Ambulancias evitan traslado de pacientes si no hay lugar en hospitales
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Cruz Roja

Ambulancias cambian protocolos por saturación: si no hay lugar en hospital, el enfermo se queda en casa

Los paramédicos aseguran que no les ha pasado que un paciente fallezca en la ambulancia. También afirman que no tienen registro de fallecimientos en casa, esperando hospital.
Cruz Roja
10 de febrero, 2021
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Para evitar dar vueltas de un hospital a otro buscando lugar o tener una ambulancia estacionada horas en una institución de salud esperando la recepción de un paciente grave, servicios de emergencias han optado por no sacar a las personas afectadas por COVID-19 de su domicilio si un centro hospitalario no les asegura que tiene espacio para recibirlo. 

En los primeros días de diciembre, cuando empezó el pico de la segunda ola de contagios de COVID-19 en varios estados del país, entre ellos la Zona Metropolitana del Valle de México, los paramédicos de la Cruz Roja iban de un hospital a otro buscando lugar para los pacientes o estaban detenidos durante horas afuera de uno con el paciente grave que requería soporte de oxígeno y podía caer en shock en cualquier momento. 

Leer más: Valle de México suma 5 días de descenso en hospitalizaciones por COVID

Se decidió entonces, explican a Animal Político los coordinadores estatales de Cruz Roja de cuatro estados, que había que cambiar el protocolo de traslado: si no había un hospital que asegurará que tenía lugar para recibir al paciente, entonces no se le sacaba de su domicilio. 

Hasta antes de eso, las ambulancias recibían los llamados, vía el 911 o de las mismas personas, los paramédicos se desplazaban al domicilio, se le preguntaba a la familia si eran derechohabientes de alguna institución o no, y en base a eso se trasladaba al afectado al hospital que le correspondía, sin verificar si había espacio para recibirlo. 

Desde finales de la primera quincena de diciembre, un hospital debe asegurar que lo recibirá, mientras eso no suceda la persona se queda en su casa. Eso sí, paramédicos de diferentes estados aseguran que se hace todo lo posible por conseguir una institución donde reciban al enfermo, y en todos los casos se consigue, pero pueden pasar horas antes de eso. 

“No es tanto que se quede (en casa) sin hospital si no que tarda mucho su espera para ingresar a un hospital, eso sí nos consta porque hemos recibido llamadas en las que tardamos hasta cuatro, hasta cinco horas para que nos reciban a un paciente en un hospital”, dice Francisco Rodríguez Abarca, coordinador estatal de Socorros en Cruz Roja Mexicana Estado de México. 

Paramédicos con paciente COVID en Hospital

Paramédicos con paciente COVID en Hospital

El paramédico admite que esperar tantas horas para llevar a un hospital a un paciente grave es mucho riesgo. “Es altísimo riesgo, pero es más riesgo sacarlo de su domicilio, no tener la recepción y andarlo paseando en la ambulancia, con oxígeno, sin los cuidados necesarios, porque son pacientes que deben estar ya intubados, en una terapia intensiva, con manejo de líquidos intravenosos”. 

Los paramédicos aseguran que no les ha pasado que un paciente fallezca en la ambulancia, pero prefieren no arriesgarse ni arriesgar a las personas. También afirman que no tienen registro de que un paciente haya fallecido en su casa, esperando hospital.  

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Ruta de búsqueda

En cada estado, la Cruz Roja se coordina con diferentes autoridades, de maneras diversas. Entre los que parecen más organizados están las autoridades y servicios de la Ciudad de México, una entidad que ha registrado una saturación hospitalaria de más de 90% y que en estos momentos se mantiene en 74% de ocupación. 

En la capital del país, explica Guido Sánchez Coello, director general del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), que depende de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, todos los servicios de emergencia están coordinados vía el 911 y el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5)

El proceso, describe Sánchez Coello, es así: la persona llama al 911 o a Locatel, solicitando una ambulancia o auxilio médico por COVID. Esta llamada primero la atiende un telefonista regular del 911, cuando detecta que se trata de un caso de COVID-19, canaliza la llamada a un médico. El C5 de la Ciudad de México tiene las 24 horas personal especializado apoyando en la atención telefónica de estos casos. 

El médico hace un tamizaje, por teléfono o si es posible por videoconferencia, para valorar la condición médica del paciente. También pasa que se envía una motocicleta o una ambulancia de primera respuesta del ERUM a hacer la valoración. Si se determina que es necesario trasladar a la persona a un hospital, se hace la búsqueda de una institución con espacio, a través del Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM).

Es lo que se llama proceso de regulación médica: el CRUM recibe vía radio los datos del paciente, sus síntomas y signos vitales, verifican la disponibilidad hospitalaria e indican a qué hospital trasladar al enfermo. 

“Habitualmente las urgencias de CDMX las atendíamos ERUM y Cruz Roja en un esquema regionalizado. A partir de la primera quincena de diciembre, y justo por esta segunda oleada de llamadas por COVID, fue necesario el apoyo de más dependencias porque estábamos siendo sobrepasados”, dice Guido Sánchez.

Al esquema entraron ambulancias de la Secretaría de Salud de la CDMX, del CRUM, de la Sedena, del IMSS y del ISSSTE, que en conjunto suman entre 45 y 50 en cada turno, dedicadas a atender las emergencias por COVID. A cada institución se le asignaron algunas alcaldías para concentrar los recursos y evitar desplazamientos largos. 

También por la emergencia, se acordó, y esto pasa también en las otras entidades, que una institución debe recibir a un paciente aunque no sea su derechohabiente y la Secretaría de Salud tiene la obligación de atender a personas aunque estén afiliados al IMSS o al ISSSTE. En estos tiempos de pandemia la atención se da donde haya lugar. 

Por fortuna, en estos días ya hay una mejor situación en la capital del país. En enero se llegó a un punto máximo de entre 38 y 40 traslados en promedio cada día. En estos primeros días de febrero esa cifra bajó ya a la mitad, hasta unos 20 diarios. 

Paramédicos en descanso ante saturación por COVID

Paramédicos en descanso ante saturación por COVID

En la capital, las personas no llaman directo a los servicios de emergencias, todo el proceso es vía el 911 o Locatel. En el Estado de México, Rodríguez Abarca, el coordinador estatal de Socorros de la Cruz Roja, explica que a ellos las personas sí los buscan directo, a través de los teléfonos de las delegaciones de Cruz Roja del estado. 

Como en estos momentos no se hace un traslado si no hay hospital receptor, a las personas que llaman directo se les aplica un cuestionario para checar signos y síntomas, si es un caso de COVID, se les recomienda, si es derechohabiente de una institución acudir con el médico, si no tiene seguridad social, entonces se les pide llamar a la Línea COVID de la Secretaría de Salud del Estado de México. 

Es por dos vías que le llega a la Cruz Roja en esta entidad la solicitud para desplazar a un enfermo al hospital, por la Línea COVID, que se coordina con el Centro Coordinador Hospitalario (CCH) del Estado de México, o por el 911, a través del Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM). 

Son estos Centros los que apoyan en la búsqueda de un hospital con espacio, aunque en esta entidad también se permite que la familia haga la búsqueda a la par de las autoridades, si ya tienen un folio de atención proporcionado por la Línea COVID. 

“Muchos de los hospitales nos dicen que están saturados, pero ya se deja el antecedente y el CCH es quien nos vuelve a llamar y ya nos da la recepción del paciente. Es hasta ese momento cuando le informamos a la familia que ya está la recepción y que se enviará la unidad para el traslado”, precisa Rodríguez Abarca. 

El socorrista dice que la gente no se queda en casa, sin atención, cuando de verdad necesita ir al hospital. “A veces hay quejas y mensajes en redes de que no se les llevó, pero es que quizá el caso no lo ameritaba. La Cruz Roja entiende el malestar de la gente cuando dice, pero cómo me voy a quedar en casa si yo me siento muy mal. Y sí, la enfermedad existe y la gente se siente muy mal, pero si tienen los signos vitales estables y están saturando arriba de 90, hay que dejar disponible el lugar para alguien que esté por debajo de ese rango y con verdadera gravedad”. 

Rodríguez Abarca asegura que por fortuna la emergencia ya está descendiendo también en el Estado de México, aunque de forma paulatina. En enero, dice, Cruz Roja recibía entre 22 y 20 llamadas diarias por COVID, de esas la mitad ameritaban traslados. En los primeros días de febrero, el número de llamadas tuvo una ligera baja, a 18, unas nueve terminan con la llegada a un hospital. 

Paramédicos en traslado de paciente con COVID

Paramédicos en traslado de paciente con COVID

En otras entidades como Jalisco, Coahuila y Querétaro, los coordinadores estatales de la Cruz Roja también aseguran que no se puede sacar a la persona de su casa y subirlo a la ambulancia si no hay un hospital que asegure recibirlo. 

José Andrés Juárez Morales, técnico en urgencias médicas y coordinador estatal de socorros en la Cruz Roja de Querétaro, puntualiza que en este estado todas las urgencias por COVID que ameritan traslado se las canaliza el 911. 

“Hace ya varios años, la Cruz Roja tenía el número de emergencia 065 pero ya quedó obsoleto con el convenio con 911. Ahora todas las urgencias que atendemos es a través de ellos”, precisa. 

Lo que hace Cruz Roja Querétaro ante una llamada de emergencia por COVID, vía el 911, es hacer un triage telefónico o desplazar una unidad al domicilio del paciente para valorar que de verdad sea un caso de esta enfermedad y que en efecto amerita el traslado a un hospital. 

“Si lo requiere, le preguntamos a la familia si son derechohabientes de alguna institución o no, con esos datos se hace una regulación: se llama por teléfono o vía radio a la Secretaría de Salud estatal, se les comenta que hay un paciente con ciertas características y ellos nos dicen qué hospital tiene disponibilidad”. 

Eso no evita que la ambulancia deba esperar afuera del hospital durante varias horas para que reciban al paciente. Esto sucede, dice Juárez Morales, porque en el área de urgencias se hacen cuellos de botella. Hay días que llegan muchos enfermos y al hospital no le da tiempo de estabilizarlos y subirlos a piso para liberar las camas, antes de que lleguen más. Paramédicos y vehículos de emergencia deben esperar entonces afuera mientras se logra tener un espacio para recibir al afectado. 

Los socorristas también empiezan a ver que la emergencia va cediendo en este estado. En promedio durante enero se hacían unos 12 a 14 traslados diarios por COVID. La primera semana de febrero se hicieron alrededor de diez. “Hay un ligero descenso, pero ya es algo”, señala José Andrés Juárez. 

En Jalisco también se coordina todo a través del número homologado de emergencias 911. “Tenemos todo zonificado, junto con los servicios municipales y la Cruz Verde, que es como el ERUM en la CDMX, y nos coordinamos y repartimos las emergencias. Lo que hacemos es, 911 nos pasa un servicio de probable COVID, nuestra cabina se comunica con el usuario, hacemos un triage vía telefónica, si se identifica que amerita ir a un hospital, es el CRUM el que se encarga de buscar lugar”. 

Si en ese momento no hay espacio en ninguno, “le damos a la familia una serie de recomendaciones de cómo tiene que acostar al paciente, en qué posición lo tienen que tener, y le dejamos el enlace directo de los teléfonos de la Línea COVID, del gobierno del estado de Jalisco, para que también ellos le estén dando seguimiento al enfermo y que no quede desamparado mientras ingresa a una institución”.

El socorrista dice que en Jalisco el número de traslados en ambulancias (10 al día en promedio) todavía no baja, pero al menos ya no ha subido. “Esperamos que en los próximos días venga un descenso como en la Ciudad de México y que ya se mantenga a la baja, pero habrá que esperar si no hay nuevos brotes por los festejos del 2 y el 14 de febrero”. 

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La pesadilla de la montaña de basura tan alta como un edificio de 18 pisos en India

El primer ministro Narendra Modi anunció a principios de mes un plan para cerrar los enormes vertederos a cielo abierto en los que se acumula basura desde hace años.
19 de octubre, 2021
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Las “montañas de basura” de India pronto serán reemplazadas por plantas de tratamiento de desechos, prometió el primer ministro Narendra Modi a principios de este mes. Saumya Roy* escribe para la BBC sobre la más antigua de todas, tan alta como un edificio de 18 plantas, ubicada en la ciudad costera occidental de Bombay.

Todas las mañanas Farha Shaikh se para en la cima de una montaña de desechos de más de un siglo de antigüedad en Bombay, esperando que los camiones de basura suban.

Esta joven de 19 años ha estado hurgando en este vertedero del suburbio de Deonar desde que tiene memoria.

Normalmente recupera de entre los desechos viscosos botellas de plástico, vidrio y alambre que luego vende en los prósperos mercados de residuos de la ciudad.

Pero, sobre todo, busca teléfonos móviles rotos.

Cada pocas semanas Farha encuentra un celular “muerto” en la basura y con sus escasos ahorros lo repara.

Una vez que cobra vida, pasa las tardes viendo películas, jugando a los videojuegos, enviando mensajes de texto y llamando a sus amigos.

Cuando días o semanas después el aparato vuelve a dejar de funcionar, la conexión de Farha con el mundo exterior se desvanece.

Entonces regresa a las largas jornadas de rebuscar entre la basura, para conseguir botellas que vender y celulares que restaurar.

Deonar

Saumya Roy

Más de 16 millones de toneladas de desechos forman la montaña de basura de Deonar, ocho de ellas repartidas en una extensión de 121 hectáreas.

Los desechos se apilan hasta alcanzar una altura de 36,5 metros.

Se puede ver el mar desde la cima y sobre los sólidos montones de basura se han construido villas miseria.

Gases nocivos y contaminantes

Los desechos en descomposición liberan gases nocivos como metano, sulfuro de hidrógeno y monóxido de carbono.

Y en 2016 fue escenario de un incendio que ardió durante meses y llenó de humo gran parte de Bombay.

De acuerdo a un estudio que el regulador de polución de la India llevó a cabo en 2011, otros incendios similares contribuyeron con el 11% del material particulado que inunda el aire de Bombay, una de sus principales causas de contaminación.

Los vecinos de los alrededores llevan luchando en los tribunales desde hace 26 años, exigiendo el cierre del vertedero de Deonar.

Pero esa montaña de basura no es una excepción en el país. Una investigación realizada en 2020 por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE), un think tank independiente con sede en Nueva Delhi, identificó en toda India 3.159 montañas de este tipo que contienen 800 millones de toneladas de desechos.

Estas han sido durante años un dolor de cabeza para funcionarios y políticos.

El 1 de octubre, Modi anunció un “programa nacional de limpieza” de casi US$13.000 millones que incluirá la instalación de una serie de plantas de tratamiento de aguas residuales para reemplazar gradualmente los vertederos de basura al aire libre como el de Deonar.

Pero los expertos se muestran escépticos.

“Si bien se ha logrado en ciudades más pequeñas, es difícil proporcionar una solución para las montañas de desechos a esta escala”, dice Siddharth Ghanshyam Singh, subdirector de programas de CSE.

“Se reconoce que es un problema, pero hemos aceptado que si vamos a vivir en grandes ciudades como Bombay o Nueva Delhi estas montañas de basura van a estar allí”, señala Dharmesh Shah, coordinador en el país de la Alianza Global para Alternativas de Incineradores, una coalición de grupos que abogan por la reducción de residuos.

Deonar

Reuters
La montaña de basura se incendi[o en marzo de 2016;.

Desde el año 2000, India ha aprobado regulaciones que obligan a los municipios a que procesen los desechos.

Pero la mayoría de los estados informan de un cumplimiento solo parcial y no hay suficientes plantas de tratamiento de desechos.

Bombay, la capital comercial y del entretenimiento de la India y hogar de unos 20 millones de personas, tiene una sola planta de este tipo.

Ahora hay planes para instalar una planta que convierta los residuos en energía en Deonar.

Modi dijo que espera que el plan cree nuevos empleos ecológicos. Pero esto preocupa a los recolectores como Farha que llevan toda la vida dedicados a ello.

Aunque desde el incendio de 2016 acceder a la montaña de basura de Deonar se ha vuelto más difícil.

El municipio incrementó la seguridad para evitar que los recolectores entren y provoquen incendios: las llamas derriten la basura más liviana, quedando con ello expuesto el metal que se vende a precios altos.

Los recolectores que logran colarse a menudo son golpeados, detenidos y expulsados, aunque algunos sobornan a los guardias o acceden al vertedero antes del amanecer, cuando comienzan las patrullas de seguridad.

Pero ese no es el único motivo por el que los recolectores de basura de Deonar han visto su modo de vida. Y es que ahora gran parte de la separación de residuos se hace en la ciudad.

Como consecuencia, Farha no tiene teléfono desde hace meses. Y se ve obligada a sobornar a los guardias con al menos 50 rupias (US$0,67) todos los días para entrar y trabajar en los terrenos de Deonar.

Para recuperar esto, incluso pensó en buscar entre la basura que comenzó a llegar desde las salas del hospital en las que se atendía a los pacientes de covid-19 el año pasado.

Pero su familia le pidió que no recogiera esos desechos “dañinos”.

Así que ahora se queda cerca, observando a los recolectores que usan equipo de protección para seguir recogiendo plástico bajo la lluvia para revender.

La ciudad estaba enviando basura nueva y, como lo habían hecho durante años, las montañas tenían que acomodarla y los recolectores tenían que recolectarla y revenderla.

“El hambre nos matará si no nos mata la enfermedad”, dice Farha.

*Saumya Roy es una periodista con sede en Bombay y autora del libro Mountain Tales: Love and Loss in the Municipality of Castaway Belonging (Profile Books / Hachette India).


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