Apoyos funerarios COVID que prometió el gobierno no llegan
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Andrea Paredes y Jesús Santamaría

“Juegan con nuestra necesidad”: apoyos funerarios COVID que prometió el gobierno no llegan o son insuficientes

Más de la mitad de las solicitudes que se han presentado para el Programa de Apoyos para Gastos Funerarios por COVID han sido rechazadas o están en espera.
Andrea Paredes y Jesús Santamaría
19 de marzo, 2021
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Olga toma el teléfono y teclea el 553003-2200 que aparece en la web gubernamental de Deudos Covid. Y a continuación, tras escuchar la voz automática que le pregunta por enésima vez si ya conoce la extensión que quiere contactar, marca a cada uno de los cinco números de la centralita y espera paciente en silencio. 

Este es el ritual, explica la mujer, que lleva repitiendo a diario desde que su su padre falleció de Covid el pasado 6 de diciembre, hace tres meses.  

“Mira, ese dinero no me vaya a solucionar realmente nada”, comenta con un suspiro, refiriéndose a los poco más de 11 mil pesos que el gobierno de López Obrador ofrece a las familias como apoyo para amortiguar los gastos funerarios de las víctimas de la pandemia. De hecho, asegura que apenas sería “un parche” para cubrir una mínima parte de los 75 mil pesos que ella y su familia gastaron en medicamentos y en cremar a su padre. “Aunque al menos -concede a colación-, sería un alivio en esta pesadilla”. 

Pero el ritual está a punto de terminar como siempre: con los mismos tonos metálicos, la misma musiquita anodina y machacona, y la misma irritante voz enlatada anunciándole, otra vez, que nadie le responderá por qué sigue sin recibir la ayuda prometida por el Gobierno.

 “Yo solo pido una respuesta”, suspira tras cortar la llamada.

“¿Es que acaso no se dan cuenta de que hay mucha gente como yo, como mi familia, que estamos esperanzados de un poco de ayuda?”, cuestiona para a colación responderse enojada: “Están jugando con la esperanza y la necesidad de las personas. Y eso es lo que más me duele”.  

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Más de la mitad de solicitudes, rechazadas o en trámite

El pasado 24 de noviembre de 2020, el Gobierno de López Obrador anunció “como una acción moralmente obligada y solidaria” el lanzamiento del Programa de Apoyos para Gastos Funerarios a Familiares de Personas Fallecidas por Covid 19, mismo que entró en vigor el 2 de diciembre.  

El nuevo Programa fue presentado por el titular del IMSS, Zoé Robledo, aunque su ejecución quedó a cargo del DIF Nacional, y consiste básicamente en la entrega de 11 mil 400 pesos por persona fallecida por Covid a sus familiares, quienes reciben la ayuda tras cumplir varios requisitos, como comprobar el parentesco familiar, que la víctima falleció por el nuevo virus, y que murió después del 18 de marzo, cuando en México se registró la primera víctima de la pandemia.

“Este apoyo es universal y directo, no requiere de intermediarios para la entrega del recurso, y se otorgará a quienes lo soliciten sin importar su condición social, económica o seguridad social”, dijo Zoé Robledo acerca de esta beca gubernamental, que además es inédita, puesto que no existe en otros países con altos índices de mortalidad por la pandemia, como España, en Europa, o Ecuador, Colombia, o Perú, en América Latina.

Y dos meses más tarde, ya hay resultados: entre diciembre de 2020 y el 8 de febrero pasado, que es el corte más actualizado que dio el DIF, el Programa lleva repartidos 389 millones de pesos entre 30 mil personas que vieron aprobadas sus solicitudes de acceso a la ayuda mediante la plataforma web www.deudoscovid.gob.mx

Sin embargo, casos como el de la señora Olga, que lleva meses intentando sin éxito acceder al apoyo, no son para nada aislados.

De acuerdo con las propias cifras del DIF, del total de 146 mil 566 solicitudes recibidas (en su mayoría tramitadas en el Estado de México, Ciudad de México, y Veracruz), 14 mil 989 se encuentran todavía en proceso y hasta 67 mil 687 han sido rechazadas.

Es decir, que más de la mitad de las solicitudes, o ya fueron denegadas (46%), o aun siguen en trámite (10%).

Entre los motivos de rechazo sobresale la presentación de documentación incompleta: hasta 32 mil 838 solicitantes incurrieron en este supuesto, apuntó el DIF en un comunicado enviado a este medio, en el que recuerda que según los lineamientos del programa publicados el 11 de noviembre de 2020 los familiares solicitantes del apoyo deben contar con el acta de defunción y la Clave Única de Registro de Población (CURP) de la persona fallecida, así como con la identificación oficial y el documento que acredite el parentesco de quien solicita el beneficio. 

La no acreditación del parentesco es la segunda causa de rechazo, con 16 mil 233 casos; la tercera, con 7 mil 515 casos, fue que el acta de defunción del familiar no especifica claramente que el fallecimiento fue derivado de la enfermedad “Covid 19”, “coronavirus”, “SARS-Cov2”, “NCOV”, o “UO7 confirmado, posible, o sospechoso”.

En cuarto lugar, 5 mil 889 casos no fueron aprobados porque presentaron documentación sin validez oficial, o ilegible, así como con errores en el número de cuenta ingresado para recibir el apoyo económico.

Por último, en quinto lugar, 167 solicitudes no fueron aprobadas porque se detectó que ya se había aprobado un apoyo por la persona fallecida, y en 12 casos más se ubicaron registros de fallecimiento antes del 18 de marzo de 2020, fecha en que se registró la primera víctima de la pandemia en el país.

Por otra parte, al margen del alto porcentaje de solicitudes denegadas o en trámite, tampoco hay mayor información pública sobre cómo se nutre de fondos públicos este programa social. Miriam Bahena directora de Coordinación del DIF, dijo en una entrevista al diario 24 Horas que el recurso proviene del capítulo 4000 de subsidios y otras ayudas, pero no detalló de qué bolsa específica sale el dinero, ni cuál es el presupuesto total etiquetado para este 2021.  

Animal Político buscó una entrevista con esta servidora pública para preguntarle por los detalles de cómo se está financiando el programa. Y también para plantearle algunas de las dudas de los familiares que aun no logran acceder al apoyo prometido. 

Sin embargo, la respuesta del DIF se limitó al boletín de prensa antes mencionado, en el que señala que los deudos pueden tratar de resolver sus dudas en el correo [email protected], o a través del teléfono 553003-2200; el mismo número al que Olga lleva llamando sin respuesta desde hace tres meses. 

“No estamos limosneando”

“Esos teléfonos, definitivamente, son una mentira. Y el correo electrónico, igual”, dice airada Vanesa, de 44 años, natural de la Ciudad de México, quien perdió por culpa de la pandemia a su hermano Omar, de 46 años, y luego a su padre Francisco, de 71. 

En entrevista telefónica, la mujer explica que lleva ya cuatro intentos en los que, a pesar de que consiguió un folio de trámite, la plataforma gubernamental le rechaza una y otra vez el apoyo, o se queda atorada.   

Ella forma parte de ese grupo de casi 6 mil personas que el DIF asegura que no les otorgó el beneficio porque presentaron “información incompleta”, aunque Vanesa insiste que tiene todo en regla: acta de defunción de su padre con causa de la muerte por Covid 19 y fecha de muerte posterior a marzo de 2020 -que mostró a este medio-, CURP, INE vigente, cuenta bancaria activa, etcétera. 

“Ya no sé qué más quieren, o qué es lo que falta -dice la mujer-. Por eso he tratado de llamar cientos de veces a los números que aparecen en la web, pero nada. No hay manera de que te contesten. Te dejan todo el rato en espera hasta que te hartas y cuelgas el teléfono, o se corta la llamada”. 

Vanesa cuenta que la pandemia ha sido especialmente cruel con ella y su familia. Su hermano Omar murió primero, en mayo. Y tan solo dos meses más tarde, en julio, falleció su padre. A los dos los tuvo que reconocer por una fotografía enviada desde el hospital donde murieron. 

“Es un shock muy fuerte y un proceso de duelo muy difícil. Fue muy doloroso despedirnos de ellos de esa manera, sin verlos, y solo recibir sus cenizas”, lamenta Vanesa, que considera que el DIF los está revictimizando al mantenerlos meses en espera de un trámite que no da resultados y que, además de la lógica frustración, les impide cerrar heridas.

“Al tenernos estancados repitiendo estos trámites, nos están haciendo recordar una y otra vez que nuestros seres queridos murieron de una forma trágica”, explica Vanesa, que demanda al DIF que sea “mucho más empático ante lo que estamos viviendo miles de personas”. 

“Nosotros, como sociedad no estamos limosneando nada -hace hincapié varias veces-. Simplemente, estamos exigiendo una ayuda social prometida y que además estamos pagando con nuestros impuestos. Y, sin embargo, hasta ahora lo que percibimos es que nos están diciendo puras mentiras”. 

Lee más: Los inesperados ‘efectos colaterales’ positivos de la vacuna contra COVID

La llamada que no llega

 El señor José Alberto, de 67 años, murió de Covid el pasado 3 de noviembre. Su hija Sonia cuenta en entrevista que toda su vida se dedicó a la hojalatería, un oficio con el que sacó adelante a su familia junto a su pareja, pero que no le dejó ninguna pensión ni seguro social, pues no estaba afiliado al IMSS. 

Al momento de su muerte, Sonia y su hermano ya llevaban gastados 30 mil pesos solo en los medicamentos que compraron para tratar de salvar a su padre. Y aparte tuvieron que pedir prestados otros 20 mil pesos para sufragar los gastos de la funeraria. Es decir, gastaron 50 mil pesos en total; una suma complicada de reunir, máxime porque debido también a la pandemia la empresa para la que trabajaba, una constructora, detuvo labores y mandó a su personal a casa hasta que amaine la crisis.  

Por ello, dice que cuando vio que el gobierno “anunció de manera masiva en redes sociales” el programa de apoyos a gastos funerarios, pensó que al menos supondría un “respiro” para ir pagando las deudas que les dejó la Covid.  

“El mismo día que se abrió la convocatoria, el 2 de diciembre, ya estaba yo intentando darme de alta en la plataforma”, cuenta Sonia. Y recalca lo de ‘intentando’ porque, a pesar de que metió sus datos en múltiples ocasiones, pasó todo el mes de diciembre y la mitad de enero hasta que, por fin, la plataforma le dio un número de folio con su solicitud aceptada, pero sin darle mayor detalle de cómo ni cuándo cobraría la ayuda. 

“Después de muchas veces, un día por fin me contestaron al teléfono. Y muy groseramente me dijeron que si ya tenía el folio aprobado, pues que un día de estos me llamarían. Entonces, yo les dije que necesitaba saber si me lo depositarían a una cuenta o si tenía que ir al DIF a recibirlo en efectivo. Y su respuesta fue que si estaba yo muy necesitada. Le dije que no, pero que era una ayuda que el gobierno prometió y que tenían que cumplir”. 

Antes de colgar la llamada, Sonia asegura que los trabajadores del DIF quedaron en comunicarse con ella en los siguientes tres días para darle instrucciones sobre el depósito de la ayuda. 

Pero, más de un mes después, la mujer aun sigue esperando esa llamada.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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