Los relatos de cómo afectados por COVID vivirán la Navidad
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Pandemia y Navidad: los relatos de cómo afectados por COVID vivirán la Nochebuena

La llegada del COVID hará que muchas familias pasen estas fiestas navideñas como nunca: recordando a alguien que murió por la pandemia o agradeciendo estar sanos.
Cuartoscuro
24 de diciembre, 2020
Comparte

Para millones de personas en el mundo, esta Nochebuena y Navidad serán muy distintas a las de cualquier otro año. Y en México no será la excepción. 

Aunque la llegada ayer miércoles 23 a la capital mexicana del primer lote de la vacuna contra la COVID avivó el optimismo de cara a una futura recuperación de la normalidad, el millón de contagios y las más de 100 mil muertes que acumula el virus en el país -según admiten las cifras oficiales- han dejado una fractura imborrable para miles de familias. 

En esta entrega, diferentes voces que padecieron -y padecen- la pandemia narran en primera persona cómo afrontan la Navidad desde dos perspectivas: la de quien teniendo un ser querido muy grave libró la enfermedad. Y la de quien, por desgracia, la COVID se cobró una víctima más en su cuenta. 

Lee: México llega a las 120 mil defunciones por COVID y rebasa el mayor nivel de hospitalización registrada

En ambos casos los testimonios señalan un punto común: la pandemia les ha cambiado de una u otra forma la vida y su manera de ver y vivir la Navidad.  

“Fue terrible, pero en esta Navidad solo tengo agradecimiento”

Me llamo Irene Tello. Y yo, la mera verdad, nunca fui muy fan de la Navidad. Más bien siempre he sido un poco lo contrario, ¿sabes? Medio grinch y así. Pero esta Nochebuena tengo que admitir que mi sentimiento es bien distinto. 

De hecho, creo que es el primer año de mi vida en el que siento ese espíritu navideño del que tanto hablan en los comerciales. Ya sabes, lo de estar en familia todos juntos en casa, mostrar agradecimiento por todo lo que tenemos, dar mucho las gracias… Siempre pensé que todo eso eran tópicos, y sin embargo, en esta Navidad creo que son más ciertos y necesarios que nunca. 

Este año, como para millones de personas, fue muy rudo para mí. Mi madre primero y luego mi padre se contagiaron de COVID-19 casi al inicio de la pandemia, entre abril y mayo. Pero ya desde antes, desde que empezaron fuerte los contagios, yo tenía un enorme pavor a que ellos se enfermaran. Sobre todo mi padre, Romeo. Pensaba que si él  se contagiaba, muy probablemente no iba a sobrevivir. Y pues nos tocó la chinita. Se contagió y le pegó muy fuerte a los pulmones. Tanto, que estuvo grave con oxígeno y hospitalizado un par de semanas. La vio cerca, la verdad. Muy de cerca. Y por eso, a pesar de lo terrible de este año, no tengo más que agradecimiento con la vida. 

No sé, es como una sensación muy agridulce, ¿sabes? Por un lado, como te digo, siento un agradecimiento inmenso de poder estar con mi padre otra Nochebuena, otra Navidad. Pero, por otro lado, también siento mucha tristeza porque sé que allá afuera hay mucha gente que lo está pasando horrible. Y yo que la vi tan cerca con mi padre, que sé lo rápido que puede cambiar la vida de cualquier persona con esta enfermedad, creo que sí he desarrollado una gran empatía hacia quienes en esta Navidad no van a poder festejar como nosotros. 

Entérate: Operación Chapultepec: 620 médicos y enfermeras van a CDMX, Edomex y BC para reforzar lucha COVID

Por otro lado, también me queda la reflexión de que no tendríamos que llegar hasta este punto de haber vivido un infierno para tomar precauciones. Para tomar conciencia de que este virus no es ningún juego. Eso es lo que yo le intento explicar a la gente: que no saben el miedo y la impotencia que se siente cuando ves que tu padre no puede respirar. Que se queda sin aire ante tus ojos, y que no puedes hacer mucho más que salir corriendo en busca de ayuda.

Ojalá que ahora en Navidad todos hiciéramos un esfuerzo de conciencia colectiva. Porque si no nos cuidamos, si seguimos manteniendo muchas actitudes que vemos en las calles de ‘a mí me vale madres’, esto no va a mejorar pronto. Al contrario, va a ir a mucho peor, como ya lo estamos viendo con el aumento de contagios en esta época decembrina. 

Y güey, si no lo hacemos por nosotros, hagámoslo por todo ese personal médico que está haciendo de todo para salvar vidas. Imagina el nivel de cansancio que tienen. Ellos son seres humanos, igual que nosotros. Con sus capacidades, sí, pero también con sus límites. Y también ellos tienen familias a las que quisieran ver esta Navidad, y muchos, si no es que la mayoría, no van a poder estar con sus padres, sus madres, sus hijos, sus hermanos, sus parejas, porque donde van a estar es cuidándonos a nosotros en un hospital. 

Y pues sí, no está chido que no podamos hacer reuniones con toda la familia. O que no podamos ir a las posadas con los amigos y los compañeros de chamba. Pero pensemos que es solo un año. Pensemos que, ojalá, el próximo año ya las cosas habrán mejorado.

En mi caso, en Nochebuena siempre nos reunimos con la familia de mi papá, o con la de mi mamá. Pero esta vez, obvio, eso está prohibido. ¡Yo lo prohíbo! Nada de cenas con mucha gente en un salón cerrado. Solo nos vamos a reunir los cinco: mis papás, que ya pasaron la COVID, mi hermano, su hijo, y yo. Y, además, lo haremos al aire libre y con todas las precauciones de sana distancia, porque, aunque mis padres ya la libraron, todos seguimos muy asustados con lo que es capaz de hacer esta enfermedad.

En cuanto al menú, la idea es apoyar a los pequeños negocios, que también se han visto muy madreados por la pandemia. Así que vamos a encargar la comida. Será algo muy típico: bacalao, pavo, ensalada de manzana, pasta. Y poco más. 

Yo ya tengo listos los regalos para todos. Bueno, para el círculo más cercano. Aunque, después de la COVID, lo que estamos haciendo es regalarnos cosas más del tipo como compartir experiencias. Por ejemplo, antes de contagiarse, mi papá siempre quiso que leyéramos juntos el Ulyses de James Joyce. Y pues ahorita lo estamos leyendo. Va lento, pero ahí va. Poco a poco. Aunque no se trata tanto de leerlo, ¿sabes? Se trata de compartir tiempo juntos. Ese será, sin duda, el mejor regalo de Navidad. 

“No sé cómo explicarle a mi hijo que Santa no le traerá a su padre”

Mi nombre es Andrea Montero y el de mi esposo es César Augusto Fernández. Él falleció hace unos meses por culpa del virus, y desde entonces he estado asistiendo al tanatólogo porque nadie está preparado para algo así. Nadie está preparado para una muerte tan repentina. 

César y yo nos despedimos acá en Veracruz un 26 de abril y un 13 de junio me llamaron por teléfono para avisarme que fuera a Ciudad del Carmen, en Campeche, a recoger la urna con sus restos. 38 años tenía. Murió tras contagiarse de COVID en una embarcación que da servicios de mantenimiento a plataformas de Pemex. Él avisó varias veces a los médicos de su empresa, Grupo Evya, para que lo sacaran del barco porque se sentía muy mal. Pero nadie le hizo caso hasta que ya estaba muy grave, y a los pocos días murió.

Ahora me dicen que tengo que seguir todo un proceso de duelo. Que para sanar esta herida tengo que ir poco a poco soltando cosas. No aferrarme. Y que tengo que aprender a recordarlo, pero recordarlo bien. No llorando todo el día en casa y en la depresión total. 

Lee más: ¿Te contagiaste de COVID o estuviste con un positivo? Así evoluciona un contagio

Como parte de ese proceso de recordar bien a mi marido, me aconsejan que me concentre en mis dos niños y en mi niña. Y eso estoy haciendo. Siento todavía un dolor demasiado grande, pero eso no va a impedir que ellos tengan su Navidad. Así que voy a hacer, entre comillas, una cena de Nochebuena lo más normal que se pueda. Y al otro día les daré los regalos de Santa. 

A pesar de que el trabajo está muy difícil por la pandemia, este año hice todo lo posible para comprarles todo lo que mis hijos le pidieron a Santa Clós. Aunque, claro, hay cosas que no les puedo dar. Por ejemplo, Cesarín, que es mi niño de cuatro años, le pidió a Santa ver a su papá. Que lo traiga ya de regreso con él. 

Los psicólogos me explicaron que ahorita no es todavía recomendable decirle todo al niño. O sea, hay que irle diciendo de a poquito y manejárselo todo con mucho tacto para no lastimarlo todavía más. Porque él, aunque aun no sabe todo lo que le pasó a su padre, sí sabe que no está en casa. Siente esa ausencia. Y pues en esas estoy. Viendo cómo le explico sin hacerle daño que Santa Clós no le pudo traer todos los regalos que le pidió este año. 

Aun así, como te digo, voy a hacer todo lo posible para que tengan un día de Navidad lo más normal posible. Para que ellos disfruten ese día de ilusión y para que, después de tanto encierro y tanto horror, también tengan un día especial, diferente. Porque eso debe ser la Navidad para todos los niños, ¿no? La magia de estar juntos en familia, compartir regalos, vivencias, recuerdos… Yo siento que mantener esa magia es parte de mi responsabilidad como madre, para que ellos, cuando crezcan, no recuerden este día como algo triste que quisieran borrar de sus cabezas para siempre. 

Eso sí, esta Nochebuena la pasaremos encerrados en casa. La pandemia no ha terminado, así que yo estoy siguiendo al pie de la letra lo de quedarse en casa, la sana distancia, el cubrebocas, y todo eso. No en vano, la muerte de mi marido me dejó varias lecciones. La primera, que este virus no es ningún juego. Y la segunda, que no podemos ser tan egoístas. Porque si yo me cuido, también te estoy cuidando a ti. Es como una cadenita, ¿sabes? Por eso yo no voy a visitar a nadie, ni tampoco acepto visitas por el momento. Así que en la cena de Nochebuena estaremos solo los que vivimos en mi casa, que son mis tres hijos, mi mamá, y yo. Nadie más. 

En cuanto a la cena, pues haré algo un poco diferente a cualquier día, claro. Pero también tengo que adaptarme a esta nueva vida después de la muerte de mi marido. Ahora somos uno menos en casa trabajando. Uno menos metiendo ingresos. Y la economía y el trabajo siguen muy mal. Ahora estoy vendiendo productos por internet. No saco mucho. A veces, nada. Pero ahí la llevo. Tirando. Y bueno, vamos a tener que adaptarnos a esto también. Así que haremos unos espaguetis verdes, un pollo asado, y alguna que otra cosa más. 

Mi marido y yo no éramos muy fijados en esto de la Navidad. Solo teníamos una tradición: hacernos una sesión de fotos con los niños antes de Nochebuena. 

Este año también quise continuar con esa costumbre, aunque sí fue bien difícil, para qué te miento. Pero los fotógrafos, que eran amigos de César Augusto, tuvieron una gran idea: me fotografiaron a mí, con los niños, y llenaron el espacio vacío de César con un gran resplandor de luz. 

Fue un detalle muy lindo. Súper lindo. 

Me hizo sentir que, de alguna forma, mi esposo sigue estando con nosotros esta Navidad. 

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Día de Muertos: cuál es el origen y significado de la flor de cempasúchil, la reina de los altares

El Día de Muertos en México es una celebración tradicional para honrar a los que ya no están. Y muchos mexicanos los homenajean con altares y ofrendas en las que la flor de cempasúchil no puede faltar.
31 de octubre, 2020
Comparte

Una vez al año México se tiñe de un color amarillo anaranjado.

Se debe a la flor de muerto o cempasúchil y es señal de que llega la festividad de Día de Muertos, una celebración cada 1 y 2 de noviembre de los vivos para honrar a los que ya no están físicamente.

Pero la tradicional festividad mexicana no es solo colores sino también aromas.

“Cada año olemos todos a cempasúchil”, dice el biólogo mexicano Jerónimo Reyes, quien explica a BBC Mundo que esta flor contiene aceites esenciales que la hacen muy aromática, entre otras características especiales.

Y el olor de la flor de cempasúchil también se fusiona con las diferentes comidas tradicionales mexicanas que ocupan un rol fundamental en las ofrendas a los muertos.

¿Cuál es el origen y qué significa el nombre cempasúchil?

La flor de 20

El nombre original de la flor de cempasúchil es sempôwalxôchitl y proviene de la lengua náhuatl.

Manos sostienen una flor de cempasúchil

Getty Images
La flor de cempasúchil está compuesta por muchas flores o pétalos. De ahí surge su nombre.

“La palabra viene de dos sustantivos: sempôwal, que significa 20 (o muchos), y xôchitl, que es flor. Su traducción sería flor de 20“, detalla Andrea Rodríguez, investigadora de la facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y especialista en el estudio de jardines prehispánicos.

“El códice florentino del náhuatl del siglo XVI menciona que hay flores machos y hembras y que estas últimas tienen muchas flores. Es como una bola con muchas flores juntas”, compara a BBC Mundo.

Según la investigadora, la flor tiene diferente nombre dependiendo de la región y el más común es el que conocemos del náhuatl, que se deformó con el español y terminó llamándose cempasúchil.

Una flor americana

En el plano científico, cempasúchil recibe el nombre de Tagetes erecta y es una planta exclusiva del continente americano. Crece en México, Centroamérica, y hasta Sudamérica.

Según explica Jerónimo Reyes, que es biólogo del jardín Botánico del Instituto de Biología de UNAM, hay cerca de 58 especies, pero muy pocas se utilizan para los fines del Día de Muertos.

“La gente en general se ha limitado a llamar flor de muerto o cempasúchil a una sola especie, que es la Tagetes erecta, pero en realidad en México hay más especies de cempasúchil”, explica.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil es nativa del continente americano y crece de forma silvestre en zonas montañosas.

Las diferencias en las especies varían en la cantidad de flores, las hojas, el tamaño de la planta, el color de los pétalos o flores -hay algunas que tienen el filo del pétalo que es rojo-. Pero en todas predomina el color amarillo anaranjado.

La flor crece en lugares silvestres, sobre todo en las zonas montañosas y también se cultiva.

Pese a ser una especie nativa de México, China es el principal productor de cempasúchil para uso industrial, con las tres cuartas partes de lo sembrado en el mundo, informa el sitio web de la UNAM con datos de 2019.

Esta explotación del cultivo de cempasúchil por parte de China reside en las propiedades de esta planta, que tiene varios otros usos además del ritual.

De la planta se extraen aceites esenciales para fabricar agroquímicos para combatir insectos y se utilizan para la industria avícola, con el propósito de lograr que la carne del pollo y la yema de los huevos tome un color más amarillo.

“Es una flor con carotenoides, son sustancias que dan estos colorantes muy fuertes para que logre teñir la carne y la yema de huevo”, describe Reyes.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
Los pigmentos de la flor de cempasúchil se utilizan para la industria avícola para intensificar el color de la carne del pollo y la yema de huevo.

Otras de las características de la flor de cempasúchil es su corta vida.

“La mayoría de las flores de cempasúchil son anuales, es decir, que nacen y solo viven una temporada. Pero como cuenta con muchas semillas, se reproducen muy fácilmente”, detalla Reyes.

Y desde hace siglos, se utilizan distintas partes de la la planta con fines medicinales, como infusión cuando se tiene una afección estomacal, para aliviar las flatulencias, para ayudar a las vías respiratorias, y hasta para mejorar el deseo sexual, según cita Rodríguez de la bibliografía del siglo XVI.

La leyenda y la flor del ritual

Dice la leyenda que Xóchitl y Huitzilin estaban enamorados desde que eran niños y que por las tardes subían a la montaña dedicada a Tonatiuh, el dios azteca del sol, y le ofrendaban ramos de flores.

Pero un día se desató la guerra y Huitzilin fue a pelear para defender las tierras aztecas y murió.

Destrozada de dolor, Xóchitl pidió al dios Tonatiuh que la librara de su sufrimiento y la reuniera con su amado.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil también tiene su leyenda prehispánica.

El dios del sol cumplió con el pedido y dejó caer sus rayos sobre Xóchitl, y ella se transformó en una flor de color amarillo intenso.

Luego un colibrí se posó en el centro de la flor y ésta abrió sus 20 pétalos liberando un aroma intenso.

Siguiendo el mandato de Tonatiuh, el amor de la pareja azteca permanecerá mientras haya colibríes y flores de cempasúchil en los campos mexicanos.

Tal vez es por eso que la flor de cempasúchil es la reina de los altares de muertos en México. Lo cierto es que no hay ofrenda sin esa flor.

“En la época prehispánica, los mexicas utilizaban esta flor por el olor, porque es muy particular. Cuando viene el día de muertos en México, todos reconocemos ese olor . Y la tradición dice que lo que atrae a los muertos es el olor de esa flor”, describe Andrea Rodríguez.

Hasta el año pasado, cuando la pandemia de la covid-19 no se había declarado, la tradición anual mexicana era pasar la noche en los cementerios ofreciéndole a los muertos un banquete y decorando sus tumbas con flores y pétalos de cempasúchil.

Mujer coloca flor de cempasúchil en una tumba.

Getty Images
La flor de cempasúchil se utiliza para decorar las tumbas.
Ofrenda Día de Muertos 2016

Gentileza Carlos Feria Perez
En las ofrendas a los muertos no puede faltar la flor de cempasúchil.

Este año la festividad se ve opacada por la pandemia que causó la muerte de más de 90.000 personas en México, el cuarto país con más fallecidos en el mundo. Las autoridades decidieron que los panteones permanecerán cerrados para evitar aglomeraciones

Pero los mexicanos también honran a sus muertos en sus casas con altares hogareños en los que la comida casera y la flor de cempasúchil no puede faltar.

“Cuando vemos flor de muerto, estamos viendo mole, tamales…”, dice riéndose el biólogo Reyes.

Pero para que el alma del muerto llegue a la casa hay que ayudarlo.

“Se construyen unos caminos con los pétalos de la flor en la entrada de las casas para que el muerto se guie con el olor y pueda llegar al altar o a la ofrenda. Ver o entender a las flores por su olor y no por su color es un concepto muy prehispánico”, describe por su parte Rodríguez de la UNAM.

Un camino hecho con la flor de cempasúchil.

Getty Images
Muchos mexicanos decoran sus altares y forman caminos con la flor de cempasúchil para orientar a sus muertos hacia las ofrendas.

Entonces, si la flor de cempasúchil se asocia al Día de Muertos por su olor, ¿a qué huele?

Durante la entrevista, Andrea Rodríguez se levanta y va en busca de un florero con cempasúchil. Me dice que huelen a panteón, pero no se cansa de remarcar que es un olor agradable.

Minutos después me llega un correo electrónico. “Me dejaste pensando”, dice.

“Como dice mi amigo Mauricio Medina Sánchez: ‘Huele a pasado, pero un pasado muy vivo‘”.

Una mujer huele las flores de cempasúchil.

Getty Images
El olor de la flor de cempasúchil es clave para la cultura mexicana.

Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=YzNpZ77KNUM

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.