30 marinos son acusados de violaciones graves a derechos humanos
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Cuartoscuro

Víctimas esperaron tres años por la detención de 30 marinos señalados por desapariciones

La FGR pidió la orden de aprehensión por su presunta vinculación en los casos de José Luis Bautista Carrillo y Julio César Viramontes Arredondo.
Cuartoscuro
Por Alberto Pradilla y Arturo Ángel
13 de abril, 2021
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José Luis Bautista Carrillo, de 30 años, fue capturado por elementos de la Secretaría de Marina (Semar) el 16 de mayo de 2018. Se encontraba en una fiesta en un yonque acompañado de su esposa y otros amigos, vendedores de coches como él, cuando irrumpieron los uniformados y se lo llevaron. Nadie lo volvió a ver. Su caso no es único. Tres meses antes, el 19 de febrero, Julio César Viramontes Arredondo, de 23 años, también desapareció después de ser embestido por un vehículo de marinos con las placas modificadas.

Ahora, tres años después de aquellos hechos, 30 elementos de la Armada están en prisión a la espera de que un juez de Reynosa, Tamaulipas, los vincule a proceso por desaparición forzada, según confirmaron fuentes ministeriales a Animal Político.

La orden de aprehensión fue solicitada por la Fiscalía Especializada en Investigación de los delitos de Desaparición Forzada de la Fiscalía General de la República (FGR). Según un comunicado de la Semar, el 9 de abril fueron puestos a disposición de las autoridades, aunque la Armada aseguró erróneamente que se trataba de un caso de 2014.

Un día después, el 10, se celebraron las audiencias iniciales de formulación de imputación. En ellas, el personal de Marina y sus defensas solicitaron que su situación jurídica sea resuelta en el plazo constitucional de 144 horas.

Mientras el juez decide si los vincula a proceso, los 30 elementos navales fueron enviados a prisión preventiva hasta que su situación se aclare en la continuación de la audiencia, que será entre el miércoles y el jueves.

“Es una buena noticia, aunque hay que esperar por ver cómo se desarrolla el proceso”, dijo Raymundo Ramos, presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, organización que acompaña a las familias de las víctimas. Fue Ramos quien confirmó que las detenciones están vinculadas a los casos de Bautista Carrillo (6 detenidos) y Viramontes Arredondo (11 detenidos). Por el momento los allegados de las víctimas declinaron realizar declaraciones para no interferir en la decisión del juez. No obstante, Ramos señaló su principal deseo: “que los detenidos colaboren y permitan conocer el paradero de los desaparecidos”.

Decisión histórica

Estamos ante una decisión histórica. Nunca antes 30 elementos de la Marina habían sido sentados ante un juez acusados de graves violaciones a los Derechos Humanos y menos enviados a la cárcel, aunque sea a la espera de si se los vincula a proceso. Y eso que, solo en este caso, la FGR tiene abiertas 34 carpetas de investigación sobre la desaparición de 47 personas en Nuevo Laredo entre febrero y junio de 2018.

Hasta ahora solo estaba judicializada la desaparición de Julio César Viramontes Arredondo. En julio de 2020 un juez de Reynosa acusó a nueve marinos de desaparición forzosa pero no ordenó su detención. Entre los señalados se encontraba Salvador Gerónimo Ramírez, oficial al mando del operativo del día en el que el joven fue desaparecido.

Las acusaciones más duras contra los marinos por sus acciones en Nuevo Laredo se plasmaron en la recomendación 36VG/2020 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), en las que se señala directamente a la Armada de participar en la desaparición de 27 personas, de las que 12 fueron encontradas sin vida, por lo que hablaríamos también de ejecuciones extrajudiciales. En este documento se incluían los casos de Bautista Carrillo y Viramontes Arredondo. La Semar aseguró en un comunicado que aceptaba la recomendación y dijo colaborar en la búsqueda de las personas que, presuntamente, sus elementos habían desaparecido. Sin embargo, lo cierto es que no hay avances y ha transcurrido más de un año sin dar con el paradero de ninguno de los que faltan.

No se ha hecho pública la identidad de los detenidos ni su escalafón al interior de la Armada. Según publicó Animal Político, las responsabilidades por estos hechos llegarían hasta dos mandos clave: por un lado, el almirante Marco Antonio Ortega Siu, antiguo jefe del grupo de operaciones especiales y un mando al que se vincula a operativos como la recaptura de Joaquín “Chapo” Guzmán Loera, en 2016. Por otro, Alfredo Reyes Mondragón, quien estuvo al frente de la base de operaciones de la Marina en Nuevo Laredo hasta junio de 2018, cuando la institución se retiró del municipio tras las acusaciones de perpetrar desapariciones forzosas.

Este medio trató de conocer los expedientes de los mandos vinculados a los operativos de Nuevo Laredo en 2018 y si habían continuado en la institución a pesar de ser señalados por la recomendación de la CNDH, pero la Semar los clasificó alegando que la información pondría en peligro a los oficiales y sus familias.

Testigo directo de la desaparición de su esposo

“Lo que quiero es que se judicialice mi caso y que se dicten las órdenes de aprehensión”, dijo Ericka Janeth Castro Martínez, de 30 años, en entrevista con Animal Político mantenida en octubre de 2020. Ella es la esposa de José Luis Bautista Carrillo y estaba con él cuando desapareció. Por eso sabe que fueron los marinos. Porque ella estaba ahí, en la fiesta en el yonque, cuando llegaron los marinos disparando. “Me siento cada día más desesperada y más decepcionada porque, en mi caso, hay demasiadas pruebas: hay videos, hay muchas fotos, mucha evidencia”, protestaba.

Su relato de los hechos es claro. Porque ella estaba ahí. “Llegaron tres patrullas de la Marina disparando, sometiéndonos, yo fui víctima también de sometimiento. Fue alrededor de una hora lo que estuvimos privados de la libertad. Y en cuestión de una hora comenzó a llegar multitud de gente, esposas de los señores que estaban ahí. Y fue de la manera en que se metieron y se hizo la revolución ahí, de la gente, empezó a buscar sus familiares” explicó.

Ahí se dio cuenta de que su marido ya no estaba. Los marinos se lo habían llevado en una de las tres camionetas en las que interrumpieron la fiesta. Ahí comenzó su pesadilla. Salió detrás de los militares, pero les perdió la pista. No volvió a ver a su esposo.

Como ella sabia quién se lo había llevado, cuenta Castro Martínez que acudió al cuartel a pedir explicaciones. “Siempre se burlaron de nosotros. Nos decían que ellos no llevaban a nadie, siendo que, en mi caso, como era un convivio grande de comerciantes, hubo hasta reporteros que llegaron. Hay fotos, hay videos de ese momento. Y en gran parte de las fotos y videos están los marinos. Ellos decían que no y que no, y ellos salen en las fotos, en los videos. Pero siempre hay una negativa de parte de ellos, dicen que ellos no fueron, pero yo fui testigo de cómo se lo llevaron”, afirma.

Durante las búsquedas por las quebradas cercanas a Nuevo Laredo, la mujer llegó a encontrar los restos de otros dos desaparecidos: Francisco Javier Alfaro Ortega, de 32 años, y Margarita Teresa Torres Reyes, de 23, a quienes sus familiares trataban de encontrar desde el 24 de abril de 2018.

“Mi esperanza sigue en pie. Yo pienso que un día lo voy a encontrar, vivo”, decía Castro Martínez sobre el hombre a quien conoció doce años atrás y con quien tuvo dos hijos, que ahora tienen diez y ocho años de edad.

“Nos criminalizaron a las familias”

A Ericka Arredondo, de 43 años, le avisaron que los marinos se habían llevado a su hijo, Julio César Viramontes Arredondo, tras un supuesto accidente el 19 de febrero de 2018. Ella estaba en Houston, Texas, Estados Unidos, pero regresó rápidamente a México para ver qué había ocurrido. Preguntó en el cuartel, en los hospitales y con la policía, pero nadie le dio una sola pista. La única certeza era la que le dieron los testigos del choque: “se lo llevaron los marinos”.

A partir de entonces comienza ese peregrinar maldito y sin resultados. Primero, buscando con su familia por los alrededores de Nuevo Laredo. Después, acompañada por el comité de Derechos Humanos.

“En vez de investigar a los marinos, que en este caso eran los culpables, nos empezaron a criminalizar a nosotros, a nuestros familiares, diciendo que eran del crimen organizado, que andaban mal y que algo hicieron”, dijo en entrevista con Animal Político celebrada en octubre de 2018.

Su preocupación principal es saber qué ocurrió con su hijo. “Yo sólo quiero saber, a veces ya no busco culpables, a veces sólo quiero que me digan dónde está, dónde lo dejaron, si le hicieron algo, si está vivo, si está muerto. Ellos tienen que saber dónde está, ellos… yo todo lo que quiero es que hablen, que me digan dónde está mi hijo”, aseguró.

El caso de su Viramontes Arredondo, que dejó dos hijos de 6 y 8 años, fue el primero que llevó a un juez a señalar a los marinos por desaparición forzosa. La carpeta de investigación FED/SDHPDSC/FEIDDF-TAMP/0000312/2018 apuntaba a la responsabilidad de nueve marinos por presunta desaparición forzosa, aunque ahora la acusación se ha ampliado a once.

En aquel momento, Arredondo no entendía por qué el juez dejó en libertad a los marinos y temía que pudiesen desaparecer. “Para mí hubiera sido mejor que estuvieran presos y así obligarlos a hablar. A mí lo que más me importa es saber dónde está mi hijo”, dijo.

Las 47 desapariciones forzosas de Nuevo Laredo son uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de la Marina.

En un primer momento las autoridades negaron la mayor, aunque para junio de 2018 el gobierno de Enrique Peña Nieto ya había anunciado que 265 elementos navales habían sido desplazados desde Tamaulipas hasta Ciudad de México. En este periodo se multiplicaron las voces que señalaban a la Armada: desde la ONU hasta la CNDH, pasando por Amnistía Internacional (AI).

Desde entonces, la sospecha acompañó a los integrantes de la Unidad de Operaciones Especiales (UOPES), la unidad de élite que se encarga de los grandes operativos contra el crimen organizado en México. El miedo de las familias de los desaparecidos siempre ha sido la impunidad. Ahora se abre una puerta para sus dos principales objetivos: conocer el paradero de sus seres queridos y que se castigue a aquellos que se los llevaron.

 

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Cómo tu manera de conducir puede revelar signos tempranos de alzheimer

Una investigación muestra cómo pequeños cambios en la forma de conducir podrían exponer signos preclínicos de la enfermedad.
14 de julio, 2021
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La manera de conducir de todo el mundo cambia a medida que se envejece. Pero en algunas personas surgen sutiles diferencias en la forma de controlar un vehículo, que, según los científicos, están relacionadas con las primeras fases de la enfermedad de alzheimer.

En un experimento para averiguar si estas diferencias en la conducción pueden detectarse mediante dispositivos de localización basados en el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), un grupo de personas mayores de 65 años del Estado de Washington (EE.UU.) aceptó que se vigilara su conducción durante un año.

Lo que los investigadores querían averiguar era si el mero estudio de los hábitos de conducción de este grupo podía revelar el comienzo de la enfermedad, sin necesidad de utilizar procedimientos médicos invasivos o costosos.

Tras 365 días acumulando la información, están seguros de que sí se podría.

Entre las 139 personas que participaron en el estudio, las pruebas médicas ya habían demostrado que alrededor de la mitad tenía la enfermedad de Alzheimer en fase muy temprana o “preclínica”. La otra mitad no la tenía.

El análisis de su conducción reveló diferencias detectables entre los dos grupos.

En concreto, los que tenían alzhéimer preclínico tendían a conducir más despacio, a hacer cambios bruscos, a viajar menos por la noche y a registrar menos kilómetros en general, por ejemplo. También visitaban una menor variedad de destinos cuando conducían, ciñéndose a rutas ligeramente más limitadas.

escáner

Getty Images
En el caso del alzhéimer, un diagnóstico precoz es fundamental.

“La forma en que las personas se mueven en su entorno cotidiano, desde los lugares que visitan hasta la forma en que conducen, puede decirnos mucho sobre su salud”, afirma Sayeh Bayat, candidata al doctorado en la Universidad de Toronto, que dirigió el estudio.

Los rastreadores GPS instalados en los coches de los participantes revelaron con detalle estos movimientos y el momento en que se produjeron.

Los investigadores que llevaron a cabo el estudio habían dividido previamente a sus participantes entre los que padecían la enfermedad de alzhéimer preclínica y los que no, utilizando para ello pruebas médicas como el análisis del líquido cefalorraquídeo y la tomografía por emisión de positrones (TEP).

Pero utilizando los resultados de los datos de conducción, pudieron diseñar un modelo que podía predecir la probabilidad de que alguien tuviera alzhéimer preclínico utilizando simplemente su edad y sus datos de conducción por GPS. La precisión fue del 86%.

“Utilizando estos pocos indicadores… se puede realmente, con una confianza muy alta, identificar si una persona tiene la enfermedad de alzhéimer preclínica o no”, expone Bayat.

El modelo fue aún más preciso (90%) cuando se añadieron los resultados de una prueba genética para el alzhéimer conocida como genotipo de la apolipoproteína E (APOE), que indica si se puede tener un riesgo heredado de la enfermedad.

(Aunque hay que tener en cuenta que este grupo es una pequeña minoría de las personas que acaban desarrollando alzhéimer).

Pero la predicción basada únicamente en la edad y la manera de conducir era casi igual de precisa.

Sayeh Bayat, a PhD candidate at the University of Toronto

Roe Lab
La investigadora Sayeh Bayat utilizó dispositivos GPS para medir la forma de conducir de los pacientes que tenían la enfermedad en un grado incipiente.

Una predicción con poco coste

Se necesitan estudios aleatorios más amplios para demostrar una relación definitiva entre los comportamientos de conducción detectados y la enfermedad de alzhéimer preclínica.

Sin embargo, pero el hecho diferencial posible es que esta investigación podría suponer una forma barata de detectar esta condición en una etapa temprana y potencialmente apoyar el tratamiento.

Pero también plantea la cuestión de si las personas mayores querrían que se siguiera tan de cerca su comportamiento, incluso si hubiera beneficios para la salud.

El hecho de que el comportamiento de los conductores cambie cuando tienen alzhéimer está bien documentado.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE.UU. sostiene que los familiares pueden llegar a notar que su ser querido tarda más en completar un viaje sencillo, que conduce de forma más errática o se confunde de pedal, por ejemplo.

Ancianos en un coche

Getty Images

Sin embargo, es difícil detectar desde el principio los cambios más sutiles, como la conducción más lenta. Esta distinción, cuenta Bayat, requiere la recopilación de datos a lo largo del tiempo para un análisis detallado.

Añade que los participantes en el estudio con alzhéimer preclínico, en algunos casos, conducían menos por la noche, restringían su conducción a zonas ligeramente más reducidas alrededor de su casa o viajaban más despacio de lo esperado.

La mejor manera de predecir, a través de los datos de conducción, si alguien sin alzhéimer preclínico puede estar en riesgo de desarrollarlo podría ser controlar su manejo en la carretera durante un período de tiempo más largo.

Esto podría revelar cambios en su conducción, sostiene Bayat.

Laura Phipps, del centro Alzheimer’s Research de Reino Unido, afirma que el estudio es “realmente interesante” y añade que los cambios en el comportamiento al volante suelen ser percibidos por los familiares de una persona a la que posteriormente se le diagnostica la enfermedad.

“Lo que nos dirán es que, a menudo, uno de los primeros síntomas o signos que notaron es que su ser querido empezó… a perderse”, dice Phipps.

Pocos fármacos para las primeras etapas

La especialista explica que actualmente hay relativamente pocos fármacos disponibles para tratar la enfermedad de alzhéimer en su fase inicial, pero espera que esto cambie en el futuro.

Si este fuera el caso, disponer de una indicación precoz de quiénes son propensos a desarrollar la enfermedad -sin necesidad de procedimientos costosos o invasivos- podría ayudar a los médicos a saber cuándo prescribir los tratamientos.

anciana

Getty Images
La enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas, dicen los expertos.

“Las investigaciones han demostrado que, en realidad, la enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas”, afirma.

Los datos sobre la conducción u otros comportamientos, como los cambios en la forma de hablar, también podrían impulsar cambios en el estilo de vida que ayuden a mantener a raya el alzhéimer.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido aconseja cuidar la salud cardíaca y mantenerse activo social y mentalmente, entre otras medidas preventivas que la ciudadanía puede tomar.

La idea de que el análisis de la forma de conducir podría ayudar a las personas a controlar e incluso a retrasar el inicio de los síntomas más graves del alzhéimer suena tentadora.

Pero siempre existe la posibilidad de que se produzcan errores en este análisis. O que los resultados tengan consecuencias negativas.

El riesgo de los datos

Muchos conductores de todas las edades ya permiten que su aseguradora utilice la telemática o una caja negra para medir su manera de conducir, lo que puede dar lugar a una prima de seguro más baja.

Pero en el futuro, ¿podrían estos dispositivos predecir con exactitud su riesgo de padecer alzhéimer y tenerlo en cuenta también?

Aunque este escenario potencial está muy lejos del mercado de los seguros, es algo que podría preocupar a los actuales propietarios de cajas negras, que ya han tenido problemas con la precisión de sus dispositivos en el pasado.

Rhoda Au, de la Universidad de Boston, sostiene que los clientes deberían tener más control sobre el destino de sus datos en general, para evitar una discriminación injusta de sus hábitos o comportamientos.

Azuga tracking device

Roe Lab

“Deberían tener derecho a decidir qué se comparte y qué no”, afirma.

Señala en broma que su propia forma de conducir podría considerarse errática: “Sólo pienso: Dios, esta gente de Google debe pensar que estoy loca… No tengo sentido de la orientación”.

La especialista cree que, en general, los nuevos sistemas de recopilación de datos diseñados para encontrar correlaciones sutiles entre el comportamiento y las condiciones médicas, probablemente tengan fallos. Pero dadas las posibles ventajas de poder identificar a tiempo a las personas con riesgo de desarrollar la enfermedad de alzhéimer, hay buenas razones para explorar cuidadosamente esas posibilidades ahora.

“Hay que empezar por algún sitio”, reflexiona.


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