CEPAL advierte década de retroceso a mujeres en mercado laboral
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CEPAL advierte retroceso de 10 años para las mujeres en el mercado laboral por pandemia de COVID-19

El organismo propone a los gobiernos de Latinoamérica crear un programa de ingreso básico de emergencia de 120 dólares al mes para mujeres que dejaron de trabajar por la contingencia.
Cuartoscuro
10 de febrero, 2021
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Antes de la pandemia de COVID-19, la proporción de mujeres en edad de trabajar que efectivamente estaba en el mercado laboral en Latinoamérica era de 52%, pero al cierre de 2020 cayó a 46%. Eso implica que se pierda lo que se había avanzado en una década por la inclusión laboral de las mujeres, advirtió la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL).

A la par, la tasa de desocupación, que es quienes no tienen trabajo pero sí quisieran trabajar, subió de 12 a 22.2% entre mujeres, mientras que entre hombres es de 15.3%, de acuerdo con el informe especial La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad, publicado este miércoles.

“¿Y esto qué significa? Pues significa un retroceso de 10 años, 10 años de retroceso, una década perdida en la participación de la mujer en el mercado laboral, que tanto trabajo ha costado”, subrayó en conferencia de prensa la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena.

Para saber más: Las mujeres en la agenda global 2021

Agregó que si no hay acciones de los gobiernos para paliar la crisis económica, significará un aumento de 23 millones de mujeres en pobreza para un total de 118 millones en los países de la región, lo cual equivale a cinco millones más mujeres pobres que hombres.

Uno de los problemas es que las mujeres suelen trabajar en condiciones de informalidad o en sectores que tienen un mayor riesgo de verse impactados por una crisis como la actual, como son el comercio, la manufactura, el turismo; inmobiliarias, trabajadoras del hogar, o en servicios administrativos y de apoyo. 

Un 56.9% de mujeres están en estas áreas, contra el 40.6% de hombres en la región; en México, esa brecha es de más de 20 puntos, con el 65.2% de mujeres en riesgo alto frente a 44.9% de hombres

Propuestas de emergencia contra la desigualdad económica de género

Por ello, el organismo propone a los Estados tomar una serie de medidas urgentes para evitar que se profundicen más las brechas de desigualdad de género.

La primera, crear un Ingreso Básico de Emergencia para mujeres que dejaron de trabajar durante la pandemia, que podría ser una entrega de 120 dólares al mes —alrededor de 2 mil 400 pesos mexicanos—.

La CEPAL ha calculado cuánto costaría en términos del Producto Interno Bruto (PIB) a los países tomar esta acción de emergencia: si lo hicieran por tres meses, afectaría apenas un 0.15% del PIB y por medio año, 0.3%.

En el caso de México en particular, el impacto es mucho menor, de 0.07% por tres meses y de solo 0.15% para dar este apoyo a mujeres durante seis meses.

Lee también: Programas sociales de AMLO no detienen aumento de pobreza; 9 millones están en riesgo: Coneval

Otra medida que pide la CEPAL a los gobiernos es asignar mayor presupuesto a políticas clave para las mujeres en el contexto de pandemia, tales como los servicios de atención a situaciones de violencia de género, a salud sexual y reproductiva, y a los servicios de cuidado. 

Sobre el cuidado específicamente, Bárcena destacó la importancia de crear un sistema público, lo cual evitaría que recaiga sobre las mujeres en la familia y sin pago. Puso como ejemplo a Costa Rica, que garantizó que los lugares de cuidado infantil permanecieran abiertos durante la contingencia.

“(Financiar) servicios públicos de cuidado remunerado. Es decir, hay muchas mujeres que están muy presionadas con sus hijos en casa, han tenido que abandonar sus empleos porque no hay servicios públicos de cuidado. Y que, además, muchas mujeres podrían entrar a esos servicios como funcionarias, como trabajadoras remuneradas”, comentó.

Al respecto: Los retos de la Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad en México: un plan de acción superficial e incompleto I

El organismo también sugirió a los Estados hacer un análisis diferenciado de los impactos de la crisis económica y de empleo entre género. Esto para invertir en la recuperación de los sectores donde las mujeres se han visto más afectadas, o desarrollar maneras de que ellas se integren a otros trabajos más estables, donde regularmente son minoría.

También por ello, propone crear una “canasta básica digital”, que consistente en acceso a una computadora y una conexión a internet, ya que los hogares pobres y sin conexión tienen mayor presencia femenina, por lo que muchas no pueden hacer teletrabajo o home office debido a que ni siquiera cuentan con los medios para hacerlo.

En México, las condiciones de conectividad del país implican que la probabilidad de trabajar disminuya 3.4% para los hombres, pero hasta 5.6% para las mujeres

Vacunación para trabajadoras del hogar

La CEPAL destaca en su informe que las diferencias en el tipo de trabajo que realizan las mujeres también las ha expuesto más a estar en riesgo de contagio: el 78% de las personas ocupadas en los sectores salud, de enseñanza y trabajo doméstico pagado son mujeres.

Los dos primeros sectores están siendo considerados para ser los primeros en recibir la vacuna contra el COVID-19, pero el último, no.

Te puede interesar: Pese a pandemia y a ser voluntaria, afiliación de trabajadoras del hogar al IMSS subió

“La economía del cuidado es la, yo diría, debe ser la estrategia más importante para una recuperación transformadora. Y aquí es donde queremos hacer un llamado: se habla mucho de a quién priorizar en la vacunación y creemos que, por supuesto, al sector salud, sin duda cabe, a la enseñanza, pero creemos que se debe agregar el trabajo doméstico remunerado”.

“Sin lugar a dudas, las mujeres que salen todos los días a trabajar a otros hogares, a cuidar adultos mayores, discapacitados, etcétera, deben ser consideradas prioritarias”, añadió Bárcena.

En la región son 13 millones de mujeres trabajadoras domésticas y de los tres sectores suman 40 millones, por lo que consideró que no es una meta inalcanzable de vacunación considerando que toda Latinoamérica tiene 650 millones de habitantes.

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La Mona Lisa: el detalle oculto que revela un nuevo significado del cuadro de Leonardo da Vinci

La pintura de 1503 de Leonardo da Vinci es la obra de arte más famosa del mundo. Kelly Grovier explora un objeto que suele ser pasado por alto y que ofrece una perspectiva diferente de la obra maestra.
2 de marzo, 2021
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Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las joyas del Museo del Louvre en París.

Algunas cosas son tan obvias que nunca las notas.

Y eso ocurre en una imagen omnipresente como la Mona Lisa.

El inagotable retrato de Leonardo da Vinci de 1503 protagonizado por Lisa del Giocondo, mujer de 24 años, madre de cinco hijos y esposa de un rico comerciante de seda florentino, es sin duda la obra de arte más famosa del mundo.

Sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos notado alguna vez conscientemente el objeto del cuadro que está más cerca de nosotros que cualquier otro: la silla en la que se sienta la misteriosa mujer?

No importa que sea lo único que la modelo de Leonardo agarra con su mano (literalmente todos los dedos de su mano la tocan o señalan), la silla seguramente debe ser el aspecto que más pasa desapercibido de una pintura que ha sido sobreobservada.

Escondida a simple vista, también puede ser la flecha que nos señala el camino hacia los significados más profundos de la obra.

Más allá de la sonrisa

Durante siglos, nuestra atención se ha centrado en gran medida en otro lugar en el pequeño panel de óleo sobre álamo (77×53 centímetros) que Da Vinci nunca terminó por completo y con el que se cree que continuó jugando obsesivamente hasta su muerte en 1519.

Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las obras más vistas y fotografiadas, pero aún guarda muchos misterios.

La preocupación por la sonrisa inescrutable de Mona Lisa es casi tan antigua como la pintura, y se remonta al menos a la reacción del legendario escritor e historiador renacentista Giorgio Vasari, que nació pocos años después de que Da Vinci comenzara a trabajar en la imagen.

“La boca, con su abertura y sus puntas unidas por el rojo de los labios a los tintes de la carne del rostro”, observó Vasari en sus célebres “Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”.

“Parecían, en verdad, no ser colores sino la propia piel (…) en el fondo de la garganta, si uno lo miraba con atención, se podía ver el latido del pulso”.

Y concluyó: “En esta obra de Leonardo, había una sonrisa tan agradable que era algo más divino que humano de contemplar, y se consideraba como algo maravilloso, en el sentido de que era algo vivo”.

El fascinante misterio de la sonrisa de Mona Lisa y de cómo Leonardo la aprovechó mágicamente para crear “algo más divino que humano” y, sin embargo, “nada más y nada menos que con vida” resultaría ser demasiado intenso para muchos.

La Gioconda

Getty Images
La sonrisa es lo más estudiado, pero sus manos también guardan secretos.

El crítico de arte francés del siglo XIX Alfred Dumesnil confesó encontrar la paradoja de la pintura completamente paralizante.

En 1854, afirmó que la “sonrisa está llena de atracción, pero es la atracción traidora de un alma enferma que retrata locura”.

“Esta mirada, tan suave pero ávida como el mar, devora”.

Si hay que creer en la leyenda, la “atracción traicionera” de la sonrisa irresoluble de la Mona Lisa consumió también el alma de un aspirante a artista francés llamado Luc Maspero.

Según el mito popular, Maspero, quien supuestamente terminó sus días al saltar desde la ventana de su habitación de hotel en París, fue conducido a una distracción destructiva por los susurros mudos de los labios absortamente alegres de la Gioconda.

“Durante años he luchado desesperadamente con su sonrisa”, se dice que escribió en la nota que dejó. “Prefiero morir”.

Las manos y los párpados

Sin embargo, no todo el mundo se ha contentado con localizar el centro de la mística magnetizante de la Mona Lisa en su enigmática sonrisa.

El escritor victoriano Walter Pater creía que era la “delicadeza” con la que se pintan sus manos y párpados lo que nos paraliza e hipnotiza haciéndonos creer que la obra posee un poder sobrenatural.

“Todos conocemos el rostro y las manos de la figura”, observó en un artículo sobre Da Vinci en 1869, “en ese círculo de rocas fantásticas, como en una tenue luz bajo el mar”.

Pater procede a meditar sobre la Mona Lisa de una manera tan singularmente intensa que en 1936 el poeta irlandés William Butler Yeats se vio obligado a tomar una frase de la descripción de Pater, dividirla en versos libres e instalarlos como poema de apertura en el Oxford Book of Modern Verse que Yeats estaba compilando entonces.

El pasaje que Yeats no pudo evitar replicar comienza: “Es más vieja que las rocas entre las que se sienta; como el vampiro, ha muerto muchas veces y ha aprendido los secretos de la tumba; se ha sumergido en mares profundos, y guarda sus últimos días en torno a ella; traficó por redes extrañas con comerciantes orientales, y, como Leda, era la madre de Helena de Troya, y, como Santa Ana, la madre de María; y todo esto fue para ella como un sonar de liras y flautas “.

El retrato “vive”, concluye Pater, “en la delicadeza con que ha moldeado los rasgos cambiantes y teñido los párpados y las manos”.

Manos de la Gioconda

Getty Images
Todos los dedos de la Mona Lisa o tocan la silla o la señalan.

La descripción de Pater aún asombra. A diferencia de Dumesnil y del desafortunado Maspero antes que él, Pater ve más allá de la trampa seductora de la sonrisa del retrato.

Se fija en una vitalidad más grande que se filtra como desde lo más profundo de la superficie.

Al argumentar que la pintura representa una figura suspendida en una incesante lanzadera entre el aquí y ahora y algún reino de otro mundo que se encuentra más allá, Pater señala la esencia mística del atractivo perenne del cuadro: su sentido surrealista de flujo eterno.

Al igual que Vasari, Pater es testigo de una presencia que late y respira -“características cambiantes”- que trasciende la materialidad inerte del retrato.

El agua

La clave de la fuerza del lenguaje de Pater es la insistencia en las imágenes acuáticas que refuerzan la fluidez del ser esquivo de la modelo (“luz tenue bajo el mar”, “sumergida en mares profundos” y “traficó… con comerciantes orientales”), como si la Mona Lisa fuera una fuente inagotable de agua viva, una ondulación interminable en los remolinos sin fin del tiempo.

Quizás lo sea. Hay motivos para pensar que tal lectura, que ve a la modelo como un manantial de eterno resurgimiento que cambia de forma, es precisamente lo que pretendía Leonardo.

Flanqueado a ambos lados por cuerpos de agua que fluyen y que el artista coloca ingeniosamente de tal manera que sugiere que son aspectos del ser mismo de su modelo, el sujeto de Da Vinci tiene una cualidad extrañamente submarina que se acentúa con el vestido verde algas.

La Mona Lisa usa una segunda piel anfibia que se vuelve más turbia y oscura con el tiempo.

La silla pozzetto

Al girar su mirada ligeramente hacia la izquierda para encontrarse con la nuestra, la Mona Lisa no está sentada en cualquier banco o taburete viejo, sino en la conocida popularmente como silla pozzetto.

Con el significado de “pozo pequeño”, el pozzetto introduce un sutil simbolismo en la narración que es tan revelador como inesperado.

Detalle de la cara de la Mona Lisa

Getty Images
La Mona Lisa es un paisaje en sí misma, dicen algunos expertos.

De repente, las aguas que vemos serpenteando con un movimiento laberíntico detrás de la Mona Lisa (ya sea que pertenezcan a un paisaje real, como el valle del río italiano Arno, como creen algunos historiadores, o enteramente imaginarias, como sostienen otros) ya no están distantes y desconectados de la modelo, sino que son un recurso esencial que sustenta su existencia. Literalmente fluyen hacia ella.

Al situar a la Mona Lisa dentro de un “pozo pequeño”, Da Vinci la transforma en una dimensión siempre fluctuante del universo físico que ocupa.

Martin Kemp, historiador del arte y destacado experto en Da Vinci, también ha detectado una conexión fundamental entre la representación de la Mona Lisa y la geología del mundo que habita.

“El artista no estaba retratando literalmente el Arno prehistórico o futuro”, afirma Kemp en su estudio “Leonardo: 100 hitos (2019)”, “sino que estaba dando forma al paisaje de la Mona Lisa sobre la base de lo que había aprendido sobre el cambio en el ‘cuerpo de la Tierra’ para que acompañara a las transformaciones implícitas en el cuerpo de la mujer como un mundo menor o microcosmos”.

La Mona Lisa no está sentada frente a un paisaje. Ella es el paisaje.

El significado del pozo

Al igual que con todos los símbolos visuales empleados por Leonardo, la silla pozzetto es multivalente y sirve más que simplemente para vincular a la Mona Lisa con la conocida fascinación del artista por las fuerzas hidrológicas que dan forma a la Tierra.

La sutil insinuación de un “pocito” en la pintura como el canal a través del cual la Mona Lisa emerge a la conciencia reposiciona la pintura por completo en el discurso cultural.

Este ya no es un retrato simplemente secular, sino algo espiritualmente más complejo.

Las representaciones de mujeres “en el pozo” son un elemento básico a lo largo de la historia del arte occidental.

Cristo y la Samaritana, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Getty Images
El símbolo del pozo es habitual, como en la obra “Cristo y la Samaritana”, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Las historias del Antiguo Testamento de Eliezer encontrándose con Rebeca en un pozo y de Jacob con Rachel en el pozo se hicieron especialmente populares en los siglos XVII, XVIII y XIX, ya que todos, desde Bartolomé Esteban Murillo hasta Giovanni Antonio Pellegrini, de Giovanni Battista Tiepolo a William Holman Hunt, probaron suerte con estas narraciones.

Además, las representaciones apócrifas de la Anunciación en el Nuevo Testamento (el momento en que el arcángel Gabriel informa a la Virgen María que dará a luz a Cristo) junto a un manantial fueron habituales entre los ilustradores de manuscritos medievales, e incluso pueden haber inspirado el retrato más antiguo que sobrevive de María.

Como emblema infinitamente elástico, como sugiere Walter Pater, la Mona Lisa es sin duda capaz de absorber y reflejar todas esas resonancias y muchas más. No hay nadie que ella no sea.

“Agua viva”

Pero quizás el paralelo más pertinente entre la Mona Lisa de Da Vinci y los precursores pictóricos es uno que se puede dibujar con las muchas representaciones de un episodio bíblico en el que Jesús se encuentra en un pozo manteniendo una conversación críptica con una mujer de Samaria.

La Gioconda

Getty Images
El agua es un elemento fundamental para entender la Mona Lisa, la gran obra de Leonardo Da Vinci.

En el Evangelio de San Juan, Jesús hace una distinción entre el agua que se puede extraer del manantial natural -agua que inevitablemente dejará a uno “sediento”- y el “agua viva” que él puede proporcionar.

Mientras el agua de un pozo sólo puede sostener un cuerpo perecedero, el “agua viva” es capaz de saciar el espíritu eterno.

Las notables representaciones de la escena del pintor italiano medieval Duccio di Buoninsegna y del maestro renacentista alemán Lucas Cranach el Viejo tienden a sentar a Jesús directamente en la pared del pozo, lo que sugiere su dominio sobre los elementos fugaces de este mundo.

Sin embargo, al colocar a su modelo metafóricamente dentro del pozo, Da Vinci confunde la tradición y sugiere, en cambio, una fusión de los reinos materiales y espirituales, una difuminación del aquí y del más allá, en un plano compartido de creación eterna.

En la apasionante narrativa de Da Vinci, la Mona Lisa es ella misma una milagrosa ola de “agua viva”, serenamente contenta al ser consciente de su propia e intensa infinitud.

Lee la historia original en inglés en BBC Culture.


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