8 de marzo: un recordatorio de que estamos vivas en un país feminicida
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Andrea Paredes

8 de marzo: un recordatorio de que estamos vivas en un país feminicida

Tres madres de víctimas de feminicidio relatan su búsqueda de justicia y el desinterés de las autoridades para castigar a los responsables.
Andrea Paredes
Por Tania Casasola y Eréndira Aquino
8 de marzo, 2021
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Renata, una adolescente de 13 años, soñaba con ser bailarina y poner un refugio para perros de la calle, pero la mataron. Ella vivía con su mamá en el municipio de Ixtapaluca, Estado de México, una de las entidades del país con más feminicidios. 

El 29 de noviembre de 2020 fue encontrada en su propia casa, recostada en su cama, con las cobijas encima, la cabeza totalmente encintada y en su cuerpo había signos de violencia.

Karen Martinely Reyes, mamá de Renata, cuenta que ese domingo salió temprano a trabajar, la dejó dormida y más tarde ella se iría a la casa de sus abuelos –que estaba a una cuadra y media de la suya− a almorzar y pasar el día, pero nunca llegó.

Lee: 8M: Mujeres protestan contra feminicidios en estados y CDMX

Sus abuelos fueron a su casa a buscarla. Nadie abrió. Marcaron a su mamá, pero su celular se quedó sin batería. Cuando Karen regresó del trabajo, su familia le dijo que no habían visto a Renata. Ella se alertó, se dirigieron a su casa y al entrar no la vieron, se acercaron al bulto de cobijas, las quitaron y ahí estaba.

A Renata la mataron en el lugar que debería estar segura: su casa. Los vecinos dicen que no vieron ni escucharon nada.

Su mamá relata que se publicaron versiones falsas de que la habían hallado colgada de una viga. Y el grito que se ha vuelto común en protestas y manifestaciones se repite: “No fue suicidio, fue feminicidio”.

A tres meses de su asesinato no hay responsable de su muerte ni sospechoso, y se desconoce cuál es la línea de investigación de las autoridades.

Karen Martinely sospecha de la expareja con la que vivió durante cinco años. Ella presentó cinco meses antes una denuncia en su contra en la Agencia Especializada en Violencia Familiar, Sexual y de Género (AMPEVIS), por acoso contra su hija. No hubo seguimiento de las autoridades y ni siquiera lo citaron a declarar.

Renata se dio cuenta que él la grabó con su celular mientras se bañaba, le dijo a su mamá, lo denunció y se separaron.

“Llevé el video, la mandaron a declarar y hasta ahí. Yo también pedí medidas de protección porque su familia no quería que sacara mis cosas y tenía mucho miedo (…) Pensé que había hecho las cosas a tiempo, lo correspondiente”.

Tras el feminicidio, su casa estuvo vigilada las 24 horas, aunque sin previo aviso esta medida ya se le retiró. Su última reunión con la fiscal fue en diciembre y no se le ha notificado algún avance.  

Entérate: Bajan feminicidios en CDMX en 2020, pero aumenta el acoso, violaciones y la violencia familiar

“Estoy muy arrepentida por haberme ido ese día, como hubiera querido que ese día se me hubiera hecho tarde, no haber tenido esa presión económica de tener que salir a conseguir otro trabajo”, se lamenta Karen, quien tenía un negocio de comida, pero ante las bajas ventas por la pandemia, el dinero ya no era suficiente.

Karen dice sentir mucho miedo porque el asesino de su hija está libre, aunque también se siente cobijada por mujeres, que sin conocerla, se han acercado a ella para brindarle todo su apoyo y la han acompañado para exigir justicia.

En redes sociales se usó el hastag #JusticiaParaRenata para exigir que su caso no quede impune. Su mamá la recuerda como una niña muy alegre y noble que quería ayudar a todos y siempre le preocupaba la gente en situación de calle. El baile era su pasión, tomaba clases de jazz y su sueño era convertirse en una gran bailarina.  

“Ella es y seguirá siendo lo más importante de mi vida, qué más quisiera estar con ella porque ahorita mi vida no tiene sentido. Sabe que la amo y que me disculpe si lo que estamos haciendo aún no es lo suficiente, pero que no vamos a descansar. No sé si mañana, pasado o en unos meses o tarde. Uno, dos o tres años, el tiempo que me tenga que tardar para conseguir que esta persona le hizo daño pague, lo voy  hacer”, asegura la mamá de Renata.

El Estado de México, donde vivía Renata, cuenta con dos alertas de género: una por feminicidio y la otra por desapariciones, pese a ello, estos delitos no han parado. En 2020 fue la entidad con más feminicidios de todo el país, con 150 víctimas.

Tan solo en enero de este año ya se abrieron 67 carpetas de investigación por feminicidio en el país. El Edomex encabeza la lista con 12 casos, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). 

De acuerdo con la abogada penalista, defensora de género y de derechos humanos, Ana Katiria Suárez, la situación es más alarmante de lo que parece, pues “tan solo el año pasado se registraron 3 mil 723 muertes violentas de mujeres, por lo menos 10 cada día, de las cuales solo 914 fueron tipificadas como feminicidio”.

“¿Qué nos dice esta cifra? Que continúa la perpetuación de la violencia institucional para la correcta tipificación de las conductas, la falta de capacitación y sensibilización de los servidores públicos que integran las Fiscalías del país, y sobre todo que siguen siendo cifras que a nadie le importan más que a nosotras cuando salimos a la calle, cuando tenemos miedo de ser un número más”, señala la abogada.

Daños y pérdidas irreparables

El último día que Lorena Gutiérrez vio a su hija Fátima fue el 5 de febrero de 2015, cuando se fue de casa a la secundaria, en Santa María Zolotepec, Estado de México.

De regreso de la escuela, Fátima, de 12 años, fue interceptada por tres de sus vecinos, quienes la torturaron, la violaron, la asesinaron y enterraron su cuerpo en una zanja, donde fue hallada por su madre y su hermano menor, Daniel.

Lorena lleva seis años buscando justicia, pues uno de los tres agresores -que fueron entregados a las autoridades el mismo día del feminicidio- había sido dejado en libertad y actualmente continúa sin ser sentenciado. Desde entonces también vive desplazada, pues ella y sus hijos comenzaron a recibir amenazas de muerte. Tuvo que dejar su casa en el Estado de México para vivir “oculta” en Nuevo León.

“Llevamos seis años en este caminar, en esperar que se dé una solución al caso de Fátima, pero el desplazamiento ha sido algo que nos ha perjudicado demasiado, ha sido muy revictimizante y de muchas pérdidas, porque se han violentado muchísimo nuestros derechos. Ha habido pérdidas irreparables”, cuenta.

Daniel, su hijo menor, falleció hace tres meses. Lorena acusa que su muerte fue provocada por la falta de acceso a servicios de salud que viven debido a su estado de desplazamiento forzado y señala que sus problemas de salud fueron producto del estrés y la depresión que sufrió los años siguientes al asesinato de Fátima.

“Tenía 10 años cuando encontró asesinada a su hermana en esa zanja. La manera en la que la mataron, la revictimización, las amenazas de muerte, el haber sido desplazado… poco a poco fue minando su salud física y mental. Él tenía nulo acceso al sistema de salud. Su muerte fue por omisión e indolencia, porque le negaron el acceso al sistema de salud, la Comisión de Víctimas no garantizó su salud, y ese es un derecho que ningún niño debe padecer en México, menos siendo una víctima”, lamenta.

Para Lorena, Daniel es una víctima colateral del feminicidio de Fátima, y ahora que sus dos hijos han fallecido, dice que su único objetivo es encontrar verdad y justicia en ambos casos.

También debe pensar qué hará en cuanto liberen a uno de los dos agresores de Fátima que fueron sentenciados, pues cometió los delitos de violación y feminicidio siendo menor de edad y está próxima a cumplirse su condena.

Lee más: Bajan feminicidios en CDMX en 2020, pero aumenta el acoso, violaciones y la violencia familiar

“Daniel debería estar aquí conmigo, dándome fuerzas y aliento para seguir, pero él, dondequiera que esté con Fátima, saben que mientras yo tenga fuerzas no me voy a rendir. Espero que esto deje de pasar y que las mujeres podamos vivir sin miedo y tener la seguridad de que vamos a salir y regresar a nuestra casa, de que nuestros hijos… bueno, en mi caso ya no, porque ya terminaron con mis bebés, pero ojalá que las mujeres tengan seguridad”.

Pese a que en los últimos años el Congreso federal y 13 congresos estatales han reformado sus códigos penales para agravar las penas por feminicidio, en los hechos solo 3 de cada 100 asesinatos son esclarecidos y llegan a una condena.

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de 2015 a 2018 fueron asesinadas en México 12 mil 378 mujeres, pero en el mismo lapso solo se dictaron 407 sentencias condenatorias, que equivalen apenas al 3.2% de todos los casos.

En el mismo periodo de tiempo, los asesinatos de mujeres crecieron 57%, y los datos oficiales muestran que las entidades con mayor cantidad son precisamente las que tienen penas más altas de feminicidio: Estado de México, Chihuahua y Guanajuato.

La indiferencia ante llamadas de auxilio

Mariana Sánchez Dávalos, joven pasante de medicina asesinada en Chiapas, denunció que un médico de la clínica donde hacía su servicio social la acosaba y entraba borracho a su cuarto. La ignoraron. Fue hallada muerta el 28 de enero de este año en su habitación.

La respuesta de las autoridades −a pesar de que ya había más quejas contra él −fue ofrecerle unos tamales y darle unos días de descanso porque estaba “muy estresada”.

La madre de Mariana, Lourdes Dávalos, cuenta que desde que su hija llegó a la clínica de Nueva Palestina, en Ocosingo, pidió su cambio, pues le parecía una zona insegura, pero su solicitud no fue atendida por la Universidad Autónoma de Chiapas.

“Ella no quería quedarse en este lugar. No conocía a nadie y el cuarto donde estuvo estaba prácticamente a la intemperie, abría la puerta y estaba el monte. Los sanitarios estaban alejados del cuarto, tenía que caminar varios metros para llegar a un baño que no tenía ni puerta y se compartía con hombres, con todos. No tenía cama, mesa, sillas, nada”, dice.

Aunque tenía poca comunicación con su mamá debido a la falta de internet en la comunidad, Mariana le contó que un compañero de trabajo la acosaba, y tal mal estaba la situación que había presentado su renuncia.

“Me dijo ‘mamá, mamá, estaba aguantando pero ya no, ya no aguanto, ya renuncié”’. La convencieron de quedarse asegurándole que harían algo, pero al hombre solo lo cambiaron de turno. Siguió pasando, se siguió quejando. La respuesta a sus llamadas de auxilio solo fueron indiferencia.

“Yo digo que si se truncaron los sueños de mi hija, que por lo menos tenga fruto todo lo que pasó Mariana y sufrió. Que sirva para que haya mejores condiciones en las que trabajan los médicos y pasantes, que sean dignas, que haya una limpieza tanto en la universidad y en las instituciones, que la escoria salga”, señala.

#JusticiaParaMariana: Hallan muerta a pasante de medicina que hacía su servicio social en Chiapas

A la señora Lourdes nadie le explicó qué pasó con Mariana. De Saltillo, donde trabajaba, viajó a Chiapas con muchas dudas y las autoridades hicieron muchas cosas sin su consentimiento, como agilizar su incineración cuando tenía que haber de por medio una investigación para aclarar su muerte.

“Alcancé a estar con ella durante 20 minutos. Cuando salimos de la funeraria pensé que podía darle el último adiós a mi hija, pero la carroza se fue demasiado rápido, cuando llegué donde me dijeron que estaba ya la habían metido al crematorio. No me permitieron ni siquiera darle un último adiós”.

Después se enteró que un familiar autorizó la incineración por desconocimiento. “El Ministerio Público fue el que dijo que se tenía que cremar y todo fue demasiado rápido”.  

La Fiscalía del estado reabrió la carpeta de investigación como posible feminicidio, pues en su primer informe había dicho que Mariana se había suicidado. Su mamá tuvo que poner un amparo para que las autoridades le entregaran la carpeta de investigación.

Según la necropsia de ley, la causa de su muerte de la joven de 25 años fue por “asfixia mecánica secundaria”. Lourdes solicitó a la Fiscalía General de la República que atraiga el caso de Mariana al considerar que hay “irregularidades y omisiones” en la investigación.

Analí “N”, directora de la clínica en la que Mariana prestaba su servicio social, fue detenida “por su probable responsabilidad en el delito de abuso de autoridad” en agravio de la pasante de medicina.

Además, un juez de control vinculó a proceso al médico Fernando “N”, como probable responsable del delito de hostigamiento sexual en contra de Mariana.

En 2020, en México se abrieron 5 mil 597carpetas de investigación por el delito de acoso sexual. Tan solo en enero de este año ya contabilizan 411. Chiapas registró el año pasado 28 carpetas de investigación por feminicidio.

Lourdes Dávalos recuerda a su única hija como una joven muy risueña, sencilla, con muchos amigos. Le encantaba ir al gimnasio, la música, tenía habilidades para el dibujo y le apasionaba su profesión. Estaba en trámites para titularse y quería hacer una especialidad en pediatría, pues le gustaban mucho los niños.

Su madre solo pide saber qué pasó y que se haga justicia.

“Ella me está impulsando a ser lo que yo pueda hasta las últimas consecuencias, yo estoy hablando por ella, soy su portavoz, recordando todo, cuando le dieron la espalda, desde cuando se presentó a pedir que le dieran su cambio, que la reubicaran. La ignoraron con total indiferencia. Los que le dieron la espalda, todo lo que le hicieron ahora la van a escuchar, yo hablo por ella. Ella es mi fuerza, ella es mi motor y lo seguirá siendo mientras yo viva”. 

Este panorama muestra que en México la perpetuación de la violencia de género es sistemática, de acuerdo con Ana Katiria Suárez.

Por ello, “este 8 de marzo no podemos felicitar a nadie, es un recordatorio para saber que si estamos levantando la voz es que solo el día de hoy seguimos vivas en este país feminicida, podemos dar una entrevista, ir a una marcha, rayar una pared o exigir al presidente que voltee a ver la gravedad de los feminicidios… es solo porque en este instante estamos vivas, mañana no sé”.

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Rusia y Ucrania: 5 escenarios de cómo podría terminar la guerra

A estas alturas de la invasión rusa a Ucrania no hay señales todavía de cómo podría llegar a su fin el conflicto. BBC Mundo te cuenta cuáles son las opciones más plausibles y cuáles serían sus implicaciones.
4 de marzo, 2022
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En medio de la niebla de la guerra, puede ser difícil ver el camino a seguir. Las noticias que llegan sobre los lugares donde se está combatiendo, los ruidos diplomáticos, la aflicción de los refugiados y desplazados… todo esto puede ser abrumador.

Pero demos un paso atrás por un momento y consideremos cómo podría desarrollarse el conflicto entre Rusia y Ucrania.

¿Cuáles son algunos de los posibles escenarios que están examinando los políticos y los jefes militares? Pocos pueden predecir el futuro con certeza; no obstante, aquí hay algunos posibles resultados. La mayoría son sombríos.

Guerra corta

En este escenario, Rusia escala sus operaciones militares. Hay más ataques indiscriminados de artillería y cohetes en todo Ucrania. La fuerza de aviación rusa, que hasta ahora ha desempeñado un papel discreto, lanza devastadores bombardeos aéreos.

Los ataques cibernéticos masivos se extienden por Ucrania y tienen como objetivo la infraestructura nacional clave. Se cortan los suministros de energía y las redes de comunicaciones. Mueren miles de civiles.

A pesar de la valiente resistencia, Kiev cae en cuestión de días. El gobierno es reemplazado por un régimen títere pro-Moscú. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, es asesinado o huye, al oeste de Ucrania o incluso al extranjero, para establecer un gobierno en el exilio.

El presidente ruso, Vladimir Putin, declara la victoria y retira algunas fuerzas, dejando suficientes para mantener cierto control. Miles de refugiados continúan huyendo hacia el oeste. Ucrania se une a Bielorrusia como estado satélite de Moscú.

Este resultado no es de ninguna manera imposible, pero dependería de que cambien varios factores como un mejor desempeño de las fuerzas rusas, un mayor despliegue de las mismas y el desvanecimiento del extraordinario espíritu de lucha de Ucrania.

Putin podría lograr un cambio de régimen en Kiev y el fin de la integración occidental de Ucrania. Pero cualquier gobierno prorruso sería ilegítimo y vulnerable a la insurgencia.

Ese resultado seguiría siendo inestable y la posibilidad de que estallara de nuevo el conflicto sería alta.

Guerra larga

Quizás lo más probable es que esto se convierta en una guerra prolongada. Tal vez las fuerzas rusas se atasquen, obstaculizadas por la baja moral, la mala logística y un liderazgo inepto.

Tal vez las fuerzas rusas tarden más en asegurar ciudades como Kiev, cuyos defensores luchan por cada calle. Se produce un largo asedio.

La confrontación trae ecos de la larga y brutal lucha de Rusia en la década de 1990 para apoderarse -y destruir en gran medida- Grozny, la capital de Chechenia.

Chechenos durante la ocupación rusa de Grozny.

Getty Images
La lucha de Moscú para mantener bajo su control a Chechenia fue larga y sangrienta.

E incluso una vez que las fuerzas rusas hayan logrado cierta presencia en las ciudades de Ucrania, quizás les cueste mantener el control.

Tal vez Rusia no pueda proporcionar suficientes tropas para cubrir un país tan vasto.

Entonces, las fuerzas defensivas de Ucrania se transforman en una insurgencia eficaz, bien motivada y apoyada por las poblaciones locales. Occidente continúa proporcionando armas y municiones.

Y luego, quizás después de muchos años, puede ser con un nuevo liderazgo en Moscú, las fuerzas rusas finalmente abandonan Ucrania, doblegadas y ensangrentadas, al igual que sus predecesores abandonaron Afganistán en 1989 después de una década luchando contra los insurgentes islamistas.

Guerra europea

¿Sería posible que esta guerra se extendiera más allá de las fronteras de Ucrania?

El presidente Putin podría tratar de recuperar más partes del antiguo imperio de Rusia enviando tropas a ex repúblicas soviéticas como Moldavia y Georgia, que no forman parte de la OTAN.

O simplemente podría haber un error de cálculo y una escalada. Putin podría declarar que el suministro de armas occidentales a las fuerzas ucranianas es un acto de agresión que justifica represalias.

Podría amenazar con enviar tropas a los estados bálticos, que son miembros de la OTAN, como Lituania, para establecer un corredor terrestre con el enclave costero ruso de Kaliningrado.

Vista de la plaza frente al Ayuntamiento de Járkiv, destrozada por los ataques rusos.

Getty Images
La plaza frente al Ayuntamiento de Járkiv fue destrozada por los bombardeos rusos.

Esto sería enormemente peligroso e implicaría el riesgo de una guerra con la OTAN. Según el artículo 5 de los estatutos de la alianza militar, un ataque contra un miembro es un ataque contra todos.

Pero Putin podría asumir ese riesgo si sintiera que es la única forma de salvar su liderazgo. Si tal vez se enfrentara a la derrota en Ucrania, podría verse tentado a escalar aún más.

Ahora sabemos que el líder ruso está dispuesto a romper las normas internacionales establecidas.

Esta misma lógica se puede aplicar al uso de armas nucleares. Esta semana, Putin puso sus fuerzas nucleares en un nivel más alto de alerta.

La mayoría de los analistas dudan de que esto signifique que su uso es probable o inminente. Pero fue un recordatorio de que la doctrina rusa permite el posible uso de armas nucleares tácticas en el campo de batalla.

Solución diplomática

¿Habrá, a pesar de todo, todavía una posible solución diplomática?

“Las armas están hablando ahora, pero el camino del diálogo siempre debe permanecer abierto”, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres. Ciertamente, el diálogo continúa.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha hablado con el presidente Putin por teléfono.

Los diplomáticos dicen que están tanteando a Moscú. Y, sorprendentemente, funcionarios rusos y ucranianos se han reunido para conversar en dos ocasiones.

Putin conversa por videoconferencia con Macron.

Getty Images
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha estado en contacto con Putin.

Es posible que no hayan progresado mucho.

Apenas el jueves llegaron a un principio de acuerdo para crear corredores humanitarios y evacuar a la población civil de las zonas más afectadas, pero en todo caso, al permitir las conversaciones, Putin parece haber aceptado al menos la posibilidad de un alto el fuego negociado.

La pregunta clave es si Occidente puede ofrecer lo que los diplomáticos denominan como “una rampa de salida”, un término estadounidense para referirse a una salida de una autopista.

Los diplomáticos dicen que es importante que el líder ruso sepa qué se necesitaría para que se levanten las sanciones occidentales para que de esa manera finalmente sea posible un acuerdo que permita salvar las caras.

Consideremos este escenario. La guerra va mal para Rusia. Las sanciones comienzan a inquietar a Moscú. La oposición crece a medida que las bolsas para cadáveres regresan a casa.

Putin se pregunta si ha mordido más de lo que puede masticar. Juzga que continuar la guerra puede ser una amenaza mayor para su liderazgo que la humillación de terminarla.

Un soldado ucraniano patrulla frente al monumento de la Independencia en Kiev.

Getty Images

China interviene, presionando a Moscú para que se comprometa, advirtiendo que no comprará petróleo y gas rusos a menos que reduzca la escalada. Así que Putin comienza a buscar una salida.

Mientras tanto, las autoridades ucranianas ven la continua destrucción de su país y concluyen que el compromiso político podría ser mejor que una pérdida de vidas tan devastadora.

Entonces los diplomáticos se involucran y se hace un trato. Ucrania, digamos, acepta la soberanía rusa sobre Crimea y partes del Donbás. A su vez, Putin acepta la independencia de Ucrania y su derecho a profundizar los lazos con Europa.

Esto puede no parecer probable. Pero no está más allá del reino de lo posible que tal escenario pueda surgir de los restos de un conflicto sangriento.

Putin derrocado

¿Y el propio Vladimir Putin? Cuando lanzó su invasión, declaró: “Estamos listos para cualquier resultado”.

Pero ¿y si ese resultado fuera que él perdiera poder? Puede parecer impensable. Sin embargo, el mundo ha cambiado en los últimos días y ahora se piensa en esas cosas.

Lawrence Freedman, profesor emérito de Estudios de Guerra en el King’s College de Londres, escribió esta semana: “Ahora es tan probable que haya un cambio de régimen en Moscú como en Kiev”.

¿Por qué podría decir esto? Bueno, tal vez Putin persigue una guerra desastrosa. Mueren miles de soldados rusos. Las sanciones económicas hacen daño a Rusia. Putin pierde apoyo popular.

Policías detienen en Moscú a la cantante Olga Romanovskaya por participar en una protesta contra le guerra.

Getty Images
En Rusia también ha habido protestas en contra de la invasión de Ucrania.

Tal vez exista la amenaza de la revolución popular. Él utiliza las fuerzas de seguridad internas de Rusia para suprimir esa oposición.

Pero esto se hace muy duro, y suficientes miembros de la élite militar, política y económica de Rusia se vuelven contra él.

Occidente deja en claro que si Putin se va y es reemplazado por un líder más moderado, Rusia verá el levantamiento de algunas sanciones y el restablecimiento de relaciones diplomáticas normales.

Hay un golpe palaciego y Putin está fuera.

Nuevamente, esto puede no parecer probable en este momento. Pero puede que no sea inverosímil si las personas que se han beneficiado de Putin ya no creen que él puede defender sus intereses.

Conclusión

Estos escenarios no son mutuamente excluyentes: algunos aspectos de cada uno podrían combinarse para producir resultados diferentes.

Pero como sea que se desarrolle este conflicto, el mundo ha cambiado. No volverá al statu quo anterior.

La relación de Rusia con el mundo exterior será diferente. Las actitudes europeas hacia la seguridad se transformarán.

Y el orden internacional liberal basado en reglas podría haber redescubierto para qué servía desde un principio.


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