Gobierno federal engañó sobre gravedad del COVID en CDMX: NYT
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Cuartoscuro

Gobierno federal engañó sobre gravedad del COVID en CDMX para evitar semáforo rojo: NYT

La Ciudad de México habría superado el umbral del semáforo rojo desde el 4 de diciembre, según un análisis del diario estadounidense.
Cuartoscuro
21 de diciembre, 2020
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El gobierno federal engañó sobre la gravedad del brote de COVID-19 en la Ciudad de México, tenía datos que debían haber provocado un cierre inmediato, pero mantuvo la ciudad abierta por dos semanas más, según un análisis del diario estadounidense The New York Times.

La Ciudad de México habría superado el umbral del semáforo rojo desde el 4 de diciembre, y apenas este 18 de diciembre el semáforo epidemiológico pasó de un estado de emergencia a rojo.

El medio refiere que el gobierno federal utilizó dos cifras más bajas que las reportadas públicamente al hacer el cálculo del color del semáforo para que no hubiera confinamiento.

Lee: CDMX registra una ocupación hospitalaria de 82%, sigue aumento de hospitalizaciones: Sheinbaum

En un documento del 4 de diciembre firmado por el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, que notificó a la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, sobre el cálculo del riesgo, el gobierno federal afirmó que solo el 45% de las camas de hospital con ventiladores estaban llenas.

Sin embargo, López-Gatell había informado públicamente que el 58% de las camas con ventilador estaban ocupadas.

De acuerdo con una revisión de la base de datos que utiliza el gobierno en el cálculo del riesgo, mostró que la ocupación de camas de hospital con ventiladores en la Ciudad de México no había bajado del 50% desde principios de noviembre.

En el documento que el encargado de la pandemia en México envío a Sheinbaum señala que el 25% de las pruebas de coronavirus en la ciudad dieron positivo a fines de noviembre. “Pero los propios datos del gobierno federal muestran que más del 35% de las pruebas tuvieron un resultado positivo durante ese periodo”.

De haberse utilizado las otras cifras, indica el medio, la Ciudad de México se hubiera cambiado a semáforo rojo desde el 4 de diciembre.

Hasta este lunes la CDMX registra una ocupación hospitalaria de alrededor de 82%, autoridades federales reportaron el pasado sábado 19 de diciembre una ocupación de 85%.

El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, respondió que “hay varios hoyos de información” en el reportaje de The New York Times, pues, dijo, tomaron información parcial y la interpretaron sin tomar en cuenta los mecanismos que tiene Salud para determinar el semáforo. 

También dijo que el diario estadounidense “tomó equivocadamente” el comentario que hizo sobre que el color del semáforo era irrelevante pues se estaba llamando a una emergencia en la Ciudad de México.

Sheinbaum niega manipulación de cifras 

Respecto a este reportaje, Claudia Sheinbaum negó que el gobierno federal haya escondido información sobre la pandemia en la capital o se hayan manipulado cifras.

La funcionaria explicó que desde el 4 de diciembre se había contemplado que durante dos semanas la ciudad se mantendría en semáforo naranja.

Sheinbaum calificó como falso lo publicado por el medio y aseguró que pasaron a la reportera de The New York Times un correo electrónico del día 4 de diciembre en donde se establecía que para los siguientes 15 días la ciudad estaría en semáforo naranja.

“Nuestra versión está sustentada en un documento que envía la Secretaría de Salud, hemos sido muy responsables en la atención a la pandemia”, declaró.

Aseguró que solo se trata de un intento más de buscar diferencias entre la federación y el gobierno capitalino.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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