Procesan a subsecretario por robo de expediente de la Casa Blanca
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Juez procesa a subsecretario de Del Mazo por robo de expediente de La Casa Blanca

La carpeta con las evidencias del caso fue robada de la bóveda de la SFP en el sexenio pasado y hasta el día de hoy no aparece. El exfuncionario federal junto con dos personas más fueron imputadas por ejercicio indebido del servicio público.
Cuartoscuro
11 de marzo, 2021
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Un juez federal vinculó a proceso penal al actual subsecretario de la Contraloría del gobierno de Alfredo del Mazo en el Estado de México, por su probable responsabilidad en la sustracción y desaparición del expediente que la Secretaría de la Función Pública (SFP) integró el sexenio pasado por el caso conocido como La Casa Blanca.

Se trata de José Gabriel “N”, quien en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se desempeñó como subsecretario de la SFP y antes como director de Responsabilidades de la misma dependencia. Actualmente es el titular de la Subsecretaría de Control y Evaluación de la Secretaría de la Contraloría del Estado de México.

De acuerdo con autoridades judiciales, la Fiscalía Especializada en combate a la corrupción de la Fiscalía General de la República (FGR) imputó a José Gabriel “N” y a dos exfuncionarios federales más por su probable responsabilidad en el delito de ejercicio indebido del servicio público en la modalidad de omisión por comisión. 

Ello bajo la hipótesis de que dichos exfuncionarios tenían bajo su responsabilidad el resguardo legal del referido expediente y fue su omisión lo que permitió que fuera sustraído. Hasta el día de hoy, la indagatoria de este emblemático caso de posible corrupción no aparece.

De acuerdo con el Código Penal Federal, el delito que se les imputa a los exfuncionarios federales puede alcanzar de dos a siete años de prisión. Dado que no es un delito grave, los ahora vinculados podrán continuar con el proceso en libertad, aunque el juez les impuso como medida cautelar presentarse periódicamente a firmar una hoja de control.

Animal Político buscó directamente a José Gabriel “N” en su oficina y a través del área de comunicación de la Secretaría de la Contraloría mexiquense para conocer su posición respecto al proceso iniciado en su contra, pero hasta la publicación de esta nota no se ha recibido respuesta.

La indagatoria de la FGR que derivó en estas acusaciones se inició a partir de una denuncia que la actual administración de la SFP presentó ante el Ministerio Público en junio de 2019, luego de que detectaron que el expediente del procedimiento administrativo número 97/2014 del caso conocido como La Casa Blanca, había desaparecido de la bóveda de la institución.

Se trata de un procedimiento que en su momento abrió la Función Pública, a partir de los hallazgos de un reportaje publicado en noviembre de 2014 por el equipo de la periodista Carmen Aristegui, el cual reveló que Grupo Higa, contratista del gobierno de Peña Nieto, le había entregado a este y a su esposa una lujosa residencia en Lomas de Chapultepec.

Tras solo seis meses de investigación la SFP, en ese momento dirigida por Virgilio Andrade, determinó que su jefe, el expresidente Peña Nieto, no era responsable de algún conflicto de interés ya que el lujoso inmueble fue adquirido por su esposa, Angélica Rivera, y pagado con supuestos ahorros de la actriz. 

El expediente de la Casa Blanca entonces fue archivado y luego… desapareció.

La investigación penal

A partir de la denuncia presentada por la Función Pública, la Fiscalía anticorrupción que dirige la fiscal María de la luz Mijangos integró la carpeta de investigación correspondiente y, tras un año y medio de trabajo, concluyó que José Gabriel “N” y los otros dos implicados eran probables responsables, por omisión, de la sustracción del expediente administrativo.

En el transcurso de la indagatoria, los fiscales establecieron que una persona emparentada con José Gabriel “N”, era la responsable del cuidado de la bóveda donde se encontraba la indagatoria referida.

Un mes antes de concluir el sexenio de Peña Nieto, otra persona distinta fue nombrada como responsable de la bodega y fue ella la que hizo la entrega recepción de todo lo que ahí se encontraba. Este fue uno de los argumentos de los imputados para sostener que ellos no tenían relación con el incidente.

Otro obstáculo en la indagatoria fue la falta de cámaras de seguridad en torno a la bodega donde se encontraban los documentos, y de protocolos de ingreso a la misma.

Sin embargo, los fiscales lograron acreditar de forma inicial que los implicados tenían el deber de cuidado del referido expediente que originalmente estaba en su poder. El movimiento de ese archivo y la evidencia que contenía no hubiera sido posible sin, al menos, la presunta negligencia y complicidad de los ahora imputados.

“Aquí la pregunta es que hay en ese expediente. Qué tipo de comunicación o de información existe que los involucrados prefirieron cometer un delito con tal de que ese expediente no se conociera”, dijo uno de los investigadores a este medio.

El pasado 9 de marzo la FGR presentó en audiencia inicial ante un juez de control del Reclusorio Norte la imputación en contra de los implicados. Tras escuchar a las partes el juzgador concluyó que había datos de prueba suficientes para abrir el proceso en contra de los implicados y ordenó tres meses de investigación complementaria.

Como medida cautelar y para verificar que los implicados están localizables, el juez les impuso la obligación de asistir quincenalmente a firmar una hoja de control ante la Unidad de Medidas Cautelares.

El subsecretario implicado

De acuerdo con su declaración patrimonial, José Gabriel “N” es licenciado en Derecho por la UNAM. Su carrera en el servicio público inició en el 2008 como asesor en la Dirección General de Educación Superior Universitaria de la Secretaría de Educación Pública (SEP) Federal.

De junio de 2011 a marzo de 2014 se desempeñó como director de Investigación de la Procuraduría Fiscal de la Federación y justo después ingresó a la Secretaría de la Función Pública, ya durante la gestión de Virgilio Andrade. Primero fungió como director general de Responsabilidades y Situación Patrimonial y a partir de octubre de 2017 como subsecretario de la SFP, cargo en el que se mantuvo hasta noviembre de 2018, último mes del sexenio de Peña Nieto.

De acuerdo con registros de la Plataforma Nacional de Transparencia, el 16 de enero de 2019 José Gabriel “N” asumió el cargo de subsecretario de Control y Evaluación de la Secretaría de la Contraloría del Estado de México, en el que se mantenía al menos hasta este 11 de marzo.

Tanto en la SFP como ahora en la secretaría de la Contraloría mexiquense, José Gabriel “N” ha tenido como su jefe Javier Vargas Zempoaltecatl. Este funcionario trabajó con Peña Nieto durante 12 años, tanto en su gestión como gobernador del Estado de México y luego como presidente. Vargas es el actual secretario de la Contraloría de la administración de Alfredo del Mazo.

Vargas Zempoaltecatl estuvo al frente del equipo de investigación que exoneró a Peña Nieto y a su entonces esposa en 2015 por el caso de la Casa Blanca.

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Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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