A más de tres años del 19S, familias de edificio Centauro siguen sin hogar
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A más de tres años del 19S, familias de edificio Centauro siguen atrapados en la burocracia y sin un hogar

El gobierno de Miguel Ángel Mancera aprobó 100 mdp para la construcción del nuevo Centauro. Sin embargo, con el avance de las obras, el presupuesto se disparó a los 205 mdp.
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3 de abril, 2021
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La señora Verónica Mendiola, 58 años, se detiene a diario frente al esqueleto de fierros, vigas, andamios, y ladrillos, que da forma a la torre Centauro A1 en la calle doctor Lucio de la céntrica colonia Doctores, Ciudad de México.  

Dice que no es que pueda hacer mucho ahí parada frente a los andamios vacíos y las grúas detenidas. Pero estar allí, “al pie del cañón”, le da una cierta sensación de paz y de que, al menos, su antiguo hogar en el que vivió 30 años no está solo ni abandonado. Que hay alguien pendiente de él.  

Por eso asegura que, desde aquel potente sismo de septiembre de 2017 que zarandeó el edificio dejándolo muy debilitado por las rajas en trabes y muros y al borde del colapso, no ha dejado de visitar el lugar. Primero, vigilando que los rateros no terminaran de desmantelar el poco patrimonio que les dejó el temblor. Luego, observando la demolición del enorme inmueble de 14 plantas. Y ahora, viendo la lenta reconstrucción de la nueva Torre Centauro que se levanta en el mismo lugar de su antecesora.  

Aunque lo de ‘lenta reconstrucción’ es un decir. Porque Verónica, que es la administradora del edificio, asegura que las obras llevan “un año totalmente detenidas” por falta de pagos del gobierno capitalino a la constructora, mientras ella y 68 familias damnificadas siguen viviendo de renta a tres años y medio del terremoto que los expulsó de sus hogares.   

Lee más: A tres años del 19S: “Nunca terminaremos de agradecer a los rescatistas anónimos”

“Hemos presentado amparos, hemos ido a platicar con la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, y hemos mandado escritos a la constructora. Hemos hecho de todo, pero nadie nos escucha, ni nos hace caso”, dice frustrada la mujer, que asegura que a más de dos años de que se demolió por completo el inmueble en noviembre de 2018, la reconstrucción se quedó “abandonada” cuando apenas llevaba un avance de siete plantas; es decir, apenas el 50% de lo proyectado. 

Foto: Especial

“Todo el rato son puras promesas. Nos dicen que ya la semana que viene, luego que no, que al mes próximo, y así nos tienen todo el rato mientras nosotros seguimos sin nuestro hogar y sin que nadie nos dé una explicación”, insiste Verónica, que explica que aunque son beneficiarios de la ayuda de 4 mil pesos que da el gobierno capitalino a los damnificados, ese dinero se queda “muy corto” para rentar hoy día una vivienda en la capital mexicana.  

Prometen que la obra estará antes de 2022 

A unos pocos metros de la Torre Centauro se levanta su ‘gemela’, la Torre Osa Mayor, que también sufrió daños estructurales por los sismos de septiembre de 2017, y fue demolida por el gobierno de la ciudad.  

Sin embargo, en el caso de la Osa Mayor los vecinos corrieron con un poco más de suerte: el pasado mes de enero, al fin, les entregaron las llaves.  

Aunque para Leticia Rosales, vecina del inmueble, decir que tuvieron ‘suerte’ es tal vez demasiado decir luego de las largas noches que vivieron en la calle bajo una lona de plástico frente a las ruinas del inmueble, y de años de desgaste lidiando también con las autoridades y con una burocracia que enfrentaron hasta el final. 

Foto: Especial

Por poner solo un ejemplo de esa burocracia: el pasado 19 de septiembre, coincidiendo con el tercer aniversario del temblor, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum les hizo la entrega virtual de las llaves de sus nuevos hogares. Sin embargo, la entrega real del edificio se fue retrasando hasta enero, es decir, aun tardaron otros cuatro meses en acceder a sus casas.   

Lee: Fotos: Edificios abandonados o en reconstrucción a tres años del 19S

Pero, aunque ahora ya empezó una nueva odisea, la de pagar la deuda que les dejó la reconstrucción y equipar el nuevo departamento, al menos la odisea de la reconstrucción ya terminó para los vecinos del Osa Mayor. En cambio, enfrente, los del Centauro aún viven con la incertidumbre de cuánto tiempo más seguirán sin casa y cuándo se reactivarán las obras.  

Animal Político planteó estas mismas preguntas a César Cravioto, comisionado de reconstrucción de la ciudad, a quien también se le cuestionó por qué las obras llevan detenidas aproximadamente un año, según dijeron los damnificados.   

En entrevista, el funcionario capitalino explicó que el anterior gobierno de Miguel Ángel Mancera aprobó un presupuesto de 100 millones de pesos para la construcción del nuevo Centauro. Sin embargo, con el avance de las obras, el presupuesto se disparó hasta los 205 millones de pesos.  

Ante esta situación, el nuevo gobierno de Sheinbaum hizo una auditoría, “que se llevó su tiempo”, e hizo un dictamen en el que señaló que en este nuevo presupuesto habría un sobrecosto de 28 millones de pesos que el gobierno de Sheinbaum se negó a pagar, motivo por el que la constructora detuvo la obra.  

“En lugar de pagarle los 205 millones de pesos, la contraloría determinó que el precio justo era pagarle 177 millones de pesos, y ahí fue cuando se produjo un estira y afloja”, explicó Cravioto, que añadió que se les ofreció a los vecinos contratar a una nueva constructora, propuesta que fue rechazada por éstos al considerar que ello “implicaría pérdida de más tiempo y de dinero”, además de que dijeron no tener problema con la actual constructora, “que es del Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI)”.  

Pero, meses después de ese ‘estira y afloja’, César Cravioto subrayó “que la negociación con la empresa ya quedó”, y que ya se firmó el convenio en el que se acordó que el gobierno de la ciudad pagará 62 millones más para completar los 177 millones determinados por la contraloría capitalina, “y así se pueda terminar ya el edificio”.  

Aunque todavía resta que en la próxima sesión del fideicomiso de reconstrucción, que se espera se lleve a cabo el próximo 15 de abril, se solicite el recurso público a la Secretaría de Finanzas de la ciudad, y la empresa obtenga la fianza para que el gobierno comience a pagarle, y así se reactive la construcción.  

“Esta es información que ya tienen los vecinos, que están enterados de las rutas y de los tiempos”, subrayó Cravioto, que estimó que la obra esté terminada para antes de que termine este 2021. “Ese es el compromiso de la empresa”, recalcó.   

No obstante, Verónica Mendiola dice que sigue sin estar convencida. “Así nos vienen diciendo desde que empezó el año y mucho antes”, insiste la mujer, que asegura que ya les habían prometido que para este marzo que acaba de pasar todo quedaría resuelto, y les volvieron “a mentir impunemente”.

“El problema no depende del INVI, ni de la constructora. Depende del gobierno de la ciudad y del Fideicomiso para la Reconstrucción. Porque nos han puesto tantas trabas que seguimos empantanados”, hace hincapié Verónica, que comenta resignada que, por el momento, a los vecinos del Centauro no les queda de otra más que seguir insistiendo para que las autoridades les cumplan, y continuar yendo a diario a observar el cascarón del que espera, algún día, sea su nuevo hogar después de la tragedia. 

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#YoSoyAnimal

#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM

https://www.youtube.com/watch?v=UtuieuqZq7M

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