Claves e incógnitas del nuevo plan para frenar la migración hacia EU
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Cuartoscuro

Las claves e incógnitas del nuevo plan para frenar la migración hacia Estados Unidos

En México, en las últimas semanas se incrementó el flujo migratorio procedente de Guatemala, Honduras y El Salvador.
Cuartoscuro
Por Alberto Pradilla
21 de marzo, 2021
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En los últimos días México anunció diversas medidas para frenar el flujo de migrantes hacia Estados Unidos. Tras la derrota electoral de Donald Trump y la llegada al gobierno de Joe Biden se generó la esperanza de mejores condiciones para las personas que tratan de alcanzar la frontera norte. Sin embargo, en los últimos días se creó una dinámica similar a la registrada en 2019, cuando Andrés Manuel López Obrador apenas llevaba unos meses al frente del gobierno: el incremento del tránsito provocó las presiones de Washington y, al mismo tiempo, un endurecimiento de las medidas migratorias.

En este caso, México ha anunciado dos iniciativas. Por un lado, un despliegue policial escenificado desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, con un desfile casi militar  y justificado para proteger a los “menores migrantes”. Por otro, con el cierre de la frontera sur para actividades no esenciales bajo el argumento de la pandemia por COVID19. Se trata de una medida que el gobierno de EU ya adoptó desde el inicio de la pandemia pero que México siempre se resistió a aceptar. Hace dos años Donald Trump amenazó con aranceles si no se limitaba la llegada de migrantes. Ahora, medios internacionales aseguran que el acuerdo fue a cambio de 2.5 millones de vacunas. El gobierno mexicano siempre dijo que estas decisiones las tomó por su propia soberanía. 

Qué ocurre en la frontera

En las últimas semanas se incrementó el flujo migratorio procedente de Guatemala, Honduras y El Salvador. Por un lado, las condiciones que explican la huida de miles de personas procedentes de Centroamérica no habían cambiado. Pero, además, se añadieron nuevas, como el incremento de la pobreza a causa de la pandemia y los desastres naturales. En realidad, las organizaciones de derechos humanos ya advirtieron de que esto iba a ocurrir: en el momento en que se flexibilizaron las cuarentenas en el sur se incrementó la huida. 

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Casi 100 mil migrantes fueron detenidos en febrero tratando de cruzar irregularmente hacia Estados Unidos, muy por encima de los 70 mil que fueron arrestados un mes antes. Estas cifras no toman en cuenta que desde el inicio de la pandemia por COVID19 en la frontera se impone un decreto denominado Titulo 42 por el cual las personas que son capturadas sin documentación son inmediatamente devueltas a México. Esto implica que mucha gente pueda tratar de cruzar la frontera en múltiples ocasiones. De hecho, desde que se puso en marcha esta iniciativa por parte del gobierno de Donald Trump, más de medio millón de personas fueron devueltas, la mayor parte de ellas mexicanas. 

Qué hará México

El gobierno de López Obrador anunció dos medidas: por un lado, el despliegue policial en la frontera sur y, por el otro, el cierre a cruces terrestres para actividades que no sean indispensables.

La primera medida es igual a la que se impuso en junio de 2019 cuando Trump amenazó con los aranceles. Durante el fin de semana no había constancia de un mayor despliegue pero se espera que en los próximos días haya más agentes en los lugares que los migrantes utilizan para cruzar. El jueves, el Instituto Nacional de Migración realizó un desfile que se presentó como un operativo para proteger a los menores migrantes, ya que más de 4 mil habían sido detectados desde enero. 

Lo que realmente causa dudas es qué significa el cierre de frontera en el sur. Sobre todo, porque se trata de una medida que contradice lo que el subsecretario de Salud, Hugo Lopez Gatell, siempre ha defendido: que el cierre de fronteras no afecta al control de la pandemia. Según los lineamientos distribuidos por la SRE esto afecta especialmente al turismo y el resto de actividades seguirán igual. Pero la frontera con Guatemala, por donde pasaron cerca de 70 mil personas en los últimos seis meses, no está caracterizada por ser un paso turístico.

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Consultados INM, SRE y diversas fuentes oficiales nadie explica cuál será el efecto real del cierre por razones sanitarias. Ni siquiera se ha explicado si las personas que llegan desde Guatemala tendrán que presentar una PCR negativa. Tampoco, y esto es clave, qué ocurrirá con las personas que sean detenidas en un retén sin portar la documentación reglamentaria. El antecedente es lo que ocurre en Estados Unidos. Y ahí desde el inicio de la pandemia se suspendieron los derechos hasta el punto que no era posible solicitar asilo debido al estado de emergencia. México, al contrario, siempre aceptó el derecho al refugio incluso en mitad de la pandemia.

Qué ocurre en EU

La llegada al gobierno de Joe Biden generó expectativas en el ámbito de la migración. Una de sus primeras medidas fue permitir que 25 mil personas que estaban dentro del programa ´Quédate en México´ se internasen en Estados Unidos después de más de un año aguardando pedir asilo. Uno de sus objetivos fue acabar con el campamento de Matamoros, Tamaulipas, convertido en símbolo de las políticas racistas de Trump. La realidad es que la demanda de asilo no terminaba en Matamoros, así que al mismo tiempo que este campo se retiraba se levantó otro en Tijuana, Baja California. 

En los últimos días hay cientos de migrantes expulsados desde EU a través del título 42. Es decir, que la ley impuesta por Trump está siendo aprovechada por Biden. El expresidente abrió el camino para que extranjeros pudiesen ser aceptados por México como expulsados, algo que no está en la ley internacional. Ahora este mecanismo solo se ha ampliado. De hecho, familias que entraron desde Tamaulipas, por ejemplo, están siendo regresadas por Juárez o Tijuana. Es decir, que el demócrata está aprovechando una ley ideada por su rival para impedir el paso de los migrantes hacia el norte.

 

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Rusia y Ucrania: por qué Biden cruzó una peligrosa línea al comentar que Putin 'no puede seguir en el poder'

Las declaraciones fuera de guion del presidente estadounidense sobre su homólogo ruso han tensado las relaciones entre ambos países.
28 de marzo, 2022
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El presidente de EU, Joe Biden, hizo la semana pasada una serie de declaraciones fuera de guion que elevaron la temperatura de las relaciones entre su país y Rusia.

Su comentario improvisado el sábado en la parte final de lo que en Polonia consideraron un “gran discurso”, cuando sugirió la destitución del presidente Vladimir Putin, pudo haber tenido graves consecuencias.

En su discurso ante una multitud de funcionarios y dignatarios del gobierno polaco en el Castillo Real de Varsovia, el presidente de EE.UU. advirtió una vez más que el mundo se encuentra en medio de un conflicto decisivo en nuestra era entre democracias y autocracias.

Prometió que la OTAN defenderá “cada centímetro” del territorio de sus estados miembros. También que brindará un apoyo continuo a Ucrania, aunque señaló que el Ejército estadounidense no se enfrentará a las fuerzas rusas allí.

Fue un discurso de confrontación, aunque mesurado, en línea con el que mantienen desde hace meses las autoridades estadounidenses, comenzando por el secretario de Estado, Antony Blinken.

Al final, justo antes de los agradecimientos y la despedida, Biden comentó sobre su homólogo ruso: Por el amor de Dios, este hombre no puede seguir en el poder”.

Ahí estalla la bomba.

“Este discurso, y los comentarios referidos a Rusia, son asombrosos, por usar términos educados”, declaró el portavoz de Moscú, Dmitry Peskov. Biden, afirmó, “no entiende que el mundo no se limita a Estados Unidos y gran parte de Europa”.

Putin y Peskov

Getty Images
Peskov, portavoz del gobierno de Putin, criticó el comentario de Biden.

Y entonces EE.UU. recula.

“El punto del presidente era que no se puede permitir que Putin ejerza el poder sobre sus vecinos o la región”, alegó un funcionario de Washington. “No estaba debatiendo el poder de Putin en Rusia, o un cambio de régimen”.

La línea entre condenar y pedir un cambio de régimen

La rapidez con la que se emitió la “aclaración”, de la que luego se hizo eco Blinken, sugiere que el gobierno de EE.UU. comprende el peligro inherente de las palabras de Biden.

Horas antes el presidente de Estados Unidos había llamado “carnicero” a Putin; y la semana pasada pareció adelantarse al procedimiento diplomático de su propia administración al acusar al líder ruso de crímenes de guerra.

En ambos casos los comentarios de Biden provocaron condenas y advertencias de Moscú de que las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Rusia se estaban deteriorando hasta el punto de ruptura.

Hay una línea entre condenar al líder de una nación -la retórica a veces sobrecalentada de la diplomacia- y pedir su destitución; una línea que tanto los estadounidenses como los soviéticos respetaban incluso en el apogeo de la Guerra Fría; una línea que Biden, en principio, ha cruzado.

Frecuentemente se acusa a los países poderosos de imponer a los débiles un “cambio de régimen”.

Esto, sin embargo, no suele ser lo que una nación con armas nucleares exige a otra.

El domingo incluso algunos aliados de Estados Unidos intentaban distanciarse de los comentarios de Biden.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, advirtió que el líder estadounidense estaba poniendo en peligro las negociaciones de armisticio entre Rusia y Ucrania.

“Queremos detener la guerra que Rusia ha creado en Ucrania sin una escalada”, afirmó. “Si esto es lo que queremos hacer no debemos agravar las cosas, ni con palabras ni con acciones”.

En Washington, los líderes del Congreso también expresaron su preocupación. El republicano de Idaho Jim Risch, el de mayor rango en su partido en el comité de relaciones exteriores del Senado, calificó los comentarios de Biden como una “horrible metedura de pata”.

“Dios mío, desearía que lo ciñeran al guion”, declaró. “Decir, o incluso como hizo él, sugerir que tu política es de cambio de régimen, causa un gran problema. Esta administración ha hecho todo lo posible para detener la escalada. No hay mucho más que puedas hacer para aumentarla que pedir un cambio de régimen”.

Un historial de comentarios improvisados

Joe Biden y Barack Obama en 2012

Getty Images

Es conocida la tendencia de Biden a hacer comentarios improvisados que pueden ponerlo en situaciones difíciles.

Estos han dañado anteriores candidaturas presidenciales y en ocasiones han sembrado la frustración entre los funcionarios de la administración Obama cuando era vicepresidente. Sin embargo, tales comentarios no son del todo accidentales. Pueden revelar lo que siente Biden aún si su cabeza -y las de quienes lo rodean- preferirían que se callara.

A veces son una fortaleza política, escribe Tom Nichols de la publicación The Atlantic, que permite a Biden conectarse auténticamente con las emociones del pueblo estadounidense.

Pero en este momento actual de crisis diplomática, cuando unas palabras mal elegidas pueden acarrear consecuencias importantes, también se consideran una debilidad.

“Es difícil culpar a Biden por no contener su conocido temperamento después de hablar con las personas que han sufrido la barbarie de Putin”, escribe Nichols. “Pero las palabras de todos los líderes mundiales importan en este momento, y ninguna más que las del presidente de Estados Unidos”.

Es posible que Biden crea que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia están tan dañadas que no se repararán mientras Putin esté en el poder. Sin embargo, decirlo explícitamente podría dificultar el objetivo inmediato de Estados Unidos: poner fin a la guerra en Ucrania y preservar la integridad territorial de la nación.

La guerra en Ucrania no transcurre como Putin pretendía. Su ejército está atascado en amargos combates y las bajas van en aumento. Su economía está sufriendo el peso de las sanciones económicas. Rusia está cada vez más aislada del resto del mundo.

La situación tiene potencial para llevar a la desescalada que piden EE.UU. y sus aliados, pero también podría hacer que Putin se desespere más. Y si el líder ruso cree que su poder está en juego, y piensa que EE. UU. persigue ese objetivo de forma abierta, es posible que el giro que tome la crisis a partir de ahora no sea precisamente el de la paz.


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