8 de marzo: un recordatorio de que estamos vivas en un país feminicida
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Andrea Paredes

8 de marzo: un recordatorio de que estamos vivas en un país feminicida

Tres madres de víctimas de feminicidio relatan su búsqueda de justicia y el desinterés de las autoridades para castigar a los responsables.
Andrea Paredes
Por Eréndira Aquino y Tania Casasola
8 de marzo, 2021
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Renata, una adolescente de 13 años, soñaba con ser bailarina y poner un refugio para perros de la calle, pero la mataron. Ella vivía con su mamá en el municipio de Ixtapaluca, Estado de México, una de las entidades del país con más feminicidios. 

El 29 de noviembre de 2020 fue encontrada en su propia casa, recostada en su cama, con las cobijas encima, la cabeza totalmente encintada y en su cuerpo había signos de violencia.

Karen Martinely Reyes, mamá de Renata, cuenta que ese domingo salió temprano a trabajar, la dejó dormida y más tarde ella se iría a la casa de sus abuelos –que estaba a una cuadra y media de la suya− a almorzar y pasar el día, pero nunca llegó.

Lee: 8M: Mujeres protestan contra feminicidios en estados y CDMX

Sus abuelos fueron a su casa a buscarla. Nadie abrió. Marcaron a su mamá, pero su celular se quedó sin batería. Cuando Karen regresó del trabajo, su familia le dijo que no habían visto a Renata. Ella se alertó, se dirigieron a su casa y al entrar no la vieron, se acercaron al bulto de cobijas, las quitaron y ahí estaba.

A Renata la mataron en el lugar que debería estar segura: su casa. Los vecinos dicen que no vieron ni escucharon nada.

Su mamá relata que se publicaron versiones falsas de que la habían hallado colgada de una viga. Y el grito que se ha vuelto común en protestas y manifestaciones se repite: “No fue suicidio, fue feminicidio”.

A tres meses de su asesinato no hay responsable de su muerte ni sospechoso, y se desconoce cuál es la línea de investigación de las autoridades.

Karen Martinely sospecha de la expareja con la que vivió durante cinco años. Ella presentó cinco meses antes una denuncia en su contra en la Agencia Especializada en Violencia Familiar, Sexual y de Género (AMPEVIS), por acoso contra su hija. No hubo seguimiento de las autoridades y ni siquiera lo citaron a declarar.

Renata se dio cuenta que él la grabó con su celular mientras se bañaba, le dijo a su mamá, lo denunció y se separaron.

“Llevé el video, la mandaron a declarar y hasta ahí. Yo también pedí medidas de protección porque su familia no quería que sacara mis cosas y tenía mucho miedo (…) Pensé que había hecho las cosas a tiempo, lo correspondiente”.

Tras el feminicidio, su casa estuvo vigilada las 24 horas, aunque sin previo aviso esta medida ya se le retiró. Su última reunión con la fiscal fue en diciembre y no se le ha notificado algún avance.  

Entérate: Bajan feminicidios en CDMX en 2020, pero aumenta el acoso, violaciones y la violencia familiar

“Estoy muy arrepentida por haberme ido ese día, como hubiera querido que ese día se me hubiera hecho tarde, no haber tenido esa presión económica de tener que salir a conseguir otro trabajo”, se lamenta Karen, quien tenía un negocio de comida, pero ante las bajas ventas por la pandemia, el dinero ya no era suficiente.

Karen dice sentir mucho miedo porque el asesino de su hija está libre, aunque también se siente cobijada por mujeres, que sin conocerla, se han acercado a ella para brindarle todo su apoyo y la han acompañado para exigir justicia.

En redes sociales se usó el hastag #JusticiaParaRenata para exigir que su caso no quede impune. Su mamá la recuerda como una niña muy alegre y noble que quería ayudar a todos y siempre le preocupaba la gente en situación de calle. El baile era su pasión, tomaba clases de jazz y su sueño era convertirse en una gran bailarina.  

“Ella es y seguirá siendo lo más importante de mi vida, qué más quisiera estar con ella porque ahorita mi vida no tiene sentido. Sabe que la amo y que me disculpe si lo que estamos haciendo aún no es lo suficiente, pero que no vamos a descansar. No sé si mañana, pasado o en unos meses o tarde. Uno, dos o tres años, el tiempo que me tenga que tardar para conseguir que esta persona le hizo daño pague, lo voy  hacer”, asegura la mamá de Renata.

El Estado de México, donde vivía Renata, cuenta con dos alertas de género: una por feminicidio y la otra por desapariciones, pese a ello, estos delitos no han parado. En 2020 fue la entidad con más feminicidios de todo el país, con 150 víctimas.

Tan solo en enero de este año ya se abrieron 67 carpetas de investigación por feminicidio en el país. El Edomex encabeza la lista con 12 casos, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). 

De acuerdo con la abogada penalista, defensora de género y de derechos humanos, Ana Katiria Suárez, la situación es más alarmante de lo que parece, pues “tan solo el año pasado se registraron 3 mil 723 muertes violentas de mujeres, por lo menos 10 cada día, de las cuales solo 914 fueron tipificadas como feminicidio”.

“¿Qué nos dice esta cifra? Que continúa la perpetuación de la violencia institucional para la correcta tipificación de las conductas, la falta de capacitación y sensibilización de los servidores públicos que integran las Fiscalías del país, y sobre todo que siguen siendo cifras que a nadie le importan más que a nosotras cuando salimos a la calle, cuando tenemos miedo de ser un número más”, señala la abogada.

Daños y pérdidas irreparables

El último día que Lorena Gutiérrez vio a su hija Fátima fue el 5 de febrero de 2015, cuando se fue de casa a la secundaria, en Santa María Zolotepec, Estado de México.

De regreso de la escuela, Fátima, de 12 años, fue interceptada por tres de sus vecinos, quienes la torturaron, la violaron, la asesinaron y enterraron su cuerpo en una zanja, donde fue hallada por su madre y su hermano menor, Daniel.

Lorena lleva seis años buscando justicia, pues uno de los tres agresores -que fueron entregados a las autoridades el mismo día del feminicidio- había sido dejado en libertad y actualmente continúa sin ser sentenciado. Desde entonces también vive desplazada, pues ella y sus hijos comenzaron a recibir amenazas de muerte. Tuvo que dejar su casa en el Estado de México para vivir “oculta” en Nuevo León.

“Llevamos seis años en este caminar, en esperar que se dé una solución al caso de Fátima, pero el desplazamiento ha sido algo que nos ha perjudicado demasiado, ha sido muy revictimizante y de muchas pérdidas, porque se han violentado muchísimo nuestros derechos. Ha habido pérdidas irreparables”, cuenta.

Daniel, su hijo menor, falleció hace tres meses. Lorena acusa que su muerte fue provocada por la falta de acceso a servicios de salud que viven debido a su estado de desplazamiento forzado y señala que sus problemas de salud fueron producto del estrés y la depresión que sufrió los años siguientes al asesinato de Fátima.

“Tenía 10 años cuando encontró asesinada a su hermana en esa zanja. La manera en la que la mataron, la revictimización, las amenazas de muerte, el haber sido desplazado… poco a poco fue minando su salud física y mental. Él tenía nulo acceso al sistema de salud. Su muerte fue por omisión e indolencia, porque le negaron el acceso al sistema de salud, la Comisión de Víctimas no garantizó su salud, y ese es un derecho que ningún niño debe padecer en México, menos siendo una víctima”, lamenta.

Para Lorena, Daniel es una víctima colateral del feminicidio de Fátima, y ahora que sus dos hijos han fallecido, dice que su único objetivo es encontrar verdad y justicia en ambos casos.

También debe pensar qué hará en cuanto liberen a uno de los dos agresores de Fátima que fueron sentenciados, pues cometió los delitos de violación y feminicidio siendo menor de edad y está próxima a cumplirse su condena.

Lee más: Bajan feminicidios en CDMX en 2020, pero aumenta el acoso, violaciones y la violencia familiar

“Daniel debería estar aquí conmigo, dándome fuerzas y aliento para seguir, pero él, dondequiera que esté con Fátima, saben que mientras yo tenga fuerzas no me voy a rendir. Espero que esto deje de pasar y que las mujeres podamos vivir sin miedo y tener la seguridad de que vamos a salir y regresar a nuestra casa, de que nuestros hijos… bueno, en mi caso ya no, porque ya terminaron con mis bebés, pero ojalá que las mujeres tengan seguridad”.

Pese a que en los últimos años el Congreso federal y 13 congresos estatales han reformado sus códigos penales para agravar las penas por feminicidio, en los hechos solo 3 de cada 100 asesinatos son esclarecidos y llegan a una condena.

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de 2015 a 2018 fueron asesinadas en México 12 mil 378 mujeres, pero en el mismo lapso solo se dictaron 407 sentencias condenatorias, que equivalen apenas al 3.2% de todos los casos.

En el mismo periodo de tiempo, los asesinatos de mujeres crecieron 57%, y los datos oficiales muestran que las entidades con mayor cantidad son precisamente las que tienen penas más altas de feminicidio: Estado de México, Chihuahua y Guanajuato.

La indiferencia ante llamadas de auxilio

Mariana Sánchez Dávalos, joven pasante de medicina asesinada en Chiapas, denunció que un médico de la clínica donde hacía su servicio social la acosaba y entraba borracho a su cuarto. La ignoraron. Fue hallada muerta el 28 de enero de este año en su habitación.

La respuesta de las autoridades −a pesar de que ya había más quejas contra él −fue ofrecerle unos tamales y darle unos días de descanso porque estaba “muy estresada”.

La madre de Mariana, Lourdes Dávalos, cuenta que desde que su hija llegó a la clínica de Nueva Palestina, en Ocosingo, pidió su cambio, pues le parecía una zona insegura, pero su solicitud no fue atendida por la Universidad Autónoma de Chiapas.

“Ella no quería quedarse en este lugar. No conocía a nadie y el cuarto donde estuvo estaba prácticamente a la intemperie, abría la puerta y estaba el monte. Los sanitarios estaban alejados del cuarto, tenía que caminar varios metros para llegar a un baño que no tenía ni puerta y se compartía con hombres, con todos. No tenía cama, mesa, sillas, nada”, dice.

Aunque tenía poca comunicación con su mamá debido a la falta de internet en la comunidad, Mariana le contó que un compañero de trabajo la acosaba, y tal mal estaba la situación que había presentado su renuncia.

“Me dijo ‘mamá, mamá, estaba aguantando pero ya no, ya no aguanto, ya renuncié”’. La convencieron de quedarse asegurándole que harían algo, pero al hombre solo lo cambiaron de turno. Siguió pasando, se siguió quejando. La respuesta a sus llamadas de auxilio solo fueron indiferencia.

“Yo digo que si se truncaron los sueños de mi hija, que por lo menos tenga fruto todo lo que pasó Mariana y sufrió. Que sirva para que haya mejores condiciones en las que trabajan los médicos y pasantes, que sean dignas, que haya una limpieza tanto en la universidad y en las instituciones, que la escoria salga”, señala.

#JusticiaParaMariana: Hallan muerta a pasante de medicina que hacía su servicio social en Chiapas

A la señora Lourdes nadie le explicó qué pasó con Mariana. De Saltillo, donde trabajaba, viajó a Chiapas con muchas dudas y las autoridades hicieron muchas cosas sin su consentimiento, como agilizar su incineración cuando tenía que haber de por medio una investigación para aclarar su muerte.

“Alcancé a estar con ella durante 20 minutos. Cuando salimos de la funeraria pensé que podía darle el último adiós a mi hija, pero la carroza se fue demasiado rápido, cuando llegué donde me dijeron que estaba ya la habían metido al crematorio. No me permitieron ni siquiera darle un último adiós”.

Después se enteró que un familiar autorizó la incineración por desconocimiento. “El Ministerio Público fue el que dijo que se tenía que cremar y todo fue demasiado rápido”.  

La Fiscalía del estado reabrió la carpeta de investigación como posible feminicidio, pues en su primer informe había dicho que Mariana se había suicidado. Su mamá tuvo que poner un amparo para que las autoridades le entregaran la carpeta de investigación.

Según la necropsia de ley, la causa de su muerte de la joven de 25 años fue por “asfixia mecánica secundaria”. Lourdes solicitó a la Fiscalía General de la República que atraiga el caso de Mariana al considerar que hay “irregularidades y omisiones” en la investigación.

Analí “N”, directora de la clínica en la que Mariana prestaba su servicio social, fue detenida “por su probable responsabilidad en el delito de abuso de autoridad” en agravio de la pasante de medicina.

Además, un juez de control vinculó a proceso al médico Fernando “N”, como probable responsable del delito de hostigamiento sexual en contra de Mariana.

En 2020, en México se abrieron 5 mil 597carpetas de investigación por el delito de acoso sexual. Tan solo en enero de este año ya contabilizan 411. Chiapas registró el año pasado 28 carpetas de investigación por feminicidio.

Lourdes Dávalos recuerda a su única hija como una joven muy risueña, sencilla, con muchos amigos. Le encantaba ir al gimnasio, la música, tenía habilidades para el dibujo y le apasionaba su profesión. Estaba en trámites para titularse y quería hacer una especialidad en pediatría, pues le gustaban mucho los niños.

Su madre solo pide saber qué pasó y que se haga justicia.

“Ella me está impulsando a ser lo que yo pueda hasta las últimas consecuencias, yo estoy hablando por ella, soy su portavoz, recordando todo, cuando le dieron la espalda, desde cuando se presentó a pedir que le dieran su cambio, que la reubicaran. La ignoraron con total indiferencia. Los que le dieron la espalda, todo lo que le hicieron ahora la van a escuchar, yo hablo por ella. Ella es mi fuerza, ella es mi motor y lo seguirá siendo mientras yo viva”. 

Este panorama muestra que en México la perpetuación de la violencia de género es sistemática, de acuerdo con Ana Katiria Suárez.

Por ello, “este 8 de marzo no podemos felicitar a nadie, es un recordatorio para saber que si estamos levantando la voz es que solo el día de hoy seguimos vivas en este país feminicida, podemos dar una entrevista, ir a una marcha, rayar una pared o exigir al presidente que voltee a ver la gravedad de los feminicidios… es solo porque en este instante estamos vivas, mañana no sé”.

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Cómo eran las relaciones sexuales de los neandertales

Te contamos lo que los científicos han descubierto hasta ahora sobre el momento de la historia de la humanidad en el que los humanos modernos primitivos y los neandertales tuvieron sus primeros encuentros.
6 de abril, 2021
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Recreación de una mujer neandertal.

Getty Images
El sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Sus ojos se encontraron a través del accidentado paisaje montañoso de la Rumania prehistórica.

Era un neandertal y estaba casi al desnudo. Tenía buena postura y piel pálida, quizás ligeramente enrojecida por las quemaduras solares. Alrededor de uno de sus gruesos y musculosos bíceps llevaba un brazalete de garras de águila.

Ella era una humana modernaprimitiva, vestida con un abrigo de piel de animal con un ribete de piel de lobo. Tenía la piel oscura, piernas largas y su cabello estaba recogido en trenzas.

Él se aclaró la garganta, la miró de arriba abajo y, con una voz nasal absurdamente aguda, hizo su mejor presentación. Ella le devolvió la mirada sin comprender. Por suerte para él, no hablaban el mismo idioma. Se rieron incómodamente y, bueno, todos podemos adivinar lo que pasó después.

Por supuesto, eso podría haber sido mucho menos parecido a una escena de una apasionante novela romántica. Quizás la mujer era en realidad neandertal y el hombre pertenecía a nuestra propia especie. Tal vez su relación era de tipo informal y pragmática, porque simplemente no había mucha gente alrededor en ese momento. Incluso se ha sugerido, también, que tales conexiones no fueron consensuadas.

Si bien nunca sabremos qué sucedió realmente en este encuentro, o en otros similares, de lo que podemos estar seguros es que se dio la unión de esa pareja.

Aproximadamente entre 37.000 y 42.000 años después, en febrero de 2002, dos exploradores hicieron un descubrimiento extraordinario en un sistema de cuevas subterráneas en las montañas del suroeste de los Cárpatos, cerca de la ciudad rumana de Anina.

Dentro de la Peştera cu Oase, o “Cueva con huesos”, encontraron miles de huesos de mamíferos. Entre ellos había una mandíbula humana, cuya datación por radiocarbono reveló que era de uno de los humanos modernos primitivos más antiguos conocidos en Europa.

Se cree que los restos permanecieron intactos desde entonces. En ese momento, los científicos notaron que, si bien la mandíbula era inconfundiblemente moderna en su apariencia, también contenía algunas características inusuales similares a las de los neandertales.

Años más tarde, esta corazonada se confirmó.

Los científicos descubrieron que el individuo era un hombre y que probablemente era un 6-9% de neandertal. Esta es la concentración más alta jamás encontrada en un ser humano moderno primitivo, y alrededor de tres veces la cantidad encontrada en los europeos y asiáticos actuales, cuya composición genética es aproximadamente del 1-3% neandertal.

Debido a que el genoma contenía grandes extensiones de secuencias neandertales ininterrumpidas, los expertos calcularon que es probable que el dueño de la mandíbula haya tenido un ancestro neandertal tan solo cuatro o seis generaciones antes. Determinaron que el enlace probablemente ocurrió menos de 200 años antes de la época en que vivió.

Paisaje de los Cárpatos en Rumania.

Getty Images
Un encuentro amoroso entre nuestros ancestros humanos modernos y los neandertales pudo haber tenido lugar en las montañas de los Cárpatos.

Además de la mandíbula, el equipo encontró fragmentos de cráneo de otro individuo en Peştera cu Oase, que poseía una mezcla similar de características. Los científicos aún no han podido extraer ADN de estos restos, pero al igual que la mandíbula, se cree que pueden haber pertenecido a alguien que tenía ascendencia neandertal cercana.

Desde entonces, se ha ido acumulando la evidencia de que el sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Escondidos en los genomas de las poblaciones actuales, hay indicios reveladores de que sucedió en muchas ocasiones distintas y en una amplia zona geográfica.

De hecho, el ADN neandertal se puede encontrar en todas las personas que viven hoy en día, incluidas las de ascendencia africana, cuyos antepasados no se cree que hayan entrado en contacto directamente con este grupo.

Y la transferencia también ocurrió al revés. En 2016, los científicos descubrieron que los neandertales de las montañas de Altai en Siberia pueden haber compartido del 1 al 7% de su genética con los antepasados de los humanos modernos, que vivieron hace aproximadamente 100.000 años.

Los besos

En 2017, Laura Weyrich, antropóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, descubrió la marca fantasmal de un parásito microscópico de 48.000 años aferrado a un diente prehistórico.

“Veo a los microbios antiguos como una forma de aprender más sobre el pasado, y el sarro es realmente la única forma confiable de reconstruir los microorganismos que vivían dentro de los humanos antiguos”, dice Weyrich.

Estaba particularmente interesada en lo que comían los neandertales y cómo interactuaban con su entorno. Para averiguarlo, secuenció el ADN de la placa dental en dientes hallados en tres cuevas diferentes.

Dos de las muestras se tomaron de 13 neandertales encontrados en El Sidrón, en el noroeste de España. Para sorpresa de Weyrich, uno de los dientes contenía la firma genética de un microorganismo parecido a una bacteria, Methanobrevibacter oralis, que todavía se encuentra en nuestra boca hoy en día.

Cráneo de un neandertal.

Getty Images
Los neandertales tenían rasgos faciales distintivos, pero se han encontrado algunos cráneos con una mezcla de rasgos.

“Para mí, lo que es fascinante es que este es también uno de los primeros períodos en los que describimos el mestizaje entre humanos y neandertales”, dice Weyrich. “Así que es maravilloso ver una especie de microbio envuelto en esa interacción”.

Weyrich explica que una posible ruta para la transferencia son los besos: “Cuando besas a alguien, los microbios orales van y vienen entre las bocas”, dice.

“Pudo haber sucedido una vez, pero luego de alguna manera se propagó mágicamente, si el grupo de personas infectadas tuvo éxito. Pero también podría ser algo que ocurriera con más regularidad”.

Otra forma de transferir sus microbios orales es compartiendo alimentos. Y aunque no hay evidencia directa de que un neandertal esté preparando una comida para un humano moderno primitivo, una comida romántica podría haber sido una fuente alternativa de M. oralis.

Para Weyrich, el descubrimiento es emocionante porque sugiere que nuestras interacciones con otros tipos de humanos hace mucho tiempo han dado forma a las comunidades de microorganismos que tenemos hoy.

Neandertales masculinos o femeninos

Es imposible decir con certeza si fueron en su mayoría mujeres neandertales las que se acostaron con los hombres humanos modernos primitivos, o al revés, pero hay algunas pistas.

En 2008, los arqueólogos descubrieron un hueso de un dedo roto y un solo diente molar en la cueva Denisova, en las montañas de Altai en Rusia, a partir de la cual se reveló una nueva subespecie de humanos.

Durante años, los “denisovanos” se conocían solo por el puñado de muestras desenterradas en este sitio, junto con su ADN, del cual los científicos descubrieron que su legado continúa hasta el día de hoy en los genomas de personas de ascendencia melanesia y de Asia oriental.

Los denisovanos estaban mucho más relacionados con los neandertales que los humanos actuales; las dos subespecies pueden haber tenido rangos que se superpusieron en Asia durante cientos de miles de años.

Reconstrucción de un denisovano

Maayan Harel
Los denisovanos tienen rasgos comunes con los humanos modernos y los neandertales.

Esto se hizo particularmente evidente en 2018, con el descubrimiento de un fragmento de hueso que pertenecía a una niña, apodada Denny, que tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

En consecuencia, tendría sentido si los cromosomas sexuales masculinos de los neandertales fueran similares a los de los denisovanos. Pero cuando los científicos secuenciaron el ADN de tres neandertales, que vivieron hace 38.000 a 53.000 años, se sorprendieron al descubrir que sus cromosomas Y tenían más en común con los de los humanos actuales.

Los investigadores dicen que esto es evidencia de un “fuerte flujo de genes” entre los neandertales y los primeros humanos modernos: se cruzaban mucho.

Otra investigación ha demostrado que casi exactamente el mismo destino tuvieron las mitocondrias neandertales: la maquinaria celular que ayuda a convertir los azúcares en energía aprovechable.

Estos se transmiten exclusivamente de madres a hijos, por lo que cuando se encontraron las primeras mitocondrias humanas modernas en restos de neandertales en 2017, insinuó que nuestros antepasados también estaban teniendo relaciones sexuales con neandertales masculinos.

Enfermedades de transmisión sexual

Hace unos años, Ville Pimenoff estaba estudiando la infección de transmisión sexual por el virus del papiloma humano (VPH) cuando notó algo extraño.

Existe una clara división a nivel mundial entre dónde se encuentran ciertas variantes de este virus. En la mayor parte del planeta, lo más probable es que encuentre el tipo A, mientras que en el África subsahariana la mayoría de las personas están infectadas con los tipos B y C.

Curiosamente, el patrón coincide exactamente con la distribución del ADN neandertal en todo el mundo, pues las personas en África subsahariana no solo portan cepas inusuales del VPH, sino que tienen relativamente poco material genético neandertal.

Para averiguar qué estaba pasando, Pimenoff utilizó la diversidad genética entre el tipo A actual para determinar que surgió por primera vez hace 60.000-120.000 años aproximadamente. Esto lo hace mucho más anterior que los otros tipos de VPH-16 y, lo que es más importante, ocurre en la época en que los primeros humanos modernos emergieron de África y entraron en contacto con los neandertales.

Aunque es difícil de probar definitivamente, Pimenoff cree que inmediatamente comenzaron a intercambiar enfermedades de transmisión sexual, y que la división en las variantes del VPH-16 refleja el hecho de que adquirimos el tipo A de sus antecesores.

“Lo probé miles de veces usando técnicas computacionales, y el resultado siempre fue el mismo: que este es el escenario más plausible”, dice Pimenoff.

Curiosamente, Pimenoff también cree que la adquisición del tipo A de los neandertales explica por qué es tan canceroso en los seres humanos: debido a que lo encontramos por primera vez hace relativamente poco, nuestro sistema inmunológico aún no ha evolucionado para poder eliminar la infección.

Neandertal

Lambert/Ullstein Bild/Getty Images
Tanto hombres como mujeres neandertales se cruzaron con nuestra propia especie, según registros genéticos.

De hecho, el sexo con neandertales podría habernos dejado otros virus, incluido un antiguo pariente del VIH. Pero no hay necesidad de sentirse resentido con nuestros parientes, porque también hay evidencia de que les contagiamos ETS, incluido el herpes.

Los órganos sexuales

Aunque pueda parecer burdo preguntarse cómo eran los penes y las vaginas de los neandertales, los genitales de diferentes organismos han sido objeto de un vasto cuerpo de investigación científica.

Resulta que los órganos sexuales de un animal pueden revelar una cantidad sorprendente de información sobre su estilo de vida, estrategias de apareamiento e historia evolutiva, por lo que hacer preguntas sobre ellos es solo otra ruta para comprenderlos.

El reino animal contiene una variedad caleidoscópica de diseños. Estos incluyen el pulpo argonauta y su pene desmontable con forma de gusano, que puede nadar solo para aparearse con las hembras, o las vaginas triples de canguros, que hacen posible que las hembras estén embarazadas perpetuamente.

Una de las formas en las que los penes humanos son inusuales es que son lisos.

Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés comunes y los bonobos, con quienes compartimos alrededor del 99% de nuestro ADN, tienen “espinas del pene”.

Se cree que estas pequeñas púas, que están hechas de la misma sustancia que la piel y el cabello (queratina), evolucionaron para eliminar los espermatozoides de los machos competidores o para irritar ligeramente la vagina de la hembra y hacer que deje de tener relaciones sexuales por un tiempo.

En 2013, los científicos descubrieron que el código genético de las espinas del pene no existe en los genomas neandertal y denisovano, al igual que en los humanos modernos, lo que sugiere que desapareció de nuestros antepasados comunes hace al menos 800.000 años.

Esto es significativo, porque se cree que las espinas del pene son más útiles en especies promiscuas, donde pueden ayudar a los machos a competir con otros y maximizar las posibilidades de reproducción.

Esto ha llevado a la especulación de que, como nosotros, los neandertales y los denisovanos eran en su mayoría monógamos.

Evolución

Getty Images
Hace 100.000 años convivieron diferentes grupos de humanos.

Más promiscuos

Sin embargo, hay alguna evidencia que sugiere que los neandertales tenían más sexo que los humanos modernos.

Los estudios en fetos han demostrado que la presencia de andrógenos como la testosterona en el útero puede afectar la “proporción de los dígitos” de una persona en la edad adulta, una medida de cómo se comparan las longitudes de los dedos índice y anular, calculada dividiendo el primero por el segundo.

En un entorno con niveles altos de testosterona, las personas tienden a terminar con proporciones más bajas. Esto es así independientemente del sexo biológico.

Desde este descubrimiento, se han encontrado vínculos entre la proporción de dígitos y el atractivo facial, la orientación sexual, la asunción de riesgos, el rendimiento académico, cuán empáticas son las mujeres, cuán dominantes parecen los hombres e incluso el tamaño de sus testículos, aunque algunos estudios en esta área son controvertidos.

En 2010, un equipo de científicos también notó un patrón entre los parientes más cercanos de los humanos. Resulta que los chimpancés, gorilas y orangutanes, que generalmente son más promiscuos, tienen proporciones de dígitos más bajas en promedio, mientras que un humano moderno primitivo encontrado en una cueva israelí y los humanos actuales tenían proporciones más altas (0,935 y 0,957, respectivamente).

Los humanos son ampliamente monógamos, por lo que los investigadores sugirieron que podría haber un vínculo entre la proporción de dígitos de una especie y la estrategia sexual.

Si tienen razón, los neandertales, que tenían proporciones entre los dos grupos (0,928), eran un poco menos monógamos que los humanos modernos y actuales.

En familia

Una vez que una pareja de humanos neandertales-modernos-primitivos se encontraban, es posible que se establecieran cerca de donde vivía el hombre, y cada generación seguía el mismo patrón.

La evidencia genética de los neandertales sugiere que los hogares estaban compuestos por hombres, sus parejas e hijos. Las mujeres parecían abandonar el hogar familiar cuando encontraban pareja.

Otra idea de su unión para siempre proviene de un estudio de los genes que dejaron en los islandeses de la actualidad.

El año pasado, un análisis de los genomas de 27.566 de estos individuos reveló las edades en las que los neandertales tendían a tener hijos: mientras que las mujeres eran generalmente mayores que sus homólogas humanas modernas, los hombres generalmente eran padres jóvenes.

Garra de un águila.

STR/AFP/Getty Images
Hace cerca de 130.000 años, un neandertal en lo que hoy es Croacia cortó la garra de un águila posiblemente para hacer joyas.

Si la pareja del principio de este artículo hubiera tenido un un bebé, tal vez, como otros neandertales, la madre lo habría amamantado durante unos nueve meses y destetado por completo alrededor de los 14 meses, que es antes que los humanos en las sociedades modernas no industriales.

La curiosidad sobre estas interacciones antiguas está revelando nueva información sobre cómo vivían los neandertales en general y por qué desaparecieron.

Se cree que estas uniones han contribuido a una variedad de rasgos que los humanos modernos llevamos hoy, desde el tono de piel, el color del cabello y la altura hasta nuestros patrones de sueño, estado de ánimo y sistema inmunológico.

Aprender sobre ellos ya está llevando a posibles tratamientos para enfermedades modernas, como los medicamentos que se dirigen a un gen neandertal que se cree que contribuye a los casos graves de covid-19 .

Ahora se cree que la extinción de los neandertales hace aproximadamente 40.000 años puede haber sido impulsada en parte por nuestra atracción mutua, así como por factores como el cambio climático repentino y la endogamia.

Una teoría emergente es que las enfermedades transmitidas por las dos subespecies, como el VPH y el herpes, inicialmente formaron una barrera invisible, que impedía expandir su territorio y potencialmente entrar en contacto.

En las pocas áreas en las que se superpusieron, se cruzaron y los primeros humanos modernos adquirieron genes de inmunidad útiles que de repente hicieron posible aventurarse más lejos.

Pero los neandertales no tuvieron tanta suerte: el modelo sugiere que si tuvieran una mayor carga de enfermedades, es posible que hayan permanecido vulnerables a estas nuevas cepas exóticas durante más tiempo, independientemente del mestizaje, y esto significa que estaban estancados.

Finalmente, los antepasados de los humanos actuales llegaron a sus territorios y los aniquilaron.

Otra idea es que absorbimos gradualmente su población relativamente pequeña en la de los primeros humanos modernos. Después de todo, ya habían adoptado en gran medida nuestros cromosomas Y así como las mitocondrias, y al menos el 20% de su ADN todavía existe en personas vivas en la actualidad.

Quizás la pareja que se unió en la Rumania prehistórica sobreviva en alguien que lee este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


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