De masacres a desapariciones: crímenes que imputan a la policía de Tamaulipas
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

De la masacre de Nuevo Laredo a las desapariciones de Mier: otros crímenes que imputan a la policía de Tamaulipas

No es la primera ocasión en la que agentes adscritos a la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno son señalados por graves vulneraciones a los derechos humanos.
Cuartoscuro
Comparte

La detención de doce policías estatales vinculados al asesinato de 19 personas en Camargo, Tamaulipas, confirmó el rumor que venía escuchándose desde que se conoció el hallazgo de los cuerpos: que agentes del Estado participaron de algún modo en la masacre. Falta saber si fueron los asesinos o encubridores y los motivos que explican su actuación, pero los arrestos vuelven a apuntar hacia un cuerpo cuestionado por su participación en hechos criminales.

“No habrá impunidad, trátese de quien se trate”, aseguró el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca en un mensaje posterior al anuncio de Fiscalía. A pesar de la contundencia del mandatario, esta no es la primera ocasión en la que agentes adscritos a la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno que él preside son señalados por graves vulneraciones a los derechos humanos.

La matanza perpetrada en septiembre de 2019 en la colonia Valles de Anáhuac de Nuevo Laredo, en la que fueron asesinadas ocho personas, el asesinato de un joven ingeniero en Río Bravo en febrero de 2020 o la desaparición de al menos dos personas en Mier y la represión de los familiares que exigían conocer su paradero son algunos de los casos recientes que persiguen a la policía estatal en Tamaulipas. En todos los expedientes las familias denuncian la impunidad de la que se beneficiaron los uniformados.

El asesinato de ocho personas en la colonia Valles de Anáhuac de Nuevo Laredo tuvo lugar el 5 de septiembre de 2019. Las víctimas fueron Wilbert, de 20 años; Jennifer, de 21; Severiano, de 34, Juana Yetzel, de 20; Enrique, de 20; Cindy Esmeralda, de 39; Luis Fernando, de 19 y José Daniel, de 19. En un primer momento, las autoridades presentaron lo ocurrido como un enfrentamiento con integrantes del crimen organizado y mostraron fotografías de los fallecidos vestidos con ropa táctica y armados, como si hubiesen disparado contra los agentes. Todo era un montaje.

Los hechos ocurrieron en el domicilio de Kassandra Treviño, hija de Severiano, uno de los asesinados. Según su relato, policías del grupo élite, entonces conocido como Centro de Análisis, Inteligencia y Estudios de Tamaulipas (CAIET) irrumpieron al interior de la vivienda, la golpearon y se llevaron a su padre. Ella fue obligada a abandonar el lugar en el que, posteriormente, ocho personas, incluido Severiano, fueron asesinados.

El testimonio de la joven fue clave para desmontar la versión oficial.

“No pueden ir los oficiales matando inocentes porque sí. Que paguen lo que hicieron”, dijo Kassandra Treviño en entrevista con Animal Político.

A pesar de su deseo de justicia lo cierto es que ha pasado un año y medio y apenas hay avances. Únicamente hay dos policías encarcelados, tres están en libertad ya que colaboran con la investigación y otros dos se encuentran en busca y captura.

El 7 de febrero de 2020, Juan Daniel Ortiz Martínez, ingeniero de 23 años, fue asesinado por policías estatales que, supuestamente, lo confundieron con criminales a los que perseguían. La camioneta en la que viajaba recibió más de 50 impactos de bala. Los hechos ocurrieron en Río Bravo y, en un primer momento, los agentes también trataron de vincular a la víctima con el crimen organizado. Finalmente, la Fiscalía ordenó la aprehensión de ocho agentes, que escaparon sin que hasta el momento hayan sido arrestados.

Represión a balazos

Al comenzar el 2021 la Policía estatal volvió a verse involucrada en denuncias por violaciones a los derechos humanos. Luis Alberto Herrera Ávalos, de 27 años, y Jaime Santacruz, de 28, fueron detenidos en Ciudad Mier y trasladados a Miguel Allende, donde fueron desaparecidos. Ahí, en la oficina de Vialidad y Tránsito, los capturó un grupo de civiles armados, presumiblemente integrantes del Cartel del Golfo, que se los llevaron. Sus familiares no han vuelto a saber nada de ellos y acusan a los oficiales de entregarlos al narco. Los hermanos Mario Alexis y Brian Eduardo García Bocanegra, ambos de 19 años, fueron también arrestados en aquel operativo, pero lograron escapar.

Una semana después, el 13 de enero, vecinos de Ciudad Mier protestaron para reclamar el paradero de Luis Alberto y Jaime. Cortaron la vía en dirección a Nuevo Laredo, pero fueron reprimidos por efectivos del Grupo de Operaciones Especiales de la Seguridad Pública de Tamaulipas (GOPES), que los dispersaron disparando fuego real y agredieron a varios de los participantes en la protesta.

Un grupo de élite entrenado por Marina y EU

La policía de Tamaulipas tiene un historial de señalamientos por la presunta cercanía de algunos de sus efectivos con integrantes del crimen organizado. El estado norteño tiene una fuerte presencia de grupos delictivos que pugnan por el territorio y los negocios ilícitos. En los últimos años, los dos principales son el Cartel del Golfo, una estructura que cuenta con casi un sigo de historia, y el Cartel del Noreste, escisión de los antiguos Zetas, un grupo originalmente formado por militares que en un primer momento fue el brazo armado de sus rivales del Golfo.

A pesar de este contexto, la policía estatal no es la que peores resultados obtiene en las evaluaciones de control de confianza hechas pública por la Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Según datos de diciembre de 2020, de un universo de 5 mil 046 agentes fueron evaluados 4 mil 978. De ellos, fue aprobado el 89%, con solo el 8% de suspensos y quedando pendientes de evaluación el 2%. En total, la estadística señala que el 84% de los integrantes de la policía de Tamaulipas tiene vigente su control de confianza, lo que le ubica incluso por encima de la media nacional de policías estatales y municipales, que está en el 79%.

Tanto en la masacre de Nuevo Laredo como en la última de Camargo los señalados son el grupo de operaciones especiales de la Policía Estatal. Se trata de un cuerpo que ha venido cambiando de nombre pero que siempre ha mantenido las denuncias por violaciones a los derechos humanos. Primero fue conocido como Fuerza Tamaulipas, pero luego, con la llegada de Cabeza de Vaca al gobierno, todo el cuerpo se denominó Policía Estatal. Al interior de la corporación se puso en marcha el CAIET, que ha operado como grupo de élite hasta que adoptó el nombre de GOPES, pero siguió siendo la misma estructura.

Esta última corporación fue presentada en agosto de 2020 por el propio Cabeza de Vaca. Según se dijo entonces, dispone de 150 efectivos y tiene bases en Ciudad Victoria y Reynosa. Un detalle relevante: los integrantes del grupo recibieron formación de la Marina y de Estados Unidos. Precisamente, el grupo de operaciones especiales de la Armada de México también ha recibido señalamientos por vulneraciones a los derechos humanos y varios de sus integrantes son acusados por desapariciones forzosas perpetradas en Nuevo Laredo entre enero y junio de 2018.

“Nada ha cambiado desde la masacre de San Fernando”

“Me pregunto por qué no ha renunciado el secretario y por qué el gobernador no ofrece disculpa publica a las familias de los migrantes”, asegura Raymundo Ramos, director del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo y acompañante de las víctimas de sucesos como la masacre de la colonia de Valle de Anáhuac.

“Intentaron hacer pasar a los migrantes por criminales y crear otro montaje, ya que la primera versión oficial era que hubo un enfrentamiento entre grupos del crimen organizado, que cambió cuando aparecieron los familiares desde Guatemala”, dice.

Ramos denunció la ausencia de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y lamentó que, desde la masacre de San Fernando en la que 72 migrantes fueron asesinados en 2010, “no ha cambiado nada en Tamaulipas”.

“No queda claro qué ocurrió, aunque es gravísimo”, dice María Elena Morera, presidenta de Causa en Común. En su opinión, hay que aclarar cuál fue el papel exacto de los policías estatales e investigar también a los agentes del Instituto Nacional de Migración, ya que una camioneta que había sido asegurada en otro operativo contra el tráfico de personas indocumentadas en Nuevo León apareció calcinada y su dueño es una de las víctimas.

“De situaciones anteriores queda claro que estos grupos de fuerzas especiales que se forman en el país en algún momento no están bien controlados. Le das demasiado entrenamiento, poder de fuerza, pero no los tienes en tratamiento y bien controlados, y es cuando suceden estas cosas. O se cambian de bando”, explica, tras recordar, por ejemplo, el origen de Los Zetas, que está precisamente en un grupo de élite del Ejército que desertó y se pasó al narco.

La investigación actualmente está en manos de la Fiscalía del Estado de Tamaulipas. Aunque se trata de un caso de presunto crimen organizado y que además involucra a migrantes, el caso no ha sido atraído por la Fiscalía General de la República (FGR) como exigían organizaciones sociales y de defensa de los Derechos Humanos. Consideraban estos grupos que una carpeta dirigida desde el propio estado tendría sus limitaciones.

Los dos pasos más urgentes son la identificación de las víctimas y las declaraciones judiciales de los policías. Habrá que ver si estos doce agentes son los únicos señalados por la masacre o se sigue la cadena de mando. Los antecedentes muestran que la mayoría de oficiales a los que se vinculó con graves crímenes en Tamaulipas lograron eludir la justicia y gozan actualmente de impunidad.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo es vivir con crometofobia, el inusual miedo extremo a gastar dinero

No es tan visible como otras fobias. Puede ser difícil de detectar porque las personas suelen ocultarlo y como no tiene una "definición clínica", no se le presta mucha atención.
28 de octubre, 2021
Comparte

Gastar dinero, en teoría, debería ser una fuente de satisfacción. Básicamente porque si lo gastas, es porque tienes dinero para gastar, ¿no?

Esta historia no es tan sencilla como parece. Están, por ejemplo, las personas que gastan compulsivamente y lo pasan muy mal cuando no pueden pagar las cuentas.

O los que han tenido una vida de carencias y cuando tienen la posibilidad de gastar, se restringen hasta en las cosas más básicas por miedo -consciente o inconsciente- a caer en la pobreza otra vez.

Otros son devorados por su propia codicia y prefieren llevarse el dinero a la tumba.

La lista de razones asociadas al temor a gastar dinero es muy larga.

Pero cuando esta conducta comienza a interferir en el desarrollo normal de la vida, es probable que se trate de una poco común condición llamada crometofobia.

La crometofobia es el miedo extremo a gastar dinero.

El concepto tiene un uso más bien informal, dado que no es un desorden mental reconocido médicamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

Sin embargo, la publicación contempla algunas categorías donde la crometofobia podría eventualmente encontrar un espacio (pese a no estar incluida como tal).

Una ansiedad excesiva

Se trata de las “fobias específicas”, definidas por la publicación como “el miedo o ansiedad marcados y excesivos que ocurren constantemente al exponerse o anticiparse a la exposición a uno o más objetos o situaciones específicas (por ejemplo, proximidad a ciertos animales, vuelo, alturas, espacios cerrados, visión de sangre o lesiones) que está fuera de proporción con el peligro real”.

Mujer mira por una ventana

Getty Images
La crometofobia podría ser considerada dentro de las “fobias específicas” que define la OMS. Sin embargo, la comunidad científica no la ha incorporado.

Los síntomas, agrega el texto, deben persistir por varios meses y ser lo suficientemente graves como para causar “un deterioro significativo en las relaciones personales, familiares, sociales, educativas, laborales o en otras áreas importantes del funcionamiento”.

Terapeutas especializados en tratar pacientes que tienen serios problemas con el manejo del dinero, afirman que, independientemente de la definición clínica, es un hecho que algunas personas desarrollan un miedo desproporcionado a gastar dinero.

Se puede discutir si es clínicamente una fobia o no, pero la angustia que experimentan estas personas afecta varias dimensiones de su vida.

“Aferrarse al dinero”

“Hay muchos temas emocionales que están ligados a gastar dinero”, le dice a BBC Mundo Khara Croswaite, terapeuta financiera estadounidense y autora de libros sobre psicología y emprendimiento.

“En mi consulta veo personas que quieren aferrarse a su dinero”, apunta.

“El miedo a gastar dinero es algo que perturba tu vida diaria”, advierte. Puede llevar a las personas a desarrollar conductas como no pagar las cuentas o no querer usar la tarjeta de crédito”.

Persona con dinero en el bolsillo

Getty Images

Una persona con miedo a gastar dinero no solo puede experimentar ansiedad, depresión, o pensamientos suicidas, agrega, sino que también desarrolla problemas en sus relaciones sociales.

Algunos se sienten avergonzados por sus deudas y prefieren aislarse, o descartan cualquier gasto, incluso los más elementales, lo que los lleva a evitar reuniones sociales y a no hacer actividades que disfruta.

Suele afectar el sueño, la salud y el estado de ánimo. Y dependiendo de la gravedad, puede provocar diferentes trastornos de ansiedad.

Es una espiral de pensamientos negativos“, dice Croswaite.

Vivir con una fobia específica grave puede derivar en el abuso de drogas o alcohol y, en los casos más extremos, al suicidio.

“Estaba aterrorizada por el dinero”

“Estaba aterrorizada por el dinero”, cuenta Kelly Reeves en un blog dedicado a temas de emprendimiento y desarrollo personal.

Constantemente revisaba su cuenta bancaria por miedo a lo que podría encontrar.

Y si tenía dinero en efectivo en su cartera, también se obsesionaba con comprobar constantemente que estaba ahí.

Al mismo tiempo, no soportaba hablar de dinero o escuchar a otras personas hablar de dinero.

Las cosas se pusieron aún más complicadas cuando pagar por cualquier cosa le provocaba ansiedad, incluso si era algo realmente necesario, como ponerle gasolina al auto.

Como tampoco pagaba sus deudas porque le provocaba miedo gastar dinero, fue cayendo en un foso cada vez más profundo.

Reeves cuenta que llegó a un punto en que tuvo que reconocer que lo que le estaba ocurriendo no era normal.

Entonces decidió acudir a una terapia que, según su testimonio, le ayudó a enfrentar sus temores.

Y aunque aún tiene deudas, está en una posición mucho mejor que en el pasado.

“Estoy pagando mis cuentas con gratitud”, escribe.

“Bastante raro”

Una fobia específica a gastar dinero “es algo bastante raro”, dice Elizabeth Sterbenz, terapeuta financiera en Los Ángeles, California.

Ojo con signo de dinero

lucapierro
Puede ser que la aversión a gastar dinero no se trate de una fobia.

Probablemente se puede presentar asociada a otros desórdenes de ansiedad, explica, o en conjunto con otras fobias.

“Por eso es importante descubrir si realmente estamos frente a un caso de fobia al dinero o si hay otra cosa detrás, algo más profundo”, señala Sterbenz en diálogo con BBC Mundo.

“Podría desarrollarse cuando ha existido un incidente traumático que la persona puede o no puede recordar”, agrega.

Síntomas

A nivel fisiológico, la persona que padece aversión a gastar dinero puede experimentar síntomas como dificultad para respirar, taquicardia, incremento de la presión arterial, sudoración, náuseas, dolor muscular o diarrea, cuando se enfrenta a la situación.

Desde la perspectiva cognitiva, suele desarrollar creencias negativas o ideas irracionales respecto al dinero y se siente impotente de controlarlos.

Mujer asustada con dinero

Getty Images

Y desde el punto de vista conductual, la persona tiende a evitar el estímulo fóbico (en este caso el dinero) de todas las maneras posibles.

Este tipo de síntomas se repiten en los distintos tipos de fobia con mayor o menor intensidad.

Causas

Si se considera la crometofobia como un desorden dentro de las denominadas fobias específicas, las causas pueden ser muy variadas.

Según lo describe la Clínica Mayo, un centro médico y académico estadounidense sin fines de lucro, en su página web, las causas de fobias específicas pueden incluir:

  • Experiencias negativas. Muchas fobias aparecen como consecuencia de una experiencia negativa o un ataque de pánico relacionado con un objeto o una situación específicos.
  • Genética y medio ambiente. Puede haber una vinculación entre la fobia específica y la fobia o la ansiedad de los padres de la persona, lo que podría deberse a factores genéticos o a una conducta aprendida.
  • Función cerebral. Los cambios en la actividad cerebral también pueden desempeñar un rol en el desarrollo de fobias específicas.

Tratamiento

Aunque hay varias alternativas para tratar las fobias, es bastante común el uso de la terapia cognitivo-conductual.

Algunas de las herramientas que se usan para enfrentar el problema son la “terapia de exposición” (donde el paciente es expuesto al estímulo), asociada con técnicas de relajación y técnicas cognitivas para abordar las creencias e ideas irracionales.

“En la terapia de exposición es necesario desarrollar tolerancia a la angustia que provoca gastar dinero”, dice Khara Croswaite.

Terapia

Getty Images
La fobia al dinero requiere terapia cuando afecta el desarrollo normal de la vida.

Eso se puede lograr, explica, poniéndose inicialmente metas pequeñas como, por ejemplo, gastar US$1 en el supermercado. Luego, por ejemplo, gastar US$50 en un regalo para alguien especial.

Y así, paso a paso, avanzar al primer pago de la tarjeta de crédito.

“Se trata de una repetición para confrontar el miedo con el apoyo de un profesional del área de salud mental”, señala la especialista.

Por otro lado, muchas fobias están relacionadas con las narrativas que construimos en torno al objeto o la situación que nos afecta, explica Elizabeth Sterbenz.

Influyen mucho “las historias que nos contamos a nosotros mismos” y que ni siquiera nos damos cuenta.

Podemos convencernos de que somos ineptos para manejar el dinero, aunque eso no sea así.

Cada terapeuta tiene su manera de abordar el tema. El punto es que si el miedo excesivo a gastar dinero afecta la vida normal de una persona, es conveniente que busque un especialista.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.