Delfina Gómez, del ‘diezmo’ en Texcoco y el apoyo magisterial, a la SEP
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Delfina Gómez, del ‘diezmo’ en Texcoco y el apoyo magisterial, a dirigir la SEP

Como secretaria de Educación tendrá a su cargo la estrategia para el regreso a clases presenciales por la pandemia y negociar además con el sindicato más grande de América Latina.
Cuartoscuro
22 de diciembre, 2020
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Delfina Gómez será la primera mujer normalista en llegar a la Secretaría de Educación Pública. Su perfil en el ámbito educativo va de la mano con su carrera política en Texcoco, Estado de México, primero como dirigente sindical, luego como parte del grupo político de Higinio Martínez con el que logró la presidencia municipal, hasta el apoyo de Andrés Manuel López Obrador en la campaña por la gubernatura del Estado de México en 2017. 

Su carrera también está marcada por el señalamiento del cobro del diezmo a 417 trabajadores de confianza del municipio de Texcoco, es decir, la retención de 10% de los salarios, cuando ella fue presidenta municipal entre 2013 y 2015, y que sumó 13 millones de pesos, según acusó el PAN. 

La retención quedó registrada en recibos de nómina quincenales y pólizas de cheques, y, supuestamente, el dinero recaudado tenía fines electorales, razón por la cual el INE abrió una investigación para determinar posibles ilícitos. Sin embargo, la entonces candidata aseguró que los descuentos eran solicitados por los mismos trabajadores para destinarlos al pago de Fonacot o de cajas de ahorro. 

Gómez es egresada de la Universidad Pedagógica Nacional, con maestría en Pedagogía y Administración Pública, docente en Texcoco, Estado de México, y fue secretaria general en la delegación 4 del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM). Esto le hace tener el “perfil correcto para dirigir la SEP en un momento tan complejo”, afirma Fernando González, exsubsecretario de Educación Básica, en entrevista con Animal Político.  

Lee: Delfina Gómez Álvarez será la nueva titular de la SEP, anuncia AMLO

“No sólo tiene la experiencia de dos maestrías, sino que tiene una basta trayectoria en la burocracia de un estado y también tiene conocimiento sindical. A veces los perfiles sindicales ayudan en la toma de decisiones”, dice González, yerno de Elba Esther Gordillo y actual presidente del partido Redes Sociales Progresistas. 

Su carrera política también ha sido impulsada por Andrés Manuel López, quien como dirigente de Morena acompañó su candidatura por la gubernatura del Estado de México, y aunque no ganó, obtuvo un escaño en el Senado en la bancada morenista en 2018. Sin embargo, ese mismo año pidió licencia para incorporarse como Delegada de programas federales en el Estado de México y con ello se convirtió en el principal enlace del Gobierno Federal con la entidad. 

Este lunes, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el nombramiento de Delfina Gómez en la SEP luego de la remoción de Esteban Moctezuma de la dependencia para ocupar la embajada de México en Estados Unidos. 

Se trata de la dependencia con el mayor presupuesto en la administración pública federal, que en 2020 ascendió a 318 mil millones de pesos, con uno de uno de los sistemas educativos más numeroso en América Latina, con 2 millones 100 mil maestros, 36.6 millones de alumnos de educación básica, media superior y superior y 265 mil escuelas de todos los niveles. 

Entérate: Delfina, Josefina y la brecha de género en campaña

Como secretaria de Educación deberá encargarse de la estrategia del regreso a las escuelas, en medio de la pandemia de COVID-19, después de que los estudiantes han tomando clases a través de la televisión desde sus casas. Y también contrarrestar los efectos, como el posible abandono escolar de cientos alumnos de todos los niveles educativos. 

También deberá negociar con grupos políticos del magisterio como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que a diferencia de otras administraciones, han sido reconocidos como interlocutores. También cabildeará las condiciones laborales de los maestros con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más numeroso de América Latina, pero que tras el encarcelamiento de su presidenta, Elba Esther Gordillo, al inicio del sexenio de Enrique Peña Nieto, se ha mantenido entre pugnas y división. 

Ante el actual liderazgo “pobre” del SNTE, la llegada de Delfina Gómez podría “ayudar a acelerar el proceso de democratización sindical”, dice Fernando González, quien también apoyó su candidatura en el Estado de México con la movilización electoral de los maestros cercanos a los dirigentes del grupo político de Gordillo Morales.

“La maestra Delfina” alcanzó una votación de 1 millón 871 mil votos que la dejó detrás del priista Alfredo del Mazo, quien obtuvo 2 millones 40 mil votos. Según López Obrador, ese número era muestra de la compra de votos y apoyos gubernamentales, urnas llenas y falsificación de actas en la jornada electoral y así lo demostraban los datos de cinco municipios del Edomex donde se había registrado una participación promedio de 65% –mientras en el resto de la entidad apenas se superaba 50%–. 

En esa elección también tuvo el apoyo del magisterio y la movilización de su estructura a través del líder histórico en la entidad, Rafael Ochoa, exsecretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y mano derecha de Elba Esther Gordillo durante décadas. 

Rafael Ochoa recuerda que comenzó la movilización de maestros en municipios mexiquenses a favor de la entonces candidata de Morena gracias a la promesa del entonces dirigente, Andrés Manuel López Obrador, quien sostenía que de llegar a la presidencia echaría abajo la reforma educativa. Cosa que cumplió, pues la reforma fue derogada en diciembre de 2019. 

“Eso me convenció. Cuando me hablaron de Delfina en el Edomex, que por primera vez estaría contendiendo una mujer y maestra comenzamos el apoyo multiplicando con los maestros del Valle de México y Toluca, con los amigos de la sección 36 y la 17 del sindicato de maestros. Me metí con todo y estoy convencido que ganamos la gubernatura”, dice en entrevista con Animal Político.

Mientras Ochoa califica como “satisfactorio” el nombramiento de Delfina Gómez, Fernando González considera que es un “reconocimiento a los maestros”, tras la Reforma Educativa del presidente Enrique Peña Nieto que “atacaba” al magisterio.

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¿Por qué tantos niños mueren en Brasil por COVID-19?

La pandemia no da tregua en Brasil y estudios muestran que las cifras oficiales pueden ser menores respecto a la cantidad de niños fallecidos por el virus. Una madre relata como perdió a su hijo porque no consiguió que la enfermedad fuera detectada a tiempo.
15 de abril, 2021
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Un año después de la declaratoria de la pandemia del coronavirus, las muertes en Brasil se encuentran en su punto máximo.

Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia de que la COVID-19 rara vez mata a niños pequeños, en la nación sudamericana han fallecido más de 800 menores por esa enfermedad, según cifras oficiales. Y esas cifras pueden ser mayores, de acuerdo a estudios.

Uno de esos casos tiene que ver el hijo de un año de la profesora Jessika Ricarte, al que un médico se negó a realizar una prueba bajo el argumento de que sus síntomas no se ajustaban al perfil del coronavirus.

Dos meses después, el menor murió por complicaciones asociadas con la enfermedad. Sucedió en Tamboril, una ciudad en el estado de Ceará, en el noreste de Brasil.

La historia

Luego de un par de años de intentos y tratamientos de fertilidad fallidos, Ricarte casi había renunciado a tener una familia hasta que quedó embarazada de Lucas.

“Su nombre proviene de ‘luminoso’. Y fue una luz en nuestra vida. Demostró que la felicidad era mucho más de lo que imaginamos”, cuenta.

El primer cumpleaños de Lucas.

Jessika Ricarte
El primer cumpleaños de Lucas.

Primero sospechó que algo andaba mal cuando Lucas, que siempre tenía buen apetito, dejó de sentir hambre.

Jessika se preguntó entonces si era debido a que le estaban saliendo los dientes.

La madrina de Lucas, una enfermera, sugirió que podría tener dolor de garganta. Pero después de que desarrolló fiebre, luego fatiga y dificultad para respirar, la madre lo llevó al hospital y pidió que le hicieran la prueba de COVID-19.

“El médico puso el oxímetro. Los niveles (de oxígeno) de Lucas eran del 86%. Ahora sé que eso no es normal”, dice Jessika.

Como no tenía fiebre, el médico dijo: “No se preocupe, no hay necesidad de una prueba de COVID-19. Probablemente sea solo un dolor de garganta leve”.

Le afirmó a Jessika que el coronavirus era raro en los niños y solo le dio algunos antibióticos.

A pesar de las sospechas de la madre, no había ninguna opción para que Lucas hiciera una prueba en laboratorios privados en ese momento.

Y Ricarte relata que algunos de sus síntomas se disiparon al final de su tratamiento de antibióticos de 10 días, pero el cansancio permaneció.

Lucas

Jessika Ricarte
Jessika tomaba videos de su hijo y las enviaba a familiares porque estaba preocupada por su condición.

“Le envié varios videos a su madrina, a mis padres, a mi suegra, y todos decían que estaba exagerando, que debía dejar de ver las noticias, que me estaba volviendo paranoica. Pero yo sabía que mi hijo no era el mismo, que no respiraba normalmente”, recuerda.

Inesperado

Era mayo de 2020 y el contagio del coronavirus estaba creciendo. Dos personas ya habían muerto en la ciudad donde vive Ricarte.

“Todos se conocen aquí. La ciudad estaba en shock“, afirma.

Israel, el esposo de Jessika, estaba preocupado de que una visita al hospital pudiera aumentar el riesgo de que ella o el hijo de ambos se infectaran con el virus.

Pasaron las semanas y Lucas se volvió cada vez más somnoliento. Finalmente, el 3 de junio, el pequeño vomitó una y otra vez después de almorzar y Ricarte entendió que tenía que hacer algo.

Regresaron al hospital donde el médico examinó a Lucas para evaluar si se trataba de un contagio de COVID-19.

La madrina de Lucas, que trabajaba allí, le dio la noticia a la pareja de que el resultado de la prueba era positivo.

“En ese momento, el centro de salud ni siquiera tenía un reanimador clínico”, dice Jessika.

El menor fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos pediátricos en la ciudad de Sobral, a más de dos horas de distancia, donde le diagnosticaron una afección llamada síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (PIMS, por su sigla en inglés).

Se trata de una respuesta inmune extrema al virus que puede causar inflamación severa de órganos vitales.

Niños

Los expertos dicen que el síndrome, que afecta a los niños hasta seis semanas después de que se infectan con el coronavirus, es un fenómeno raro.

Sin embargo, la reconocida epidemióloga de la Universidad de Sao Paulo Fatima Marinho dice que, durante la pandemia, está viendo más casos de PIMS que nunca antes.

Lucas

Jessika Ricarte

Cuando Lucas fue intubado, a Jessika no se le permitió quedarse en la misma habitación. Llamó a su cuñada para intentar distraerse de la preocupación.

“Podíamos escuchar el sonido de la máquina (de la unidad de cuidados intensivos), el ‘bip’. Hasta que la máquina se detuvo y escuchamos ese pitido constante. Y sabemos que eso sucede cuando la persona muere. Después de unos minutos, la máquina comenzó a funcionar nuevamente y comencé a llorar”, cuenta.

La doctora Manuela Monte, la pediatra que trató a Lucas durante más de un mes en la unidad de cuidados intensivos de Sobral, afirmó que le sorprendió que la condición del niño fuera tan grave porque no tenía ningún factor de riesgo.

La mayoría de los menores afectados por coronavirus tienen enfermedades o trastornos (afecciones existentes como diabetes o problemas cardiovasculares) o sobrepeso, según Lohanna Tavares, infectóloga pediátrica del Hospital Infantil Albert Sabin en Fortaleza, la capital del estado de Ceará.

Pero ese no fue el caso de Lucas.

Durante los 33 días que Lucas estuvo en cuidados intensivos, a Jessika solo se le permitió verlo tres veces.

Lucas's parents, Israel and Jessika

BBC

Lucas necesitaba inmunoglobulina, un medicamento muy caro, para desinflamar su corazón.

Afortunadamente un paciente adulto que había comprado donó una ampolla sobrante al hospital.

Lucas estaba tan enfermo que necesitó recibir una segunda dosis. Desarrolló una erupción en su cuerpo y tenía fiebre persistente. Necesitaba apoyo para respirar.

Luego el niño comenzó a mejorar y los médicos decidieron sacarle el tubo de oxígeno. Hicieron videollamadas a Jessika e Israel para que no se sintiera solo cuando recuperara la conciencia.

“Cuando escuchó nuestras voces se puso a llorar“, relata la madre.

Era la última vez que la pareja vería a su hijo reaccionar. Durante la siguiente videollamada “tenía la mirada paralizada”.

El hospital solicitó una tomografía computarizada y descubrió que Lucas había tenido un derrame cerebral.

Pese a ello, a la pareja se le dijo que Lucas se recuperaría bien con la atención adecuada y que pronto sería trasladado a una sala general.

Cuando Jessika e Israel fueron a visitarlo, el médico estaba tan esperanzado como ellos, cuenta la mujer.

“Esa noche, puse mi celular en silencio. Soñé que Lucas se me acercó y me besó la nariz. Y el sueño fue un gran sentimiento de amor, gratitud y me desperté muy feliz. Luego vi mi celular y vi las 10 llamadas que había hecho el médico”, narra.

Jessika

BBC
Jessika Ricarte

El doctor encargado le dijo a Jessika que la frecuencia cardíaca y los niveles de oxígeno de Lucas habían bajado repentinamente y que había muerto temprano esa mañana.

Ella está segura de que si le hubieran hecho una prueba cuando ella la solicitó, a principios de mayo, habría sobrevivido.

“Es importante que los médicos, incluso si creen que no es coronavirus, hagan el examen para eliminar la posibilidad”, dice.

Indica que “un bebé no dice lo que siente, así que todo depende de las pruebas“.

Un menor en una sala de cuidados intensivos

BBC
Un menor en una sala de cuidados intensivos.

Jessika cree que la demora en el tratamiento adecuado agravó la condición de su hijo.

“Lucas tuvo varias inflamaciones, el 70% del pulmón estaba comprometido, el corazón aumentó en un 40%. Era una situación que podría haberse evitado”, indica.

La doctora Monte está de acuerdo. Ella dice que aunque una situación de PIMS no se puede prevenir, el tratamiento es mucho más exitoso si la condición se diagnostica y se trata temprano.

“Cuanto antes hubiera recibido atención especializada, era mejor. Llegó al hospital ya críticamente enfermo. Creo que podría haber tenido un resultado diferente si lo hubiéramos tratado antes”, señala.

Jessika ahora quiere compartir la historia de Lucas para ayudar a otras personas que pueden prevenir esa clase de síntomas críticos en los menores.

“En el caso de todos los niños que conozco y fueron salvados por alguna advertencia mía, la madre me dice: ‘Vi tus publicaciones, llevé a mi hijo al hospital y ahora está en casa’. Es como si fuera una parte de Lucas“, cuenta.

Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

BBC
Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

El problema

Existe la idea errónea de que los niños corren cero riesgo de un contagio de coronavirus, según Fatima Marinho, quien también es asesora principal de la ONG de salud Vital Strategies.

La investigación de la doctora sostiene que un número sorprendentemente alto de niños y bebés fueron afectados por la enfermedad.

Entre febrero de 2020 y el 15 de marzo de 2021, la COVID-19 mató al menos a 852 niños de Brasil, incluidos 518 bebés menores de un año, según cifras del Ministerio de Salud de ese país.

Pero la experta estima que más del doble de esta cantidad de niños murieron a causa de esa enfermedad dado que, señala, existe un problema grave de bajo registro debido a la falta de pruebas que reduce las cifras.

Marinho revisó el exceso de muertes por síndrome respiratorio agudo durante la pandemia y encontró que hubo al menos 10 veces más muertes que en años anteriores.

Considerando esas estimaciones sostiene que el virus mató a un aproximado de 2.060 niños menores de nueve años, incluidos 1.302 bebés.

¿Qué está pasando?

Los expertos señalan que la gran cantidad de casos de coronavirus en Brasil, el segundo en cantidad de contagios más alto del mundo, elevó la probabilidad de que bebés y niños se vean afectados.

“Por supuesto, cuantos más casos tengamos y, por ende, más hospitalizaciones, mayor será el número de muertes en todos los grupos de edad, incluidos los niños. Pero si se controlara la pandemia, este escenario evidentemente podría minimizarse“, explica Renato. Kfouri, presidente del Departamento Científico de Inmunizaciones de la Sociedad Brasileña de Pediatría.

Dr Cinara Carneiro

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Dra Cinara Carneiro

Una tasa de infección tan alta sobrepasó el sistema de salud de Brasil. En todo el país, el suministro de oxígeno está disminuyendo, hay escasez de medicamentos básicos y en muchas unidades de cuidados intensivos de todo el país simplemente no hay más camas.

El presidente Jair Bolsonaro todavía se opone a los encierros estrictos y se estima que la tasa de infección está siendo impulsada por la variante llamada P.1, considerada más contagiosa y posiblemente surgida en el norte de Brasil.

En marzo murió el doble de personas que en cualquier otro mes de la pandemia y la tendencia al alza continúa.

Otro problema que impulsa las altas tasas de contagios en los niños es la falta de exámenes.

Marinho dice que para los menores es usual que el diagnóstico llegue demasiado tarde, cuando ya están gravemente enfermos.

“Tenemos un grave problema en la detección de casos. No tenemos suficientes pruebas para la población en general, menos aún para los niños. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, hay un retraso en la atención del menor”, explica.

Esto no se debe solo a que exista poca capacidad de prueba, sino también a que es más fácil pasar por alto, o diagnosticar erróneamente, los síntomas de los niños que padecen COVID-19, ya que la enfermedad tiende a presentarse de manera diferente en las personas más jóvenes.

Una salubrista en Brasil

Departamento de Salud de Ceará

“Un niño tiene mucha más diarrea, mucho más dolor abdominal y dolor en el pecho que el visto en un cuadro clásico de COVID-19. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, cuando el menor llega al hospital está en una condición grave y puede complicarse y morir”, señala Marinho.

Problemas sociales

Aunque todo esto también se trata de pobreza y acceso a la atención médica.

Un estudio de 5 mil 857 pacientes con COVID-19 menores de 20 años, realizado por pediatras brasileños dirigido por la Facultad de Medicina de Sao Paulo identificó tanto las enfermedades de base como las vulnerabilidades socioeconómicas como factores de riesgo para el peor resultado en menores.

Marinho está de acuerdo en que este es un factor importante.

“Los más vulnerables son los niños afrodescendientes y los menores de familias muy pobres, ya que tienen más dificultades para acceder al auxilio. Estos son los niños con mayor riesgo de muerte”, indica.

Ella dice que esto se debe a que las condiciones de vivienda hacinadas hacen que sea imposible distanciarse socialmente cuando se infectan, y porque las comunidades más pobres no tienen acceso a una unidad de cuidados intensivos local.

Estos niños también corren riesgo de desnutrición, lo que es “terrible para la respuesta inmunológica”, afirma Marinho.

Cuando se detuvieron las subvenciones en medio de la pandemia, millones volvieron a entrar en graves problemas de subsistencia.

“Pasamos de 7 millones a 21 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en un año. Así que la gente también pasa hambre. Todo esto tiene un impacto en la mortalidad”, afirma la experta.

Braian Sousa, líder de la investigación de la Universidad de Sao Paulo, dice que su estudio identifica ciertos grupos de riesgo entre los niños a los que se debe dar prioridad para la vacunación. Aunque actualmente, no hay vacunas disponibles para menores de 16 años.


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