Personal del Valle de México lucha por dar atención en hospitales llenos
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Personal de salud lucha por ofrecer atención en hospitales que están al borde del colapso

Las hospitalizaciones en el Valle de México están por llegar al peor escenario modelado por las autoridades y aún se espera un aumento de casos COVID por las fiestas decembrinas.
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11 de enero, 2021
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En los hospitales de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) se libra en estos días una doble batalla. Una es para salvar a los pacientes con COVID que ya están ingresados. La otra para encontrar espacio donde recibir a los que llegan y están graves. Los demás, los que están menos inestables deben iniciar su propio peregrinaje en busca de un hospital con cama disponible.

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En el Hospital General de México, el personal de salud hace casi lo imposible en estos días por ingresar a los pacientes más delicados. La reconversión para tener más espacios para los afectados por COVID ha hecho que las cuatro torres del hospital y todo urgencias estén ya dedicados a esto.

En otros hospitales como el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE o el Hospital de Especialidades Belisario Domínguez de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México también se hacen esfuerzos por atender a los pacientes que llegan más inestables.

Igual que las autoridades federales y locales lo hicieran, tres médicos de estas instituciones, entrevistados por Animal Político, desmienten la información que circuló estos días en algunos medios respecto a que en la Zona Metropolitana del Valle de México se aplique ya el “código azul”, que implica no dar todo tratamiento requerido a los pacientes con un estado muy grave de COVID-19 y enfocarse en quienes tengan más opciones de sobrevivir.

“No, no, eso no se está aplicando”, dice enfático Jesús Alberto López Guzmán, médico especialista en medicina interna y geriátrica, adscrito al área COVID del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre. “Pero la situación sí está muy complicada. Ya estamos llenos y están llegando los (contagiados) del 24, muchos complicados, muchos de ellos adultos mayores o jóvenes adultos pero con comorbilidades. Y seguramente en los próximos días, si es que hay espacio para recibirlos, ya tendremos a los que no hicieron caso para la celebración de Fin de Año y después a los de Reyes”.

Apenas la semana pasada pareció que había un respiro en los hospitales de la ZMVM. Del 3 al 4 de enero, el número de pacientes hospitalizados en la CDMX incremento sólo en 23, después de haber aumentado en días pasados en 93 (el 3 de enero), 70 (2 de enero) y 194 (el primer día del 2021).

El breve respiro siguió el 5 y el 6 de enero, cuando el número de pacientes se incrementó en 32 y 46, respectivamente. En el caso de los pacientes intubados, el número incluso se redujo, hubo 31 menos el 4 de enero; 5 menos, el 5 y 14 menos, el 6 de enero. 

La estabilidad alcanzó a toda la Zona Metropolitana del Valle de México, que el 5 de enero tuvo 14 pacientes intubados menos y 40 menos, el 6 de enero. 

“La semana pasada sí tuvimos días en los que se sintió una estabilización. La consultas por COVID pasaron de alrededor de 40, en la semana previa, a más o menos 20 y las defunciones también bajaron. El 31 de diciembre, por ejemplo, tuvimos 14 fallecidos, en los días pasados ese número se redujo quizá a la mitad. No sabemos bien a qué se debió la estabilización, pero pudo ser por el semáforo rojo y el cierre de actividades”, dice una médica residente del Hospital General de México, a quien llamaremos María, para respetar su petición de no identificarla con su nombre real.

Pero la reducción en la tendencia de crecimiento en los pacientes hospitalizados se rompió el 7 de enero, ese día la CDMX reportó un incremento de 100 pacientes, con respecto al anterior, y para el 8 se sumaron 162 más. En los pacientes intubados, el incremento fue de 1 para el 7 de enero y de 53 para el 8. 

La ZMVM tuvo un día más de respiro. El 7 de enero se informó que hubo 14 pacientes intubados menos, con respecto al 6, pero para el 8 se sumaron 57 pacientes intubados más y 210 en hospitalización general.

Este 9 de enero la ola volvió a bajar: esta zona reportó, otra vez, decrecimiento en el número de personas con soporte ventilatorio (6 menos) y de nuevo se desaceleró el repunte en hospitalización general (121 más).

Lee más: Nueva variante de COVID, en México: Qué se sabe de ella y cómo mutan los virus

Pese a eso, los números ya se acercan a un escenario complicado. En total, la CDMX reportó este 9 de enero, un total de 6 mil 762 personas hospitalizadas, de las que  mil 644 están intubadas. En tanto que la Zona Metropolitana del Valle de México registró un total de 9 mil 333 pacientes ingresados en instituciones de salud, de los que 2 mil 166 están conectados a un ventilador.

El 28 de diciembre, la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, dijo, en conferencia de prensa, que se habían hecho modelaciones de escenarios respecto a las hospitalizaciones en la ZMVM. En el peor escenario, señaló, se podría llegar a 9 mil 512 camas ocupadas. Eso quiere decir que se está a un paso no solo de llegar a eso, sino de rebasarlo.

Sheinbaum también informó ese día que se trabajaba en la recoversión de hospitales para llegar a tener disponibles 10 mil 457 camas.

Vienen los contagiados de Año Nuevo

La COVID puede manifestarse hasta 14 días después del contagio, dice el médico internista del Centro Médico 20 de Noviembre, López Guzmán, así que quienes se hayan contagiado entre el 24 de diciembre y el día de Reyes llegarán a los hospitales entre el 7 y el 21 de enero, más o menos. 

“Seguramente estaremos peor para entonces en los hospitales. Ya hay muy pocos espacios para atender a pacientes graves de COVID, se desocupan algunas camas y al instante se vuelven a ocupar”, advierte. 

El especialista –que también trabaja en un hospital privado, el ABC– dice que la saturación está igual en instituciones públicas y en particulares. “Los hospitales privados también están rebasados. Tienen el mismo problema para recibir en sus servicios de urgencias a los pacientes, que tienen que esperar tiempos prolongados para ingresar”. 

María, la residente del Hospital General, explica que ahorita si el paciente viene grave se le estabiliza y se busca un lugar, pero sí puede tardar horas en ingresar. “Conforme se van desocupando camas, se va ingresando. Si no vienen muy graves, se le pide a la familia que busque otro lugar”. 

Uno de los problemas, dice la residente, es que las personas siguen llegando por su propio pie a las instituciones de salud, sin haber verificado antes en el 911 si hay camas disponibles. “Es poca la gente que llega en ambulancia, ya para ingresar, así que la familia es la que debe buscar donde sí pueden recibirlo”.

Un médico del Hospital Belisario Domínguez, a quien llamaremos Juan, señala que en el área de terapia intensiva de este hospital, las siete camas con las que se cuenta están ocupadas. Hay cuatro pacientes esperando poner ingresar desde urgencias a esta zona. Uno de esos lugares se está reservando para una enfermera de la misma institución. 

“Ya nos ha pasado que de pronto un médico o una enfermera se pone mal y no tenemos donde ingresarlo, ahorita estamos esperando un espacio para traerla a ella a terapia intensiva”, cuenta. 

Ante todo esto, López Guzmán pide a la ciudadanía cuidarse y enfocarse en no contagiar. “No hay que exponerse ni seguir exponiendo a los demás. No sabemos a qué punto vamos a llegar. Nadie le ha pegado, en ningún lugar del mundo, a las predicciones. Pero no sé qué más tiene que pasar, si ya hemos rebasado los 14 mil casos diarios. Necesitamos prevenir más en las acciones del día a día. Cada persona tiene que hacerlo. Ya necesitamos actuar con conciencia social”.

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Cómo Islandia se convirtió en el primer país de Europa en deshacerse de la COVID-19

Islandia ha tenido un gran éxito conteniendo la pandemia del coronavirus, lo que le ha permitido reanudar sus actividades con bastante normalidad mientras muchos otros países de Europa siguen bajo confinamiento.
24 de marzo, 2021
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Sí, Islandia es una isla remota en el Atlántico Norte, con un solo aeropuerto internacional. Y sí, es el hogar de menos de medio millón de personas.

Por lo tanto, sería justo suponer que tiene que agradecer la suerte de poder convertirse en el primer país de Europa en deshacerse virtualmente del covid-19.

Pero diles eso a los islandeses y no harás muchos amigos. Porque cuando apartas la geografía y miras los detalles, hay más; y estos isleños están bastante orgullosos de su éxito.

Es jueves por la noche y los jóvenes acuden en masa a la noche de karaoke en el centro de Reikiavik, la capital, gritando en el micrófono interpretaciones de todos los clásicos. Se abrazan y se besan, mientras gotitas de saliva vuelan por el aire.

En Reikiavik ya disfrutan nuevamente de sus noches de karaoke.

BBC
En Reikiavik ya disfrutan nuevamente de sus noches de karaoke.

Las salidas nocturnas, los restaurantes, los conciertos y todo lo que el resto de Europa anhela están de vuelta aquí.

Solo hay 20 casos confirmados de coronavirus al momento de escribir este artículo. Una persona está siendo tratada en el hospital e Islandia ha tenido un total de 29 muertes, lo que equivale a 8.5 por cada 100.000 personas.

“Me he estado preparando para esta pandemia durante 15 años”, dijo Thorolfur Gudnason, el epidemiólogo jefe de Islandia, cuando la BBC le preguntó exactamente cómo lo había manejado.

Gudnason fue puesto a cargo de la respuesta a la pandemia de Islandia desde el principio.

“Decidimos de inmediato lo que haríamos: realizar pruebas, rastrear contactos y aislar a todos los diagnosticados. Hicimos esto de manera agresiva, desde el primer día”, apuntó.

Su equipo de rastreo de contactos, integrado por detectives de la vida real, estaba en funcionamiento antes de que Islandia registrara su primer caso.

Cuando aparqué frente a un hotel feo en el centro de Reikiavik, un hombre alto y alegre retiró las barricadas de metal, bloqueando la puerta: “Bienvenido al hotel de aislamiento”, se rió entre dientes.

Gylfi Thor Thorsteinsson dejó un trabajo en marketing en marzo pasado para abrir el hotel, donde se envía a las personas diagnosticadas con el virus. “En mi primer día, la mayoría del personal del hotel simplemente se fue, se negaron a participar”, cuenta.

Gylfi Thorsteinsson.

BBC
Gylfi Thorsteinsson dejó su trabajo para abrir un hotel de aislamiento.

Poco a poco, los convenció de que regresaran y, durante el último año, han atendido a más pacientes que todos los hospitales de Islandia juntos.

Todos los días, Thorsteinsson se viste con equipo de protección personal completo para ir a sus habitaciones y hacerles compañía.

“Ha sido un viaje, sin saber nunca lo que traerá el día”, dice.

Ahora el hotel tiene solo un puñado de pacientes.

Pero Islandia ya ha estado aquí antes. Tuvo su primera ola bajo control rápidamente y, en mayo de 2020, la gente había comenzado a declarar al país libre de coronavirus.

Las cosas siguieron así por un tiempo, pero a fines del verano, Islandia fue golpeada inesperadamente por otra ola más feroz, después de que dos turistas que dieron positivo rompieron las reglas de su aislamiento.

Hotel de aislamiento.

BBC
El hotel de aislamiento llegó a cerrar pero debió ser reabierto cuando surgieron nuevos casos de coronavirus.

Thorsteinsson ya había cerrado y se había ido a casa. Incluso había organizado una gran fiesta para todo su personal para celebrar.

“Honestamente pensamos que habíamos ganado. Pero luego recibí la llamada: estaba de regreso. En media hora, había abierto de nuevo y la gente seguía viniendo y viniendo. Y todavía lo hacen”, señala.

Después de erradicar el virus de la sociedad, Islandia erigió fronteras de acero. Desde junio del año pasado, todos los pasajeros que llegan han sido puestos en cuarentena y hay pruebas obligatorias en el aeropuerto.

Las aguas termales de Islandia son un gran atractivo para los turistas.

BBC
Las aguas termales de Islandia son un gran atractivo para los turistas.

“Siguiente”, grita una enfermera antes de meter un hisopo en mi nariz y bajar por la garganta, todo antes del control de pasaportes.

Algo que algunos países tardaron casi un año en descifrar, Islandia lo descubrió en unos meses. Si la sociedad tenía alguna posibilidad de reabrirse, el virus tenía que ser contenido al entrar.

Cuando le pregunté a Thorsteinsson qué le había dado a Islandia esta ventaja, fue enfático: “han sido los científicos quienes han creado las reglas, no los políticos. Eso importa. Ellos saben de lo que están hablando, los políticos no”.

En cada paso, Islandia ha seguido la ciencia, liderada por el profesor Gudnason y su equipo, sin que los políticos participen en las reuniones informativas diarias.

Al reunirme después con la primera ministra de Islandia, Katrin Jakobsdottir, tenía curiosidad por saber por qué se había quedado en un segundo plano.

La mujer, de 44 años de edad, ha dirigido el gobierno verde de izquierda del país desde 2017.

Para ella, pandemia y política son dos palabras que no van de la mano.

Ella me dijo lo emocionada que estaba por impulsar la realización rigurosa de pruebas, rastreando y aislando a los posibles contagiados, con la esperanza de evitar que el país sufriera bloqueos drásticos, algo que, en general, consiguió.

Pero pasar a un segundo plano no significó tomárselo con calma: “Esta pandemia me ha mantenido despierta durante todo un año. Solo desearía que todo terminara y pudiera volver a hablar de política de nuevo”, señala.

Alguna ayuda inesperada obtuvo desde el principio. Reikiavik es el hogar de una de las principales empresas de genética humana del mundo, dirigida por Kari Stefansson, un hombre animado de unos 70 años de edad que ha alcanzado el estatus de celebridad en Islandia.

A los pocos días de la llegada del virus a la isla, Stefansson acordó poner en manos de los científicos sus laboratorios de última generación para rastrear la propagación.

“Al principio, esto parecía la extinción de la humanidad, así que nos lanzamos con toda nuestra fuerza”, me dijo Stefansson mientras recorríamos los laboratorios.

“Somos una pequeña comunidad. Todos sabían que podíamos hacer esto, así que estaba claro que teníamos que hacerlo”.

Desde entonces, sus equipos han secuenciado cada caso positivo para comprender cómo se está propagando y cambiando. Señala que como el virus muta con cada cuarta transmisión, el 25% de las veces, ellos pueden averiguar quién se lo ha transmitido a quién. “¿Se lo transmitió Juan a Pedro o Pedro a Juan?”, explica.

Vida nocturna en Reikiavik.

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El eficaz mecanismo de rastreo de contactos de Islandia es considerado como una de las claves para poder reanudar las actividades de ocio nocturno.

No tiene ninguna duda de que esto ha ayudado a Islandia a mantenerse por delante. “Para mí, ha sido un momento divertido. Me siento un poco culpable de admitirlo, pero ha sido emocionante”, apunta.

Durante meses, Islandia ha logrado evitar que la variante británica ingrese al país al contener los casos en la frontera.

Pero mientras estuve allí, el equipo de Kari Stefansson notó que el primer caso se había filtrado y había contagiado a otra persona.

Esa persona había ido a trabajar a un hospital y, luego, a un concierto con otras 800 personas en el que habían socializado en el bar durante el intermedio.

Parecía un desastre. Pero aquí, fui testigo de toda la fuerza del poderoso sistema de rastreo de contactos de Islandia en acción.

En cuestión de horas, todos habían sido contactados y en unos días más de 1.000 personas habían sido evaluadas. Se identificaron dos casos más y todos los infectados fueron trasladados al hotel de aislamiento.

Sorprendentemente, la variante estaba contenida, incapaz de causar el caos visto en otras partes de Europa en este momento.

“Normalmente somos una nación bastante rebelde, pero prosperamos en una crisis”, señaló Stefansson con orgullo.

Dejando la ciencia a un lado, es imposible ignorar el papel que la geografía única de Islandia ha jugado en su éxito. Esta isla volcánica, con todas sus erupciones y avalanchas, está acostumbrada a lidiar con desastres.

Islandia

BBC
Islandia tiene mucha experiencia lidiando con desastres.

Durante semanas, Islandia ha experimentado un serie de miles de terremotos al día y ha quedado claro que la pandemia es solo otra catástrofe que manejar. La primera ministra incluso admitió que tenía los mismos equipos trabajando en ambos.

Gylfi Thor Thorsteinsson está de buen humor en el hotel de aislamiento a pesar de sus nuevos pacientes.

“Tenemos el control”, sonríe desafiante. “Este es el espíritu que mantenemos. Estamos ganando”.

Pero aún no está listo para celebrar: “No más fiestas de despedida de covid. Todavía no”.

Kate Vandy contribuyó con esta nota.


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https://www.youtube.com/watch?v=8fj-C_xCda8&t=3s

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