OXXO, Bimbo y Walmart pagan 4 veces menos por la luz que hogares: AMLO
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OXXO, Bimbo y Walmart pagan hasta 4 veces menos por la luz que los hogares: AMLO

El presidente dijo que un hogar sin subsidio de la CFE paga 5.2 pesos por kilowatt hora, mientras que un OXXO paga 1.8 pesos.
Cuartoscuro
22 de marzo, 2021
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El presidente Andrés Manuel López Obrador volvió a señalar a grandes empresas de verse beneficiadas con subsidios que les permiten pagar hasta 4 veces menos que la ciudadanía por la energía que utilizan.

López Obrador mencionó específicamente a OXXO, Walmart y Bimbo, y mostró datos que muestran cuál era la tarifa para ellas y cuál para los hogares sin subsidio.

De acuerdo con las cifras presentadas por el presidente, un hogar sin subsidio paga 5.2 pesos por kilowatt hora, mientras que un Oxxo paga 1.8 pesos, y Bimbo y Walmart 1.7 pesos.

Lee más: Femsa responde a AMLO: ‘Cada OXXO paga 14 mil pesos al mes por energía renovable’

“Cómo es posible que una familia de clase popular o un dueño de un a tienda de abarrotes paga hasta 4 veces más que lo que paga un Oxxo. ¿Cómo le hicieron? lograron contratos especiales porque se reformaron las leyes o porque supuestamente son generadores de energía limpia, pero el resultado al final es que tienen un subsidio y quien paga el subsidio el pueblo”, refirió el mandatario.

Aclaró que no tiene ningún problema con estas empresas e incluso las invitó a conformar una comisión y establecer un diálogo abierto con los medios para que expliquen por qué pagan menos por la energía eléctrica que consumen de la Comisión Federal de Electricidad.

También pedirá a los técnicos de la CFE que informen sobre los beneficios que hay con estos subsidios.

Sí generan energía pero también ocupan la de la CFE

El pasado viernes al defender su iniciativa de reforma eléctrica, el presidente dijo que una familia de clase popular paga más de luz que un OXXO.

“Paga más una familia de clase popular o de clase media que lo que paga un OXXO de luz, y paga mucho más el dueño de una tienda de abarrotes de una colonia, de un barrio, de un pueblo, que lo que paga un OXXO”, aseguró.

Horas después, la multinacional Femsa, a la cual pertenece OXXO, señaló que el 70.1% de estas tiendas son abastecidas por fuentes renovables mediante contratos con cinco parques eólicos, y que este suministro no ha ido en perjuicio del país.

“En promedio, cada tienda conectada a un parque eólico paga $14,052.00 pesos al mes por la energía renovable. Este costo incluye, por cada tienda, una serie de pagos a CFE como porteo, uso de líneas de transmisión y un complemento que es un cargo fijo por formar parte de la red eléctrica nacional. Casi 30% de nuestras tiendas no se surten de energía eólica sino totalmente de la CFE, por lo que el pago promedio mensual se va directo a esa empresa del estado”, expuso la empresa en un comunicado.

Sobre dicha postura, el presidente dijo este lunes que si bien generan su propia energía, las tiendas OXXO también utilizan energía eléctrica de la CFE y pagan un precio más bajo por ella.

“No todo el tiempo hay viento suficiente ni hay sol entonces sus generadoras de energía tienen que ser reforzadas con un respaldo de la CFE, ese respaldo no se incluye en el costo (…) lo que busca la Ley de la Industria Eléctrica es que se pague lo justo para que los consumidores en los hogares no tengan que pagar más por la luz”, señaló López Obrador.

El presidente aseguró que estas empresas pagan un precio más bajo por la energía que consumen de la CFE, gracias a subsidios que obtuvieron al ser socias de Iberdrola.

Añadió que administraciones pasadas engañaron al país al decir que los subsidios se entregaban al  consumidor, cuando en realidad se lo daban a las grandes corporaciones.

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Cómo 52 personas de distintas partes del mundo fueron engañadas para trabajar en una empresa ficticia

En medio de la pandemia, decenas de personas en distintas ciudades recibieron ofertas de trabajo de una compañía inexistente. Aquí te contamos cómo iniciaron los hechos.
22 de febrero, 2022
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La llamada de Zoom tenía casi 40 participantes, o por lo menos eso era lo que pensaban los que se habían conectado. La reunión de todos los empleados de la glamorosa agencia de diseño había sido convocada para darle la bienvenida a los nuevos reclutas de la compañía en crecimiento.

El nombre de la empresa era Madbird y su dinámico e inspirador jefe, Ali Ayad, quería que todos fueran rebuscadores ambiciosos como él.

Pero lo que no sabían aquellos quienes habían encendido sus cámaras era que algunos de los que también estaban en la reunión no eran personas reales.

Sí, aparecían como participantes. Algunos incluso tenían cuentas de correo electrónico activas y perfiles de LinkedIn. Pero sus nombres habían sido fabricados y sus retratos eran los de otras personas.

Todo era falso. Los empleados reales habían sido ‘jobfished’ (término en inglés para referirse a la práctica de ofrecer puestos de trabajo falsos a través de internet). La BBC ha dedicado un año a investigar qué fue lo que ocurrió.

Una opción de trabajo en pandemia

Chris Doocey, un gerente de ventas de 27 años de la ciudad de Manchester, comenzó en Madbird en octubre de 2020, unos meses antes de la llamada de Zoom. Se le dijo que iba a trabajar desde la casa. La pandemia aún estaba en pleno furor, así que era algo normal.

La COVID había dado un vuelco a la vida de Chris. Le había costado su último trabajo y esta era la razón por la cual había aplicado a este trabajo en Madbird. El anuncio describía a la compañía como “una agencia de diseño digital centrada en humanos, nacida en Londres pero operando a nivel mundial”. Sonaba bien.

Chris Doocey

BBC
Para Chris Doocey, Madbird era una buena opción de trabajo

Madbird contrató a más de 50 personas más. La mayoría trabajaba en ventas, algunos en diseño y algunos habían sido traídos para supervisar. Cada nuevo recluta recibía la instrucción de trabajar desde casa, enviándose mensajes a través de correo electrónico y hablando los unos a los otros a través de Zoom.

Otra parte del personal vivía por fuera del Reino Unido. Ansiosos por alcanzar el mercado global, el departamento de recursos humanos de Madbird publicó anuncios en línea para un equipo de ventas internacionales basado en Dubai. Contrataron al menos una decena de personas de Uganda, India, Sudáfrica, Filipinas y otros.

Para ellos, el trabajo representaba más que un cheque de salario, también era una visa al Reino Unido. Sus contratos decían que Madbird patrocinaría su traslado al Reino Unido si superaban su periodo de prueba de seis meses y alcanzaban sus objetivos de ventas.

El enigma de Ali Ayad

Ali Ayad sabía lo que significaba hacer una vida nueva en el Reino Unido. En varias ocasiones habló con empleados de Madbird sobre su pasado, antes de asentarse en Londres.

Pero hubo muchas versiones de su historia. A una persona se le presentó como un mormón de Utah, en EU. Para otros, él era del Líbano, donde una difícil niñez le había enseñado a rebuscarse la vida.

Hasta su nombre cambiaba. A veces agregaba una segunda “y” a su apellido, y lo escribía “Ayyad”. En otras ocasiones, firmaba como “Alex Ayd”.

Ali Ayad en una estación de metro en Londres

BBC
Ali Ayad en una estación de metro en Londres

Pero algunos capítulos de la historia que le contaba a la gente eran consistentes. Clave, ante todo, era la época que vivió como diseñador creativo en Nike. Le dijo a todo el mundo que había trabajado en la sede de la marca de moda en Oregon, en EU. Fue allí donde conoció a Dave Stanfield, el cofundador de Madbird.

Las historias sobre la prominente carrera de Ali no parecían descabelladas. Operaba calmadamente en las videollamadas: era intenso, carismático e incluso, demostraba interés. Hablaba con confianza, a veces con optimismo desmesurado. Fue así como convenció a al menos tres personas para que renunciaran a sus trabajos y se fueran a trabajar con él.

Los empleados de Madbird no tenían ninguna razón para dudar las historias de Ali sobre Nike. Y si lo hacían, lo único que tenían que hacer era revisar su perfil de LinkedIn. Brillaba con largos comentarios de ex colegas.

Las primeras inconsistencias

Por meses, los negocios diarios de Madbird navegaron pacíficamente, se contrataron más diseñadores para cumplir con los expedientes atrasados que el equipo de ventas estaba negociando.

Pero incluso antes de que se revelara la verdad sobre Madbird, sus trabajadores ya tenían un problema. Por la manera inusual en la que se habían redactado sus contratos, aún no se les pagaba. Aceptaron trabajar únicamente con comisiones durante los primeros seis meses.

Solo hasta que superaran su periodo de prueba iban a recibir un salario: 47 mil 300 dólares al año para la mayoría. Mientras tanto, solo ganarían un porcentaje por cada acuerdo que lograran negociar.

Eran todos adultos jóvenes buscando trabajo y atravesando una pandemia. Muchos sintieron que no tenían opción sino aceptar los términos de sus contratos.

Antonia Stuart

BBC
Antonia Stuart trabajaba para Madbird como ‘gerente creativa’ en Dubai.

Pero los acuerdos nunca se concretaron. Para febrero de 2021, no se había firmado un solo contrato con clientes. Ninguno de los empleados de Madbird había recibido un centavo.

Algunos reclutas dejaron la empresa después de algunas semanas, pero muchos se quedaron. Muchos habían estado ahí durante casi seis meses, obligados a sacar tarjetas de crédito y pedir dinero prestado de sus familias para mantenerse al día en las cuentas.

El explosivo correo

Ahora es obvio por qué nadie recibió dinero. Madbird no estaba recibiendo ingresos. Pero eso no era obvio para los empleados nuevos. De manera equivocada asumieron que sus contratos de salario eran únicos y que sus gerentes sí estaban recibiendo salarios.

Además, Madbird estaba al borde de firmar una gran cantidad de contratos. El dinero finalmente estaba llegando. O por lo menos así parecía hasta que una tarde todo se vino abajo.

Gemma Brett

BBC
Gemma Brett tuvo sospechas durante su tiempo de Madbird

Gemma Brett y Antonia Stuart eran dos empleadas con sospechas. Después de investigar en internet, usando buscadores de imágenes, se dieron cuenta que muchos de sus colegas no existían.

Decidieron enviar un correo a todos los empleados usando un alias: Jane Smith. El correo, enviado en una ocupada tarde de semana, acusaba a los fundadores de Madbird de comportamientos “no éticos e inmorales”, incluyendo robar el trabajo de otros y “fabricar” miembros de equipo.

Las revelaciones fueron devastadoras para los miembros reales del equipo. Todo lo que habían estado haciendo, al parecer, se había construido sobre mentiras. Ahora parecía que nunca iban a ver nada de dinero en compensación por meses de tiempo y trabajo.

Fue en este momento en el que empezamos nuestra propia investigación sobre Madbird. Corroboramos los argumentos incluidos en el correo de Jane Smith e incluso, fuimos más allá.

Mentiras y perfiles robads

La reportera Catrin Nye intentando descifrar quién es real y quién no.

BBC
La reportera Catrin Nye intentando descifrar quién es real y quién no.

A diferencia de lo que argumentaba, la compañía no llevaba “transportando productos y experiencias a nivel local y global por 10 años”.

De hecho, Ali Ayad solo registró Madbird como una empresa en el Reino Unido el mismo día en el que entrevistó a Chris Doocey para que se convirtiera en gerente de ventas, el 23 de septiembre del año 2000.

Al menos seis de los empleados de más alto rango en Madbird eran falsos. Sus identidades eran una amalgama de fotos robadas de diferentes esquinas de la red y nombres inventados.

Esto incluía al cofundador de Madbird, Dave Stanfield, a pesar de que tuviera un perfil en LinkedIn y que Ali se refiriera a él constantemente.

Algunos de los empleados engañados incluso recibieron correos de su parte. Ali le dijo a un empleado que si quería contactar al señor Stanfield, debía enviarle un correo electrónico porque estaba muy ocupado con proyectos de Nike como para asistir a la llamada.

Usando tecnología de reconocimiento facial fuimos capaces de contrastar la foto de Dave Stanfield con la de su dueño original, un constructor de panales de abejas en Praga llamado Michal Kalis. Cuando localizamos a Michal, confirmó que nunca había oído hablar de Madbird, o de Ali Ayad o de Dave Stanfield.

Nigel White era otro. Incluso, alguien usando ese nombre se conectó a esa llamada de Zoom de enero. Pero su foto no era la de un diseñador gráfico sino la de un modelo cuya imagen es uno de los primeros resultados cuando buscas “hombre pelirrojo” en el archivo de Getty Images. Su cara aparecía en todo internet.

El supuesto co fundador de Madbird "Dave Stanfield" y el supuesto gerente "Nigel White"

BBC
Dos de los supuestos altos directivos de Madbird eran, en realidad, fotos tomadas de internet

Otras eran incluso más locas. Las fotos de un diseñador gráfico, un gerente de crecimiento de marca y un gerente de mercadeo en Madbird resultaron ser las de un doctor libanés, un actor español y un influencer de modas italiano.

Todas sus fotos habían sido robadas para crear identidades falsas.

Contactamos a las 42 marcas que Madbird citó como antiguos clientes, incluyendo a Nike, Tate y Toni & Guy. Ninguna dijo haber trabajado alguna vez con Madbird.

Un pasado ficticio

Cuando empezamos a investigar, la misma historia de Ali se cayó también. Nunca había trabajado para Nike en Estados Unidos como “líder creativo”, como él argumentaba. Nike nos confirmó a través de un documento que no había contratado a nadie con ese nombre o ninguno de sus alias.

Y luego estaba la cuenta de Instagram de Ali, donde publicaba actualizaciones de su carrera como modelo e influencer a sus más de 90 mil seguidores. Su presencia en las redes sociales había sido una de las razones por las cuales muchos de los trabajadores de Madbird lo admiraban y confiaban en él.

Pero la vida que Ali presentaba en Instagram apenas tenía una relación lejana con su realidad.

Una publicación en específico llamó nuestra atención.

Era una foto mostrando una edición abierta de la revista GQ, con Ali Ayad modelando un blazer en un anuncio de página completa para la marca española de modas Massimo Dutti.

Pero cuando logramos adquirir la edición de GQ y la abrimos en la página 63, la foto de Ali no estaba allí. Era la publicidad de un reloj. Ali Ayad nunca había modelado para Massimo Dutti, y nunca había aparecido en la GQ británica.

Los extrabajadores de Madbird estaban devastados. Algunos habían pasado tanto como seis meses sin pago. Ahora estaban sin trabajo, aún en medio de la pandemia, y haciendo un esfuerzo para siquiera describir lo que les acababa de pasar.

Las víctimas

El gerente de ventas Chris Doocey había llegado a acumular más de 13 mil 500 dólares en deudas en una tarjeta de crédito pagando sus recibos mientras recibía su primer salario.

Y luego estaban los empleados extranjeros. En un punto, Elvis John, originario de Chennai en India, había estado esperando estar en un vuelo al Reino Unido. Estaba a apenas semanas de terminar su periodo de seis meses de pruebas y esperando a que Ali le patrocinara su visa. Cuando el correo de Jane Smith llegó, cayó en depresión. “Mis sueños se destruyeron”.

Elvis John

BBC
Algunos empleados de Madbird esperaban contar con visas para el Reino Unido

“No se si Ali alguna vez entenderá lo que nos hizo pasar”, dice Elvis, quien cree que todo el asunto se manejó como si fuera un juego.

Muchos estaban avergonzados de haberse visto envueltos. Algunos esperaron días, e incluso semanas, antes de decirle la verdad a sus familiares y amigos.

Y para otros, la historia era difícil de explicar y siempre estuvo recibida por preguntas que ninguno de los empleados engañados podía contestar.

¿Habrá entendido Ali la consecuencia de sus acciones?

Durante un tiempo, Ali dijo que iba a hablar con nosotros y dar su versión de los hechos. Luego de meses de mensajes finalmente aceptó sentarse y dar una entrevista en cámara para la BBC.

Pero luego, con un día de anticipación, canceló. Si íbamos a tener la versión de los hechos de Ali Ayad, no tendríamos otra opción sino buscarlo.

Confrontando a Ali

Lo seguimos hasta una calle del oeste de Londres una tarde de octubre, donde lo confrontamos. Estaba vestido con una chaqueta negra de cuero y se dirigía a una estación del metro. Si se sorprendió con nuestra presencia, no lo aparentó y, al principio, decidió ignorar nuestras preguntas. Pero luego de un rato, no pudo evitar hablar.

Insistió que estaba tratando de hacer algo bueno.

“Lo único que sé es que creamos oportunidades para la gente, en medio de la COVID”.

Cuando lo acusamos de crear identidades falsas y robarse el trabajo de otras personas, se enfureció.

“¿Lo hice? ¿Cómo saben que lo hice?”. ¿Estaba argumentando que alguien más había estado involucrado? Cuando lo presionamos, no mencionó a nadie.

Siempre existió la posibilidad de que alguna mente anónima estuviera detrás de todo, y es algo que consideramos seriamente. Pero sin nombres o la ayuda de Ali, fue un camino que no pudimos explorar.

Ali también insistió que Madbird sí tenía una oficina. Pero cuando lo cuestionamos, se arrepintió, asegurando que se refería a una oficina virtual. “No tienes realmente computadores ni nada, ¿cierto? Es una compañía digital”.

Eventualmente, dejó de contestar nuestras preguntas.

Mientras Ali Ayad se rehuse a contestar, nunca sabremos con certeza por qué creo Madbird.

Confrontación con Ali Ayad en Londres

BBC
Confrontación con Ali Ayad en Londres

¿Qué pudo pasar?

Para aquellos que pasaron la mayoría del tiempo en línea con él, intercambiando correos y en videollamadas, se destacan dos teorías.

Una es que todo el asunto es un intento por empezar un negocio real. Pudo haber empezado como una mentira, pero de pronto Madbird hubiera eventualmente conseguido contratos reales y generado ingresos.

La compañía, creen algunos empleados, estaba apenas a días de firmar con clientes cuando todo se vino abajo. Si las mentiras no se hubieran descubierto, de pronto nadie hubiera expuesto los turbios orígenes de Madbird.

Otra explicación es que tiene que ver con algo más allá que el dinero. A lo mejor Ali disfrutaba pretendiendo ser un jefe. Sinceramente parecía disfrutar su tiempo dirigiendo Madbird.

Las entrevistas de trabajo con él duraban generalmente más de una hora. Contaba historias de cómo había cambiado las vidas de personas descubriendo sus talentos y dándoles una oportunidad. Enviaba enlaces de música house a sus empleados para que escucharan mientras trabajaban.

Quería ser un jefe cool y así lo trataron durante los meses que Madbird estuvo funcionando.

La pandemia cambió la forma en la que muchos de nosotros trabajamos, comunicarse a través de una pantalla se convirtió en la regla.

Ali Ayad explotó eso. Era como si quisiera ser el próximo Elon Musk, su ídolo, y con Madbird pensó que había encontrado un atajo. Un universo donde Ayad sería juzgado solamente por su presencia virtual, en vez de su realidad por fuera de la web.

Y la parte más impactante de la apuesta de Ali Ayad es el hecho de que vivimos en una época en la que casi funciona.

Diseño gráfico de Lilly Huynh


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