

La acusación del Departamento de Justicia refiere que entre 2015 y 2020 Vitol pagó 2 millones de dólares en sobornos a funcionarios de Ecuador y México para obtener negocios petroleros, pero no precisa cuánto pagó en cada país.

Lo que sí explica es que los sobornos se pagaron a través de empresas fantasma que controlaba un intermediario de Vitol residente en la isla de Curazao, un paraíso fiscal ubicado en el Caribe. Para ocultar el soborno, los pagos fueron por concepto de servicios de consultoría.

En esta operación participaron dos empresas mexicanas –de las que no se dan nombres- las cuales emitieron facturas por los falsos servicios de consultoría. Una vez que recibió los comprobantes, el intermediario transfirió los sobornos a cuentas bancarias en Estados Unidos, que tenían como beneficiario final a funcionarios mexicanos no identificados.

El documento de la acusación señala por su nombre al exrepresentante de Vitol, Javier Aguilar, como el responsable de negociar el pago de sobornos con funcionarios ecuatorianos de Petroecuador. Los pagos ilícitos se hicieron por medio de empresas fantasma en Curazao, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caymán y en Portugal.

Al igual que en el caso de México, algunos pagos fueron ocultados como supuestas consultorías.

En el proceso que se sigue contra Aguilar en Nueva York ha trascendido que Vitol pagó el equivalente a 1.4 millones de dólares en sobornos a funcionarios de Ecuador.

Lo anterior significaría que los sobornos pagados a funcionarios mexicanos serían por al menos 600 mil dólares entre 2015 y 2020, que corresponde a los gobiernos de Peña Nieto y de López Obrador.

Este jueves, en su conferencia de prensa mañanera, el presidente mexicano se comprometió a investigar el caso de corrupción de Vitol que involucra a su administración.

El gestor de Vitol en México

Javier Aguilar era el ejecutivo de Vitol encargado de negociar permisos y contratos ante las autoridades mexicanas.

El 8 de abril de 2016, por ejemplo, firmó como representante de Vitol en un contrato de suministro de gas natural licuado con la Comisión Federal de Electricidad, y el 3 de julio del mismo año intervino en la licitación para construir y explotar una terminal para el manejo de combustibles en el puerto de Veracruz.

En mayo y junio de 2017 gestionó para Vitol permisos para la comercialización de hidrocarburos, y en junio de 2018 envió desde su oficina en Houston un oficio dirigido al gerente de Pemex Procurement International en el que aceptaba el contrato de suministro de etano para los años 2018-2020. En diciembre del mismo año fue ratificado como apoderado y tuvo esa representación hasta mediados de 2020.

Muestra de lo anterior es que el 10 de julio de 2020 la Secretaría de Desarrollo Urbano de Matamoros expidió a su nombre un certificado de uso de suelo para la Terminal Río Bravo, el centro de almacenamiento que Vitol construyó en aquel municipio fronterizo.

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El periodista de Ecuador que escribió su último relato desde un hospital antes de morir por COVID

Augusto Itúrburu murió por covid-19 el 15 de abril en Guayaquil, la primera ciudad latinoamericana en la que hizo estragos la pandemia. Su historia es el reflejo de una tragedia.
29 de diciembre, 2020
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2020 termina con más de 1,6 millones de muertos por covid-19, según los datos de la Universidad Johns Hopkins. Uno de ellos se llamaba Augusto Itúrburu, era ecuatoriano, tenía 40 años y murió en Guayaquil. Era periodista y su última crónica fue la de su muerte.

El escritor argentino Jorge Luis Borges escribió que “un solo hombre ha muerto en la tierra” y que afirmar lo contrario “es mera estadística”.

Pero en Guayaquil, la primera ciudad latinoamericana arrasada por la covid-19, murió Augusto y murieron muchos más, aunque todavía se discute por qué el virus se comportó como lo había hecho en muy pocos lugares a nivel mundial.

Dos ataúdes en una calle de Guayaquil

Reuters
Guayaquil fue la primera ciudad de América Latina en la que la covid-19 causó estragos.

El sábado 29 de febrero, Augusto estaba en la conferencia de prensa en la que cuatro funcionarios del gobierno nacional anunciaron el primer caso de coronavirus en Ecuador.

Desde hacía siete años se desempeñaba en la sección deportiva del diario público ecuatoriano, El Telégrafo.

La salud no era su tema, pero ese sábado le tocó guardia. La situación en el diario era precaria. Habían despedido gente y en los próximos meses despedirían a muchos más. Él lo sabía bien porque formaba parte del sindicato.

La paciente 0 era ecuatoriana y había llegado a Guayaquil el 14 de febrero desde Madrid para ver a su familia en Babahoyo, provincia de Los Ríos, informaron los funcionarios.

Al momento del anuncio la mujer estaba internada en terapia intensiva con pronóstico reservado. En 13 días moriría.

Augusto no hizo ninguna pregunta. Debía estar cansado de los temas médicos. Su madre había muerto hacía 14 días por un cáncer de estómago diagnosticado en 2017.

En la conferencia de prensa escuchó sobre un virus del que se había burlado en la intimidad de su hogar, pero que lo mataría un mes y medio después.

¿Por qué Guayaquil?

En la rueda de prensa de ese 29 de febrero hablaron la ministra de Salud, un técnico del Instituto Nacional de Investigación en la Salud Pública (INSPI), el presidente del Consejo Directivo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y el viceministro de Gobernanza y Vigilancia de la Salud.

Antes de que Augusto muera el 15 de abril, los tres que ese día ocupaban cargos políticos ya no estarán en sus puestos.

La ministra Catalina Andramuño renunciará tres sábados después acusando a su propio gobierno de no haberle dado los recursos necesarios para enfrentar la emergencia.

El titular del IESS Paúl Granda presentará su renuncia el 9 de abril tras un escándalo de sobreprecios en compra de mascarillas. El viceministro Julio López será reemplazado cinco días después por un epidemiólogo.

Cementerio Guayaquil Ecuador abril 2020

Getty Images
En el primer mes y medio de la pandemia en Guayas murieron 16.000 personas, 13.000 más que en el mismo periodo del año anterior.

En ese mes y medio morirán en Guayas, la provincia donde está Guayaquil, unas 16.000 personas, 13.000 más que en el mismo período de 2019, según los datos del Registro Civil procesados por el periodista Paúl Mena del diario El Universo.

La única persona de aquel sábado que continúa en su cargo es Alfredo Bruno, el técnico del Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (INSPI) que participó del primer diagnóstico.

Él le recuerda a BBC Mundo que Ecuador fue el tercer país latinoamericano en detectar el virus en su territorio (luego de Brasil y México) lo que demuestra —en su opinión— que el sistema de vigilancia epidemiológica funcionó.

Con respecto a Guayas considera que distintos factores pudieron influir en la rapidez con la que el virus atacó la región.

Se refiere a factores geográficos como la ubicación de Ecuador entre los dos hemisferios, o que la ciudad reciba influencias climatológicas tanto de la corriente fría de Humboldt como de la corriente cálida de El Niño.

“La migración y la densidad poblacional también tienen su impacto, como ha ocurrido —por ejemplo— con el virus de la influenza. Guayaquil es un puerto de entrada que cuenta con más de 2.700.000 habitantes. Muy comercial, con un flujo constante de personas”, dice Bruno, quien es experto en microbiología.

Pie: Augusto Itúrburu (izq.), Luis Cheme (der.) y Elías Vinueza (centro der.) posan con el seleccionador de fútbol sub 17 de Ecuador, Javier Rodríguez.

Gentileza de Elías Vinueza
Augusto Itúrburu (izq.), Luis Cheme (der.) y Elías Vinueza (centro der.) posan con el seleccionador de fútbol sub 17 de Ecuador, Javier Rodríguez.

También destaca el hecho de que Ecuador fue uno de los primeros países de la región en enfrentar el virus y esto le jugó una mala pasada:

“Todos los países pensaban, como ocurre con otros patógenos, que existía una transmisibilidad cuando empezaban los síntomas o había mayor sintomatología, pero este virus ya se transmitía a través de personas asintomáticas, lo cual fue un limitante para poder contenerlo”.

Tras la guardia del fin de semana, Augusto regresó al diario el miércoles 4 de marzo.

Cuatro días después del anuncio del caso 0, se realizaba un partido de fútbol entre el equipo más popular del país, Barcelona de Guayaquil, contra otro conjunto ecuatoriano, Independiente del Valle.

“Cuando volvió yo le asigné el partido en el Monumental por la Copa Libertadores, el famoso partido del miedo“, le cuenta a BBC Mundo Luis Cheme.

Jefe y amigo de Augusto, Cheme habla del miedo porque dos días antes del partido, el gobernador de Guayas, Pedro Pablo Duart, escribió un tuit que decía “¡El virus más peligroso es el miedo! Pero no nos vencerá. El país debe continuar”.

El periodista recuerda que al día siguiente Augusto comenzó a sentir malestar.

“Él bromeaba, tosía y decía ‘ojalá que no sea coronavirus’. Y le respondimos que no había estado en contacto con ninguna persona contagiada”.

Al partido asistieron 20.000 personas, pocas para un encuentro del “ídolo del astillero”. 12 días después el país se paralizó.

La explosión

Entre el sábado 29 de febrero y el lunes 16 de marzo, día que el gobierno de Lenín Moreno declara el estado de excepción en todo el territorio ecuatoriano, el covid-19 contagia a miles de personas en Guayaquil, incluido Augusto. ¿O fue antes?

El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

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El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Para Luis Cheme y Nelson Itúrburu, hermano de Augusto, él se contagió en las idas a los hospitales para curar esa tos que se volvería una infección de garganta.

Néstor Espinoza, que lo conocía desde los 12 años y fue quien presentó su hoja de vida en El Telégrafo en el año 2013, cree que su amigo contrajo el virus en el partido de fútbol y que contagió a más de una persona, incluyéndolo a él.

Y la novia de Augusto, Stefany Mideros, le contó a BBC Mundo que antes del partido él se sentía mal: “Nos dijimos que se iba a cuidar, pero él ya estaba con esa tosecita que después se agudizó; entonces para mí ya estaba contagiado por una prima que vino de Europa”.

Ninguna de estas tres hipótesis se pudo comprobar, aunque el tema de la migración como agente de contagio cobró fuerza por esos días.

Para Washington Alemán, director de la Unidad de Prevención de Enfermedades Infecciosas del Municipio de Guayaquil, cuando comenzó la epidemia en Europa —sobre todo en Italia y en España— hubo una estampida de migrantes ecuatorianos que regresaron a Ecuador.

El ex viceministro de Salud Ricardo Cañizares añade que cuando uno ve los casos en retrospectiva se puede deducir que la transmisión no empezó con la paciente 0:

“Tenemos migrantes en España, en Estados Unidos. Parece que muchos llegaron infectados a las zonas donde está la gente de más recursos, como Samborondón, pero a estas casas van mujeres de limpieza, van trabajadores, van albañiles; el virus cruzó todas las clases sociales, aunque murieron más personas de los estratos pobres“.

En este escenario, la pandemia se comportó, según Alemán, como solo lo había hecho en otras dos ciudades del mundo, Bérgamo en Italia y Manaos en Brasil:

“Son esas ciudades donde el virus hizo una explosión en su multiplicación exponencialmente veloz, lo que provocó que se contagiara mucha gente en muy corto tiempo, acompañado con una alta mortalidad”.

Luis Cheme

Matías Zibell
Luis Cheme recuerda con miedo aquellas primeras semanas de la pandemia. “Nunca habíamos visto algo similar, al principio uno lo ve desde lejos, cuando empiezan a morir personas cercanas, amigos, ves que es real”.

Así le dice a BBC Mundo Elías Vinueza, otro periodista de El Telégrafo: “Lo que nos sorprendió fue que los casos se reprodujeron en nuestro entorno: cuando creíamos que el virus podía estar en alguien lejano, ya estaba entre nosotros“.

“Yo tuve familiares, amigos y colegas que lo contrajeron en las primeras semanas y muchos de ellos fallecieron”.

Elías fue uno de los colegas a los que Augusto le contó los detalles de su internación, lo que ocurría en la sala del hospital donde estaba internado y su intuición de que no dejaría esa sala con vida.

El lunes 23 de marzo, Augusto Itúrburu entró al hospital de Los Ceibos para un estudio por sus complicaciones respiratorias y terminó internado.

Desde el hospital le escribió a Elías Vinueza: “Se me derrumbó todo”.

Cuando su amigo le dice que allí comenzará la recuperación, Augusto responde: “Lo dudo”.

El último relato

Como en el resto de América Latina, la historia de la pandemia en Ecuador tiene muchas caras.

Tiene el rosto del aumento de la violencia doméstica en el confinamiento, el de la pérdida de empleo y de los servicios básicos, ya de por sí precarios, colapsados.

En Guayaquil, se suma la odisea de los que tuvieron por días los cuerpos de familiares en sus casas o los que pelearon por recuperar los cadáveres de los suyos por semanas, así como las historias de los más de 100 médicos muertos en la primera línea de lucha contra la enfermedad.

Fueron imágenes que dieron la vuelta al mundo y le anunciaron a América Latina la devastación que el virus podía provocar.

La historia de Guayaquil, le dice a BBC Mundo el poeta y escritor Ernesto Carrión, es la de un puerto comercial que creció de forma desordenada, escondiendo debajo de la alfombra su pobreza. “Entonces en algún punto todo esto explota. La realidad se rebosa. Como ocurre cuando hay aguaceros y crímenes. Como ocurrió cuando el sistema de salud no dio abasto y la gente empezó a morir en la calle”.

Como la de su ciudad, la historia de Augusto también está plagada de contradicciones.

Era diabético pero amaba la gaseosa; un fanático del fútbol que no confesaba cuál era el club de sus amores; un amante de la comida esmeraldeña del local de su novia -como la masa de plátano verde en salsa de coco, que en la costa ecuatoriana llaman bolón encocado-, que al mismo tiempo trataba de cuidar su figura.

Hospital de Guayaquil

Getty Images
La historia de la covid-19 se puede contar a través de los médicos que se enfrentaron a la covid-19 y de los que murieron.

Fue un hombre que entre el 23 de marzo -cuando lo internaron- hasta el 27 de ese mes -que lo entubaron- mantuvo el teléfono celular a su lado y contó, quizás por reflejo periodístico, lo que veía y sentía en una sala de hospital público.

Esta comunicación es inusual. La mayoría de los pacientes que ingresaron por covid-19 no pudieron hablar más con sus familias, sus seres queridos no supieron de ellos hasta que se recuperaron o murieron.

En cambio, Augusto, que el 12 de marzo había publicado su última nota para el diario (el caso de Emily Franco y Valeria Orobio, las dos únicas árbitras ecuatorianas calificadas para dirigir partidos de rugby), 11 días después comienza a contar su última historia.

“Sospechan que es coronavirus porque las radiografías muestran cosas raras; que pueden demorar unos tres días hasta saber”, le escribe a Elías Vinueza, su antiguo editor, desde el hospital.

José Balarezo

Matías Zibell
José Balarezo, amigo de Augusto, recuerda que el periodista no confesaba cuál era su club, en una ciudad amante del fútbol donde “no hay hinchas con criterio, hay hinchas fanáticos”.

Añade que está débil y que le cuesta pararse, que todo es un caos, y que comparte sala con otras 12 personas. Sólo le han dado paracetamol.

Mientras, su hermano y su novia esperan afuera del hospital y su padre está en la más estricta cuarentena en su casa.

Nelson, quien no vive en Guayaquil sino en la zona rural del Guayas, iba todos los lunes y esperaba afuera del hospital por noticias. “Allí vi morir como unas cuatro personas. La gente moría haciendo cola”, le dice a BBC Mundo.

El 24 de marzo Augusto le escribe a Elías sobre su mayor miedo: “Estoy viendo como entuban a la gente” y le cuenta que ya han comenzado a darle antibióticos.

Por la noche le envía un audio:

“Acá no dan respuesta de nada, me tienen con oxígeno y con suero. No sé si hay cómo mover alguna influencia para que me hagan el examen, y para que me den un buen tratamiento, porque siento que estoy jodido de los pulmones; no sé si estos manes me van a confinar así nomás. La verdad es que me comenzó a dar un poco de temor”.

A su novia, Augusto le escribe: “Sáquenme de aquí por favor”.

Pero el 25 de marzo le cuenta a Elías que está mejor de ánimo y que cuando salga se irá a Esmeraldas.

Un día después le han vuelto a ganar la ansiedad y el miedo. “Esto agota el cuerpo”, escribe. Es lo último que le dirá a su editor.

El robo

El 27 de marzo entuban a Augusto Itúrburu.

Ese día la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, escribe un tuit contra el gobierno nacional: “No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger“.

El vicepresidente, Otto Sonnenholzner, le responde que “haga más” y que “hable menos”.

Dos mujeres en Guayaquil y de fondo el cuerpo de un hombre tapado en la calle.

Reuters
“No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger”, escribió en Twitter Cynthia Viteri.

La contienda política llega al ámbito médico.

El 6 de abril el infectólogo Washington Alemán es invitado por la alcaldía guayaquileña junto con otros expertos para diseñar una estrategia contra el virus. Se sugiere entonces reforzar la atención médica en barrios y comunas.

“El Ministerio de Salud se preocupó más en armar las terapias intensivas. Lastimosamente, el 50% de personal sanitario se infectó y el resto de personal se ubicó en los hospitales esperando que llegaran los enfermos; por lo tanto, se descuidó toda la atención primaria y fácilmente se colapsó un sistema que, de por sí, era débil“, le dice el médico a BBC Mundo.

Para el ex viceministro de Salud Ricardo Cañizares, hay que tener en cuenta que el ingreso de la covid-19 en Guayaquil fue tan brusco que, para cuando el sistema intentó reaccionar, la transmisión del virus ya era comunitaria:

“Demoramos mucho, ya había demasiados enfermos que no podíamos contener. Entonces, ¿adónde van a ir los enfermos? Al hospital. Por eso no me atrevería a decir que el gobierno planificó enfrentar al virus en los hospitales, yo creo que se vieron casi obligados”.

La primera quincena de abril, los jefes y colegas de Augusto intentan cualquier camino para saber de él.

Uno llega a tomarle una foto a una pantalla donde aparece el nombre de una médica residente y le escribe a su perfil de Facebook. Nadie le responde.

La directora editorial de El Telégrafo, Carla Maldonado, habló con la gerente general del hospital el 14 de abril: “Me dijo que no estaba bien, pero tampoco estaba muy mal”.

“Al otro día Augusto murió“.

Tristemente, la tragedia no acabó allí.

“Yo estaba en la morgue cuando mi papá me llama, y me dice que han sacado la plata de la cuenta del banco, que la tarjeta (que tenía Augusto cuando ingresó al hospital) estaba activa y que esa mañana habían sacado la plata”, recuerda su hermano Nelson. Sus pertenencias tampoco aparecieron.

Ese día la portada de Fanáticos, el suplemento deportivo de El Telégrafo fue dedicada a Augusto. Pero el homenaje queda teñido por la noticia del robo.

“Es indignante, después de ver que a él lo internan y que se contagia posiblemente en el IESS, que le hacen tarde la prueba, que finalmente muere, y cuando piensas que no es posible que tanta negligencia le ocurra a una sola persona, ocurre el robo“, le dice a BBC Mundo Jéssica Zambrano, compañera del diario.

“Eso fue un golpe más para mi papá porque él se imaginaba que le habían estado robando a Augusto mientras estaba agonizando; a mí lo único que se me ocurre es que le preguntaron la clave de la tarjeta como para comprar algo cuando él estaba internado y esperaron a que muriera”, sentencia Nelson.

Maldonado cuenta que las autoridades del hospital se comprometieron a devolver el dinero robado. Nelson reconoce que la devolución se produjo, y afirma que le pidieron a su padre que retirara la denuncia, cosa que este se negó a hacer.

BBC Mundo contactó al establecimiento para conocer su versión, pero la institución declinó la entrevista argumentando que hay una investigación abierta.

El padre de Augusto, Nelson de nombre como su hijo mayor, murió el 10 de agosto, de un cáncer fulminante.

El que está solo

Todos los médicos del hospital contactados por BBC Mundo dejaron de responder a la solicitud de entrevistas cuando se mencionó el nombre de Augusto.

Sólo una doctora dijo que el robo fue una situación aislada, pero añadió: “Cuando hay caos, hay oportunidad”.

Esta oportunidad no se dio solo a nivel local.

El 21 de septiembre el diario El Comercio informó que un equipo de 30 fiscales había abierto hasta el 1 de junio 95 expedientes por corrupción en el país durante la crisis sanitaria.

“Según esa información en poder de la Fiscalía, solo en cuatro de las 24 provincias no se han detectado posibles hechos ilícitos. Los agentes han descubierto delitos, como cohecho, peculado, enriquecimiento ilícito, concusión y tráfico de influencias”, indican los periodistas Fernando Medina y Diego Puente.

Por el caso de Augusto, un hombre fue detenido con fines investigativos.

La Fiscalía respondió el 2 de diciembre a la petición de BBC Mundo que no puede dar información porque el caso se encuentra bajo investigación.

Luego de ese brote feroz en Guayaquil, los altos índices de infección y mortalidad se mudaron a la Sierra ecuatoriana, especialmente la provincia de Pichincha, donde se encuentra Quito.

En círculos políticos y mediáticos se habló entonces del “milagro guayaquileño”. La ciudad no ha vuelto a tener un rebrote, aunque este diciembre se han encendido las alarmas nuevamente por el incremento de casos.

Desde la administración municipal, Washington Alemán dice: “Fuimos los primeros y nos costó muy caro pagar con todas las víctimas que pagamos. El consuelo es que salvamos vidas, el desconsuelo es que se nos murieron más de 10.000 compatriotas, entre amigos, colegas y familiares”.

Los amigos de Augusto del diario que perdieron el trabajo con los despidos masivos de julio tuvieron que manifestarse para cobrar sus liquidaciones.

“Cuando hacíamos las protestas pensábamos que Augusto hubiera estado primerito, hubiese organizado las protestas porque a él le gustaba organizarnos y estar pendiente; así lo recuerda la gente que formó parte de El Telégrafo“, dice Luis Cheme.

Uno de los últimos mensajes que Augusto Itúrburu le escribió a su novia desde el hospital la última noche que tuvo el teléfono con él quedó registrado a las 21:32 de ese 26 de marzo.

Dice: “Se murieron tres”.

Dos hombres llevan un ataúd por las calles de Guayaquil.

Reuters
2020 termina con más de 1,6 millones de personas muertas por covid-19.

Borges escribe que “un solo hombre ha muerto en los hospitales, en barcos, en la ardua soledad, en la alcoba del hábito y del amor”.

Su poema “Tú” cierra con 10 palabras: “Hablo del único, del uno, del que siempre está solo”.


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