'Familias indígenas, o comen, o le ponen saldo al celular para tomar clases'
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Jesus Santamaría

'Familias indígenas, o comen, o le ponen saldo al celular para las clases de los niños'

Las clases en línea y a través de la televisión son un reto para las comunidades indígenas. Muchas familias no tienen dinero para comprarse una TV ni para recargar el saldo del celular.
Jesus Santamaría
9 de mayo, 2021
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Roberto Cruz

Maestro indígena mazahua, 65 años

Este año de pandemia ha sido un gran reto y también una gran desesperación. Porque, la mera verdad, nadie estaba preparado para esto tan terrible que estamos viviendo. Y los maestros tampoco, claro. No estábamos preparados ni académicamente para dar clases a distancia, ni tampoco tenemos la infraestructura educativa necesaria. 

Mire, yo soy de una comunidad de habla mazahua que se llama San Antonio Metepec, en el municipio mexiquense de San Felipe del Progreso. La comunidad está ahí por una lomería llamada ‘El Cerro de la Luna’, y es una zona donde, por lo regular, no hay buena cobertura telefónica, ni Internet. De hecho, muy pocas personas tienen una televisión. Por eso, lo de las clases por la televisión no ha funcionado. Porque muchas familias no tienen dinero para comprarse una. Y las pocas que sí tienen el aparato, pues los niños prefieren ver caricaturas a estar viendo las clases. Eso es así. Máxime, si los padres tienen que salir a buscar trabajo y los chavos se quedan solos en casa. 

El trabajo de su servidor consiste en recorrer las comunidades rurales donde, de plano, muchos padres no tienen acceso a un celular, computadora, o televisión, y les voy dejando hojas impresas con el material didáctico. Luego le pregunto a los niños cuáles son las dudas que anotaron en sus cuadernos y también le pregunto a los padres. Aunque, bueno, los padres tampoco es que puedan ayudar mucho a sus hijos: la mayoría no sabe resolver operaciones matemáticas, ni pueden ayudarles con el desarrollo de la comprensión lectora, porque no saben leer ni escribir. Son analfabetas. Y eso también ha sido un gran problema en esta nueva educación a distancia. 

Lee: Las batallas para aprender en casa: así se ven las clases en medio de la pandemia

Además, a muchos padres tampoco les interesó esto de la educación a distancia. A algunos porque de plano les valió. Y a otros porque están muy ocupados tratando de ver cómo le hacen para salir adelante en pandemia. 

Por eso muchas familias llegan y me dicen: ‘Mire profe, o le pongo saldo al teléfono para las clases del niño, o le doy de comer a mi familia. No podemos hacer más’. Y en esos casos, ¿qué les dices? Yo trato de convencerlos de que tienen que hacer un esfuerzo todavía mayor para que sus hijos sigan estudiando, para que no abandonen la escuela. Pero tampoco puedo reprocharles nada a esas personas, porque muchos no tienen para comer. 

Y sí, todos sabemos que es obligación del Estado y del municipio respaldar la educación de la comunidad, del pueblo. Pero, la realidad es que cada uno tiene que buscarse la vida, mijo. Y los maestros también. 

Te pongo un ejemplo: nadie nos apoya para hacer los recorridos por las comunidades. Somos nosotros, con dinero de nuestra bolsa, los que asumimos esos gastos. E igual pasa con el servicio de Internet y de teléfono para dar las clases: lo tenemos que pagar los profesores, como también pagamos las hojas y las copias para que los niños hagan sus tareas y estudien.  

Lamentablemente, a pesar de todo ese esfuerzo, sí está habiendo muchos niños que dejaron la escuela. Son niños que, en su mayoría, se quedaron solos porque sus padres, agricultores y comerciantes ambulantes, no dejaron de salir a buscar trabajo y a tratar de sobrevivir. Y esto ha provocado que se expongan mucho más al virus, porque por la falta de ventas se tienen que estar moviendo a otras localidades y el riesgo de contagio es mayor. Y claro, muchas de esas personas ya murieron.

Ahí tengo el caso de Jocelyn, una niña mazahua de ocho años que está en segundo grado. Ella perdió a buena parte de su familia. De hecho, solo le quedó la mamá, que apenas va saliendo del virus. Como ya te imaginarás, son niños que se quedan muy lastimados psicológicamente y que, además, se quedan en una incertidumbre todavía mayor porque el sustento de sus casas ya no está. 

Entérate: Maestras y maestros que cuidan: la labor invisible dentro de las aulas

En casos cómo este, tú como maestro tampoco puedes exigirle nada. Al contrario, tienes que ayudarlos, darles tu solidaridad, ser más comprensivo, y tratar de que vayan haciendo poco a poco las tareas para que no se queden muy rezagados y no terminen por abandonar la escuela. 

Ahora, la pandemia no solo ha afectado a los alumnos. También a los maestros nos ha pegado muy duro. Yo mismo, tu servidor, he perdido a veinte integrantes de mi familia por ese maldito virus. ¡Veinte! En un solo día llegué a perder a cuatro de un jalón. Fue algo terrible. 

Al menos ya tenemos la vacuna, ¡bendito Dios! Y a las personas de la tercera edad de la comunidad ya se la están aplicando. Aunque eso tampoco es suficiente para regresar a las clases presenciales, como quieren nuestras autoridades. Porque la mayoría de los padres de familia aún no están vacunados, los niños tampoco, y los profesores mucho menos. 

La mera verdad, hay mucha preocupación entre los maestros por este tema. Porque claro que queremos volver a la normalidad, pero primero está la salud de uno, de su familia, y también la de los niños. Y pues tampoco se trata de regresar como sea, por mucho que cuando te ven por la calle lo primero que te dicen desesperados los padres es: ‘¿Cuándo regresan las clases? ¡Ya no aguanto más a estos chamacos en casa!’.

No se crea, yo también le tengo miedo al virus, cómo no. Tengo 65 años y uno nunca sabe cómo va a reaccionar el cuerpo a esa edad. 

Imagínese, yo empecé a dar clases allá por 1972; soy de la primera generación de maestros indígenas en el Estado de México. En aquel entonces no había pandemia, pero también eran tiempos muy duros. Tenía que ir de comunidad en comunidad a dar clases, y ni carreteras de concreto había. Así que me aventaba kilómetros caminando bajo el sol y el frío para llegar a los pueblitos, donde no había ni luz eléctrica. Y mi infancia no fue mucho más fácil: iba descalzo a la escuelita con un lapicito de un cuartito, que casi ni se podía agarrar. Mis hermanos y yo vivíamos con mi madre en un cuartito, y nos tapábamos del frío con costales porque la cobija no alcanzaba para todos. 

He batallado mucho, la verdad. Aunque aún me siento con fuerza para seguir apoyando a los jóvenes. Porque, precisamente, por eso soy maestro: para ayudar a los demás. Y por eso creo que este virus, con todo y que ha traído mucho dolor, nos está enseñando una gran lección: que debemos ser más solidarios y humanos con los que tienen dificultades para salir adelante. 

De que aprendamos bien esta lección dependerá el futuro de nuestros jóvenes. 

 

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Vacuna contra COVID-19: la difícil decisión de vacunar o no a los niños

La decisión de vacunar a la población infantil debe responder cuestiones científicas, pero también éticas.
Getty Images
24 de mayo, 2021
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Menor recibiendo una vacuna.

Getty Images
Estados Unidos ya ha comenzado a vacunar a menores de edad.

Vacunar a los niños es rutinariamente aceptado. Sarampión, polio, difteria, paperas, múltiples cepas de la meningitis, tos ferina, figuran entre la lista de enfermedades para las que se vacuna a los menores, a veces cuando solo tienen unas semanas de vida.

Entonces ¿hay que vacunar a los niños contra la covid-19?

Hay países que ya han comenzado a hacerlo. Estados Unidos ha vacunado a alrededor de 600.000 menores de entre 12 y 15 años de edad.

Allí las autoridades esperan tener suficientes datos sobre la seguridad de las vacunas para lanzarse a inmunizar a niños aún más pequeños el año que viene.

Reino Unido avanza rápido con los adultos y a todos se les debería haber ofrecido la primera dosis antes del final de julio, pero aún no ha tomado una decisión sobre los menores.

La cuestión científica a responder es si vacunar a los pequeños salvará vidas. La respuesta es compleja y podría variar de país a país.

También se plantea la cuestión moral de si las dosis destinadas a los niños salvarían más vidas si se les administraran a trabajadores sanitarios y población vulnerable en otros países.

Riesgo muy bajo en niños

Uno de los argumentos en contra de la vacunación infantil contra la covid-19 es que, en realidad, los niños se benefician relativamente poco de ella.

Bebé recibiendo una vacuna

Unicef
Con otras vacunas que se administran a menores no hay tanta controversia.

“Afortunadamente, una de las pocas cosas buenas de esta pandemia es que los niños raramente se ven seriamente afectados por esta infección”, afirma el profesor Adam Finn, miembro del Comité Conjunto de Vacunación e Inmunización en Reino Unido.

Las infecciones en niños son casi siempre asintomáticas o muestran síntomas leves, lo que contrasta con otros grupos de edad a los que se ha dado prioridad en las campañas de vacunación.

Un estudio realizado en siete países y publicado en la revista The Lancet estimó que menos de dos de cada millón de niños murieron de covid durante la pandemia.

Incluso los niños con enfermedades preexistentes que elevarían el riesgo en un adulto no están recibiendo la vacuna por el momento en Reino Unido.

Solo se les ha indicado la vacuna a aquellos con un “riesgo muy alto de exposición y desenlaces graves, como los menores discapacitados que viven en centros para dependientes.

Las vacunas son extraordinariamente seguras, pero sus riesgos y beneficios deben sopesarse cuidadosamente.

Algunos países podrían beneficiarse

Otro potencial beneficio de la vacunación infantil es que podría salvar las vidas de adultos.

Es un enfoque que se ha utilizado con adultos. El spray nasal que reciben los niños británicos de entre 2 y 12 años protege ampliamente a sus abuelos cada año.

Hay partidarios de que hacer lo mismo con la vacuna contra la covid podría ayudar a que se alcance la inmunidad del rebaño, el punto en el que hay tanta gente protegida que el virus encuentra dificultades para seguir propagándose.

Las vacunas contra la covid se han demostrado muy efectivas para cortar la propagación del coronavirus.

Los indicios apuntan a que, con solo una dosis, las posibilidades de resultar contagiado se reducen a menos de la mitad y a que quienes se contagian infectan a menos gente.

Enfermera prepara una vacuna en Río, Brasil.

EPA
La vacunación de los menores podría ser beneficiosa también para sus abuelos.

Los niños no se han mostrado hasta ahora como grandes propagadores del virus, pero los adolescentes sí podrían jugar un papel.

“Hay evidencia del potencial de transmisión en las edades de la escuela secundaria, así que la vacunación podría tener un impacto real en la transmisión”, dice Adam Kucharski, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

Pero no hay una respuesta unánime a la pregunta de si merece la pena.

El programa de vacunación en Reino Unido marcha a toda velocidad y ha habido grandes brotes en el país que probablemente han dejado una herencia de inmunidad.

Más de una cuarta parte de los muchachos de entre 16 y 17 años en Inglaterra tienen anticuerpos en la sangre, a pesar de que casi ninguno de ellos ha sido vacunado.

Así que Reino Unido y países de características parecidas podrían encontrarse con que cuentan con suficiente inmunidad colectiva para frenar al virus sin necesidad de vacunar a los niños.

“Es muy diferente en países que no han tenido muchos brotes y que no tienen a tanta población adulta cubierta; en estos será difícil lograr el objetivo sin vacunar a los niños”, dice el doctor Kucharski.

Australia es uno de los países que se está encontrando con reticencias la vacunación, y, como les sucedió también a Nueva Zelanda y Taiwán, contuvo el virus tan rápidamente que casi no hay inmunidad allí.

La cuestión ética

Algo que considerar es quién deja de recibir la vacuna que se le inyecta a un niño.

La Organización Mundial de la Salud sostiene que los países ricos deberían posponer sus planes de vacunación infantil y donar las vacunas al resto del mundo.

El profesor Andrew Pollard, que dirigió ensayos clínicos para la vacuna de Oxford-AstraZeneca, afirma que está “mal desde el punto de moral” priorizar a los más pequeños.

Enfermo de covid yace en el suelo en India.

Reuters
Las vacunas podrían llegar a países como India, donde las muertes de adultos siguen disparadas.

Eleanor Riley, inmunóloga de Universidad de Edimburgo, declaró: “Hay argumentos a favor de hacerlo si tuviéramos un suministro ilimitado de vacunas y pudiéramos continuar con los mayores de 12, pero no lo tenemos”.

“Al fin y al cabo, es una decisión política si priorizar a nuestros niños antes que a los adultos que mueren a montones en otros lugares del mundo”, concluyó.


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