Participación económica de mujeres creció más de 15 puntos en 10 años
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#SemáforoEconómico: Participación económica de mujeres creció más de 15 puntos en 10 años

La tasa de crecimiento de la población mexicana ha disminuido en los últimos años, en el 2000 dicha tasa fue de 1.9% anual y en 2010 de 1.4%.
Cuartoscuro
28 de enero, 2021
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Durante 2020 se revisó a la baja en más de una ocasión las perspectivas económicas para México de bancos y otras organizaciones, donde las estimaciones para la economía registraron contracciones de hasta dos dígitos.  Esto como consecuencia del paro repentino en la actividad económica mundial, que ocasionó que se frenaran las cadenas de producción, se perdieran millones de puestos de trabajo y millones de familias perdieron su fuente de ingresos.

En el peor momento de la crisis sanitaria (segundo a tercer trimestre de 2020) el Banco de México estimó una posible caída de tipo U profunda de hasta -12.8% anual en su segundo informe trimestral, por otro lado, los consultados por Citibanamex en su encuesta de expectativas pronosticaron en promedio una tasa anual para el crecimiento económico de México de -9.9% en 2020 y los especialistas en economía del sector privado encuestados por Banxico en el séptimo mes del año anterior, estimaron una contracción anual de  -10.02%.

Pero, estas estimaciones para nuestro país en 2020, ¿a quiénes afectarían?, ¿cuántos mexicanos y mexicanas en total son los que se verían impactados por estos pronósticos para la economía nacional? Recientemente el Inegi publicó su Censo de Población y Vivienda 2020, el cual presenta el panorama de la composición de la población en México en 2020, que abarca desde la densidad demográfica tanto a nivel estatal como municipal, como la distribución de ésta por género, edad y participación laboral, entre otras.

De acuerdo con el censo, la población total en México 2020 sumó los 126 millones 14 mil 24 habitantes, de los cuales poco más de la mitad fueron mujeres (51.2%) y el resto hombres (48.8%).

El nivel poblacional en México es el undécimo a nivel mundial, el cual se compara con la población total que tienen países como Japón o Etiopía. La tasa de crecimiento demográfico en la República Mexicana en 2020 fue de 1.2% anual respecto al Censo de Población y Vivienda 2010, esto es, en 10 años la población total se incrementó en casi 14 millones de personas y en 20 años en casi 30 millones.

Sin embargo, la tasa de crecimiento de la población mexicana ha disminuido en los últimos años, en el 2000 dicha tasa fue de 1.9% anual y en 2010 de 1.4%.

El crecimiento demográfico se dio a lo largo de todo el país ya que, Quintana Roo, Querétaro y Baja California Sur fueron los tres estados en registrar las mayores tasas de crecimiento de la población en 2020, hecho que indica que, tanto en el norte como en el centro como en el sur del país, aumentó el número de personas.

Además, el Censo de Población 2020 refleja que la población de México está enfilada hacia la pérdida de su bono demográfico: en el 2000 la edad promedio en el país era de 22 años, en el 2010 se incrementó a los 26 años y en 2020 la mayoría de los habitantes se acercaron a los 30 años. De este modo, la mayor parte de la población mexicana se encuentra en el rango de edad de 30 a 59 años, pues casi el 40% de la población total pertenece a este grupo de edad, porcentaje mayor a lo observado en los censos anteriores (34.8% en 2010 y 30% en el 2000).

En particular, Chiapas es la entidad con la población más joven, donde la edad mediana se ubica en los 24 años, mientras que la CDMX cuenta con la población más vieja en promedio, con 35 años.

Un aspecto por resaltar de la información que brinda el Censo de Población y Vivienda 2020 es la disminución en el nivel de analfabetismo (población de 15 años y más que no saben leer ni escribir) en el país: en el 2000 la tasa de analfabetismo se ubicó en 9.5%, posteriormente cayó a 6.9% en el 2010 y en el 2020 dicha tasa se ubicó en 4.7%.

Además, el promedio de escolaridad aumentó en 20 años; en el 2020 el grado promedio de escolaridad nacional fue de 9.7 años, en particular, para hombres fue de 9.8 años y para mujeres de 9.6 años. Esto refleja que, si bien se ha cerrado la brecha de género en el grado de escolaridad, ésta persiste.

En lo que a la participación económica se refiere, las mujeres ganaron terreno en México. En 10 años, la tasa de participación económica para mujeres creció 15.7 puntos, para ubicarse en 49% en 2020 (datos previos al cierre del año 2020).

En el caso de los hombres, dicha tasa también aumentó, pero en menor medida, ésta pasó de 73.4% en 2010 a 75.8% en 2020. A nivel agregado también se ha vislumbrado un aumento sostenido en la participación económica, en 2020 se ubicó en 62%, en 2010 se encontraba en 52.6% y en el 2000 en 49.3%.

No obstante, este aumento en la participación de la población en el mercado laboral debe venir acompañado de un crecimiento sostenido en las oportunidades que éste puede ofrecer y no solamente como consecuencia del envejecimiento de la población.

En específico, el censo más reciente del Inegi reveló que el 51% de la población afiliada a alguna institución de salud, pertenece al IMSS y durante 2020 -en el contexto de la pandemia- solamente del registro del IMSS se eliminaron 647 mil 710 puestos de trabajo. Esta disminución, ocasionó que el #SemáforoEconómico de generación de puestos de trabajo formales de la organización México, ¿cómo vamos? se encontrara en rojo al cierre del año pasado.

En particular 11 de los 12 meses del año pasado se encontraron en rojo, lo anterior significó que no se crearon los puestos de trabajo necesarios mes con mes del registro del IMSS para incorporar a todos los jóvenes que periódicamente ingresan a la Población Económicamente Activa.

Lo anterior es explicado por la crisis de 2020 que llevó a la caída anual histórica de -18.7% del PIB nacional en el 2T2020 y a la contracción en la actividad económica nacional de (-)8.6% anual en el trimestre posterior.

A pesar de que la caída en el crecimiento económico de México fue menos marcada en el 3T2020, el dato correspondiente al último trimestre del año pasado que se publica esta misma semana permitirá dimensionar el desempeño de la economía mexicana en todo 2020.

A pesar de que el avance de la vacuna y la reapertura gradual de ciertas actividades económicas han ocasionado una ligera mejora en los pronósticos para nuestro país al cierre de 2020, no existe un pronóstico alentador. El más reciente publicado por el Banco Mundial espera una caída en el crecimiento económico de México en 2020 de -9.0%. Para 2021, el banco estimó una tasa anual de 3.7%, aun cuando ésta es positiva, no es suficiente para compensar la caída de 2020 y así poder recuperar los niveles pre-pandemia.

La recuperación económica en México se verá en la manera que se maneje el aumento reciente en los casos de COVID-19 y la estrategia de vacunación. Para lo cual, herramientas valiosas como el Censo de Población y Vivienda del Inegi fungirán como armas claves para combatir la fase final de la pandemia. La combinación de información junto con acción por parte de todos los mexicanos y mexicanas hará que nuestro país y sus habitantes podamos remontar hacia una recuperación económica en el mediano plazo.

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5 razones por las que 2021 puede ser un año crucial en la lucha contra el cambio climático

El año que comienza representa una gran oportunidad para encaminarnos hacia un planeta con menos emisiones de carbono.
6 de enero, 2021
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Glaciar en Argentina

Getty
El mundo no está encaminado hacia lograr sus metas de reducción de emisiones de carbono.

El mundo tiene un tiempo limitado para actuar si quiere evitar los peores efectos del cambio climático.

La pandemia de covid-19 fue el gran problema de 2020, sin duda, pero espero que, para fines de 2021, las vacunas se hayan activado y hablemos más sobre el clima que sobre el coronavirus.

Este año que comienza será decisivo para enfrentar el cambio climático.

Según Antonio Guterres, secretario general de la ONU, estamos en un “punto de quiebre” para el clima.

Con el espíritu optimista de Año Nuevo, estas son cinco razones por la que creo que 2021 podría confundir a los fatalistas y ver un gran avance en la ambición global sobre el clima.

1. La crucial conferencia climática

En noviembre de 2021, los líderes mundiales se reunirán en Glasgow, Escocia, para trabajar en el sucesor del histórico Acuerdo de París de 2015.

París fue importante porque fue la primera vez que prácticamente todas las naciones del mundo se unieron para acordar que todas necesitaban ayudar a abordar el cambio climático.

El problema fue que los compromisos asumidos por los países para reducir las emisiones de carbono en ese entonces no alcanzaron los objetivos establecidos por la conferencia.

En París, el mundo acordó que para fines de siglo el aumento de la temperatura global no estaría por encima de 2 °C respecto a los niveles preindustriales. El objetivo era limitar el aumento a 1,5 °C, si era posible.

Naturaleza.

Getty
La conferencia de Glasglow es una nueva oportunidad para lograr las metas climáticas.

La realidad es que no estamos avanzando en ese sentido.

Según los planes actuales, se espera que el mundo supere el límite de 1,5 °C en 12 años o menos, y que alcance 3 °C de calentamiento para fines de siglo.

Según el acuerdo de París, los países prometieron volver a reunirse cada cinco años y aumentar sus objetivos de reducción de carbono.

Eso debía suceder en Glasgow en noviembre de 2020, pero debido a la pandemia se aplazó para este año.

Así, Glasgow 2021 puede ser un encuentro en el que se aumenten los recortes a las emisiones de carbono.

2. Grandes reducciones de emisiones

El anuncio más importante sobre el cambio climático el año pasado salió completamente de la nada.

En la Asamblea General de la ONU en septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, anunció que su país tenía como objetivo convertirse en neutral en emisiones de carbono para 2060.

Los ambientalistas quedaron atónitos.

Reducir el carbono siempre ha sido visto como una tarea costosa, pero aquí estaba la nación más contaminante del mundo, responsable de cerca del 28% de las emisiones mundiales, comprometiéndose a cortar sus emisiones incondicionalmente, independientemente de si otros países seguirán su ejemplo.

Ese fue un cambio total respecto a las negociaciones anteriores, cuando todos temían asumir el costo de descarbonizar su propia economía, mientras que otros no hacían nada, pero disfrutaban a costa de los que sí habían hecho la tarea.

Planta de carbón.

Getty
China es responsable de cerca del 28% de las emisiones de gases de efecto de invernadero.

China no es la única en tener esta iniciativa.

En 2019, Reino Unido fue la primera de las principales economías del mundo en asumir un compromiso legal de cero emisiones netas.

La Unión Europea hizo lo mismo en marzo de 2020.

Desde entonces, Japón y Corea del Sur se han sumado a lo que, según estimaciones de la ONU, son ya más de 110 países que han establecido una meta de cero neto para mediados de siglo.

Según explica la ONU, el cero neto significa que no estamos agregando nuevas emisiones a la atmósfera. Las emisiones continuarán, pero se equilibrarán absorbiendo una cantidad equivalente de la atmósfera.

Los países que se han puesto la meta de llegar al cero neto representan más del 65% de las emisiones globales, y más del 70% de la economía mundial, dice la ONU.

Con la elección de Joe Biden en Estados Unidos, la economía más grande del mundo ahora se ha reincorporado al coro de reducción de carbono.

Estos países ahora necesitan detallar cómo planean lograr sus nuevas aspiraciones, que serán una parte clave de la agenda de Glasgow, pero el hecho de que ya estén diciendo que quieren llegar a ese punto es un cambio muy significativo.

3. La caída del costo de las energías renovables

Hay una buena razón por la que tantos países ahora dicen que planean tener cero emisiones netas: la caída del costo de las energías renovables está cambiando por completo el cálculo de la descarbonización.

En octubre de 2020, la Agencia Internacional de Energía, una organización intergubernamental, concluyó que los mejores esquemas de energía solar ofrecen ahora “la fuente de electricidad más barata de la historia”.

Cuando se trata de construir nuevas centrales eléctricas, las energías renovables ya suelen ser más baratas que la energía generada por combustibles fósiles en gran parte del mundo.

Paneles solares

Getty
El costo de producción de las energías renovables está disminuyendo.

Si los países aumentan sus inversiones en energía eólica, solar y de baterías en los próximos años, es probable que los precios caigan aún más, hasta un punto en el que comenzará a ser rentable cerrar y reemplazar las centrales eléctricas de carbón y gas.

Esto se debe a que el costo de las energías renovables sigue la lógica de toda la industria: cuanto más produces, más barato se vuelve, y entre más barato se vuelve, más produces.

Esto significa que los activistas no tendrán que presionar a los inversores para que hagan lo correcto.

Por su parte, los gobiernos saben que al aumentar las energías renovables en sus propias economías, ayudan a acelerar la transición energética a nivel mundial, al hacer que las energías renovables sean aún más baratas y competitivas en todas partes.

Granja eólica.

EPA
La energía eólica es una alternativa para reducir las emisiones de carbono.

4. La pandemia lo cambia todo

La pandemia de coronavirus ha sacudido nuestra sensación de ser invulnerables y nos ha recordado que es posible que nuestro mundo se trastorne de formas que no podemos controlar.

También ha provocado la conmoción económica más significativa desde la Gran Depresión.

En respuesta, los gobiernos están dando un paso adelante con paquetes de estímulo diseñados para reactivar sus economías.

Y la buena noticia es que rara vez, si es que alguna vez, ha sido más barato para los gobiernos realizar este tipo de inversiones. En todo el mundo, las tasas de interés rondan el cero o incluso son negativas.

economía verde.

Getty
Muchos países tienen planes de incentivar la economía verde.

Esto crea una oportunidad sin precedentes para hacer las cosas mejor esta vez.

La Unión Europea y el nuevo gobierno de Joe Biden en EE.UU. han prometido billones de dólares en inversiones verdes para poner en marcha sus economías e iniciar el proceso de descarbonización.

Ambos dicen que esperan que otros países se unan a ellos, ayudando a reducir el costo de las energías renovables a nivel mundial. Pero también advierten que, junto con esta zanahoria, planean blandir un garrote: un impuesto a las importaciones de países que emiten demasiado carbono.

La idea es que esto puede ayudar a que los rezagados en la reducción de carbono, como Brasil, Rusia, Australia y Arabia Saudita, se animen a recortar emisiones.

La mala noticia es que, según la ONU, los países desarrollados están gastando un 50% más en sectores vinculados a los combustibles fósiles que en energías bajas en carbono.

5. Los negocios también se está volviendo verdes

La caída del costo de las energías renovables y la creciente presión pública para que se actúe sobre el clima también están transformando las actitudes en los negocios.

Existen sólidas razones económicas para ello. ¿Por qué invertir en nuevos pozos de petróleo o centrales eléctricas de carbón que se volverán obsoletas antes de que puedan amortizarse a lo largo de sus 20 o 30 años de vida?

De hecho, ¿por qué tener en sus carteras riesgos asociados al carbono?

La lógica ya se está desarrollando en los mercados. Solo este año, el vertiginoso precio de las acciones de Tesla la ha convertido en la empresa automotriz más valiosa del mundo.

auto eléctrico.

Getty
Los autos eléctricos han ganado terreno en el mercado automotriz.

Mientras tanto, el precio de las acciones de Exxon, que llegó a ser la compañía más valiosa del mundo, cayó tanto que fue expulsada del Promedio Industrial Dow Jones de las principales corporaciones estadounidenses.

Al mismo tiempo, existe un impulso creciente para lograr que las empresas incorporen el riesgo climático en su toma de decisiones financieras.

El objetivo es hacer que sea obligatorio para las empresas y los inversores demostrar que sus actividades e inversiones están dando los pasos necesarios para la transición a un mundo de cero emisiones netas.

Setenta bancos centrales ya están trabajando para que esto suceda, y la integración de estos requisitos en la arquitectura financiera mundial será un enfoque clave para la conferencia de Glasgow.

Aún está todo en juego.

Por lo tanto, hay buenas razones para la esperanza, pero está lejos de ser un trato hecho.

Confinamiento.

Getty
El confinamiento causó una reducción de las emisiones, pero ya los niveles están volviendo a subir.

Para tener una posibilidad razonable de alcanzar el objetivo de 1,5 °C, debemos reducir a la mitad las emisiones totales para fines de 2030, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, el organismo respaldado por la ONU que recopila la ciencia necesaria para informar las políticas.

Esto implicaría lograr cada año la reducción de emisiones que hubo en 2020 gracias a los confinamientos masivos debido a la pandemia.

Las emisiones, sin embargo, ya están volviendo a los niveles que tenían en 2019.

La verdad es que muchos países han expresado grandes ambiciones de reducir el carbono, pero pocos han implementado estrategias para alcanzar esos objetivos.

El desafío para Glasgow será lograr que las naciones del mundo se adhieran a políticas que comenzarán a reducir las emisiones ya.

La ONU dice que quiere ver el carbón eliminado por completo, el fin de todos los subsidios a los combustibles fósiles y una coalición global para llegar al cero neto para 2050.

Eso sigue siendo una tarea muy difícil, incluso si los sentimientos globales sobre enfrentar el calentamiento global están comenzando a cambiar.


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