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ASF detecta anomalías en pagos a Servidores de la Nación y cuestiona censo “inflado”

La ASF detectó irregularidades en la contratación y pago de los Servidores de la Nación por 561.9 millones de pesos, y señaló que el Censo del Bienestar no es confiable.
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21 de febrero, 2021
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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó irregularidades en la contratación y pago de sueldos por parte de la Secretaría del Bienestar a los Servidores de la Nación. Dichas anomalías representan un probable daño al erario por 561.9 millones de pesos cuyo destino deberá aclarar la dependencia.

Además, el órgano fiscalizador señaló que el Censo de Bienestar, que es levantado por dichos Servidores mediante visitas a domicilio, no puede ser considerado un censo confiable, pues tiene errores metodológicos que permitieron “inflar” el número de personas potencialmente beneficiarias, lo que genera incertidumbre sobre el uso de los recursos públicos.

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Se trata de dos auditorías distintas que ponen en duda uno de los pilares del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en su cruzada por llevar los programas sociales a toda la población: por un lado, el Censo del Bienestar -que, según las palabras del mandatario, sería más confiable que los padrones de beneficiarios ya existentes- y, por el otro, el ejército de funcionarios encargados de alimentar dicho censo y que han sido desplegados en todo el país, en una labor que ha sido tachada de electorera por opositores y críticos del gobierno.

Como parte de la revisión de la Cuenta Pública 2019, la ASF efectuó la auditoría forense 240-DS para revisar la contratación por honorarios de hasta 20 mil 500 Servidores de la Nación bajo el mando de la Secretaría del Bienestar.

La dependencia informó que gastó 2 mil 986 millones de pesos en sueldos de dichos funcionarios durante 2019. De ese dinero, de acuerdo con la ASF, 30 millones de pesos fueron transferidos irregularmente a cinco unidades administrativas y a un programa presupuestario distinto al autorizado para la contratación de los Servidores. Bienestar tampoco presentó documentación comprobatoria de que 15.9 millones de pesos se hayan pagado a esos funcionarios por concepto de sueldo.

Según la ASF, la dependencia transfirió 87.5 millones de pesos a tres cuentas bancarias a su nombre y no probó haber destinado ese dinero al pago de los Servidores. También pagó 21.7 millones de pesos a 640 Servidores que estaban contratados por partida doble al interior de Bienestar, o bien, en otras instituciones públicas.

De igual modo, la dependencia efectuó pagos por 85.2 millones de pesos a 789 cuentas bancarias vinculadas a dos o más personas. Finalmente, presentó nóminas sin documentación que acredite el pago de 321 millones de pesos en salarios.

“No es un censo”

En la auditoría de cumplimiento 1387-DS sobre el Censo del Bienestar, la ASF detectó que los Servidores de la Nación no levantaron información exhaustiva en algunos municipios, mientras que en otros, se “infló” la cantidad de personas que podrían ser beneficiarias, lo que genera incertidumbre respecto de la implementación de los programas sociales y el uso de los recursos públicos.

“En términos de su metodología e implementación, la Estrategia Censo del Bienestar no puede considerarse un censo, debido a que no se levantó información del total de viviendas de ninguno de los 2 mil 457 municipios para los 119.5 millones de habitantes, como se previó, ya que en 1 mil 229 (50%) sólo se obtuvo información donde previamente se había identificado que habitaban beneficiarios de los programas sociales vigentes en 2018, y en 1 mil 228 (50%) el personal de campo identificó a posibles beneficiarios por medio de referencias de otras personas (muestreo no probabilístico de ‘bola de nieve’). Además, la Secretaría del Bienestar no acreditó información para identificar a los municipios por estrato para lograr la plena verificación, con una cobertura total, de la identidad de todos los beneficiarios y sus necesidades sociales”, indica la Auditoría.

Otra de las irregularidades es la sobreestimación de cifras, pues en 39 de 40 municipios de 17 entidades federativas, en los que había una población de 682 mil habitantes en 2020, según el INEGI, los Servidores “censaron” a 1 millón 204 mil, es decir, casi el doble. Por ejemplo, en el municipio de Guazapares, Chihuahua, donde, de acuerdo con el INEGI, había 8 mil 196 habitantes en 2020, la Secretaría del Bienestar censó a 62 mil 085, y en Santa María Chilchotla, Oaxaca, donde había 21 mil 469 habitantes, Bienestar contó a 140 mil 547.

La ASF encontró un desorden en las bases de datos del Censo. De las 32.5 millones de personas que Bienestar reportó como censadas, la Auditoría sólo encontró a 24.1 millones en las bases entregadas. Asimismo, sólo se comprobó el censo en 2 mil 449 municipios, y no en 2 mil 465, como había informado la dependencia.

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Por otro lado, la base de datos contiene 10 mil 314 CURP duplicadas; en un caso extremo, reportó la ASF, una sola CURP de Sinaloa se repite en 4 mil 891 ocasiones. Además, de los 24.1 millones de registros, en 1.7 millones de casos (7.3%) no se identificó CURP.

El órgano fiscalizador alertó, también, que la totalidad de los 24.1 millones de registros del Censo estaban vacíos en 12 de 39 columnas donde debía registrarse información sobre la edad, sexo, número de integrantes por familia, georreferencia espacial del domicilio, entre otros.

“La ASF considera prioritario que las autoridades responsables de la política social continúen y perfeccionen la formulación e instrumentación de mecanismos técnicos de levantamiento de información que contribuyan a disponer del padrón de beneficiarios que genere certidumbre sobre el grado de cumplimiento en la implementación de los programas y en el uso de los recursos públicos, sobre el conocimiento de las características sociodemográficas de los beneficiarios, así como para homologar y simplificar la operación de éstos programas”, concluyó la Auditoría.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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