Pandemia disparó hasta 40% muertes por infartos, diabetes y neumonía
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Pandemia disparó hasta 40% las muertes por infartos, diabetes y neumonía, confirma Inegi

Entre enero y agosto de 2020 las otras enfermedades distintas al COVID dejaron 76 mil muertos más de lo que estaba pronosticado. Casos mal diagnosticados o fallas en atención, entre las hipótesis.
Cuartoscuro
28 de enero, 2021
Comparte

La pandemia sanitaria elevó la muerte de personas en México no solo por COVID-19, sino también por otros padecimientos. Entre enero y agosto de 2020 se dispararon hasta 40% los decesos por enfermedades como diabetes, cánceres, neumonía y problemas del corazón, confirmó Inegi.

Un análisis preliminar de los certificados de defunción expedidos en los primeros ocho meses de 2020 y publicado este jueves por el instituto, revela que en ese lapso murieron 184 mil 917 personas más de lo que se esperaba. De ellos solo 108 mil 658 fueron por COVID-19, mientras que los 76 mil 259 restantes corresponden a muertes en exceso relacionadas con otro tipo de padecimientos.

Te puede interesar: El impacto de la pandemia por COVID-19: un sistema de salud rebasado ante cualquier otra enfermedad

Casi la mitad de las muertes extra no COVID son fallecimientos por problemas del corazón, la primera causa de muerte en México. De acuerdo con Inegi, la cifra esperada de fallecimientos por esta enfermedad entre enero y agosto era de 100 mil 624 casos, pero en realidad se registraron 139 mil 436 fallecimientos.

Se trata de 38 mil 812 muertes más por encima de lo esperado, equivalentes a un exceso de mortalidad del 38.6%. Para ponerlo en proporción, la tasa de defunciones por afecciones al corazón pasó de 8.2 muertes por cada 10 mil habitantes de enero a agosto de 2019, a 11.1 muertes en el mismo periodo de 2020.

Los decesos catalogados como influenza/neumonía crecieron en un porcentaje aún mayor. Los casos de enero a agosto pasaron de 20 mil 297 que se esperaban a 29 mil 228 muertes registradas, un disparo del 44% que representa 8 mil 931 muertes arriba del promedio. La tasa creció de 1.7 a 2.3 muertes por cada 10 mil personas.

Las muertes por diabetes mellitus, la segunda mayor causa de mortalidad en el país, se ubicaron en 98 mil 220 casos en enero a agosto, que son 25 mil 782 por encima de las que se esperaban originalmente. El crecimiento en la mortalidad de esta enfermedad fue de 35.6%.

Para ponerlo en dimensión. Entre 2012 y 2019 la tasa de muertes por diabetes fluctuó entre los 5.2 y 5.5 casos ocurridos por cada 10 mil habitantes en México, pero en 2020 dicha tasa se ha disparado hasta los 7.8 decesos.

En el caso de los “tumores malignos”, como se clasifican a los cánceres, la cifra se elevó de 57 mil 863 casos esperados en los primeros ocho meses de 2020 a 59 mil 346 que se registraron realmente. Ello equivale a 1 mil 483 muertes por cáncer arriba de lo esperado, un crecimiento del 2.6%.

En menor proporción, pero también con un exceso de mortalidad, están los decesos por padecimientos cerebrovasculares, donde se ubican las embolias entre otros padecimientos. Se esperaban 24 mil 247 decesos por esta causa, pero ocurrieron 24 mil 437, que es un exceso de mortalidad del 0.8%.

En donde no se registraron mayores cambios – al menos hasta agosto pasado – es en los padecimientos relacionados con enfermedades del hígado. La cifra registrada fue de 27 mil 382 decesos, que son solo tres casos por encima de lo que se esperaba.

¿Por qué suben las otras enfermedades?

De acuerdo con especialistas del Inegi, establecer las razones precisas por las cuales se han incrementado los decesos de otras enfermedades que no son COVID requiere de un estudio técnico y científico de parte de las autoridades de salud. No obstante, el instituto plantea dos hipótesis.

Por un lado, se advierte que podría haber casos que fueron reportados como infartos o diabetes, pero donde pudo existir COVID que no fue diagnosticado. Esta hipótesis se refuerza por el hecho de que, según Inegi, el 58% de las muertes ocurren en casa, y no en un hospital donde hay un seguimiento más preciso.

La segunda hipótesis es que hubo fallas o descuidos en la atención médica que propiciaron un alza en los decesos. Lo anterior como resultado de haber priorizado en el sector salud los recursos materiales y humanos para atender solo COVID, en detrimento de otros padecimientos.

En septiembre Animal Político publicó que al cierre del primer semestre de 2020,  un millón y medio de personas se quedaron sin la posibilidad de ser hospitalizados o recibir atención de urgencias por otros padecimientos tan solo en hospitales del sector público.  

Ello sumado a que, en el mismo periodo, la detección de enfermedades como diabetes, cánceres y obesidad se había desplomado hasta 50%.

Autoridades sanitarias de Ciudad de México, Oaxaca, Guerrero entre otros, confirmaron que los datos eran correctos y existía una caída en la atención de diversos padecimientos, aunque sostuvieron que los padecimientos más graves o urgentes continuaron siendo atendidos.

Pero los funcionarios consultados para esos reportajes también advirtieron que muchas personas decidieron por cuenta propia no acudir a un hospital, ya sea por temor a contagiarse o para no trasladarse a otro mas lejano si el suyo estaba reconvertido. Es una situación que también genera pérdida de atención hospitalaria.

Lee más: “El COVID no es una pandemia”: científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

En cambio: muertes accidentales caen 20%

A diferencia de lo ocurrido con las enfermedades mencionadas, la pandemia sanitaria provocó un descenso en una de las principales causas de mortalidad en el país: los decesos por hechos accidentales.

De acuerdo con el informe de Inegi, en los primeros ocho meses de este año se esperaban 25 mil 736 muertes accidentales, sin embargo, solo se registraron 20 mil 611. Se trata de 5 mil 125 casos menos que equivalen a una reducción en la mortalidad de casi el 20%.

En Inegi consideraron que esto obedece a la desmovilización que en distintos momentos se ha registrado en el país como parte del confinamiento sanitario. Por ejemplo, una parte importante de los accidentes son vehiculares, pero en 2020 jse redujeron este tipo de viajes por suspensión de clases presenciales y la priorización del trabajo en casa.

Del análisis de los certificados de defunción también se detectó una disminución en los decesos causados por homicidio (agresiones intencionales) que es la octava causa de muerte general en el país. En este caso se esperaban 23 mil 729 defunciones, pero ocurrieron 22 mil 182, un 6.5% por debajo de lo calculado. En este caso no existe claridad de si dicha reducción obedece a la pandemia o si es resultado de las dinámicas criminales. Sobre todo porque de acuerdo con los datos de las fiscalías del país, el 2020 cerró casi con la misma cifra de víctimas de homicidio registradas en 2019.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

La carrera contrarreloj de Alemania por llevar ante la justicia a los últimos criminales nazis

La justicia alemana intenta ajustar cuentas con los últimos responsables vivos del Holocausto, todos ellos mayores de 90 años de edad.
Por BBC
14 de febrero, 2021
Comparte

Tienen más de 90 años de edad y el dudoso honor de ser considerados como los últimos criminales nazis en enfrentar la justicia.

No formaron parte del alto mando militar de Adolf Hitler, ni comandaron algún escuadrón de las SS. Eran guardias de seguridad, secretarias o empleados administrativos que trabajaron en los campos de exterminio del Tercer Reich y ahora, más de 75 años después del final de la II Guerra Mundial, finalmente están enfrentando a la justicia.

El martes pasado, fiscales en Alemania acusaron a un hombre de 100 años de edad por ayudar en el asesinato de 3.518 personas que fallecieron mientras él trabajaba como guardia de la SS en el campo de concentración de Sachsenhausen, ubicado a unos 35 kilómetros de Berlín.

La semana anterior, una mujer de 94 años de edad que trabajó como secretaria en el campo de concentración de Stutthof (Polonia) fue imputada como cómplice en 10.000 casos de asesinato e intento de asesinato por su trabajo en apoyo a las atrocidades que se cometieron allí.

Aunque ahora es nonagenaria, dado que era menor de 21 años cuando ocurrieron esos hechos, es probable que esta mujer termine siendo juzgada ante una corte juvenil.

Entrada del campo de exterminio de Auschwitz.

Getty Images
Las investigaciones recientes han logrado imputar a varios exfuncionarios del campo de exterminio de Auschwitz.

Sus casos forman parte de un pequeño grupo de empleados de bajo nivel del régimen nazi que en los últimos años han estado siendo investigados por las autoridades alemanas en un último esfuerzo por ajustar las cuentas pendientes con el pasado nazi: una carrera contrarreloj pues cada vez quedan menos sobrevivientes de aquella época.

Persiguiendo los crímenes del Tercer Reich

Pero, ¿por qué se está investigando ahora a exfuncionarios que ni siquiera tenían puestos de mando durante el Holocausto?

Las indagaciones sobre las atrocidades cometidas por el Tercer Reich comenzaron formalmente en 1943, cuando se creó una comisión internacional para investigar los delitos cometidos por las potencias del Eje. Su trabajo llegó a la imputación de 36.000 funcionarios alemanes y japoneses, de los cuales al menos 10.000 fueron condenados en juicios realizados hasta 1948.

Imagen de los juicios de Nuremberg.

Getty Images
Muchos de los principales líderes nazis fueron condenados en los juicios de Nuremberg.

Al mismo tiempo, entre 1945 y 1949, los tribunales en la zona de Alemania occidental dictaron unas 4.600 condenas por crímenes del nazismo.

Sin embargo, tras el establecimiento de la República Federal Alemana (RFA) en 1949, decayó el interés de seguir persiguiendo los crímenes nazis y, de hecho, se dictaron numerosas amnistías e incluso se aprobó una legislación que permitió que antiguos soldados nazis accedieran a cobrar pensiones.

“Durante la década de 1950, en Alemania occidental no había mucho deseo de perseguir los crímenes nazis, lo que resultó en un verdadero escándalo en el resto del mundo. Alemania oriental, en particular, impulsó una campaña de propaganda que destacaba cómo había antiguos líderes nazis en posiciones destacadas tanto en el sector privado como en el sector público. Eso fue verdaderamente embarazoso para el gobierno de la RFA”, explica Devin Pendas, profesor del Boston College especializado en la historia de los juicios contra los nazis tras la II Guerra Mundial.

La respuesta de la RFA fue la creación en 1958 de la Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo, que es la instancia que hasta ahora se sigue encargando de indagar sobre estos temas.

Ficha de Adolf Hitler en la la Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo.

Getty Images
La Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo tiene un archivo con más de 1,7 millones de fichas de personas y eventos relacionados con los crímenes del Tercer Reich.

Algunos expertos han señalado que esta agencia gubernamental hizo un muy buen trabajo durante las décadas siguientes, mientras otros destacan que había mucha resistencia de parte de las autoridades judiciales alemanas ante estas investigaciones, Pendas cree que estos dos hechos coexistieron.

“Claramente, muchos jueces y fiscales estaban renuentes en las décadas de 1950, 1960 y 1970 de procesar con fuerza los crímenes nazi, en parte, porque muchos de ellos habían estado trabajando en el Poder Judicial durante el Tercer Reich pero también porque no querían lavar ante el mundo los paños sucios de su país”, dice Pendas a BBC Mundo.

“Pero también es cierto que la Oficina Central y muchos fiscales y jueces individuales se tomaron esto muy en serio, sacando a la luz mucha evidencia y prestando un gran servicio al llevar ante las justicia muchas de estas atrocidades”, agrega.

El trabajo de la Oficina Central se vio limitado además por varias cuestiones legales como el hecho de que las leyes alemanas no contenían disposiciones específicas para procesar crímenes de guerra y por las normas vigentes entonces sobre prescripción de los delitos, que dificultaban que muchos de los casos pudieran ser llevados a juicio después de 1960.

Una fila de mujeres prisioneras en el campo de concentración nazi de Auschwitz.

Getty Images
Se estima que más de un millón de personas, la mayoría judíos europeos, murieron en el campo de Auschwitz.

Esta dependencia gubernamental sufrió además un fuerte revés cuando, en 1969, la Corte Suprema revocó la condena de un antiguo miembro de las SS que trabajó como dentista en el campo de Auschwitz (Polonia) con el argumento de que trabajar en un campo de exterminio no era un crimen en sí mismo.

Como resultado de ese dictamen, la Oficina Central debió abandonar una investigación sobre la Oficina Central de Seguridad del Reich, una dependencia del ministerio de Interior controlada por las SS que era la principal responsable para ejecutar la política de asesinatos masivos de Hitler.

A estas limitaciones hay que sumar el hecho de que la Oficina Central es una entidad pequeña, dotada de poco personal y solamente tiene la potestad para investigar los casos, pues una vez que encuentra evidencias de posibles hechos punibles debe pasar los expedientes a los fiscales que son los responsables finales de llevar a juicio a los presuntos criminales.

El impulso del 11 de septiembre

Todas estas restricciones redujeron la capacidad de acción de la Oficina Central durante muchos años.

Pero las cosas cambiaron a partir de 2007, cuando un tribunal alemán condenó a 15 años de cárcel al marroquí Mounir el Motassadeq por haberle transferido dinero a Marwan al Shehhi, el presunto responsable de estrellar el vuelo 175 de United Airlines en contra de la torre sur del World Trade Center en Nueva York, según la Comisión que investigó los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Mounir el Motassadeq

Getty Images
Mounir el Motassadeq fue condenado a prisi[on por haber enviado dinero a uno de los atacantes del 11-S.

Este precedente impulsó al entonces fiscal de la Oficina Central Thomas Walther a buscar el enjuiciamiento de guardias y otros funcionarios de los campos de concentración, aunque no hubieran participado directamente de estos crímenes.

Siguiendo esta argumentación se logró que en 2011 un tribunal alemán condenara a John Demjanjuk, un antiguo guardia del campo de exterminio de Sobibor (Polonia), por colaborar con el asesinato de las 28.000 personas que fueron muertas allí.

“Se volvió más fácil conseguir una condena. Hasta entonces tenías que demostrar que alguien había estado involucrado directamente en una muerte. En este caso, la Fiscalía argumentó que -y el tribunal estuvo de acuerdo- que dado que estos campos eran centros de exterminio, cualquiera que hubiera pertenecido al personal nazi que estaba allí contribuyó con esas muertes. Ya no tenías que demostrar que un guardia mató a alguien en ese campo, basta con demostrar que había sido un guardia que trabajó allí”, explica Pendas.

Justicia e historia

La condena de Demjanjuk le dio un nuevo impulso al trabajo de la Oficina Central, que durante la última década ha remitido a los fiscales más de 200 casos para su imputación.

Thomas Walther

Getty Images
El abogado Thomas Walther impulsó el enjuiciamiento de exfuncionarios de bajo nivel que trabajaron en los campos de concentración nazis.

No se trata de una cifra menor cuando se considera que esta agencia gubernamental solamente cuenta con un puñado de investigadores, que para armar los casos tienen que buscar información en distintas partes del mundo y que, por su avanzada edad, muchas veces los presuntos criminales mueren antes de que el expediente esté concluido.

Sin embargo, hasta ahora, solamente se han producido un puñado de condenas, incluyendo la de Oskar Groening, un exmiembro de las SS conocido como el “contador de Auschwitz”, pues trabajó en las oficinas de este campo de exterminio y, entre otras cosas, se encargaba de contar el dinero robado a las víctimas.

En 2015, Groening, quien entonces tenía 94 años de edad, fue sentenciado en 2015 a cuatro años en prisión por haber facilitado el asesinato de 300.000 prisioneros. Sin embargo, falleció en 2018 sin haber ingresado en prisión a la espera del resultado de sus apelaciones.

Oskar Groening

Getty Images
Oskar Groening, el llamado “contador de Auschwitz” falleció sin pagar su condena.

Reinhold Hanning fue condenado en 2016 -a los 95 años de edad- por cooperar con la muerte de 170.000 personas en Auschwitz, donde trabajó como guardia de las SS. Aunque durante el juicio dijo estar avergonzado por haber presenciado las muertes sin hacer nada para evitarlas, negó ser culpable de las mismas y apeló la sentencia. Murió al año siguiente sin haber ido a la cárcel.

En 2020, una corte de Hamburgo sentenció a Bruno Dey, un exguardia del campo de concentración de Stutthof, por haber colaborado con el asesinato de las 5.230 personas fallecidas en ese centro mientras él trabajó allí.

Sin embargo, como él era adolescente cuando ocurrieron los hechos fue procesado por un tribunal juvenil y fue recibió una sentencia suspendida de dos años de cárcel.

Bruno Dey.

Getty Images
Bruno Dey intentó ocultar su rostro usando carpetas en las audiencias del juicio en el que fue condenado por colaborar en el asesinato de 5.230 personas.

Aunque han tenido mucha visibilidad, el hecho de que se trate de juicios contra exfuncionarios de bajo rango que ahora están tan mayores y que, hasta ahora, no han cumplido sus sentencias de forma efectiva ha llevado a algunos críticos a cuestionar si tiene sentido seguir con estos procesos.

“Creo que no hay ninguna razón para que una persona tenga inmunidad ante la justicia criminal debido a que era un funcionario de bajo rango”, dice Todd Buchwald, exembajador y coordinador especial de Justicia Criminal Global de Estados Unidos, a BBC Mundo.

Indica que estos juicios tienen muchos objetivos incluyendo llevar a la justicia a algunos de los responsables de las terribles atrocidades que se cometieron, crear un registro histórico de lo que ocurrió y fortalecer el mensaje disuasorio para todos aquellos funcionarios de bajo nivel que en el futuro se encuentren en una situación en la que se vean tentados a pensar que por su bajo rango no pagarán por estos crímenes.

“No está bien ayudar a perpetuar semejantes atrocidades, así que conviene reforzar el mensaje disuasorio de cara al futuro”, señala Buchwald.

“Los crímenes que se cometieron en Alemania fueron tan devastadores que entiendo bien el esfuerzo por intentar llevar ante la justicia a quienes tuvieron responsabilidad en lo ocurrido”, concluye.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.