En una semana llegaría a México vacuna de Pfizer contra la COVID
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En una semana llegaría a México el primer envío de la vacuna de Pfizer contra la COVID

Son ya seis los países que aprueban, bajo la figura de autorización por uso de emergencia, el biológico para aplicarlo en su población, entre estos están Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudita y Canadá. Se espera que la Unión Europea haga lo mismo en los próximos días.
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12 de diciembre, 2020
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La vacuna desarrollada por Pfizer ya se puede usar en México, por lo que el laboratorio estaría enviándola aproximadamente en una semana. 

“Hemos estado trabajando en el proceso de importación. Tenemos un grupo de colaboración en el gobierno, donde participa el Sistema de Administración Tributaria (SAT), la Dirección General de Aduanas, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Oficialía Mayor de Hacienda y varias oficinas de la Secretaría de Salud, y estamos preparados para emitir la orden de adquisición. Una vez que se haga esto, Pfizer durante ocho días acondiciona el producto y lo envía”, precisó. 

El subsecretario dijo que los puntos de distribución ya se anunciaron: instalaciones militares ubicadas en CDMX y Coahuila. López-Gatell recalcó que durante diciembre nadie que no sea personal de salud previamente seleccionado por las instituciones será vacunado. “Son muy poquitos por ahora, en el arranque son 125 mil personas, pero de manera continua, sin pausa, seguiremos durante enero y febrero vacunando a este grupo de riesgo”. 

Lee: ¿Por qué se vacunará contra COVID por edad y empezando por CDMX y Coahuila?

Coferpris informó en un comunicado que a partir del 26 de noviembre revisó, evaluó y dictaminó la documentación sometida a esta comisión para la autorización sanitaria por uso de emergencia de la vacuna Pfizer-BioNtech COVID-19. 

El Comité de Moléculas Nuevas sesionó el 11 de diciembre de 2020. Sus 24 miembros votaron y emitieron una opinión favorable, de forma unánime, para su uso en emergencia. A partir de esto, la Cofepris dictaminó procedente la autorización, bajo esa figura. 

Lo mismo hizo, minutos después, la Agencia de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Un panel de expertos que asesora a la FDA dio este jueves su aprobación a la vacuna de Pfizer para su uso en personas mayores de 16 años. La agencia planeaba publicar la autorización formal este sábado, informó The New York Times. Pero el tiempo se aceleró después de que el presidente Donald Trump criticara no autorizar la vacuna más rápido. 

Entérate: Salud suma 12 mil 253 casos de COVID-19, la mayor cifra reportada en un día

Este viernes, la FDA autorizó la vacuna COVID-19 de Pfizer bajo la misma figura que lo hizo México: para uso en emergencia, lo que abrió el camino para que millones de personas vulnerables comiencen a recibirla también en ese país.

Con la decisión esta nación se convirtió en la sexta además de Reino Unido, Bahrein, Canadá, Arabia Saudita y México en aprobarla vacuna. Se esperan otras autorizaciones en unas semanas, incluida la de la Unión Europea. 

Qué es una autorización para su uso en emergencia

De acuerdo a información publicada en el sitio web de la FDA, esta figura es una respuesta a una declaración de emergencia de salud pública para la que no existen alternativas adecuadas, aprobadas o disponibles y permite “el uso de productos médicos no aprobados para diagnosticar, tratar o prevenir enfermedades graves o potencialmente mortales causadas por agentes amenazantes”. 

En un comunicado que consigna las declaraciones del comisionado de la agencia, Stephen Hahn, la FDA señaló que aunque las autorizaciones de uso de emergencia (EUA por sus siglas en inglés) han recibido una mayor atención durante la pandemia de COVID-19, no son una herramienta nueva.

“En situaciones de emergencia en las que no hay alternativas adecuadas, aprobadas y disponibles, la FDA tiene el poder para autorizar el uso de productos médicos en condiciones específicas, antes de que se disponga de todas las pruebas que serían necesarias para la completa aprobación”, aclaró Hahn. 

Leer más:Oxford-AstraZeneca combinará su vacuna con la rusa Sputnik V para ensayos

Para que una EUA sea autorizada, agregó el comisionado en el documento, “los científicos de la FDA llevan a cabo una rigurosa evaluación de las pruebas disponibles sobre un producto médico. Trabajamos con los patrocinadores para que se sigan recogiendo y revisando datos adicionales sobre la seguridad y la eficacia del producto. Si las pruebas científicas disponibles cambian o si se dispone de nueva información, podemos cambiar de dirección y adaptar la autorización, lo que podría incluir revocarla”.

 En la conferencia de prensa sobre COVID-19 de este jueves 10 de diciembre, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, especificó que en México, la aprobación en uso de emergencias tampoco es todavía el registro sanitario definitivo. 

“Los ensayos clínicos aún continúan, no se han terminado y necesitan continuar hasta completar el estudio de todas las personas. Pero la evidencia científica con el seguimiento que hasta el momento se ha hecho de los pacientes o de las personas reclutadas ya es suficiente para demostrar seguridad y eficacia”. 

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VIH/Sida: qué hace este virus al sistema inmunitario y por qué es tan difícil encontrar una cura o una vacuna

Han pasado casi cuatro décadas desde que se reportaron los primeros casos, y pese a todos los esfuerzos sigue siendo una enfermedad incurable. ¿Por qué?
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1 de diciembre, 2020
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Dibujo, infección de VIH

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El blanco del virus son los linfocitos CD4.

Desde que se detectaron los primeros casos a principios de la década de los 80, el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) se ha cobrado alrededor de 33 millones de vidas, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Este virus, que de no tratarse da lugar al síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida, continúa siendo una amenaza para la salud pública: se estima que hay cerca de 38 millones de personas viviendo con VIH (hasta finales de 2019).

Si bien se han hecho grandes avances en cuanto a su tratamiento y prevención, y en la actualidad las personas infectadas pueden llevar una vida saludable, aún no se ha podido hallar una cura para la enfermedad.

Solo dos pacientes hasta la fecha —uno, conocido como el “paciente de Berlín, que falleció en septiembre de este año a raíz de otra enfermedad; el otro, un venezolano establecido en Londres— parecen haberse curado definitivamente del virus.

Tampoco se ha logrado dar con una fórmula para una vacuna, pese a que su búsqueda se inició muy poco después de que se reportaran los primeros casos.

Para entender por qué esta infección es tan difícil de erradicar (en contraposición al coronavirus SARS-CoV-2, que en menos de un año desde que se desató la pandemia cuenta con varias candidatas de vacunas prometedoras), es fundamental comprender primero cómo afecta el VIH a nuestro sistema inmunitario, el arma que tiene nuestro organismo para protegernos de las enfermedades.

Ataque directo al centro de defensa

El VIH entra en nuestro cuerpo a través del intercambio de ciertos fluidos corporales como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales de una persona infectada.

Es, además, un retrovirus. Es decir, su material genético está en forma de ARN (ácido ribonucleico) y no de ADN. Por ello, antes de insertar sus genes en el genoma de la célula huésped para replicarse, tiene primero que convertir su ARN en ADN.

Esto lo hace mediante un proceso que se conoce como de transcripción inversa (los virus en cambio usan uno de transcripción normal), lo cual genera muchos errores en sus copias -puede que esta explicación te sobre en esta instancia, pero guárdala en tu mente porque te ayudará a entender más adelante por qué es tan difícil desarrollar un tratamiento y una vacuna-.

Investigación

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En el campo de investigación sobre tratamientos para el VIH se han logrado muchos avances.

A diferencia, por ejemplo, del SARS-CoV-2 que ataca y se replica en las células del pulmón y otros órganos que tienen en su superficie el receptor ACE2, el VIH tiene como objetivo principal un tipo de células de nuestro sistema inmunitario: los llamados linfocitos CD4 (o también T CD4).

“Los linfocitos CD4 son una parte fundamental del sistema inmunitario. Son predominantes en todos los procesos de lucha contra distintos patógenos —virus, bacterias, parásitos— y forman parte del centro de coordinación de otra parte del sistema inmune”, le explica a BBC Mundo José Luis Casado, médico del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid, España.

“Son una especie de capitanes de las defensas que no solo manejan soldados, sino que coordinan a otros oficiales para luchar contra el enemigo”, añade.

Una vez dentro del CD4, el virus introduce su propio material genético y secuestra el mecanismo de esta célula para replicarse.

Los nuevas copias de VIH salen de la célula y se propagan por el cuerpo, infectando a su vez a otras células y destruyendo gradualmente linfocitos CD4. La reducción de estos linfocitos provoca, en consecuencia, una deficiencia en el sistema inmunitario.

“Cuando el sistema inmunitario reconoce que hay CD4 infectados, activa otras células para matar a estos CD4, y esa inmunoactivación estimula la producción de linfocitos CD4 para compensar a los soldados caídos en batalla”, explica Casado.

Pero este es un proceso compensatorio temporal. “El organismo no sabe mantener altos niveles de activación inmune persistente”, agrega, con lo cual esta estrategia no resulta eficaz a largo plazo, y no se consigue erradicar a todos los CD4 infectados.

Timothy Ray Brown

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Timothy Ray Brown, conocido como el “paciente de Berlín”, fue la primera persona en curarse de VIH. Falleció de cáncer en septiembre de este 2020.

A medida que la infección avanza y el cuerpo va perdiendo su capacidad para defenderse, el individuo infectado se vuelve vulnerable a sufrir otras infecciones conocidas como enfermedades oportunistas.

Cuando la cantidad de linfocitos CD4 cae por debajo de 200 células por milímetro cúbico de sangre (una persona con un sistema inmunitario sano tiene entre 500 y 1.600), o cuando aparecen una o más infecciones oportunistas más allá del recuento de CD4, se considera que una persona infectada tiene sida.

Por qué los tratamientos no logran curar el VIH

Los tratamientos que han dado muy buenos resultados y que se utilizan para controlar el VIH consisten en una combinación de fármacos antirretrovirales que atacan varios aspectos del ciclo de vida del VIH, y evitan así que el virus se multiplique y pueda penetrar células sanas.

Al reducir la carga viral, el sistema inmune tiene más posibilidades de recuperarse y combatir infecciones. Por eso los pacientes en tratamiento —que debe seguirse de por vida— pueden tener una vida prolongada y sin síntomas.

Con el tratamiento antirretroviral se logra que no desarrollen sida ni infecciones oportunistas.

Por otra parte, “si no hay replicación viral, no hay transmisión“, dice Casado, de modo que no hay posibilidad de contagio.

Sin embargo, el virus no desaparece: una vez que penetró la célula puede quedarse allí, en estado latente.

“Tenemos una serie de células CD4 activas y muchas CD4 en reposo. Están allí por si hay una guerra, una infección. Se estima que solo un 2% de células CD4 están activas habitualmente, porque el resto, en situación basal, no las necesitamos”, explica Casado.

Según le dice a BBC Mundo Mundo Nadia Roan, profesora de la Universidad de California, San Francisco, en Estados Unidos, “este reservorio latente de células infectadas es, esencialmente, la principal barrera para encontrar una cura para el VIH”.

Preservativos

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Los preservativos son fundamentales para prevenir el contagio del VIH.

“Sabemos de su existencia desde hace mucho tiempo, pero no hemos podido atacarlo o controlarlo. Y una de las razones es porque no hay un biomarcador en la superficie de estas células que nos permita distinguir entre una célula sana y una célula infectada con VIH”, dice la experta, cuya investigación se centra en encontrar una forma de caracterizar a estas células infectadas.

Estos reservorios de VIH se establecen pocos días después de que una persona se ha infectado, y mientras el virus está escondido dentro de las células no puede ser combatido ni por el sistema inmunológico que no lo reconoce, ni por los fármacos que no pueden destruirlo hasta que entre en acción.

Tratamiento de alto riesgo

Cuando una persona infectada deja el tratamiento antirretroviral por la razón que fuere, el virus se reactiva al poco tiempo.

Solo hubo dos casos en los que el virus parece haber quedado eliminado por completo.

El primero se logró con un trasplante de médula en un paciente que tenía leucemia (el paciente de Berlín), de un donante con una mutación específica en su ADN resistente al VIH.

El otro caso fue el de un paciente venezolano establecido en Londres que padecía linfoma de Hodgkin (un tipo de cáncer), al que se le suministró quimioterapia y se le implantaron células madre también de un donante con la mutación resistente al VIH.

“Básicamente, tuvieron que deshacerse de sus propios sistemas inmunitarios”, explica Roan.

Pero este tratamiento, que en estos casos fue necesario por las otras enfermedades que sufrían los dos pacientes, “no puede utilizarse ampliamente porque el riesgo es muy elevado”, añade.

Hasta el momento, todas las estrategias que se han investigado —incluyendo una que intenta reactivar los reservorios para que el virus salga de la célula y los anticuerpos del plasma puedan erradicarlo— han conseguido disminuir el reservorio, pero no llevarlo a cero.

“El problema es que con quede un solo clon viable de VIH, solo es cuestión de tiempo para que vuelva a infectar a otra célula y vuelva a recomenzar todo el proceso”, dice Casado.

Vacuna

Desde hace décadas investigadores trabajan para encontrar una vacuna sin éxito.

Pastillas

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Los antirretrovirales atacan distintas fases del ciclo vital del virus.

Además del problema de la latencia del virus, que lo transforma en un objetivo casi imposible de atacar mientras está “invisible” dentro de la célula, una de las principales razones por las que es difícil dar con una vacuna es su alto grado de mutabilidad.

La mayor parte de las vacunas eficaces estimulan la producción de anticuerpos para neutralizar al virus. Pero como el virus comete muchos errores en su proceso de replicación -lo que te explica más arriba cuando hablaba de la transcripción inversa-, los anticuerpos que produce el sistema inmune para neutralizarlos se vuelven inefectivos contra estas nuevas formas del virus.

“Al virus no le importa tener hijos mutantes siempre que consiga sobrevivir”, dice Casado. “Su variabilidad genética es muy alta, y eso hace que sea muy difícil establecer zonas del VIH que sean buenas desde el punto de vista antigénico, es decir, que creen una respuesta inmunológica adecuada”.

Y no olvidemos que el virus ataca precisamente las células encargadas de orquestar el ataque para combatirlo.

En fin, concluye Casado, “tenemos todo para que sea la vacuna más difícil posible: por el tipo de virus, por el tipo de replicación y por dónde lo hace. Lo tiene todo”.


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