Mujeres rarámuris llevan 4 meses sin abrir su taller por una denuncia
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Andrea Vega

Mujeres rarámuris llevan 4 meses sin abrir su taller de costura por denuncia de despojo de un empresario

Las mujeres solicitaron apoyo de las autoridades estatales y federales para no perderlo y tener un trabajo seguro en esta época de pandemia y sequía en la Sierra Tarahumara. Nada se ha resuelto.
Andrea Vega
23 de diciembre, 2020
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Los habitantes de la comunidad indígena de Bosques de San Elías Repechique, en la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, aseguran que no habían visto un despliegue tan grande de policías ministeriales. En una región dominada por el crimen organizado las autoridades no llegan así ni en busca de los narcotraficantes, dicen. El 6 de mayo de 2020, cinco camionetas blancas de la Fiscalía General del Estado rodearon una construcción. Los agentes buscaban a Teresa González, una mujer rarámuri de 46 años que quiere levantar, en una hectárea del territorio ancestral de su comunidad, un taller de costura para ella y sus vecinas. 

Ahí trabajarán diez mujeres, la mayoría madres solteras y sin empleo fijo. Coserán sus ropas tradicionales: vestidos o falda y blusa hechos con pliegues amplios y telas coloridas y florales. También harán uniformes y sábanas. Planean venderlos a los vecinos, turistas y a las empresas de las grandes ciudades. Las ganancias, además de asegurar un sueldo fijo a las costureras, se usarán en montar un comedor para adultos mayores, una estancia para los niños, una cancha de fútbol para los jóvenes y para mejoras en la iglesia.

Lee: Un taller, ahora clausurado, era la esperanza de mujeres rarámuris para sobrevivir

Ese es el plan. Pero Salomón Cuesta Miledi y Laila Miledi Pérez, quienes reclaman como suyo  el terreno donde se construye el taller, hicieron que su representante legal levantara una denuncia por despojo, robo y daño ambiental contra “quien resulte responsable”. En este caso Teresa, la responsable del proyecto.

“Nosotros ni conocemos al que se dice dueño del terreno -dice Teresa. No lo hemos visto nunca por aquí. No vemos que viva en la tierra que dicen que es suya, no lo vemos trabajarla. Nomás nos dicen las autoridades que hay documentos donde dice que él es el dueño. Eso es él: papeles que vuelan en el aire, pero sin raíz en la tierra, en esta tierra que es nuestra porque aquí hemos estado desde siempre”.

Construcción del taller asegurada por la Fiscalía General del Estado. Foto: Contec

Teresa se ganó el cargo de responsable del taller por opinar en una asamblea de su pueblo. El dinero para montarlo salió de un fideicomiso. Los gobernadores indígenas de Bosques de San Elías Repechique, en el municipio de Bocoyna, interpusieron un amparo en 2014 por la construcción, sin consulta previa a los habitantes, del Aeropuerto Regional Barrancas del Cobre-Creel, en lo que la comunidad reclama como su territorio ancestral.

Un juez les concedió el amparo. Ordenó resarcir los daños a los pobladores por la obra. Se constituyó el fideicomiso en 2016 y se determinó organizar obras o proyectos productivos en beneficio de la comunidad.

En Asamblea, esa figura colectiva en la que se toman decisiones importantes en la vida comunitaria de los pueblos indígenas, los pobladores propusieron varios proyectos. Teresa dijo: un taller de costura. Le pidieron definir todo lo relacionado a cómo se haría y los costos.

Ella no sabía nada de construir y montar un taller. Sabía de costura, como saben la mayoría de las rarámuris. Aprenden desde niñas, de la mano de sus abuelas y madres, para hacerse sus vestidos.

Durante muchos meses, después de las 6 de la tarde cuando ya había terminado las artesanías que comerciaba por ese entonces, Teresa agarraba un cuaderno de su hijo y se podía a garabatear.

En ese cuaderno dibujó un esbozo del taller. Preguntó costos aquí y allá. Le pidió ayuda a Contec, la misma organización civil que los asesoró para el amparo. Así presentó el proyecto a la Asamblea y después al comité del fideicomiso. Lo aprobaron.

Si va uno, vamos todos

Ese 6 de mayo, cuando llegaron a la construcción los policías ministeriales, Teresa, de estatura baja, cara regordeta y tez morena, les habló tranquilo.  No parece hecha para el conflicto, pero es resuelta. La mujer rarámuri se plantó frente a los de la fiscalía: les explicó que el terreno no podía ser de un particular, que es de ellos, de su gente. Pero los agentes no estaban dispuestos a entender. Cumplen órdenes y ya.

Dos veces más pasó lo mismo: el 1 y el 17 de julio. Los policías llegaron hasta la obra del taller a decirles a los pobladores que no podían construir en ese lugar. A la cuarta visita, el 13 de agosto, desalojaron la construcción y aseguraron la construcción con una cinta de peligro, como si de verdad fuera la escena de un crimen.

Los ministeriales querían llevarse detenida a Teresa, pero sus vecinos no la dejaron sola, dijeron que si se la llevaban a ella, iban todos. 50 personas caminaron, acompañados de varios menores, durante tres horas hasta la agencia ministerial de Creel, uno de los centros de población más grande de la zona.

Teresa González y dos representantes de su comunidad viajaron a la CDMX para reunirse con autoridades federales y entregarle una carta al presidente. Foto: Andrea Vega

Cuando llegaron los agentes no sabían qué hacer con los detenidos. El responsable de la agencia ministerial no estaba. Los pobladores pidieron ver el expediente con la denuncia. Tampoco estaba. Les dijeron que se encontraba en la agencia de Ciudad Cuahtémoc, a otras tres horas de distancia. Los dejaron ir. Pero el taller se quedó asegurado.

El conflicto por las tierras en la Sierra Tarahumara es añejo. El gobierno de México fraccionó y vendió a finales del siglo XIX, en tiempos del dictador Porfirio Díaz, miles de hectáreas de tierras del territorio ancestral de los rarámuris. No importó que ellos estuvieran asentados ahí.

Los terrenos han ido pasando de una mano a otra, ya sea por herencia o por venta. Ahora están en manos de los Cuesta Miledi, dueños de cabañas turísticas y una enorme tienda de abarrotes en Creel, centro turístico que hace de puerta a uno de los grandes atractivos de la Tarahumara: Las Barrancas del Cobre.

La comunidad de Bosques de San Elías Repechique lleva mucho tiempo peleando por el reconocimiento de la propiedad de su territorio. Desde 2006 está eso en juicio. Ha habido varios para solicitar la titulación de las tierras. En 2018 inició el último, en el Juzgado Décimo de Distrito. Todavía está en curso.

Desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ya se ha determinado que la falta de demarcación y titulación de los territorios ancestrales de los pueblos indígenas los coloca en una situación de vulnerabilidad extrema y es una forma de violar muchos de sus derechos humanos: el acceso al disfrute de la tierra y sus recursos, al agua, a un trabajo digno. 

Sin opciones de empleo

En la Sierra Tarahumara no hay trabajo. El campo da muy poco maíz y frijol, apenas para el autoconsumo. Este año ni para eso dio. Una sequía inusual arruinó las cosechas. Los pocos elotes que sobrevivieron salieron enanos.

Empresas asentadas aquí no hay, salvo las de giro turístico de Creel. Las mujeres rarámuris suelen vender ahí sus artesanías: petacas o cestos de palma, ollas de barro y máscaras de madera, bateas, fajas de lana. Los ingresos por esa actividad siempre son pocos y este año han sido casi nulos. La pandemia vació de turistas el lugar.

La opción para la mayoría, sobre todo para los jóvenes es salir a buscar trabajo a las ciudades, en la limpieza de casas o en los campos de cultivo de los grandes empresarios

Teresa también pensó en sus hijos cuando propuso el taller de costura en la comunidad. Tiene cuatro. Dos ya mayores de edad, una jovencita de 16 años y otra niña de 11. Sueña que sus hijas pueden trabajar con ella en el taller, así no tendrían que irse lejos.

“Los jóvenes se van a los campos de cultivo o a otros trabajos y después ya vuelven con el vicio del alcohol, con mucho desarraigo de sus raíces, no quiero eso para mis hijos”, dice.

Rosa Elvira Cruz es otra de las mujeres que trabajarían en el taller. Tiene cuatro hijos. Dos ya son mayores. La más grande tiene 19 y el que le sigue 18. Ellos ya se mantienen solos. Se fueron de Repechique para poder trabajar. Pero Rosa debe mantener a sus hijos pequeños, una de nueve y otro de tres.

Para ella en este momento, en el que no hay venta de artesanías por la pandemia, su único apoyo es su hija mayor. “Me manda mil pesos al mes para comprar comida para sus hermanos. Me tiene que mantener, aunque ella ya tiene una hija”, dice Rosa.

Susana, otra de las integrantes del proyecto, quiere contar su historia pero habla poco español. Teresa la cuenta por ella, en una entrevista telefónica. Dice que su vecina tiene ocho hijos. Tres ya son mayores y los otros cinco van de los 16 años  a los dos meses. A los pequeños los debe sostener sola. Lo intenta vendiendo artesanías, cuando hay venta, y limpiando casas en Creel.

Ella es una de las más entusiasmadas con el taller, cuenta Teresa. Tendría a los niños pequeños en la estancia y las jovencitas podrían ayudar con la costura. Susana no tendría que dejarlos solos para irse a Creel y ganaría un salario fijo.

A la capital en estado de emergencia

Desde que el taller se quedó asegurado, Teresa y sus vecinos de la comunidad de Repechique han buscado apoyo de las autoridades estatales y federales. Contec les ha ayudado a tocar puertas. Acudieron con la fiscalía y con el gobierno del estado.

La fiscalía -señala Diana Villalobos, directora de Contec- quería que Teresa se sentará a conciliar con los supuestos dueños del terreno, con los Cuesta Miledi. Decían que necesitaba arreglarse con ellos, llegar a una negociación. La comunidad acordó que no tenían nada que negociar con esos señores. El gobierno era el que había vendido su territorio sin consultarles y el gobierno era el que debía solucionar.

Pero la fiscalía insistía en el mismo punto de la conciliación entre las partes. También el gobierno del estado de Chihuahua argumentaba algo muy similar. El secretario de gobierno, Luis Fernando Mesta, no cree que la solución sea reconocerle a los rarámuris su territorio ancestral.

Para él, según argumentó en entrevista, se puede buscar que del total de hectáreas en disputa se determine la propiedad para una parte (los rarámuris) y la otra para los otros.

Los rarámuris acudieron también con las autoridades federales de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (Inpi). Hubo dos mesas de negociación con representantes del gobierno federal y estatal. La segunda y última hasta ahora fue el 17 de septiembre. Se establecieron varios acuerdos, pero nada pasó.

Así que en pleno repunte de casos de COVID en la Ciudad de México, los rarámuris le pidieron apoyo a Contec para costear el viaje de Teresa y dos representantes de la comunidad a la capital y reunirse, este lunes 14 de diciembre, con Sedatu y el Inpi. También aprovecharon para dejar una carta en Palacio Nacional, dirigida al presidente Andrés Manuel López Obrador, en la que le exponen su situación.

Teresa Gonzalez y Diana Villalobos, de Contec, entregando una carta al presidente en Palacio Nacional. Foto: Contec

De la reunión con Sedatu y el Inpi, los rarámuris salieron con varias nuevas promesas. La principal: que pronto tendrán el reconocimiento de su territorio ancestral. Macías anuncia que a finales de enero, al menos eso esperan, el Programa de Atención a Conflictos Sociales en el Medio Rural (Cosemer) tendrá nuevos lineamientos. Habrá un artículo dedicado a la atención a comunidades indígenas a las que se pretenda despojar de su territorio y que acrediten la posesión ancestral.

Patricia Macías, directora general de Concertacesión Social de Sedatu, adelanta que muchas, como en el caso de Repechique, podrían tener extraviados los documentos de la época virreinal que avalan esto, por eso se le pedirá al Inpi que, al menos en el caso de Repechique, emita una opinión favorable respecto a que son los poseedores legítimos de las tierras.

Teresa y sus compañeras esperan que así sea y que pronto puedan estar cosiendo en su taller.

Este artículo fue producido en el marco del Laboratorio de Periodismo Situado.  

 

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COVID: 4 motivos por los que Argentina llegó al millón de contagios pese a cuarentena más larga del mundo

El país sudamericano es el quinto con más casos en el mundo y encabeza el ranking de muertos diarios de COVID-19 por millón de habitantes. Esto, a pesar de que lleva 7 meses de cuarentena. Te explicamos los motivos.
22 de octubre, 2020
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El lunes 19 de octubre los argentinos vivieron dos hitos, que parecen contradictorios: llegaron al millón de infectados de covid-19 el mismo día en que se cumplían siete meses desde que se impuso una cuarentena, que se ha convertido en la más larga del mundo.

El país sudamericano es actualmente el quinto con más contagios en todo el planeta, después de Estados Unidos, India, Brasil y Rusia, naciones con poblaciones mucho mayores.

Esto a pesar de que Argentina fue uno de los primeros en la región en imponer restricciones masivas como la prohibición para circular (con excepción del personal esencial), el cierre de empresas y comercios, y el freno de todos los vuelos comerciales y de las rutas de autobús de mediana y larga distancia.

Estas medidas se aplicaron por decreto el 20 de marzo en todo el país, pero eventualmente se relajaron en el interior.

Allí se aplicó el Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio, menos estricto que el Aislamiento Social impuesto en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde vive el 40% de los argentinos.

Aunque también en el AMBA se fueron flexibilizando las medidas, y desde julio dejaron de aplicarse multas a las personas que violan la prohibición de circular, la cuarentena decretada por el presidente Alberto Fernández aún sigue vigente y ya se extendió una docena de veces.

El transporte público sigue siendo para uso exclusivo del personal esencial, las escuelas y universidades siguen cerradas en gran parte del país y Argentina es la única nación del mundo que aún no tiene vuelos de cabotajes, que supuestamente se reiniciarían este jueves.

Una pasajera es interrogada por policías en un autobús de Buenos Aires

Getty Images
Las autoridades han vigilado el uso del transporte público por personas que lo justifiquen.

A pesar de todo esto, el país lidera hace unas semanas el ranking mundial de muertos diarios de covid-19 por millón de habitantes.

Desde que por primera vez se reportaron más de 100 muertes diarias, el pasado 20 de julio, la curva de contagios y decesos se aceleró y en los últimos tres meses la cantidad de fallecidos pasó de unos 2400 a casi 27.000.

Datos positivos

No obstante, las autoridades resaltan que en un dato clave a Argentina le ha ido mejor que a muchos otros países, en especial en Europa y América Latina.

La tasa de mortalidad del coronavirus —es decir, la cantidad de muertos totales por millón de habitantes— es cercana a los 600, una cifra que coloca a Argentina en el puesto 15 a nivel mundial, por debajo de países como Perú, Bolivia, Chile, Ecuador, España, México, Reino Unido e Italia.

Además, el país ha logrado atravesar el aumento de casos sin provocar un colapso de su sistema sanitario, incluso en medio del invierno, algo que muchos expertos atribuyen a la cuarentena que logró “aplanar la curva” de contagios.

Este aplanamiento les dio tiempo a las autoridades sanitarias a prepararse y también permitió el desarrollo de técnicas efectivas para tratar a los pacientes, que ha reducido la tasa de letalidad.

Alberto Fernández

Reuters
El gobierno de Alberto Fernández ha resaltado que en Argentina se ha controlado la pandemia sin provocar un colapso del sistema sanitario.

La respuesta efectiva del sistema de salud logró que más del 80% de quienes se enfermaron de coronavirus ya se haya recuperado y que cerca del 2% de infectados haya fallecido.

Pero ¿cómo se explica que este país de cerca de 45 millones de habitantes haya llegado al millón de contagios y hoy esté en el top mundial de infectados y muertes diarias?

1. Pocos testeos

La mayoría de los expertos consultados por los medios locales coinciden en que la principal explicación es la falta de una mayor cantidad de testeos y una estrategia de búsqueda de contactos de personas infectadas.

Y es que si bien Argentina siguió al pie de la letra las sugerencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de imponer el uso de barbijos y la distancia social, no acató la tercera pata de la estrategia: testeos y rastreos masivos, sobre todo de infectados asintomáticos, que son quienes más diseminan el virus.

Fuentes del gobierno citadas off the record explican que los testeos más eficientes son costosos, una traba para un país que incluso antes de la pandemia ya atravesaba una grave crisis económica.

Un centro de prueba de coronavirus en Argentina

EPA
Las pruebas de detección de covid-19 no han estado disponibles de manera masiva en Argentina.

Si bien la cantidad de pruebas ha variado, han sido menos que en otros países de la región y los resultados comprueban que no fueron suficientes.

Según la OMS, si uno testea correctamente, lo esperable sería tener una cifra de casos de positivos cercana al 10% o menos. En Argentina la tasa de positividad supera el 50%, indicando que se está testeando de manera insuficiente.

“Nuestro mayor déficit es no haber testeado más. El plan Detectar se implementó un poco tarde, cuando debió haber empezado más precozmente”, reconoció al diario La Nación Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y uno de los asesores del gobierno.

“Habría que haber aislado a los contactos y testearlos para ir adelantándose al virus. No se trata de testear en forma indiscriminada con testeos masivos, sino en la búsqueda de pacientes asintomáticos en ciertos conglomerados”, agregó al mismo medio Pedro Cahn, especialista en VIH-sida y otro de los expertos que aconsejó a las autoridades.

2. Errores de estrategia

Si bien muchos expertos en salud respaldan la cuarentena impuesta por el gobierno, las propias autoridades han admitido que no calcularon bien la extensión que iba a tener la enfermedad.

“Todos pensábamos que la pandemia en América iba a durar poquito, no como en Asia, pero sí como en Europa”, reconoció en declaraciones a Radio Continental el ministro de Salud argentino Ginés González García.

El mismo funcionario había sido criticado a comienzos de año por haber minimizado la posibilidad de que el virus originado en China llegara a Argentina, donde era verano, afirmando que el calor destruía el covid-19.

Un paciente hospitalizado en Buenos Aires

Reuters
Las autoridades no esperaban que los contagios se extendieran tan ampliamente en Argentina.

Por otra parte, algunos especialistas señalan que uno de los errores más grandes que cometió el gobierno fue no haber evitado que se infectaran los barrios vulnerables, donde el hacinamiento hace casi imposible mantener el aislamiento social.

También se ha criticado la decisión de prohibir por meses todas las actividades recreativas al aire libre, a pesar de que se ha demostrado que el riesgo de contagio en exteriores es menor.

Esto llevó además a que muchos argentinos dejaran de hacer ejercicio y aumentaran su consumo de alimentos, bebidas y drogas, debilitando su sistema inmunológico y disparando los niveles de ansiedad y depresión, en especial en niños y adolescentes.

“Estamos viendo una epidemia de enfermedad mental”, advirtió en agosto pasado el prestigioso neurocientífico argentino Facundo Manes.

Pero quizás el error que más le costó al país fue haberse concentrado en la región del AMBA, donde al principio se concentraba más del 90% de los casos, y haber descuidado la situación en el interior del país, hoy la zona más afectada.

3. El interior

A pesar de que los casos están bajando en la región metropolitana de Buenos Aires, la más poblada del país, están subiendo rápidamente en otros lados.

Desde septiembre que hay más infecciones en provincias del interiordel país que en el AMBA.

Una revisión de un peatón en Rosario, Argentina

Getty Images
El mayor aumento de casos confirmados de covid-19 se ha dado en las provincias argentinas recientemente.

Esto llevó al presidente Fernández a afirmar que ahora la principal preocupación ya no es el Gran Buenos Aires sino esas regiones.

El pasado 12 de octubre, al extender el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en el AMBA hasta el 25 de octubre, el mandatario decretó que algunos departamentos en 18 provincias debían volver a cumplir una cuarentena estricta.

“El virus se fue a las provincias mientras pensábamos que lo teníamos controlado en el AMBA”, reconoció al diario La Nación Luis Cámera, secretario de la Sociedad Argentina de Medicina y asesor del gobierno.

El médico Daniel Gatica, quien fue atacado por familiares de un muerto de covid mientras trabajaba en los servicios de emergencia de un hospital en el norte del país, en Orán, Salta, le dijo a BBC Mundo que allí nunca se hizo cumplir el distanciamiento ordenado por las autoridades.

“Yo trabajo en la guardia los sábados a la noche y acá la vida siguió como siempre”, aseguró a finales de septiembre.

“Cuando (la gente) se tenía que cuidar, todo era joda y joda (diversión), y hoy lloran a sus muertos y reclaman atención”, criticó.

4. Hartazgo social

Lo cierto es que no solo en Salta se dejó de cumplir la cuarentena hace meses.

Ya sea por necesidad económica o por cansancio del encierro, los argentinos dejaron de acatar las órdenes de aislamiento y distanciamiento ordenadas por el gobierno.

Trabajadores de la salud protestan en Buenos Aires

Getty Images
Los trabajadores sanitarios han protestado por las condiciones en las que prestan sus servicios.

En tanto las autoridades dejaron de aplicar multas a los infractores.

Este movimiento de personas, en particular las reuniones de familia y sociales, realizadas muchas veces puertas adentro por la prohibición de usar espacios públicos, fueron un factor determinante para explicar el aumento exponencial de casos y muertes a partir de julio.

Las autoridades y sus críticos se acusan mutuamente por este relajamiento.

Los primeros apuntan especialmente contra los grupos “anticuarentena”, que incluso protagonizaron una serie de marchas —la última y una de las más masivas el pasado 12 de octubre— protestando por la falta de libertad y lo que algunos llaman una “infectadura”.

Una protesta contra el gobierno en Buenos Aires

Reuters
La oposición al gobierno ha realizado protestas sin distanciamiento social.

Para los detractores del gobierno estaba claro que una cuarentena de tantos meses era insostenible, motivo por el cual ningún otro país ordenó un cierre tan largo.

También culpan al gobierno de haber profundizado la crisis económica que generó la pandemia, llevando a decenas de miles de pequeñas y medianas empresas a quebrar ante un cierre tan prolongado.

Hay una sola cosa en la que todos están de acuerdo: la crisis sanitaria recién se superará cuando haya una vacuna, algo que según las autoridades argentinas estará disponible “masivamente” en marzo.


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