#SemáforoEconómico: 54.4% de quienes se quedaron sin empleo en 2020 fueron mujeres
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#SemáforoEconómico: El 54.4% de las personas que se quedaron sin trabajo en 2020 fueron mujeres

El impacto laboral que tuvo la pandemia de COVID-19 fue mayor para las mujeres que para los hombres durante 2020.
Cuartoscuro
9 de marzo, 2021
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El impacto que ocasionó el COVID-19 con su llegada al mundo fue profundo, además de la crisis sanitaria que esto significó para la humanidad, en todas las economías a nivel global se resintieron las medidas de distanciamiento social que provocaron una de las crisis económicas globales más pronunciadas en la historia. En particular, el mercado laboral fue uno de los ámbitos más golpeados por la pandemia, donde millones de trabajadores alrededor del mundo perdieron su fuente de ingreso, dejando a millones de familias en situaciones críticas ante el cierre de negocios, empresas y el paro repentino de ciertas actividades económicas que antes de la aparición de la pandemia eran cotidianas.

En específico, en México, durante todo 2020 la población ocupada perdió un total de 3 millones 252 mil 64 trabajadores, de los cuales el 54.4% fueron trabajadoras mexicanas. Dicho de otra forma, de diciembre 2019 a diciembre 2020, la población ocupada total en el país cayó (-)5.8%, donde en el mismo periodo la salida de mujeres de la población ocupada cayó (-)7.9% mientras que en hombres la tasa anual fue (-)4.4%. Lo anterior refleja que de manera agregada el impacto laboral fue mayor para las mujeres que para los hombres durante 2020.

Vale la pena resaltar que a pesar de que la participación de las mujeres en la población ocupada ha aumentado, pasando de representar el 36% en enero 2005 a conformar el 38% de la población ocupada total en el país en enero 2021, las mujeres fueron las más afectadas durante la pandemia. Además, se observó una mayor pérdida de empleos en el sector informal, el cuál perdió el 60% de la pérdida total de 3.25 millones, esto es, 1 millón 953 mil 846 millones de personas dejaron de estar ocupadas en el sector informal de diciembre 2019 a diciembre 2020, de las cuales, el 80% fueron mujeres y sólo el 20% hombres. Estas cifras reflejan nuevamente que fueron las mujeres las que más perdieron su fuente de ingreso durante el año pasado en el contexto de la crisis. 

No sólo fueron las trabajadoras mexicanas las que experimentaron una mayor pérdida en sus puestos de trabajo durante 2020, sino también fueron las que se encontraron en una situación de mayor vulnerabilidad, al encontrarse la mayoría de estas mujeres ocupadas en el sector informal, el cual no cuenta con prestaciones ni beneficios o derechos que por ley  las protejan ante una situación de desempleo. Aunado a esto, predominan los trabajadores hombres que se encuentran asegurados por el IMSS, en promedio en el último año, sólo el 38% del total de trabajadores registrados en el IMSS son mujeres y el 62% restantes hombres. Esto es equivalente a decir que, de los 19 millones 821 mil 651 trabajadores asegurados, 12 millones 208 mil 860 son hombres y sólo 7 millones 612 mil 791 mujeres. Vale la pena recordar que la pérdida en los puestos de trabajo asegurados por el IMSS también reflejó la profundidad de los estragos de la pandemia, pues en abril 2020 se eliminaron 555 mil 247 trabajadores del registro en el mes y, además, el 2020 cerró con una eliminación acumulada total de 647 mil 710 puestos de trabajo asegurados por la institución. El desempeño durante 2020 del total de puestos de trabajo registrados ante el IMSS pintó el #SemáforoEconómico de empleos formales de la organización México, ¿cómo vamos? en rojo en 11 de los 12 meses del año pasado.

En conclusión, no sólo fueron las mujeres las que experimentaron una mayor pérdida en sus puestos de trabajo, sino también las que se encontraron en una situación de mayor vulnerabilidad dada la naturaleza de su ocupación y, por si fuera poco, fueron las mujeres mexicanas ocupadas las que se enfrentaron al mayor reto ante las medidas de confinamiento establecidas para evitar la propagación del virus. Esto es, ante el cierre de escuelas y la implementación de clases en línea, en adición con las tareas del hogar, las trabajadoras mexicanas dedicaron (en adición a su jornada laboral), 40 horas a la semana a la realización de estos quehaceres. En otras palabras, las mujeres que no perdieron su trabajo tuvieron que dedicar lo equivalente a una jornada laboral completa en atender a los hijos, a los cuidados de la casa, al cuidado de enfermos, entre otras actividades, mientras que los hombres sólo dedicaron 20 horas a la semana a la realización de estas tareas. 

Pero los estragos de la pandemia para las mujeres en el país no sólo se quedó en el ámbito laboral, fueron también las mexicanas las que se cayeron en mayores niveles de pobreza laboral a raíz del COVID-19. A nivel nacional, la pobreza laboral registró aumentos significativos durante el 2020: en el tercer trimestre del año la población mexicana que se encontró en esta situación fue el 44.5% (el máximo porcentaje registrado desde que se tiene datos) y al 4T2020 esta proporción bajó a 40.7%, no obstante son 52 millones de mexicanas y mexicanos los que todavía no son capaces de adquirir la canasta básica alimentaria con los ingresos laborales de su hogar al cierre del año pasado. Este hecho ubicó el #SemáforoEconómico de pobreza laboral México, ¿cómo vamos? en rojo. En específico, en el cuarto trimestre de 2020, del total de las mujeres del país, el 42% se encontró en pobreza laboral, mientras que del total de hombres mexicanos el 39% entró en esta situación.

Todo esto, muestra que el panorama para las mujeres mexicanas fue más difícil que para los hombres del país durante la pandemia y además los datos más recientes de la ENOEN de enero 2021 del INEGI reflejan que la recuperación también ha sido más lenta para las trabajadoras de México. Durante el primer mes del año, la población ocupada perdió un total de 883 mil 825 trabajadores, de los cuales el 90% fueron mujeres y el 10% hombres. Ante esta situación dispareja para mujeres del país, en el contexto de una crisis económica y sanitaria que todavía no termina, resulta prioritario que se apoye a las mujeres mexicanas, las cuales son las que se han visto en mayor medida en situaciones más críticas que los hombres mexicanos. Es hora de que se escuchen y se encaminen los apoyos a las mamás, hermanas, hijas y trabajadoras de México que día a día se enfrentan a un entorno desigual de oportunidades.

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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https://www.youtube.com/watch?v=eeU0dpGZPZ8

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