Revocan sentencia a marinos por desaparición forzada por error de FGR
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Cuartoscuro

Juez revoca sentencia a cinco marinos por desaparición forzada debido a error de FGR

La acusación utilizó un tipo penal que ya estaba derogado y tiene hasta el viernes para presentar nuevos cargos. El padre de la víctima teme que se trate de una maniobra para liberar a los uniformados.
Cuartoscuro
2 de diciembre, 2020
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Un juez revocó la condena de 22 años de cárcel por desaparición forzada impuesta a cinco marinos debido a fallos en la formulación de la acusación por parte de la Fiscalía General de la República (FGR).

El magistrado Alfonso Gazca Cossío, del Tercer Tribunal Unitario del Cuarto Circuito, dio la razón al recurso presentado por los condenados y reconoció que la sentencia se basó en un tipo legal que no estaba en vigor en el momento en el que se produjo el fallo. En concreto, debían haber sido juzgados según la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, aprobada en 2017, y no por los tipos aparecidos en el Código Penal Federal, que habían quedado derogados por la norma anterior. Por eso, obliga a la FGR a rehacer la acusación y, en caso de no presentar una nueva causa en 10 días naturales, los uniformados quedarán libres. 

Leer más: Cinco marinos enfrentarán cargos por desaparición forzada en Nuevo León

El capitán Raúl Enrique Sánchez Labrada, y los marinos Renato Juárez Arellanes, Alfi Ahumada Espinoza, Carlos Adán Verdugo Amarillas y Eliseo Sánchez Patrón fueron condenados por la desaparición forzosa de Armando Humberto del Bosque Villarreal, de 33 años. La sentencia fue considerada histórica por organizaciones de derechos humanos. Se trataba de la primera vez en la que integrantes de la Armada eran condenados por este delito. Ahora un tecnicismo puede ser aprovechado para eludir la justicia, según temen los familiares de la víctima.

“Veo que los están protegiendo. El tribunal saca esta resolución y espera a ver si nos quedamos dormidos. Temo que la fiscalía no haga nada”, dijo Humberto Del Bosque Gutiérrez, padre de la víctima. Tras seis años luchando por que se hiciera justicia, sintió alivio cuando los marinos fueron condenados. Pero ahora vuelve a sentirse angustiado. “Creo que están viendo a ver qué error cometo para ponerlos en libertad”, protesta. 

Fuentes judiciales aseguraron a Animal Político que la FGR está trabajando en esta nueva imputación y que se presentará dentro del plazo establecido. 

Problema con las fechas

“El escrito que contiene las conclusiones acusatorias que formuló el representante social contra los sentenciados, se presentó sin haber citado las leyes aplicables al caso conforme lo dispone el artículo 293 del Código Federal de Procedimientos Penales, y no obstante ello, el Juez natural indebidamente las tuvo por presentadas en legal forma, aun cuando éstas no debían surtir efecto legal alguno”, dice la resolución, fechada a 17 de noviembre.

El problema de fondo está en las fechas. La desaparición forzada se perpetró en 2013 y los marinos fueron detenidos en 2016, por lo que la acusación estaría bien formulada en aquella fecha. Sin embargo, en 2017 se aprobó la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, que deroga las disposiciones por las que se había perseguido a estos uniformados. Como la acusación final se formuló en 2019 y la sentencia fue este mismo año, considera el magistrado que los acusados vieron violados sus derechos y obliga a que se reponga el juicio. 

En su resolución, el juez cuestiona tanto al fiscal de la causa, que presentó una acusación mal formulada, como contra el magistrado que dictó sentencia. “Este Tribunal estima que el juez de la causa actuó indebidamente al tener por formuladas de conformidad las conclusiones del representante social, no obstante que no debieron surtir efecto legal alguno al estar fundamentada la acusación por el delito de desaparición forzada de personas, en una ley que no se encontraba vigente en la época en que se acusó en definitiva a los imputados; lo cual, indudablemente causó perjuicio a los sentenciados, ya que a la postre se dictó sentencia condenatoria en su contra, con base en dichas conclusiones, de suyo irregulares”, dice.

Por este motivo, ordena la revocación de la sentencia y que las partes vuelvan a formular su acusación. 

Padre testigo de la desaparición 

Los hechos ocurrieron el 3 de agosto de 2013 en el poblado de Colombia, Nuevo León. Según dicta la sentencia ahora revocada, Armando Humberto Del Bosque Villarreal fue detenido por elementos de la Marina tras denunciar previamente a un vecino que irrumpió en su domicilio con un arma de fuego. 

Esta persona resultó ser un supuesto “informante” de la Armada y fue liberado, mientras que los uniformados capturaron a Del Bosque Villarreal. Su padre fue testigo de cómo los marinos lo detenían, lo bajaban de su auto y lo metían en una camioneta de la Semar. Fue a buscarlo, pero los marinos le dijeron que estaba siendo objeto de una investigación y que luego le darían informes. Más tarde negaron tener en su poder al hijo y dejaron de dar información. 

Los restos de Armando Humberto aparecieron dos meses más tarde, el jueves 3 octubre, en el interior del rancho Santa Cecilia, muy cerca de la Base de Operaciones de la Semar, con un disparo de gracia en la cabeza. 

Según la averiguación penal AP/PGR/NL/ESC-DCSP-I/2086/2013, abierta después de la denuncia interpuesta por Del Bosque Gutiérrez, los elementos de la Marina viajaban en tres camionetas oficiales, pero, tras llevarse detenida a la víctima, se hicieron con un Ford Mustang modelo 2000, color gris, toldo negro, y placas de Texas, que abandonaron a 500 metros del cuerpo. 

Tres años después de que tuvieron lugar los sucesos, los cinco marinos fueron detenidos en la Ciudad de México y acusados de desaparición forzada. Actualmente se encuentran en el Campo Militar Número 1 desde el 10 de marzo de 2016, a pesar de que la sentencia ahora revocada les retiró su condición como funcionarios públicos.

En el momento en el que se produjo la sentencia, organizaciones de Derechos Humanos celebraron que, por primera vez, unos marinos hubiesen sido condenados por desaparición forzada . Aunque el fallo fue por desaparición forzada todavía está pendiente la carpeta por homicidio, que aún no ha llegado ante el juez. 

“Todo este proceso ha sido de mucho estrés, mucha ansiedad”, dijo Humberto Del Bosque Gutiérrez, padre de la víctima. Desde que su hijo fue secuestrado denuncia haber sufrido amenazas por parte de la Marina para que se desistiera del proceso. Teme que estas presiones tengan su efecto y que los uniformados a los que vio llevarse a su hijo queden libres aprovechando errores en la acusación.  

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

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Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

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Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

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Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

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Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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