Reducir 906 asesinatos de mujeres y 3% brecha salarial, metas del Proigualdad
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Reducir 906 asesinatos de mujeres y 3% brecha salarial con los hombres en 6 años, metas del Proigualdad

El Programa tiene seis objetivos prioritarios con 37 estrategias y 267 acciones que todas las dependencias de gobierno deben ir tomando para lograr ciertas metas.
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19 de febrero, 2021
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Que los asesinatos de mujeres bajen de 3 mil 836 cuando empezó el sexenio a 2 mil 930 cuando termine en 2024 o que la diferencia entre lo que ganan los hombres y las mujeres en el trabajo se reduzca en 3%, son algunas de las metas que se han fijado en el Programa Nacional para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (Proigualdad) 2020-2024, presentado este jueves en Los Pinos.

Aunque el camino de diminución planteado empieza casi sin avances, ya que el año pasado cerró con 3 mil 752 feminicidios y homicidios de mujeres, apenas 2% menos, que abona poco a la meta final de reducirlos en 24%.

Lee: CEPAL advierte retroceso de 10 años para las mujeres en el mercado laboral por pandemia de COVID-19

El Proigualdad fue presentado apenas este jueves, cuando faltan poco más de dos semanas para el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, en las que se anunció que habrá una campaña denominada “mujeres en el centro de la transformación” para difundir las acciones que ha tomado este gobierno a favor de la igualdad. Sin embargo, se publicó desde el pasado 22 de diciembre, año y medio después del Plan Nacional de Desarrollo, del cual emerge, tras la realización de 32 foros en todo el país en los que participaron más de 4 mil mujeres.

El Programa tiene seis objetivos prioritarios con 37 estrategias y 267 acciones que todas las dependencias de gobierno deben ir tomando para lograr ciertas metas: potenciar la autonomía económica de las mujeres; generar condiciones para redistribuir los trabajos domésticos y de cuidados en las familias, el Estado, la comunidad y el sector privado; mejorar las condiciones de acceso a la salud de niñas, adolescentes y adultas; combatir los distintos tipos de violencia de género; una mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones; y construir entornos seguros y de paz para ellas.

En el primer objetivo, por ejemplo, las metas incluyen que la brecha salariar entre mujeres y hombres baje de ser una diferencia de 25%, a una de 22% al concluir el sexenio, o que la cantidad de mujeres que participan en el mercado laboral suba de ser el 43.7% a ser el 48%.

Sin embargo, estas metas se fijaron con datos de 2018 y muchos de ellos empeoraron abruptamente con la pandemia de COVID-19, como la desocupación entre mujeres que subió en 1.3 millones y provocó una caída de su participación laboral hasta el 42.4% al cierre de 2020, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Cuestionada al respecto por Animal Político, Nadine Gasman, titular del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), responsable del Proigualdad, señaló que si esos objetivos eran importantes en 2019, ahora se vuelven aún más porque las necesidades aumentaron.

“Lo que nos da el Proigualdad en el marco de la recuperación es como mucha claridad de cómo tenemos que acelerar el paso. Todo mundo, la CEPAL, han dicho que el impacto de la pandemia va a ser un retroceso muy importante, sobre todo en la parte del mercado laboral, lo hemos visto, tenemos los datos en México de cómo las mujeres han regresado menos a trabajar porque pues por el tema de cuidados. Entonces ¿cómo va a impactar y si vamos a tener que ajustar las metas?, depende de la posibilidad que tengamos de acelerar, de compensar, de hacer como más rápido, invertir esfuerzos, voluntad política, recursos a nivel federal, estatal y municipal para compensar este año”, consideró.

Aquí un resumen de las principales metas propuestas para 2024:

1.Potenciar la autonomía económica de las mujeres para cerrar brechas históricas de desigualdad

La primera meta es aumentar de 43.7 a 48 la tasa de participación económica de las mujeres.

La segunda, reducir de 25% a 22% la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres, solo 3 puntos, cuando en el sexenio pasado disminuyó 8.

En tercer lugar, que el porcentaje de viviendas que son propiedad de una mujer suba de 35.3% en 2015 (último dato disponible) a 38% para 2024.

2.Generar las condiciones para reconocer, reducir y redistribuir los trabajos domésticos y de cuidados de las personas entre las familias, el Estado, la comunidad y el sector privado

En 2018, había 79.9% de mujeres que no tenían acceso a guarderías para dejar a sus hijas e hijos; la meta del actual gobierno es que esto se reduzca solo 5 puntos, a 74%.

En cuanto al tiempo que dedican las mujeres a tareas domésticas y a cuidar a otras personas, todo esto sin ningún pago, la propuesta es que baje de 46.9 horas semanales (6.7 al día) a 40 horas (5.7 diarias).

El Proigualdad también apunta a un cambio en los hombres: proyecta que ellos pasen de dedicar solo 15.7 horas a la semana a estas tareas (2.2 diarias, tres veces menos que las mujeres) a 21.7 horas semanales (3.1 al día, que seguiría siendo la mitad).

Otro elemento que se mide en este rubro es el tiempo dedicado a actividades de esparcimiento, cultura y convivencia. Las mujeres dedican, según se midió en la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo 2014, 20.3 horas semanales a eso, por lo que se propone aumentarlo a 22.4, que es lo que invierten los hombres.

3.Mejorar las condiciones para que las mujeres, niñas y adolescentes accedan al bienestar y la salud sin discriminación desde una perspectiva de derechos

Se plantea que la mortalidad materna baje de 35.8 por cada 100 mil nacidos vivos a 24.3. Aunque como publicó Animal Político en octubre pasado, la contingencia por la pandemia ha provocado aumentos de 46% en esta problemática.

Respecto a embarazo adolescente (en mujeres menores de 20 años), se propone que baje de 70.5 por cada mil mujeres a 65.5.

Y que la necesidad insatisfecha de métodos anticonceptivos baje de 10.8% a 10.4%. Un tema en el que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) ya advirtió que más bien pudo haber crecido hasta un tercio durante 2020.

4.Combatir los tipos y modalidades de violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes, preservando su dignidad e integridad

La violencia familiar fue uno de los problemas que más aumentó con el confinamiento, con 25 denuncias registradas cada hora, pero sobre esa modalidad de violencia no hay una meta específica en el Proigualdad.

Se toman solamente dos datos: el de la prevalencia de mujeres de 15 años y más que refieren haber sufrido un incidente violento en el último año, y se propone una reducción mínima, de 44.8% a solo 44%; y el de actos violentos sufridos “en el ámbito comunitario”, que quiere bajar de 23.3% a 21%.

En este objetivo se enumera también la meta de que las muertes violentas de mujeres bajen en 906 durante el sexenio.

5.Posicionar la participación igualitaria de las mujeres en la toma de decisiones en los ámbitos político, social, comunitario y privado

El Programa Nacional de Igualdad propone varias acciones para fortalecer la promoción política de las mujeres, como aumentar el gasto que los partidos están obligados a destinar a ese rubro, que actualmente es del 3% de su financiamiento y muchas veces se gasta en acciones que no son relevantes para ese objetivo.

Las metas a cumplir son que en la Administración Pública Federal pase de haber 36.6% de mujeres, a 40%, y en lo municipal, que de haber solo 15.9% de alcaldesas en los más de 2 mil 500 municipios del país, lleguen a ser 40%

Este apartado incluye una meta respecto al porcentaje de mujeres que responden en una encuesta que tomaron de manera independiente la decisión de trabajar a estudiar. Se mide cada cinco años, por lo que solo se aspira a que de ser 52.4% en 2016, suba a 55% en 2021.

6. Construir entornos seguros y en paz para las mujeres, niñas y adolescentes

De un 82.1% de mujeres mayores de 15 años que en 2018 consideraban que su colonia, localidad, municipio o entidad de residencia es insegura, una cifra que fue en aumento durante todo el sexenio pasado, la meta del Proigualdad es que se reduzca progresivamente al 77%.

Igualmente, se propone que la percepción de inseguridad en el transporte público baje de 83% a 80%, lo cual es apenas el nivel que se tenía a principios del sexenio anterior.

Y retoma la tasa de mujeres que han sido víctimas de delitos, para proyectar que baje de 28.3 por cada 100 mil habitantes, a 22.

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¿Por qué tantos niños mueren en Brasil por COVID-19?

La pandemia no da tregua en Brasil y estudios muestran que las cifras oficiales pueden ser menores respecto a la cantidad de niños fallecidos por el virus. Una madre relata como perdió a su hijo porque no consiguió que la enfermedad fuera detectada a tiempo.
15 de abril, 2021
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Un año después de la declaratoria de la pandemia del coronavirus, las muertes en Brasil se encuentran en su punto máximo.

Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia de que la COVID-19 rara vez mata a niños pequeños, en la nación sudamericana han fallecido más de 800 menores por esa enfermedad, según cifras oficiales. Y esas cifras pueden ser mayores, de acuerdo a estudios.

Uno de esos casos tiene que ver el hijo de un año de la profesora Jessika Ricarte, al que un médico se negó a realizar una prueba bajo el argumento de que sus síntomas no se ajustaban al perfil del coronavirus.

Dos meses después, el menor murió por complicaciones asociadas con la enfermedad. Sucedió en Tamboril, una ciudad en el estado de Ceará, en el noreste de Brasil.

La historia

Luego de un par de años de intentos y tratamientos de fertilidad fallidos, Ricarte casi había renunciado a tener una familia hasta que quedó embarazada de Lucas.

“Su nombre proviene de ‘luminoso’. Y fue una luz en nuestra vida. Demostró que la felicidad era mucho más de lo que imaginamos”, cuenta.

El primer cumpleaños de Lucas.

Jessika Ricarte
El primer cumpleaños de Lucas.

Primero sospechó que algo andaba mal cuando Lucas, que siempre tenía buen apetito, dejó de sentir hambre.

Jessika se preguntó entonces si era debido a que le estaban saliendo los dientes.

La madrina de Lucas, una enfermera, sugirió que podría tener dolor de garganta. Pero después de que desarrolló fiebre, luego fatiga y dificultad para respirar, la madre lo llevó al hospital y pidió que le hicieran la prueba de COVID-19.

“El médico puso el oxímetro. Los niveles (de oxígeno) de Lucas eran del 86%. Ahora sé que eso no es normal”, dice Jessika.

Como no tenía fiebre, el médico dijo: “No se preocupe, no hay necesidad de una prueba de COVID-19. Probablemente sea solo un dolor de garganta leve”.

Le afirmó a Jessika que el coronavirus era raro en los niños y solo le dio algunos antibióticos.

A pesar de las sospechas de la madre, no había ninguna opción para que Lucas hiciera una prueba en laboratorios privados en ese momento.

Y Ricarte relata que algunos de sus síntomas se disiparon al final de su tratamiento de antibióticos de 10 días, pero el cansancio permaneció.

Lucas

Jessika Ricarte
Jessika tomaba videos de su hijo y las enviaba a familiares porque estaba preocupada por su condición.

“Le envié varios videos a su madrina, a mis padres, a mi suegra, y todos decían que estaba exagerando, que debía dejar de ver las noticias, que me estaba volviendo paranoica. Pero yo sabía que mi hijo no era el mismo, que no respiraba normalmente”, recuerda.

Inesperado

Era mayo de 2020 y el contagio del coronavirus estaba creciendo. Dos personas ya habían muerto en la ciudad donde vive Ricarte.

“Todos se conocen aquí. La ciudad estaba en shock“, afirma.

Israel, el esposo de Jessika, estaba preocupado de que una visita al hospital pudiera aumentar el riesgo de que ella o el hijo de ambos se infectaran con el virus.

Pasaron las semanas y Lucas se volvió cada vez más somnoliento. Finalmente, el 3 de junio, el pequeño vomitó una y otra vez después de almorzar y Ricarte entendió que tenía que hacer algo.

Regresaron al hospital donde el médico examinó a Lucas para evaluar si se trataba de un contagio de COVID-19.

La madrina de Lucas, que trabajaba allí, le dio la noticia a la pareja de que el resultado de la prueba era positivo.

“En ese momento, el centro de salud ni siquiera tenía un reanimador clínico”, dice Jessika.

El menor fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos pediátricos en la ciudad de Sobral, a más de dos horas de distancia, donde le diagnosticaron una afección llamada síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (PIMS, por su sigla en inglés).

Se trata de una respuesta inmune extrema al virus que puede causar inflamación severa de órganos vitales.

Niños

Los expertos dicen que el síndrome, que afecta a los niños hasta seis semanas después de que se infectan con el coronavirus, es un fenómeno raro.

Sin embargo, la reconocida epidemióloga de la Universidad de Sao Paulo Fatima Marinho dice que, durante la pandemia, está viendo más casos de PIMS que nunca antes.

Lucas

Jessika Ricarte

Cuando Lucas fue intubado, a Jessika no se le permitió quedarse en la misma habitación. Llamó a su cuñada para intentar distraerse de la preocupación.

“Podíamos escuchar el sonido de la máquina (de la unidad de cuidados intensivos), el ‘bip’. Hasta que la máquina se detuvo y escuchamos ese pitido constante. Y sabemos que eso sucede cuando la persona muere. Después de unos minutos, la máquina comenzó a funcionar nuevamente y comencé a llorar”, cuenta.

La doctora Manuela Monte, la pediatra que trató a Lucas durante más de un mes en la unidad de cuidados intensivos de Sobral, afirmó que le sorprendió que la condición del niño fuera tan grave porque no tenía ningún factor de riesgo.

La mayoría de los menores afectados por coronavirus tienen enfermedades o trastornos (afecciones existentes como diabetes o problemas cardiovasculares) o sobrepeso, según Lohanna Tavares, infectóloga pediátrica del Hospital Infantil Albert Sabin en Fortaleza, la capital del estado de Ceará.

Pero ese no fue el caso de Lucas.

Durante los 33 días que Lucas estuvo en cuidados intensivos, a Jessika solo se le permitió verlo tres veces.

Lucas's parents, Israel and Jessika

BBC

Lucas necesitaba inmunoglobulina, un medicamento muy caro, para desinflamar su corazón.

Afortunadamente un paciente adulto que había comprado donó una ampolla sobrante al hospital.

Lucas estaba tan enfermo que necesitó recibir una segunda dosis. Desarrolló una erupción en su cuerpo y tenía fiebre persistente. Necesitaba apoyo para respirar.

Luego el niño comenzó a mejorar y los médicos decidieron sacarle el tubo de oxígeno. Hicieron videollamadas a Jessika e Israel para que no se sintiera solo cuando recuperara la conciencia.

“Cuando escuchó nuestras voces se puso a llorar“, relata la madre.

Era la última vez que la pareja vería a su hijo reaccionar. Durante la siguiente videollamada “tenía la mirada paralizada”.

El hospital solicitó una tomografía computarizada y descubrió que Lucas había tenido un derrame cerebral.

Pese a ello, a la pareja se le dijo que Lucas se recuperaría bien con la atención adecuada y que pronto sería trasladado a una sala general.

Cuando Jessika e Israel fueron a visitarlo, el médico estaba tan esperanzado como ellos, cuenta la mujer.

“Esa noche, puse mi celular en silencio. Soñé que Lucas se me acercó y me besó la nariz. Y el sueño fue un gran sentimiento de amor, gratitud y me desperté muy feliz. Luego vi mi celular y vi las 10 llamadas que había hecho el médico”, narra.

Jessika

BBC
Jessika Ricarte

El doctor encargado le dijo a Jessika que la frecuencia cardíaca y los niveles de oxígeno de Lucas habían bajado repentinamente y que había muerto temprano esa mañana.

Ella está segura de que si le hubieran hecho una prueba cuando ella la solicitó, a principios de mayo, habría sobrevivido.

“Es importante que los médicos, incluso si creen que no es coronavirus, hagan el examen para eliminar la posibilidad”, dice.

Indica que “un bebé no dice lo que siente, así que todo depende de las pruebas“.

Un menor en una sala de cuidados intensivos

BBC
Un menor en una sala de cuidados intensivos.

Jessika cree que la demora en el tratamiento adecuado agravó la condición de su hijo.

“Lucas tuvo varias inflamaciones, el 70% del pulmón estaba comprometido, el corazón aumentó en un 40%. Era una situación que podría haberse evitado”, indica.

La doctora Monte está de acuerdo. Ella dice que aunque una situación de PIMS no se puede prevenir, el tratamiento es mucho más exitoso si la condición se diagnostica y se trata temprano.

“Cuanto antes hubiera recibido atención especializada, era mejor. Llegó al hospital ya críticamente enfermo. Creo que podría haber tenido un resultado diferente si lo hubiéramos tratado antes”, señala.

Jessika ahora quiere compartir la historia de Lucas para ayudar a otras personas que pueden prevenir esa clase de síntomas críticos en los menores.

“En el caso de todos los niños que conozco y fueron salvados por alguna advertencia mía, la madre me dice: ‘Vi tus publicaciones, llevé a mi hijo al hospital y ahora está en casa’. Es como si fuera una parte de Lucas“, cuenta.

Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

BBC
Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

El problema

Existe la idea errónea de que los niños corren cero riesgo de un contagio de coronavirus, según Fatima Marinho, quien también es asesora principal de la ONG de salud Vital Strategies.

La investigación de la doctora sostiene que un número sorprendentemente alto de niños y bebés fueron afectados por la enfermedad.

Entre febrero de 2020 y el 15 de marzo de 2021, la COVID-19 mató al menos a 852 niños de Brasil, incluidos 518 bebés menores de un año, según cifras del Ministerio de Salud de ese país.

Pero la experta estima que más del doble de esta cantidad de niños murieron a causa de esa enfermedad dado que, señala, existe un problema grave de bajo registro debido a la falta de pruebas que reduce las cifras.

Marinho revisó el exceso de muertes por síndrome respiratorio agudo durante la pandemia y encontró que hubo al menos 10 veces más muertes que en años anteriores.

Considerando esas estimaciones sostiene que el virus mató a un aproximado de 2.060 niños menores de nueve años, incluidos 1.302 bebés.

¿Qué está pasando?

Los expertos señalan que la gran cantidad de casos de coronavirus en Brasil, el segundo en cantidad de contagios más alto del mundo, elevó la probabilidad de que bebés y niños se vean afectados.

“Por supuesto, cuantos más casos tengamos y, por ende, más hospitalizaciones, mayor será el número de muertes en todos los grupos de edad, incluidos los niños. Pero si se controlara la pandemia, este escenario evidentemente podría minimizarse“, explica Renato. Kfouri, presidente del Departamento Científico de Inmunizaciones de la Sociedad Brasileña de Pediatría.

Dr Cinara Carneiro

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Dra Cinara Carneiro

Una tasa de infección tan alta sobrepasó el sistema de salud de Brasil. En todo el país, el suministro de oxígeno está disminuyendo, hay escasez de medicamentos básicos y en muchas unidades de cuidados intensivos de todo el país simplemente no hay más camas.

El presidente Jair Bolsonaro todavía se opone a los encierros estrictos y se estima que la tasa de infección está siendo impulsada por la variante llamada P.1, considerada más contagiosa y posiblemente surgida en el norte de Brasil.

En marzo murió el doble de personas que en cualquier otro mes de la pandemia y la tendencia al alza continúa.

Otro problema que impulsa las altas tasas de contagios en los niños es la falta de exámenes.

Marinho dice que para los menores es usual que el diagnóstico llegue demasiado tarde, cuando ya están gravemente enfermos.

“Tenemos un grave problema en la detección de casos. No tenemos suficientes pruebas para la población en general, menos aún para los niños. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, hay un retraso en la atención del menor”, explica.

Esto no se debe solo a que exista poca capacidad de prueba, sino también a que es más fácil pasar por alto, o diagnosticar erróneamente, los síntomas de los niños que padecen COVID-19, ya que la enfermedad tiende a presentarse de manera diferente en las personas más jóvenes.

Una salubrista en Brasil

Departamento de Salud de Ceará

“Un niño tiene mucha más diarrea, mucho más dolor abdominal y dolor en el pecho que el visto en un cuadro clásico de COVID-19. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, cuando el menor llega al hospital está en una condición grave y puede complicarse y morir”, señala Marinho.

Problemas sociales

Aunque todo esto también se trata de pobreza y acceso a la atención médica.

Un estudio de 5 mil 857 pacientes con COVID-19 menores de 20 años, realizado por pediatras brasileños dirigido por la Facultad de Medicina de Sao Paulo identificó tanto las enfermedades de base como las vulnerabilidades socioeconómicas como factores de riesgo para el peor resultado en menores.

Marinho está de acuerdo en que este es un factor importante.

“Los más vulnerables son los niños afrodescendientes y los menores de familias muy pobres, ya que tienen más dificultades para acceder al auxilio. Estos son los niños con mayor riesgo de muerte”, indica.

Ella dice que esto se debe a que las condiciones de vivienda hacinadas hacen que sea imposible distanciarse socialmente cuando se infectan, y porque las comunidades más pobres no tienen acceso a una unidad de cuidados intensivos local.

Estos niños también corren riesgo de desnutrición, lo que es “terrible para la respuesta inmunológica”, afirma Marinho.

Cuando se detuvieron las subvenciones en medio de la pandemia, millones volvieron a entrar en graves problemas de subsistencia.

“Pasamos de 7 millones a 21 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en un año. Así que la gente también pasa hambre. Todo esto tiene un impacto en la mortalidad”, afirma la experta.

Braian Sousa, líder de la investigación de la Universidad de Sao Paulo, dice que su estudio identifica ciertos grupos de riesgo entre los niños a los que se debe dar prioridad para la vacunación. Aunque actualmente, no hay vacunas disponibles para menores de 16 años.


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