Auditor defiende cálculo sobre el NAIM; la diferencia es de metodología, dice
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Auditor defiende cálculo sobre el aeropuerto de Texcoco; la diferencia es de metodología, dice

El auditor Agustín Caso Raphael, separado del cargo el 1 de marzo, aseguró que “no existió dolo o motivación política” en la auditoría.
Cuartoscuro
10 de marzo, 2021
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Agustín Caso Raphael, el auditor que calculó en 331 mil millones de pesos el costo de la cancelación del aeropuerto de Texcoco, cifra tres veces mayor a lo proyectado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, defendió su estimación y aseguró que la diferencia en las cifras radica en el tipo de metodología que se utilice.  

Aunque Caso Raphael fue separado del cargo el pasado 1 de marzo, compareció ante la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados este martes, donde explicó la metodología aplicada en la auditoría al Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, encargada del proyecto en Texcoco, y en la que, aseguró, “no existió dolo o motivación política”.  

Esto porque después de publicar la fiscalización el pasado 27 de febrero, dos días después el presidente Andrés Manuel López descalificó la cifra y aseguró que la Auditoría se había equivocado. Horas después, la Auditoría emitió una tarjeta donde reconoció “inconsistencias” en su cálculo por lo que haría otra revisión. Por lo tanto, los diputados llamaron a comparecer al auditor Federal, David Colmenares, y al resto del equipo implicado. 

Lee: Separan temporalmente del cargo al auditor que revisó el costo de cancelación del aeropuerto de Texcoco

Sin embargo, Caso Raphael, aseguró que las recomendaciones plasmadas en la auditoría a la cancelación no tienen un ánimo punitivo, sino intenta abonar a una mejor calidad en el manejo del gasto y “eso de ninguna manera entraña un ataque a la investidura presidencial ni a un gobierno”.

Caso Raphael, exauditor especial de Desempeño de la Auditoría, fue el encargado de realizar la fiscalización al Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM), que inició construcción en 2014 en la administración de Enrique Peña Nieto, pero fue cancelado en 2018, al iniciar el gobierno de López Obrador. 

El costo de dicha cancelación, dijo el exsecretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, ascendería a 100 mil millones de pesos. Sin embargo, la Auditoría reveló que más bien sería de 331 mil millones de pesos. 

Para calcular esta cifra, explicó Caso, “la Auditoría utilizó una metodología económica, que  observan los costos económicos y no solo los contables”, por lo tanto, “no existe una disyuntiva entre una cifra buena y una mala, lo que existen son metodologías que generan resultados acordes a su naturaleza”, dijo en la comparecencia. 

Su cálculo es un costo estimado que incluye gastos erogados de 2014 a 2019, como costos pendientes y demandas. Los datos de costos futuros, que son estimaciones porque no han sido pagados y algunos de los instrumentos financieros  aún no se han cancelado, además de la carga financiera de recompra de bonos se materializará en un futuro. 

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La metodología de costos económicos considera los costos explícitos, los costos de oportunidad y los costos hundidos partiendo de los datos financieros proporcionados por el Grupo Aeroportuario, y que asciende a 163 mil 540 millones de pesos erogados entre 2014 y 2019 y 168 mil millones de pesos de costos adicionales. 

Además, para fondear el proyecto se colocaron bonos, pero éstos “no son de libre disposición porque no son de carácter presupuestario sino fueron recursos captados y vinculados jurídicamente a un fin específico, que fue la construcción de un proyecto particular con condiciones y garantías definidas”. 

Por lo tanto, al “cancelar los instrumentos financieros se materializa una desinversión que originalmente se estableció aprovechando la capacidad de endeudamiento de la sociedad, pero al momento de concretarse la sociedad no pudo utilizar los recursos invertidos por las características jurídicas y económicas con que se establecieron, lo que configura una situación de costo de oportunidad y que se cubre actualmente con recursos presupuestarios”, dijo Caso. 

En este caso, por ejemplo, se observa claramente la diferencia. Mientras el equipo auditor considera que existe un costo de oportunidad ya que la sociedad deja de disponer de esos recursos para desarrollar un proyecto alterno, toda vez que no se pueden reasignar, la estimación es de 34 mil mdp pero si no se usa este criterio económico sino uno contable, entonces el monto oscila en 4 mil mdp. 

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Mientras que la recompra de los bonos emitidos, la valoración estimada es de 50 mil millones de pesos, incluyendo todos los tipos de costos; pero si se procede desde el enfoque contable, entonces la cifra podría ser de 15 mil mdp. 

Por lo tanto, no se puede hablar de una cifra única hasta el momento, pues “no estamos ante un hecho completamente pagado y cerrado; se trata de un proceso dinámico que tiene un conjunto de escenarios jurídicos, financieros y económicos que pueden concretarse en 26 años”.

Además, el ente auditado contó con todas las prerrogativas para presentar información, “se le dieron los tiempos procesales, se le dieron los resultados y se dio la oportunidad de confronta. No hay discrepancias, se sigue una metodología y hay derecho de réplica para solventar temas, en el marco de un proceso que permita arribar a un buen puerto con cifras y cantidades”.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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