Así logró Arturo obtener una vacuna COVID, pese a vivir en calle
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Eréndira Aquino

Sin techo, ni internet: así logró José Arturo vacunarse contra la COVID pese a vivir en calle

José Arturo es la primera persona de poblaciones callejeras que, apoyada por El Caracol, recibió una vacuna contra COVID en la CDMX; hay 9 más registradas en lista de espera.
Eréndira Aquino
27 de marzo, 2021
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Son las 8:00 am y José Arturo, de 65 años, llega a tiempo a la cita en la Plaza de la Solidaridad, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Vive en una de las calles aledañas y espera que personal de la asociación El Caracol llegue por él para llevarlo a darse un baño y que lo acompañen a ponerse la vacuna contra COVID.

Es la primera persona de poblaciones callejeras que, apoyada por El Caracol, va a recibir una vacuna en la Ciudad de México, de las 10 que hasta ahora han logrado registrar en la lista de espera.

-¿Se imaginaba que fueran a vacunarlo?

-Pues eso de las vacunas es una posibilidad general. El gobierno y la ONU nos beneficiaría, entonces sí estaba esperando.

Una vez que llega el personal de Caracol, José Arturo esconde las bolsas de plástico con sus pertenencias -ropa, comida y algunos materiales para reciclar- en una jardinera, para que nadie se las robe ni las tiren a la basura.

José Arturo llega puntual a la cita con personal de El Caracol, quien lo acompañará a recibir la vacuna contra COVID.

Minutos después de las 8:30 am, arriba un taxi de aplicación hasta el parque, para que pueda ir a tomar un baño y desayunar.

Al subir, el chofer escucha la conversación entre José Arturo y Karen, la educadora de Caracol que lo acompaña. Pregunta si van a vacunarlo, y al escuchar que sí lanza una mirada amable por el retrovisor.

-Hay choferes que no lo dejarían subir, y es que uno escucha cada cosa… pero qué bueno que lo apoyen. Felicidades, don, felicidades.

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***

Mientras espera que llegue la hora de su cita para vacunarse, José Arturo desayuna. Aunque esté sentado a la mesa, carga una mochila rota con su mayor tesoro: libros.

-¿Le gusta leer?

-Sí, leo mucho. Me gusta la crítica literaria, traigo los libros porque si los dejo me los roban… la gente no lee, pero se los llevan si los dejo en la calle.

Cuenta que hace 30 años vino desde Guanajuato al entonces Distrito Federal para estudiar economía en el Instituto Politécnico Nacional. Vivía en una casa de estudiantes, hasta que terminó la carrera y tuvo que dejar el inmueble.

Luego comenzó a estudiar letras, pero pronto se terminaron sus recursos económicos y fue así como terminó viviendo en la calle. Aunque tiene familia, no le han permitido reintegrarse, por lo que sus compañeros en las calles y El Caracol son su única red de apoyo.

Mientras espera la hora de su cita para vacunarse, José Arturo desayuna en las instalaciones de El Caracol.

La soledad, dice, aumentó con la recomendación de “quédate en casa” y del distanciamiento social. Ante el miedo de contagiarse de COVID, las pocas personas que transitan por las calles y a veces les ofrecen apoyos, fueron menos durante el último año.

Termina de desayunar y corrobora que trae su credencial de elector. Es hora de salir de Caracol. El segundo conductor de taxi se muestra menos amable que el primero al ver a Arturo cargar con una mochila rota llena de libros y dos bolsas que le acaban de regalar con ropa, pero de cualquier forma lo acerca hasta el Internado no. 17 de la Secretaría de Educación Pública, ubicado en la alcaldía Venustiano Carranza, donde le dijeron que será inoculado.

-¿Tiene nervios por la vacuna?

-No, estoy tranquilo, sólo tengo sed y calor.

José Arturo fue citado en el Internado no. 17 de la SEP, en la alcaldía Venustiano Carranza, para recibir su vacuna contra COVID.

De acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México, hasta este 24 de marzo se han aplicado 537 mil 233 vacunas contra la COVID a personas adultas mayores, que equivale al 68% de los 785 mil 798 registrados. Además, hay 150 mil 987 (86%) que ya recibieron la segunda dosis.

Las autoridades federales han reportado 99 mil 690 contagios de COVID en personas adultas mayores en la Ciudad de México: 60 mil 584 de entre 60 y 69 años, 28 mil 23 de entre 70 y 79 años, 9 mil 678 de entre 80 y 89 años, así como mil 405 de entre 90 y 99.

El Caracol no ha detectado hasta ahora casos de COVID entre quienes viven en las calles de la Ciudad de México, aunque han tenido reportes de dos personas sospechosas, quienes ya viven en un cuarto que rentan, pero conviven y trabajan con sus compañeros. Sin embargo, no han podido corroborar el contagio porque no se practicaron pruebas.

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***

Media hora antes de la cita, José Arturo llega al centro de vacunación. Se forma y por un momento parece que será rechazado para recibir su dosis, pues su credencial tiene registrado un domicilio en Guanajuato, de cuando vivía ahí con su familia.

Karen explica al personal de la Secretaría del Bienestar federal que José Arturo vive en la calle y que se inscribió para recibir la vacunas en Venustiano Carranza por ser la alcaldía donde se ubican las oficinas de Caracol, que lo acompaña.

Debido a que su credencial de elector tiene un domicilio distinto al de CDMX, José Arturo tuvo que obtener un folio especial de registro para la vacuna.

Debe esperar en una fila para recibir un folio especial por su situación particular y, después de aproximadamente una hora, finalmente recibe la vacuna SinoVac. Ya está ansioso y quiere irse, pero le piden que aguarde 20 minutos más para estar en observación y descartar posibles reacciones.

Al salir, Karen respira aliviada. Dice que venía preparada para defender el derecho a la salud de José Arturo, en caso de que le negaran la vacuna. Sin embargo, señala que hay incertidumbre sobre cómo será el proceso para que también reciban su dosis quienes no cuentan con documentos, que son por lo menos el 22% de las más de 6 mil 700 personas en situación de calle censadas por la Secretaría de Desarrollo Social de la Ciudad de México en 2017.

José Arturo recibe dosis de vacuna anti COVID de SinoVac.

Ahora faltan otras nueve personas en la misma condición que José Arturo para vacunar en la capital que ya tienen un registro, ocho hombres y una mujer.

José Arturo está contento pero aún no canta victoria, pues debe volver a recibir la segunda dosis en un par de semanas. Por ahora, se va contento rumbo a la Plaza de la Solidaridad: tuvo su vacuna y hasta le regalaron otra mochila para su biblioteca andante.

 

José Arturo muestra el comprobante de la aplicación de la primera dosis de la vacuna contra COVID de SinoVac.

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"Es horrible lo que sucede": la devastadora crisis de salud mental del personal sanitario por la pandemia

Diez meses de COVID-19 han dejado la salud mental de profesionales de la salud en un punto de quiebre, muchos se han 'traumatizado' tras la primera ola de enfermedad.
19 de enero, 2021
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El coronavirus ha empeorado la vida laboral de muchas personas. Muchos hemos tenido que aislarnos de nuestros colegas; otros han sido despedidos por empleadores que citan los costos de la pandemia.

Pero quizás el impacto más grande ha sido en los servicios de salud y los asilos de ancianos.

Diez meses de covid-19 han dejado la salud mental de muchos profesionales de la salud en un punto de quiebre, según Claire Goodwin-Fee, quien dirige en Reino Unido la organización Frontline19 con su colega terapeuta Ellen Waldren.

La organización ofrece terapia gratuita a los trabajadores de salud y se financia con donaciones.

Actualmente, dice Clarie Goodwin-Fee, ayuda a unos 1.800 trabajadores de la salud a la semana.

Claire le contó a Sonja Jessup de la BBC la magnitud del problema de salud mental que está presenciando. Y a continuación lo explica en sus propias palabras.

“La gente se siente enferma de tener que ir al trabajo”

paramédicos

Getty Images
“El personal del Servicio Nacional de Salud (NHS) (de Reino Unido) quedó ‘traumatizado’ por la primera ola de covid”.

Estoy esperando el titular que diga: “El doctor se suicidó a causa de la pandemia”. Va a suceder. Si no es hoy, será pronto porque están devastados y quieren que la gente lo sepa.

Hay una gran cantidad de ansiedad. La gente se siente enferma por ir al trabajo y lo que van a ver allí.

Están viendo múltiples muertes en un turno: alguien el otro día vio morir a ocho o nueve personas.

Alguien más se puso en contacto con nosotros y dijo: “Sé que para cuando vuelva mañana a mi turno, seis de mis pacientes no estarán allí”.

¿Cómo me las arreglo? El personal del Servicio Nacional de Salud (NHS) (de Reino Unido) quedó ‘traumatizado’ por la primera ola de covid.

El personal de primera línea no tiene tiempo para procesarlo, por lo que se repite un trauma tras trauma tras trauma.

Y, sin embargo, estas personas se van a casa, cenan, intentan relajarse lo mejor que pueden, se levantan, se lavan, todo el tiempo preocupándose por si van a infectar a las personas con las que viven.

Algunas personas funcionarán en piloto automático, hasta el momento en que físicamente no puedan más, pero están siendo empujadas al límite.

“Apoyó la cabeza sobre el escritorio y lloró”

Vimos un médico, que tiene una familia joven pero que se mantiene separado de ellos, que estaba traumatizado por el hecho de que había perdido a dos de sus colegas por covid.

En un turno perdió a cinco pacientes bastante rápido y tan pronto como se liberaron esas camas, se llenaron y entraron más pacientes.

Luego tuvo que telefonear a los familiares de las personas que lamentablemente habían fallecido. Dijo que no estaba equipado para hacer eso, que no sabía qué decir.

Colgó el teléfono y apoyó la cabeza en el escritorio y lloró. Dijo: “Ya no puedo manejarlo”.

Se está llamando a los paramédicos a hacer turnos en los que van a las casas. Y nos dicen que miran a la gente y saben que van a morir porque están muy enfermos.

Uno de esos eventos puede suceder y probablemente se podría manejarlo con el soporte adecuado. Pero esto está sucediendo muchas veces. ¿Cómo se supone que alguien pueda enfrentar eso?

“Es horrible lo que sucede”

ambulancia

Getty Images
“En un turno un médico perdió a cinco pacientes bastante rápido y tan pronto como se liberaron esas camas, se llenaron y entraron más pacientes”.

El personal de los asilos de ancianos ha luchado mucho durante la pandemia.

La dedicación y la compasión hacia las personas que cuidan es asombrosa, es inspirador.

Muchos de ellos se mudaron a las residencias porque no querían arriesgarse a la contaminación trayendo algo de sus casas.

Algunos dijeron que han perdido al 70% de las personas en estos hogares.

Han lavado y vestido sus cuerpos y estas son personas con las que han tenido relaciones; los han alimentado, cuidado, hablado con ellos, y han compartido recuerdos.

Luego tienen que vestirlos para sus últimos momentos y volver a casa o subir y tratar de relajarse…¿cómo puede alguien enfrentar eso?

Es horrible lo que sucede. Es absolutamente horrible y los hogares de ancianos fueron ignorados durante mucho, mucho tiempo y necesitan apoyo desesperadamente.

Algo que recuerdo -me rompió el corazón-, recibimos un correo electrónico en la organización al comienzo de la pandemia en el que alguien preguntaba de manera muy tentativa: “¿Supongo que este servicio no se aplica a las personas en hogares de ancianos?”

Y dije “sí, por supuesto que sí, ¿por qué no?” Y dijeron “porque no somos un servicio profesional”.

Es desgarrador que estas personas que están capacitadas profesionalmente, que están salvando la vida de numerosas personas, sean tratadas tan mal.

médicos

PA Media
“Vimos un médico que estaba traumatizado porque había perdido a dos de sus colegas por covid”.

Tenemos médicos que viven en garajes u hoteles y se mantienen separados de sus seres queridos porque saben que esta nueva cepa es mucho más contagiosa, por lo que necesitan protegerlos ya que son mamás y papás, abuelos y todas estas cosas.

Sus colegas mueren a su alrededor y luego tienes a estas personas diciendo que el “Covid no es real”.

Me encantaría que la gente viera realmente lo que está pasando en las salas de hospital. Es espantoso.

Hemos tenido personas que han estado en situaciones de terrorismo y nunca han tenido apoyo.

Ahora están trabajando en esta pandemia y tienen algo llamado trastorno de estrés post traumático complejo, que es cuando alguien ha visto numerosas situaciones traumáticas.

Estamos viendo a mucha más gente con esto. Estamos recibiendo personas que tienen trastorno de estrés postraumático y, sin embargo, muchos de ellos todavía están trabajando.

Hay gente con licencia de enfermedad debido a crisis nerviosas completas.

Hemos hablado con personas que han sido internadas en clínicas de salud mental porque están muy traumatizadas por lo que están viendo.

El sistema ya está empezando a fallar, pero va a empeorar. Este será un problema mayor a largo plazo. Necesitamos detenerlo ahora.

¿Qué va a pasar con estas personas?

trabajadores de salud

Getty Images
“Hay gente con licencia de enfermedad debido a crisis nerviosas completas”.

Es sorprendente que la gente esté buscando ayuda y, por supuesto, queremos seguir ayudando, pero a veces es muy abrumador.

La necesidad es demasiado grande. Creo que esta situación ya lleva tiempo, pero obviamente cuanto más hablamos de lo que está sucediendo y compartimos lo difíciles que son las cosas, y algunas personas realmente están pasando por situaciones horribles que tienen que superar, eso aumenta la cantidad de personas que buscan apoyo.

El lado positivo es que con la financiación adecuada podríamos aumentar la ayuda.

Los psicoterapeutas están todos calificados y asegurados así que saben lo que están haciendo.

Mi preocupación es que si no nos volvemos sostenibles y no recibimos financiación, a largo plazo, ¿qué va a pasar con estas personas que son la verdadera columna vertebral del Reino Unido?


“Sentí un miedo avasallador”: el testimonio de la enfermera de emergencias Sarah Fogarasy

Sarah Fogarasy

BBC
Sarah Fogarasy es enfermera en la unidad de emergencias del Hospital Royal Glamorgan en Gales.

Sarah Fogarasy era la enfermera jefe en turno en la unidad de emergencias del Hospital Royal Glamorgan en Gales donde hace unos días 13 ambulancias tuvieron que esperar afuera del hospital porque la unidad estaba a toda su capacidad.

“Teníamos a 13 pacientes afuera. Yo no tenía cabida en esta unidad, no tenía capacidad de reanimación, no tenía capacidad para poner a un paciente en CPAP si lo necesitaba y no tenía áreas físicas para colocar al paciente”, cuenta Sarah.

“Esto me pone muy emotiva … por primera vez me senté para tratar de coordinar esta unidad y sentí un miedo tan avasallador que lo único que quería era irme”.

“Pensé: ‘se acabó, terminé con esto’ … Y da miedo, te llena de miedo cuando tienes 13 ambulancias afuera, esperando en fila en el estacionamiento. ¿Qué haces en esta situación?”.


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