Tras varios contagios cercanos a AMLO, Salud presenta protocolo para evitar COVID
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Cuartoscuro

Tras varios contagios cercanos a AMLO, Salud presenta el protocolo para evitar COVID en reuniones

Anteriormente el protocolo marcaba una distancia de 1.5 metros entre los asistentes a reuniones de gobierno, ahora es de 2 metros.
Cuartoscuro
13 de enero, 2021
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Sana distancia, sanitización previa de los espacios, uso de cubrebocas y realización de pruebas periódicas, forman parte de las medidas para evitar contagios de COVID-19 en las reuniones a las que asiste el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, algunas de ellas no se realizan como lo indica el documento.

El secretario de Salud, Jorge Alcocer, dio a conocer esta mañana el protocolo sanitario que se aplica y destacó que no “ha habido gran alama” en el gabinete y descartó una cadena de contagios.

Al menos dos reporteros que cubren la fuente presidencial han enfermado de COVID en las últimas semanas. Apenas el 10 de enero, el coordinador general de Comunicación Social de Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, informó que dio positivo a COVID-19.

Dos días antes, Jesús Ramírez estuvo presente durante la conferencia matutina del presidente, y estuvo a una distancia aproximada de 30 centímetros del mandatario.

Más tarde acudió a la reunión del gabinete de Salud, donde se fotografió sin cubrebocas junto con la maestra Delfina Gómez; el administrador de Aduanas, Horacio Durarte y con el diputado federal Pedro Zenteno.

Jesús Ramírez, por ejemplo, incumplió con el protocolo al tomarse la foto sin sana distancia y sin cubrebocas durante esa reunión del gabinete de Salud.

El 11 de enero falleció Leticia Ánimas Vargas, coordinadora Nacional del Programa de Becas para el Bienestar Benito Juárez, la primera funcionaria del gobierno federal que muere a consecuencia de COVID.

De acuerdo con el protocolo de salud, en cada reunión debe haber una distancia entre los participantes de mínimo 1.5 metros, aunque ahora, dijo Alcocer, se hizo un ajuste y la distancia deberá ser de mínimo 2 metros. 

La distancia de los asistentes con el presidente deberá ser de 2.5 a 3 metros. El personal de seguridad tiene que tener un distanciamiento de 2 metros.

“Este distanciamiento dese luego se respeta, solo hay que volverlo a recordar”, señaló Alcocer.

El protocolo de reuniones promueve la preferencia de las reuniones virtuales mediante videoconferencia, de no ser posible, deben utilizarse espacios amplios que permitan la ventilación.

Desde el inicio de la epidemia algunos gobernadores han optado por las videoconferencias, con la posibilidad de que los reporteros sigan cuestionado a los funcionarios, pero el mandatario continúa con sus conferencias presenciales.

También indica que se debe realizar la limpieza diaria del inmueble, y limpieza constante de micrófonos, apuntadores y toda herramienta o utensilio de uso común entre los participantes, disminuyendo en lo posible su uso compartido.

El documento detalla que si alguna de las personas convocadas presenta signos y síntomas de enfermedad respiratoria, o es un caso confirmado y activo de COVID-19 (inicio de síntomas en los últimos 14 días), debe reportarlo inmediatamente y abstenerse de acudir a la reunión.

“Temperatura, cansancio, molestias en la garganta, tos y estornudo es suficiente para no entrar”, comentó Alcocer.

Cada persona tiene que haber pasado satisfactoriamente el filtro sanitario para poder ingresar a la reunión. Cada entrada y salida debe realizarse en bloques.

“Deberá negarse el acceso a la reunión a cualquier persona que no desee ser sometida al filtro de supervisión sanitaria”, detalla.

Además, debe tener un uso adecuado de cubrebocas de tela o desechable, sobre todo en aquellas personas que por sus actividades al interior de la reunión no le permitan mantener la sana distancia en todo momento.

A decir de Alcocer, el uso de cubrebocas es una recomendación que se utiliza para aquellos que tuvieran algún síntoma y pudieran transmitir alguna enfermedad contagiosa como influenza u otra enfermedad respiratoria de la temporada.

Otras recomendaciones son: uso permanente de alcohol gel, sobre todo al intercambiar documentos u herramientas como micrófonos, apuntadores, bolígrafos, etc, cumplir con la etiqueta respiratoria al toser o estornudar.

Alcocer también destacó que desde mediados del año 2020 se tiene implementada la toma de muestra semanal, para búsqueda de virus SARS-CoV-2, al equipo presidencial, incluido el mandatario para identificar de manera oportuna la presencia de personas contagiadas o portadores del virus que pudieran iniciar una cadena de transmisión al interior del grupo.

Las pruebas semanales, dijo, son una decisión personal. Esta actividad se realiza todos los martes en instalaciones de Palacio Nacional, por lo que bastará notificarlos a la Secretaría de Salud para incluirlos en los listados correspondientes, así como estar presentes físicamente el día mencionado para la toma de muestra.

¿Qué procede cuando hay un contacto con un positivo a COVID?

“Lo primero es contactar a la persona con la infección, ratificarse con la prueba y de inmediato hacer un análisis de con quién estuvo en siete días, y hacer un círculo (familiar y laboral), como es aquí, y de otras reuniones que se tienen, aislarse 15 días, y es lo que se ha hecho con Jesús y otros compañeros”, respondió Alcocer.

Arturo Herrera, secretario de Hacienda; Irma Eréndira Sandoval, titular de la Secretaría de la Función Pública; Ricardo Sheffield, titular de la Profeco, y Zoé Robledo, director del IMSS, son algunos funcionarios que han dado positivo a COVID.

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

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Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

Getty Images
Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

Getty Images
Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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