Empleos recuperados en la pandemia son eventuales y mal pagados
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Empleos recuperados en México durante la pandemia son eventuales y mal pagados

41% de los empleos creados en México durante la pandemia son por contrato eventual, y 8 de cada 10 trabajadores perciben salarios bajos.
Cuartoscuro
11 de enero, 2021
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El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha reiterado que por fin se detuvo la destrucción masiva de fuentes de trabajo a causa de la pandemia y que ya se han creado nuevos empleos formales. 

Es “una lucecita que indica que vamos a salir del túnel”, ha dicho el mandatario.

Sin embargo, más del 80% de trabajos recuperados en el último tramo de la pandemia de COVID se ubica en el grupo de salarios bajos, y casi la mitad de nuevos empleos son eventuales, de acuerdo con un cotejo de cifras oficiales elaborado por Animal Político.

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En julio comenzó a haber registros de creación de fuentes de trabajo formal. De ese mes a noviembre -la cifra más recientes disponible en el portal del IMSS- se crearon 555 mil 600 nuevos empleos. 

El 41% de esos puestos de trabajo -230 mil 351- son eventuales, y el restante 59% -325 mil 249- corresponde a empleos permanentes.

Esto significa que, prácticamente, 1 de cada 2 personas que se incorporaron al mercado laboral entre julio y noviembre tienen contratos con los que no generarán antigüedad, lo que perjudicará su jubilación, además de que no recibirían ninguna compensación por el término de la relación laboral. 

Y si bien tienen acceso al seguro social, pierden otros derechos, como el pago de utilidades de las empresas donde laboran o la posibilidad de formar un sindicato para defenderse de abusos laborales.

El hecho de que el 41% de los trabajos creados durante esta pandemia sea por contrato eventual impone un récord. Por ejemplo, entre julio y noviembre de 2019, sólo el 28% de nuevos empleos fueron eventuales, mientras que, en el mismo periodo de 2018, la cifra fue aún menor: 22%.

Héctor de la Cueva, coordinador del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS), señala que hay una “ficción” en el discurso triunfalista de la creación de empleos, porque dichas fuentes de trabajo son precarias, benefician a los patrones y consolidan la inestabilidad laboral.

“Más que generarse empleos, se recuperaron. Pero hay mucho de ficción en eso, porque en realidad no se han recuperado los mejores empleos, es decir, los empleos que gozaban de mayor estabilidad o de mayores condiciones salariales o en prestaciones, no se han recuperado, se ha recuperado alguna parte. (La mayoría) son empleos marcados por la inestabilidad, la precariedad, la falta de contratación colectiva”, afirma en entrevista.

Señala que hay patrones que eluden basificar a sus trabajadores y en cambio les renuevan permanentemente los contratos temporales para abaratar costos. 

“Los empleos que está generando el sector privado, y de alguna manera el sector público, son eventuales, pero no como los de antes, en los que (los trabajadores) tenían la esperanza de ser contratados como permanentes, sino que son permanentemente eventuales”, expone el especialista.

Afirma que, a la larga, estas contrataciones precarias no sólo perjudican la vida de los trabajadores y sus familias, sino que también tienen impactos negativos en la economía interna del país.

“No impulsan a la economía porque no están generándose empleos que puedan tener un efecto económico de crecimiento del consumo interno, del ahorro. Colocan a los trabajadores, a la gente que busca empleo, en una situación de precariedad, de resignación a solamente tener un ingreso, independientemente de cualquier expectativa de jubilación o de pensión digna”, indica.

Lee más: Desempleo, menos ingresos, deudas: así afectó la COVID en el bolsillo de los mexicanos

Mal pagados

Ocho de cada 10 trabajadores incorporados al mercado laboral entre julio y noviembre percibe un sueldo bajo.

El 83% de las fuentes de trabajo recuperadas en ese periodo, equivalente a 461 mil 570 empleos, paga a los trabajadores de una a seis UMAS como salario diario.

Para ilustrar, el valor de la UMA vigente en 2020 fue de 86.88 pesos. Un trabajador que percibe el salario diario de una UMA gana al mes 2 mil 606 pesos. Por seis UMAS son 15 mil 638 pesos mensuales. Menos impuestos. 

En el grupo de los sueldos bajos, el rango de quienes ganan un salario diario de tres UMAS es el más numeroso: 156 mil 544 trabajadores, el 28% del total, tienen un ingreso mensual de 7 mil 819 pesos, menos impuestos.

Les sigue el rango de quienes perciben cuatro UMAS diarias: 136 mil 906 personas, el 25% del total, ganan 10 mil 425 pesos mensuales, menos impuestos.

En contraste, son drásticamente menos los nuevos empleos ubicados en los grupos salariales mejor pagados.

Por ejemplo, entre julio y noviembre se crearon 57 mil 662 puestos de trabajo que perciben entre siete y 12 UMAS diarias (10% del total de empleos). En este grupo, los trabajadores ganan de 18 mil 244 a 31 mil 276 pesos mensuales.

En el rango de 13 a 19 UMAS se crearon 15 mil 044 empleos (3% del total). Se trata de sueldos que van de los 33 mil 883 a los 49 mil 521 pesos al mes.

Por último, en el rango salarial más alto, de 20 a 25 UMAS, se crearon 18 mil 612 puestos de trabajo (3%). A estos trabajadores se les paga de 52 mil 128 a 65 mil 160 pesos mensuales.

Para Héctor de la Cueva, es alarmante la creciente base laboral ubicada en el rango de los salarios bajos, debido a que contribuyen a la vulnerabilidad del total de los trabajadores y los ponen a merced de abusos patronales.

“Esto se traduce en debilidad incluso para los que tienen un mejor trabajo, porque, evidentemente, entre más trabajadores desempleados, subempleados, precarios o inestables hay, más es la presión para que los trabajadores que tienen un empleo acepten peores condiciones de trabajo. ¿Cómo pueden pelear mejores condiciones de trabajo, si hay millones de trabajadores que están buscando un empleo? Repercute en la precarización del conjunto del trabajo en México”, afirmó el coordinador del CILAS.

Agregó que el hecho de que sea tan menor la proporción de trabajadores ubicados en el rango de los mejores salarios es también un síntoma de que no se han aumentado de manera sustantiva los salarios profesionales, un problema que afecta principalmente a los trabajadores jóvenes.

Los jóvenes están condenados a tener empleos precarios. Ya de por sí estaban condenados a estar de chambita en chambita, empleos precarios e inestables, sin la esperanza, como sus papás o sus abuelos, de efectivamente generar antigüedad y algún día poder jubilarse. La mayoría de la juventud conoce sólo el empleo precario e inestable; es una condena terrible para los jóvenes, no sólo para los jóvenes sin preparación, sino que una gran cantidad de jóvenes con estudios andan en estas chambitas. El chambismo, las chambitas inestables, se han estado convirtiendo en la norma”, refirió el especialista.

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Cómo se formará el próximo supercontinente en la Tierra

Lejos de estar fijos, los continentes no han estado organizados tal como los vemos hoy día en el pasado. ¿Es posible saber dónde estarán ubicados dentro de millones de años?
9 de abril, 2022
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Hace casi 500 años, el cartógrafo flamenco Geradus Mercator produjo uno de los mapas más importantes del mundo.

Ciertamente no fue el primer intento de crear un atlas mundial, y tampoco fue particularmente preciso: Australia está ausente y las Américas están dibujadas de forma aproximada.

Desde entonces, los cartógrafos han producido versiones cada vez más precisas de esta configuración continental, corrigiendo los errores de Mercator, así como los sesgos entre hemisferios y latitudes creados por su proyección.

Pero el mapa de Mercator, junto con otros producidos por sus contemporáneos del siglo XVI, reveló una imagen verdaderamente global de las masas terrestres de nuestro planeta, una perspectiva que, desde entonces, ha persistido en la mente de la gente.

Lo que Mercator no sabía es que los continentes no siempre han estado posicionados de esta manera. Él vivió alrededor de 400 años antes de que se confirmara la teoría de la tectónica de placas.

Al mirar las posiciones de los siete continentes en un mapa, es fácil suponer que están fijos. Durante siglos, los seres humanos han librado guerras y hecho la paz por conquistar estos territorios, bajo el supuesto de que su tierra, y la de sus vecinos, siempre ha estado allí y siempre lo estará.

Sin embargo, desde la perspectiva de la Tierra, los continentes son hojas a la deriva en medio de un estanque. Y las preocupaciones humanas son una gota de lluvia en la superficie de la hoja.

Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea. Y antes de eso, hay evidencia de otros que se remontan a más de tres mil millones de años: Pannotia, Rodinia, Columbia/Nuna, Kenorland y Ur.

Ilustración de la Tierra durante el Jurásico temprano

Getty Images
Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea.

Los geólogos saben que los supercontinentes se dispersan y ensamblan en ciclos: ahora estamos en la mitad de uno.

Entonces, ¿qué tipo de supercontinente podría existir en el futuro en la Tierra? ¿Cómo se reorganizarán las masas de tierra tal como las conocemos a muy largo plazo?

Un terremoto inusual

Resulta que hay al menos cuatro trayectorias diferentes que podrían seguir. Y muestran que los seres vivos de la Tierra algún día residirán en un planeta muy diferente, más parecido a un mundo alienígena.

Para el geólogo Joao Duarte de la Universidad de Lisboa, el camino para explorar los futuros supercontinentes de la Tierra comenzó con un evento inusual en el pasado: un terremoto que sacudió Portugal un sábado por la mañana en noviembre de 1755.

Fue uno de los terremotos más poderosos de los últimos 250 años, que dejó un saldo de 60.000 muertos y provocó un tsunami a través del océano Atlántico. Lo que lo hizo particularmente raro fue su ubicación.

“No debería haber grandes terremotos en el Atlántico”, dice Duarte. “Fue extraño”.

Ilustracion del terremoto de Lisboa

Getty Images
Ilustracion del terremoto de Lisboa de 1755.

Los terremotos de esta escala generalmente ocurren en o cerca de las principales zonas de subducción, donde las placas oceánicas se sumergen debajo de los continentes y se derriten y consumen en el manto caliente.

Involucran colisión y destrucción. El terremoto de 1755, sin embargo, ocurrió a lo largo de un límite “pasivo”, donde la placa oceánica que subyace al Atlántico se transforma suavemente en los continentes de Europa y África.

Proyecciones

En 2016, Duarte y sus colegas propusieron una teoría de lo que podría estar pasando: los puntos de sutura entre estas placas podrían estar deshaciéndose y podría estar avecinándose una ruptura importante.

“Podría ser una especie de mecanismo infeccioso”, explica. O como el vidrio que se astilla entre dos pequeños agujeros en el parabrisas de un automóvil.

Si es así, una zona de subducción podría estar a punto de extenderse desde el Mediterráneo a lo largo de África occidental y tal vez más allá de Irlanda y Reino Unido, generando volcanes, formación de montañas y terremotos en estas regiones.

Duarte se dio cuenta de que, si esto sucede, podría provocar el cierre del Atlántico. Y si el Pacífico continuara cerrándose también, lo que ya está ocurriendo a lo largo del “Anillo de Fuego” que lo rodea, eventualmente se formaría un nuevo supercontinente. Lo llamó Aurica, porque las antiguas masas de tierra de Australia y las Américas se ubicarían en su centro.

Se vería así:

Aurica

Davies et al
Aurica, el supercontinente que podría formarse si el Atlántico y el Pacífico se cerraran (Credit: Davies et al).

Luego de que Duarte publicara su propuesta para Aurica, se preguntó por otros escenarios futuros. Después de todo, la suya no era la única trayectoria supercontinental que habían propuesto los geólogos.

Entonces, comenzó a conversar con el oceanógrafo Matthias Green, de la Universidad de Bangor, en Gales. La pareja se dio cuenta de que necesitaban a alguien con habilidades computacionales para crear modelos digitales.

“Esa persona tenía que ser alguien un poco especial, a quien no le importara estudiar algo que nunca sucedería en escalas de tiempo humanas”, explica.

Esa resultó ser su colega Hannah Davies, otra geóloga de la Universidad de Lisboa. “Mi trabajo consistía en convertir dibujos e ilustraciones de geólogos anteriores en algo cuantitativo, georreferenciado y en formato digitalizado”, explica Davies. La idea era crear modelos que otros científicos pudieran desarrollar y perfeccionar.

Pero no fue sencillo. “Lo que nos ponía nerviosos es que se trata de un tema increíblemente nuevo. No es lo mismo que un artículo científico normal”, dice Davies. “Queríamos decir: ‘Está bien, entendemos mucho sobre la tectónica de placas después de 40 o 50 años. Y entendemos mucho sobre la dinámica del manto y todos los demás componentes del sistema. ¿Hasta dónde podemos llevar ese conocimiento al futuro?'”.

Esto llevó a cuatro escenarios. Además de modelar una imagen más detallada de Aurica, exploraron otras tres posibilidades, cada una de las cuales se proyecta hacia el futuro en aproximadamente entre 200 y 250 millones de años a partir de ahora.

El primero fue lo que podría pasar si continúa el statu quo: el Atlántico permanece abierto y el Pacífico se cierra. En este escenario, el supercontinente que se forma se llamará Novopangea. “Es el más simple y el más plausible según lo que entendemos ahora”, dice Davies.

Novopangaea

Davies et al
Novopangea se formará si la actividad tectónica conocida hoy continúa sin sorpresas (Crédito: Davies et al).

Sin embargo, también podría haber eventos geológicos en el futuro que conduzcan a situaciones diferentes.

Un ejemplo es un proceso llamado “ortoversión” donde el océano Ártico se cierra y el Atlántico y el Pacífico permanecen abiertos. Esto cambia las orientaciones dominantes de la expansión tectónica, y los continentes se desplazan hacia el norte, todos dispuestos alrededor del Polo Norte, excepto la Antártida.

En este escenario, se forma un supercontinente llamado Amasia:

Amasia

Crédito: Davies et al).
Si se forma Amasia, será porque los continentes se desplazaron hacia el norte (Crédito: Davies et al).

Finalmente, también es posible que la expansión del lecho marino en el Atlántico pueda disminuir. En el medio del océano, hay una cresta gigante que divide dos placas y atraviesa Islandia hasta el océano Antártico.

Aquí, se está formando nueva litosfera, que es como una cinta transportadora. Si esta expansión se ralentizara o se detuviera, y si se formara un nuevo límite de placa en subducción a lo largo de la costa este de las Américas, se obtendría un supercontinente llamado Pangea Ultima, que parece un enorme atolón:

Pangea Ultima

Crédito: Davies et al
Pangea Ultima se vería rodeado por un gran océano, pero tiene un mar central dentro (Crédito: Davies et al).

Estos cuatro modelos digitales ahora significan que los geólogos tienen una base para probar otras teorías. Por ejemplo, los escenarios podrían ayudar a los científicos a comprender los efectos de diferentes arreglos supercontinentales en las mareas, así como el clima del futuro profundo: ¿cómo sería el clima en un mundo con un océano enorme y una masa terrestre gigante?

Para modelar el clima de un supercontinente, “no se pueden usar los modelos del IPCC , y punto, porque no están diseñados para eso”, dice Duarte. “No puedes cambiar las variables que necesitas cambiar”.

Exoplanetas

Los modelos de los futuros supercontinentes de la Tierra también pueden servir como indicador para comprender el clima de los exoplanetas. “La futura Tierra es completamente ajena”, explica Davies. “Si estuvieras en órbita sobre Aurica, o Novopangea, probablemente no lo reconocerías como la Tierra, sino como otro planeta con colores similares”.

Esta idea llevó al trío a colaborar con Michael Way, físico del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Él y sus colegas buscan estudiar climas en mundos alienígenas modelando las variaciones del nuestro a lo largo del tiempo.

“Solo tenemos tantos ejemplos de cómo puede verse un clima templado. Bueno, tenemos un ejemplo para ser honesto: la Tierra, pero tenemos la Tierra a través del tiempo”, dice Way. “Tenemos los escenarios del pasado, pero al movernos hacia el futuro y usar estos maravillosos modelos tectónicos para el futuro, esto nos brinda otro conjunto para agregar a nuestra colección”.

Necesitas tales modelos porque puede ser difícil saber qué buscar al analizar exoplanetas potencialmente habitables desde lejos.

Planeta

Getty Images
¿Qué tipo de configuración continental podrían tener los mundos extraterrestres rocosos?

Lo ideal sería saber si un planeta tiene un ciclo de supercontinente, porque la presencia de vida y la tectónica de placas activas podrían estar entrelazadas. El posicionamiento continental también podría afectar la probabilidad de agua líquida.

A través de los telescopios, no se pueden ver los continentes y la composición atmosférica solo se puede inferir. Entonces, los modelos de variaciones climáticas podrían revelar alguna señal indirecta que los astrónomos podrían detectar.

Variaciones

El modelo de Way de los climas del supercontinente -que se demoró meses usando una supercomputadora- reveló algunas variaciones sorprendentes entre los cuatro escenarios.

Amasia, por ejemplo, conduciría a un planeta mucho más frío que el resto. Con la tierra concentrada alrededor del Polo Norte y los océanos menos propensos a llevar corrientes cálidas a latitudes más frías, se acumularían capas de hielo.

Aurica, por el contrario, sería más suave, con un núcleo seco pero con costas similares a las de Brasil hoy día, con más agua líquida.

Paisaje verde

Getty Images
Un planeta con una configuración continental diferente, tendría otro clima.

Es útil saber todo esto, porque si un exoplaneta similar a la Tierra tiene placas tectónicas, no sabremos en qué etapa del ciclo del supercontinente se encuentra actualmente y, por lo tanto, necesitaremos saber qué buscar para inferir su habitabilidad.

No debemos suponer que las masas terrestres se dispersarán, a mitad de ciclo, como la nuestra.

En cuanto al futuro de nuestro propio planeta, Davies reconoce que los cuatro escenarios de supercontinentes que han modelado son especulativos, y puede haber sorpresas geológicas imprevistas que cambien el resultado.

“Si tuviera una Tardis para ir a ver, no me sorprendería que, en 250 millones de años, el supercontinente no se pareciera en nada a ninguno de estos escenarios. Hay tantos factores involucrados”, dice.

Sin embargo, lo que se puede decir con certeza es que las masas de tierra que damos por sentadas algún día se reorganizarán en una configuración completamente nueva.

Los países que alguna vez estuvieron aislados unos de otros serán vecinos cercanos. Y si la Tierra aún alberga seres inteligentes, podrán viajar entre las antiguas ruinas de Nueva York, Pekín, Sídney y Londres sin ver un océano.

Este artículo se publicó en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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