México: de caballitos de mar a polvos medicinales y afrodisíacos en China
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México: de caballitos de mar a polvos medicinales y afrodisíacos en China

Aunque los caballitos de mar están protegidos en México por leyes federales y también por normas internacionales, el tráfico ilegal de esta especie no se ha detenido.
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Por Naguales* y HK01
14 de febrero, 2021
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El 19 de julio de 2018, Daquan Zhen abordó un vuelo en Belice con destino a Shanghai. Pero cuando Zhen registró su equipaje en el aeropuerto Internacional de la Ciudad de México donde hacía escala, los agentes aduanales percibieron un fuerte aroma a pescado fresco y le pidieron que abriera su maleta.

Durante la revisión los agentes encontraron seis bolsas negras que contenían 81 piezas de caballitos de mar (Hippocampus), pepinos de mar (Holothuroidea) y vejigas natatorias de peces no identificados.

Las especies marinas que Zhen traía en su maleta son utilizadas en China con un fin medicinal y afrodisíaco. Actualmente China continental es el mayor consumidor de caballito de mar, un tipo de pez con una demanda estimada de 500 toneladas al año, según la organización de conservación marina Project Seahorse, dedicada a la conservación de esta especie. Estos se trituran y se toman en sopas o en vinos para mejorar problemas de riñón y para equilibrar el Yin-Yang y así tratar la impotencia masculina y la infertilidad femenina en China.

Lee: Pac-man, el jaguar que delató a traficantes chinos en México

Exportar estas especies sin los permisos adecuados en México implica una pena de hasta nueve años de cárcel. Sin embargo en México, el problema del tráfico ha escalado.

Durante el periodo 2001 a 2019, los traficantes intentaron sacar 95 589 caballitos de mar de manera ilegal —sin permiso ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). De estos, el 64 % tenían como destino las ciudades chinas de Hong Kong, Beijing y Shanghai, mientras el resto fue a la venta local mexicana, de acuerdo con un registro elaborado por Diálogo Chino a partir de decomisos de Profepa entregados en un oficio vía la Ley de Transparencia.

El juicio de Zhen

Zhen fue presentado el 19 de julio de 2018 ante el Ministerio Público y se demostró, ante la jueza Angélica Lucio, que había cometido un delito ambiental —pues los caballitos de mar están listados como especies Sujetas a Protección Especial bajo la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente y la Ley General de Vida Silvestre.

También están prohibidos en el artículo 420 del Código Penal Federal y cuentan con protección internacional en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), por lo que su comercio internacional está  regulado.

La jueza le dictó una medida de prisión preventiva, lo que significa ser ingresado en la cárcel mientras se prepara el juicio. Zhen fue trasladado al Centro de Justicia Penal Federal en la Ciudad de México, Reclusorio Sur, una cárcel ubicada a las orillas de la Ciudad de México que alberga 4594 internos (a 725 de sobrepoblarse), que cumplen condenas por delitos por robo simple y agravado, homicidio, delitos sexuales, extorsión y delincuencia organizada, entre otros.

La fiscalía tenía elementos para enviarlo a prisión. Se definió el resarcimiento del daño en $6600 dólares, según la causa penal 181/2018 en el Sistema integral de Seguimiento de Expedientes del Consejo de la Judicatura Federal .

Sin embargo, el juicio se resolvió con un acuerdo para que el castigo a Zhen se sustituyera  por una multa y la advertencia de que no puede volver a entrar al país. Fue liberado, pese a que le decomisaron especies ilegales con posibles fines de comercialización.

Israel Alvarado, ex director general de Delitos Federales contra el Ambiente y Litigio de la Profepa, precisa que este tipo de casos casi siempre acaban de esta manera —para cualquier especie— por corrupción o la falta de capacitación y criterio de la Profepa, el Ministerio Público y los jueces.

“El juez es muy proclive a no tenerlo por acreditado porque le parece demasiado duro que alguien vaya a la cárcel por tener unos huevos de tortuga o unas tripas de totoaba o caballitos”, concluyó el experto.

El de Zhen es solo uno de los 56 expedientes administrativos iniciados por la Profepa por decomisos de caballitos de mar, según la base de datos. De este medio centenar, al menos 36 fueron en el Aeropuerto internacional de Ciudad de México, el punto con mayor conectividad a destinos internacionales.

Foto: HK01

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Tráfico de caballito de mar y el problema de la ley

Según Sarah Foster, autora del estudio Global Seahorse trade defies export bans under CITES action and national legislation, los caballitos de mar secos son muy fáciles de mover a través de las fronteras.

“Son pequeños y al secarse, se mantienen bien durante largos períodos de tiempo”, explica la experta.

Se pescan con redes de arrastre camaroneras que barren el mar, donde quedan atrapadas miles de especies, entre ellas el caballito de mar. Una vez atrapados, se les congela, aunque en la mayor parte de los decomisos, se les encuentra secos debido a que se conservan mejor durante los traslados.

Los caballitos se trafican por vía marítima, aérea y por paquetería o correo, y a menudo se mueven entre los envíos de otros productos del mar secos o en el equipaje personal, o por otras rutas difíciles de detectar.

“Muchos caballitos se sacan por paquetería, DHL y otras”, explicó Alicia Poot, investigadora del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca). “Solo si los de paquetería saben que es ilegal se reporta, pero mayormente no saben que es ilegal”, explicó.

La exportación del caballito de mar técnicamente se puede dar de manera legal, con fines de comercialización para el mercado de acuaristas o colecta científica —para enseñanza e investigación— siempre y cuando los interesados cuenten con un respaldo de un plan de manejo presentado ante las autoridades ambientales, a quien deben de rendirles informes anuales de actividades. Ambas producciones tienen un límite que impone la autoridad.

Pero México ya no está emitiendo permisos para las exportaciones de caballitos de mar con otros fines distintos a estos. Al respecto, Abraham Huerta, exfuncionario de la Secretaría de Pesca de Baja California en México, explica que la única forma para comercializar caballitos de mar requiere de la constitución de una Unidad de Manejo Ambiental —predios destinados al aprovechamiento sustentable de especies silvestres—, por medio de proyectos de acuacultura para el mercado de acuaristas.

De hecho, la evidencia reciente indica que la gran mayoría de los caballitos de mar secos que cruzan las fronteras no es legal, no se registra ni se monitorea.

La incapacidad del gobierno mexicano para garantizar la protección del caballito de mar y asegurar que no sea exportado, ha dado pie a la expansión del mercado negro de esta especie.

Hong Kong epicentro

Dos son las rutas del tráfico de caballitos de mar desde México hasta China continental. La primera va directo a Beijing y Shanghai y la segunda pasa por Hong Kong.

Los caballitos de mar secos se pueden encontrar fácilmente en las tiendas de mariscos secos de Hong Kong. Son productos de alto precio debido a la oferta limitada. El precio de 100 gramos de caballitos de mar secos varía entre 120 y 580 dólares (entre 900 y 1500 dólares de Hong Kong), según el tamaño y el origen.

A diferencia de la posesión para la venta local, la exportación de caballitos de mar secos requiere licencias en Hong Kong. Periodistas colaboradores de Diálogo Chino en Hong Kong acudieron a las tiendas donde se encuentran los caballitos de mar y encontraron a vendedores dispuestos a ayudarles a traficarlos a China continental.

“No lo traiga a China continental usted mismo. La aduana lo arrestará”, dijo un vendedor anónimo de una tienda de mariscos secos en Mong Kok, una importante zona comercial de Hong Kong. “Tenemos formas que no necesita saber ni preocuparse. También tengo clientes en China continental”, agregó.

El vendedor también afirmó que los caballitos de mar secos que venden, vienen principalmente de América, incluido México, y son importados por proveedores de medicamentos. El personal explicó que el servicio de entrega en China continental se puede proporcionar con una tarifa de entrega adicional de HK $200 (US$26) y que ningún servicio de mensajería ordinario en el mercado aceptaría el pedido.

“No es fácil cruzar la frontera con las mercancías. Tenemos que buscar la ayuda de otros. De todos modos, tenemos nuestras propias formas. Sabes, todavía tenemos que suministrar productos a los restaurantes en Shenzhen”, dijo el vendedor.

“No hay forma de que puedas enviar caballitos de mar secos a China continental mediante los procedimientos adecuados. La única forma de hacerlo es traficando”, dijo otro dueño de una tienda de mariscos secos en Sheung Wan.

Este explicó que solicitar licencias de exportación implica fuertes impuestos, pero que él podía ofrecer ayuda. “Puedo ayudarte a arreglar esto, sin importar qué bienes sean. Si la gente está dispuesta a aceptar su dinero, se puede hacer”,  afirmó.

Lee el reportaje completo en Mongabay Latam 

*Este artículo es parte de una alianza periodística entre Mongabay Latam y Diálogo Chino.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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