Con mural visibilizan ataques con ácido: reportan 20 mujeres agredidas
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Reportan 20 ataques de ácido contra mujeres en México; con mural visibilizan que siguen sin justicia

El mural de protesta, ubicado en el municipio de Huixquilucan, es para que el Estado recuerde que existen y que siguen exigiendo justicia.
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28 de marzo, 2021
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Hasta diciembre de 2020 se tiene el reporte de que 20 mujeres han sido atacadas con ácido en México, siendo 2018 el año con el mayor número de ataques, al registrarse siete. El año pasado ocurrieron tres agresiones.

En el país no hay una cifra oficial del número de mujeres víctimas de este tipo de violencia, sin embargo, Carmen Sánchez, − activista y víctima de un ataque con ácido por su expareja en 2014−, y la investigadora Ximena Canseco, han llevado un conteo de los casos desde el 2000, en su mayoría, de mujeres que se han acercado a Carmen.

Para quienes encabezan esta investigación, el número de ataques podría ser más alto, pues hay muchos casos que no se denuncian y no se hacen públicos.

Lee: Retomar la vida tras un ataque con ácido, el largo y difícil proceso para la recuperación

Durante el conversatorio, Experiencias de la violencia feminicida en México, organizado por el CCH Sur, Ximena Canseco dio a conocer que la Ciudad de México y Puebla registran cinco casos de ataques con ácido cada uno; el Estado de México tres; Aguascalientes dos; mientras que en Hidalgo, Quintana Roo, Oaxaca, Guanajuato, Querétaro y Yucatán se ha registrado uno en cada entidad.

La edad promedio de las víctimas era de entre 20 y 30 años. Y en la mayoría de los casos, sus agresores fueron sus parejas o exparejas, de acuerdo con su investigación.

¿Y qué ha pasado? El 65% de los casos de ataques con ácido están en la impunidad y sin reparación integral del daño.

Para que estos ataques no se queden solo en una cifra, algunas de las víctimas han contado sus historias para visibilizar todo lo que han enfrentado, desde la carencia en la atención médica, falta de apoyo, hasta la revictimización y falta de justicia, ya que sus agresores siguen libres o sin sentencia.

En Huixquilucan, Estado de México, se realizó por primera vez un mural que visibiliza y nombra a algunas de las mujeres atacadas con ácido en México. Muestra los rostros de Carmen Sánchez, Esmeralda Millán, Elena Ríos y Ana Saldaña.

Esta intervención es para que el Estado recuerde que “seguimos aquí a pesar de su olvido y abandono, que vamos a seguir exigiendo justicia”, dice Carmen.

Estos son los rostros del dolor y la rabia por la injusticia, pero también son rostros de lucha incansable y de resistencia a este Estado feminicida, describe el mural llamado “La digna rabia tiene rostro de mujer”, creado por los artistas Pedro Peña Reyes, Trom y Miguel Sant, con el apoyo de Alejandro León del Consejo de Organizaciones de la Sociedad Civil del Edomex.

La idea, explica Carmen, es poder apropiarse de las bardas que están en completo abandonó y se conviertan en murales de protesta.

“Estamos convencidas de que el arte es un mecanismo muy poderoso de denuncia pública y exigencia de justicia. Ojalá pudiéramos tener un mural en cada estado de las mujeres que sobrevivimos a los ataques con ácido”, dice.

En este caso, el muro intervenido es para que se haga conciencia de que estas agresiones en México son reales mostrado los rostros mujeres que siguen en espera de justicia, y también, para visibilizar que no hay respuesta de las autoridades.

En este primer mural de víctimas de ataques con ácido, pintaron los rostros de cuatro mujeres sobrevivientes, una de ella es Esmeralda Millán, una joven que fue rociada con ácido por su expareja junto con otras tres personas el 2 de diciembre de 2018, en Puebla.

Ella necesita reconstrucción de nariz, boca y un trasplante de córnea, además de quemar su rostro, el ácido lastimó su cuello, manos y el pecho.

Esmeralda vivió con su agresor casi ocho años hasta que lo dejó por su comportamiento violento, al hacerlo la amenazó: “Si no vas a estar conmigo, no vas a estar con nadie”. Luego ocurrió la agresión.

La expareja de Esmeralda sí está en la cárcel, pero lleva más de un año sin sentencia a pesar de que a él también le cayó ácido durante el ataque y eso representa una prueba de lo que hizo. El resto de los agresores siguen libres.

En varias ocasiones han suspendido la audiencia de su agresor y tiene miedo de que pueda quedar en libertad. Esmeralda sigue luchando para que se haga justicia.

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La cara de María Elena Ríos, la joven saxofonista de Oaxaca, fue dibujada junto a la frase: “Podría ser tu hija, hermana o madre”. El 11 de septiembre de 2019 ella fue atacada con ácido, químico que también le dejó quemaduras a su mamá.

Los avances en su caso se han logrado por la presión hacia las autoridades y al apoyo de la sociedad civil. Aún sigue exigiendo justicia: falta una orden de aprehensión y que los otros cuatro presuntos culpables vinculados a proceso, entre ellos, Juan Vera Carrizal, su expareja, reciban sentencia.

María Elena vio recientemente a uno de sus agresores por la calle, avisó al entonces fiscal Rubén Vasconcelos, pero no hizo nada, solo se enojó, razón por la que María Elena cuestiona al sistema de justicia del estado que “ha permitido impunidad, desapariciones y feminicidios”.

A Male le han injertado piel en cara, cuello, brazo, manos y pecho. Su recuperación va avanzado. El camino aún es largo.

Ella se dedicaba a gestionar viajes, arreglaba los trámites para renovar o sacar pasaportes y el día que ocurrió su agresión, un hombre hizo una cita con ella para realizar unos trámites. Llegó con un bote. María Elena pensaba que el hombre llevaba comida, era ácido.

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Ana Helena Saldaña fue agredida con ácido en la Ciudad de México el 12 de noviembre de 2018 por una mujer que la esperaba afuera de su domicilio, aparentemente vendiendo gelatinas y postres.

Ana le dio las gracias y le dijo que por el momento no quería, pero que tal vez sus vecinos sí. La mujer seguía muy insistente para que revisara la bolsa en donde supuestamente estaban las gelatinas.

Cuando Ana abrió la puerta de su casa su perro atacó a la mujer, eso permitió que hubiera un poco de distancia y no le quemara toda la cara. Ana pensó que le había aventado una gelatina, pero era ácido.

La agresora no se fue inmediatamente tras el ataque, en sus manos sostenía un frasco pero ya no hizo nada, se fue con un hombre que la estaba esperando. Sus quemaduras fueron clasificadas como lesiones que tardan en recuperarse de 15 a 60 días, como en la mayoría de los casos. A dos años del ataque aún sigue recuperándose.

Ella perdió la vista en el ojo derecho y tuvo que someterse a diversas cirugías. Hasta ahora no hay ningún detenido por su agresión. En el mural su rostro se comparte con la frase: “Me quisiste quemar, se te olvidó que soy fuego”.

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Carmen Sánchez fue rociada con ácido por su expareja el 20 de febrero de 2014. Ella lleva siete años sin que se le haga justicia.

Las autoridades no han detenido a su agresor Efrén García Ramírez, a pesar de que la orden de aprehensión en su contra fue girada el 2 de mayo de 2014, y de que incluso las autoridades han ofrecido una recompensa a quien informe sobre su paradero.

Para Carmen, la cara de hombre que la atacó, y no la de ella, es la que tendría que salir en los medios de comunicación y en la redes sociales. “Él es el único que debe sentir vergüenza y miedo de salir a la calle, no yo”.

Antes del ataque, Carmen había denunciado dos veces a su expareja, una por delito sexual y otra por sustracción de menor, pero las autoridades del Estado de México nunca procedieron.

El ácido dañó la mitad de su rostro. Carmen tiene injertos en brazos, piernas, pecho, tórax y cara, su cuello fue severamente dañado. Su párpado todavía no está reconstruido. En estos siete años se ha tenido que someter a cerca de 60 intervenciones quirúrgicas

“Una no solo carga con las cicatrices físicas de una violencia tan devastadora, sino con la revictimización social, con la falta de acceso a la justicia, con la exclusión, con la falta de atención médica, psicóloga y legal; y por supuesto, con la tristeza y la rabia acumulada durante años y años”, comenta Carmen.

Las agresiones con ácido continúan y eso muestra que hay una falla del Estado, que no está previniendo y tampoco se está haciendo justicia porque no hay detenidos. Eso implica, según Carmen, riesgo de que haya más agresores porque hay impunidad.

En el mural su rostro se muestra con la frase: “Las mujeres atacadas con ácido en México existimos, resistimos y sobrevivimos a este Estado Feminicida a pesar del machismo y la impunidad”.

 

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

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El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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