Guardia Nacional niega explicar pago a víctimas para evitar investigación
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Guardia Nacional se niega a explicar por qué ofreció un millón de pesos a víctimas para evitar investigación

Una directiva regula las indemnizaciones a víctimas de violaciones de derechos humanos por parte del cuerpo federal. Habla de un convenio y el “perdón” del agraviado sin especificar si eso implica que se desista de la acción penal.
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La Guardia Nacional reconoce que las víctimas causadas por sus agentes tienen derecho a acudir a las instancias judiciales al margen de recibir una compensación económica. Sin embargo, no aclara por qué el ofrecimiento de un millón de pesos a las familias de dos asesinados en Nuevo Laredo, Tamaulipas, se hizo con la condición de que se desistiesen del proceso legal. 

En una respuesta enviada a Animal Político la institución rechazó ofrecer datos específicos sobre la oferta realizada a las familias de Jorge Alberto Rivera Cardoza y Martha Leticia Salinas Arriaga, muertos a manos de una patrulla en medio de una persecución. Sin embargo, quiso explicar el funcionamiento de la Unidad de Vinculación Ciudadana, que es la encargada de ponerse en relación con las víctimas que provoca la propia Guardia Nacional. 

“Con independencia de las acciones inmediatas realizadas por la Unidad de Vinculación Ciudadana de la Guardia Nacional, quedan a salvo los derechos de las víctimas directas e indirectas para acudir a las instancias de procuración y administración de justicia, organismo de protección a los derechos humanos, y en su caso presentar los recursos legales a que haya lugar, con lo que se complementaría dicha reparación”, dice la respuesta enviada por la Guardia Nacional.

Según la institución de seguridad, su trabajo “debe llevarse a cabo con un enfoque basado en el respeto a los derechos humanos, lo que conlleva el cumplimiento de dichas obligaciones y el respeto irrestricto de las garantías constitucionales y de los derechos fundamentales de todas las personas”.

Reconoce que, con motivo del actuar de su personal, “en algunas ocasiones de manera desafortunada ocurren casos en los que se afecta la salud física, emocional y/o patrimonial de las personas que de manera circunstancial se encontraban en el lugar de los hechos, sin ser agresores de los funcionarios encargados de hacer cumplir la Ley”. 

Para los momentos en los que civiles son afectados por agentes de la Guardia Nacional, la institución dispone de la Unidad de Vinculación Ciudadana de la Guardia Nacional, que “tiene como único fin, atender de forma inmediata las necesidades que puedan tener las personas afectadas y/o sus familiares, buscando aminorar los efectos adversos que se pudieran presentar”.

Según este escrito, esta unidad opera “en concordancia con la Ley General de Víctimas” para dar ayuda “provisional, oportuna, y rápida, de acuerdo a las necesidades inmediatas que tengan relación directa con el hecho victimizante”. Los ofrecimientos que realizan los oficiales de la Guardia Nacional son: recursos económicos para alimentación, transporte, alojamiento temporal en condiciones dignas y seguras; cubrir los gastos de la atención médica y/o psicológica que requirieran los afectados, procurar que ésta se les proporcione, en cantidad y calidad suficiente; sufragar gastos de sepelio, reponer o reparar bienes muebles o inmuebles, entre otros y, por último “procurar en todo momento que los efectos negativos emocionales, físicos, psicológicos y económicos de los agraviados sean de la menor intensidad posible”.

Leer más: Dos muertos por disparos de Guardia Nacional en Nuevo Laredo, pobladores los confrontan

En el caso de Rivera Cardoza y Salinas Arriaga, muertos por la acción de una patrulla que estaba en una persecución en Nuevo Laredo, la Guardia Nacional elude dar detalles por tratarse de “información confidencial”.

Tanto la viuda de Rivera Cardoza, Viridiana Promotor, como una fuente conocedora de estas conversaciones, confirmaron que la Guardia Nacional se hizo cargo de los gastos funerarios y ofreció un millón de pesos, así como sufragar el apoyo psicológico, siempre y cuando las familias firmasen un convenio en el que se comprometían a renunciar a seguir adelante con el proceso ante la Fiscalía General de la República. 

El mecanismo para indemnizar a víctimas de la Guardia Nacional viene regulado en la “Directiva para la atención inmediata y reparación integral del daño de personas presuntamente afectadas en sus derechos humanos por parte del personal de la Guardia Nacional durante el desarrollo de operaciones de seguridad pública”. Se trata de un documento aprobado el 4 de septiembre de 2020 en el que se especifica cómo actúa la unidad de vinculación y los pasos a seguir en caso de que una víctima reciba una compensación. 

Según este documento, los oficiales de la Guardia Nacional deben coordinar con la Comisión Nacional para los Derechos Humanos (CNDH) y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) antes de establecer el convenio en el que se formaliza la oferta. El monto que la Guardia Nacional debe pagar viene regulado en la Ley General del Trabajo y no debe exceder los 20 mil días de salario mínimo, que con la cifra actual de 141.7 pesos alcanzaría los 2 millones 820 mil pesos de indemnización. 

En hechos como los de Nuevo Laredo o la muerte de un guatemalteco a manos del Ejército en Chiapas la oferta fue de un millón de pesos. 

Una vez formalizado el convenio, la CNDH deberá emitir un acuerdo “donde se señale que todo ha quedado concluido”, dice la directiva. Posteriormente intervendrá el Ministerio Público, que deberá certificar que el agraviado ratifica el convenio y manifiesta “que se le ha reparado el daño y, en su caso, otorgar el perdón”.

No deja clara la directiva si este perdón implica que no actúe la Justicia, como los oficiales de la Guardia Nacional solicitaron a las víctimas de Nuevo Laredo, o si, como dice el comunicado de la fuerza militar, existe todavía la posibilidad de buscar el castigo de los victimarios. 

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El pueblo en Francia que se quiere iluminar con organismos vivos

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia, que está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.
29 de abril, 2022
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En una tranquila habitación de un centro de vacunación contra el coronavirus en Rambouillet, una pequeña ciudad francesa a unos 50 kilómetros al suroeste de París, una suave luz azul emana de una fila de tubos.

En fechas próximas, el mismo resplandor azul iluminará la cercana Place André Thomé y Jacqueline Thomé-Patenôtre.

Pero a diferencia de las farolas estándar, que a menudo emiten un fuerte resplandor y necesitan ser conectadas a la red eléctrica, estas luces son alimentadas por organismos vivos a través de un proceso conocido como bioluminiscencia.

Este fenómeno, en el que las reacciones químicas dentro del cuerpo de un organismo producen luz, se puede observar en muchos lugares de la naturaleza.

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia: está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.

Estos experimentos también están en marcha en toda Francia, incluso en el aeropuerto Roissy-Charles-de-Gaulle de la capital.

Variedad natural

Los ejemplos de bioluminiscencia en el mundo natural son muchos.

Las luciérnagas se iluminan para atraer parejas, mientras que algunas especies de algas brillan cuando se agita el agua circundante.

El rape (un pezde aguas profundas) permite que bacterias bioluminiscentes se establezcan en un lóbulo sobre su cabeza como un señuelo tentador para sus presas.

La mayoría de las especies oceánicas bioluminiscentes emiten una luz azul verdosa que, debido a las longitudes de onda más cortas de los colores, puede viajar más lejos en el océano.

Algunas luciérnagas y ciertos caracoles brillan de color amarillo, y se sabe que el llamado “gusano ferroviario”, una larva de escarabajo nativa de las Américas, se vuelve rojo y amarillo verdoso en un patrón que se asemeja a un tren por la noche.

Incluso se ha descubierto que algunos roedores nocturnos que se encuentran en el sur de África tienen cabello que produce un brillo biofluorescente de color rosa intenso.

Las luces de Francia

El brillo azul turquesa en la sala de espera en Rambouillet proviene de una bacteria marina recolectada en la costa de Francia llamada Aliivibrio fischeri.

Las bacterias se almacenan dentro de tubos llenos de agua salada, lo que les permite circular en una especie de acuario luminoso.

Dado que la luz se genera a través de procesos bioquímicos internos que forman parte del metabolismo normal del organismo, su funcionamiento casi no requiere más energía que la necesaria para producir los alimentos que consumen las bacterias.

La bioluminiscencia en las aguas de la bahía Preservation de Tasmania

Brett Chatwin

Se agrega una mezcla de nutrientes básicos y se bombea aire a través del agua para proporcionar oxígeno.

Para “apagar las luces”, simplemente se corta el aire, deteniendo el proceso al enviar la bacteria a un estado anaeróbico donde no produce bioluminiscencia.

“Nuestro objetivo es cambiar la forma en que las ciudades usan la luz”, dice Sandra Rey, fundadora de la empresa emergente francesa Glowee, que está detrás del proyecto en Rambouillet.

“Queremos crear un ambiente que respete mejor a los ciudadanos, el medio ambiente y la biodiversidad e imponer esta nueva filosofía de la luz como una alternativa real”.

Los defensores del proyecto argumentan que la bioluminiscencia producida por bacterias podría ser una forma sostenible y eficiente en energía para iluminar nuestras vidas.

La forma en que actualmente producimos luz, argumenta Rey, ha cambiado poco desde que se desarrolló la primera bombilla en 1879.

Si bien la bombilla LED, que surgió en la década de 1960, ha reducido significativamente los costos de funcionamiento de la iluminación, todavía depende de la electricidad, que se produce en gran parte por la quema de combustibles fósiles.

Glowee

Fundada en 2014, Glowee está desarrollando una materia prima líquida, en teoría infinitamente renovable, hecha de microorganismos bioluminiscentes.

Se cultiva en acuarios de agua salada antes de envasarse en los tubos.

El proceso de fabricación, afirma Rey, consume menos agua que la fabricación de luces LED y libera menos CO2, mientras que el líquido también es biodegradable.

Las luces también usan menos electricidad para funcionar que las LED, según la compañía, aunque las bombillas Glowee producen menos intensidad de luz que la mayoría de las bombillas LED modernas.

las luces de Glowee

Glowee
Las luces de Glowee.

Si bien las luces de Glowee actualmente solo están disponibles en tubos estándar para eventos, la compañía planea producir pronto varios tipos de mobiliario urbano, como bancos para exteriores, con iluminación incorporada.

En 2019, el ayuntamiento de Rambouillet firmó una sociedad con Glowee e invirtió US$109.000 para convertir la ciudad en “un laboratorio de bioluminiscencia a gran escala”.

Guillaume Douet, jefe de espacios públicos de Rambouillet, cree que si el experimento tiene éxito, podría conducir a una transformación en todo el país.

“Se trata de una ciudad del mañana”, dice Douet. “Si el prototipo realmente funciona, podemos implementarlo a gran escala y reemplazar los sistemas de iluminación actuales”.

Los usos de la bioluminiscencia

Los estudios de la bioluminiscencia no son nuevos.

Alrededor del año 350 a. C., el filósofo griego Aristóteles describió la bioluminiscencia en luciérnagas como un tipo de luz “fría”.

Los mineros del carbón han usado luciérnagas en frascos como iluminación en minas donde cualquier tipo de llama, incluso una vela, podría desencadenar una explosión mortal.

Luciérnagas

Getty Images

Mientras tanto, las tribus de la India han utilizado hongos brillantes durante años para iluminar selvas densas.

Sin embargo, Glowee es la primera empresa del mundo en alcanzar este nivel de experimentación y dice que está en negociaciones con 40 ciudades de Francia, Bélgica, Suiza y Portugal.

ERDF, una empresa mayoritariamente estatal que gestiona la red eléctrica de Francia, se encuentra entre los patrocinadores de Glowee; la Comisión Europea ha proporcionado US$1,9 millones de financiación y el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (Inserm) ha proporcionado asistencia técnica y apoyo.

Los desafíos

Carl Johnson, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Vanderbilt, cree que aún quedan serios desafíos por delante antes de que la bioluminiscencia pueda obtener luz verde para su implementación a gran escala.

“Primero, tienes que alimentar a las bacterias y diluirlas a medida que crecen”, dice.

“Eso no es tan fácil. Además, el fenómeno dependerá mucho de la temperatura y dudo que funcione en el invierno. En tercer lugar, la bioluminiscencia es muy tenue en comparación con la iluminación eléctrica”, agrega.

Rey, de Glowee, reconoce los desafíos que se avecinan, pero insiste en que los beneficios, tanto ecológicos como económicos, podrían ver ciudades futuras bañadas en luz azul bacteriana.

Hongos

Getty Images

Actualmente, el equipo de Evry está trabajando para aumentar la intensidad de la luz producida por bacterias, que por ahora solo dura días o semanas antes de requerir más nutrientes y aún no es tan fuerte como las luces LED.

Hasta ahora, Glowee dice que sus bacterias pueden producir una salida de brillo de 15 lúmenes por metro cuadrado, por debajo, pero no muy lejos, del mínimo de 25 por metro cuadrado que cree que se requiere para la iluminación pública en parques y jardines.

En comparación, una bombilla LED doméstica de 220 lúmenes puede producir unos 111 lúmenes por metro cuadrado de suelo.

“Estamos avanzando poco a poco”, dice. “Pero ya hemos dado pasos enormes y nuestra filosofía de la luz es una respuesta a la crisis que enfrenta la humanidad”.

Catrin Williams, profesora de la Facultad de Biociencias de la Universidad de Cardiff que ha estudiado la bioluminiscencia en bacterias, está de acuerdo en que es “difícil” mantener cultivos bacterianos vivos a largo plazo debido a la necesidad de suministro de nutrientes.

Pero Williams dice que esto podría superarse centrándose en la “quimioluminiscencia”, un proceso que Glowee también está investigando actualmente, que elimina la necesidad de bacterias vivas.

En cambio, la enzima responsable de la bioluminiscencia, la luciferasa, en teoría puede extraerse de las bacterias y usarse para producir luz.

“Creo que el enfoque de Glowee es extremadamente novedoso e innovador y podría ser fantástico”, dice Williams.

Otras iniciativas

Otras iniciativas en todo el mundo están proporcionando más rayos de esperanza.

Nyoka Design Labs, con sede en Vancouver, está desarrollando una alternativa biodegradable a las barras luminosas utilizando enzimas no vivas y libres de células que, según los creadores, son mucho más fáciles de mantener que las bacterias vivas.

“En lugar de usar todo el automóvil, solo quitamos los faros”, dice Paige Whitehead, fundadora y directora ejecutiva.

“La enzimología ha avanzado hasta el punto de que ya no tenemos que depender de los sistemas sustentados por células”, agrega.

Luciérnagas

Getty Images
Las luciérnagas han sido estudiadas desde la Antigüedad.

Una vez utilizadas, las barras luminosas no se pueden reciclar debido a la mezcla de productos químicos que contienen.

Se utilizan en una amplia gama de aplicaciones, desde usos policiales y militares hasta festivales de música.

Algunos investigadores han expresado su preocupación por el efecto de los productos químicos que contienen en la vida marina, ya que también se utilizan a menudo como señuelos en la pesca con palangre.

“Gran parte de este desperdicio es innecesario”, dice Whitehead. “La visión que buscamos es reemplazar cualquier sistema de iluminación alternativo para hacerlos más sostenibles”.

En un gran avance para esa visión, un estudio publicado en abril de 2020 reveló que un equipo de bioingenieros rusos que trabajan con una empresa emergente de biotecnología con sede en Moscú han creado un método para mantener la bioluminiscencia en las plantas.

Afirman que pudieron hacer que las plantas brillaran 10 veces más y durante más tiempo que los esfuerzos anteriores, produciendo más de 10.000 millones de fotones por minuto, mediante la bioingeniería de genes bioluminiscentes de hongos en las plantas.

La nueva investigación se basó en los hallazgos que identificaron una versión fúngica de la luciferina, uno de los compuestos únicos que es necesario para la bioluminiscencia, junto con las enzimas luciferasa o fotoproteína.

Keith Wood, un científico que hace 30 años creó la primera planta luminiscente utilizando un gen de luciérnagas, dice que la tecnología podría reemplazar en parte la iluminación artificial como los LED.

Más recientemente, descubrió que al alterar la estructura genética de una luciferasa que se encuentra en el camarón de aguas profundas Oplophorus gracilirostris, su brillo podría aumentar 2,5 millones de veces.

luces

Getty Images

La enzima resultante, que los investigadores llamaron NanoLuc, también era 150 veces más brillante que las luciferasas que se encuentran en las luciérnagas.

“La aplicación de la biología sintética a la bioluminiscencia es una gran oportunidad”, dice Wood, quien ahora está desarrollando una planta bioluminiscente para la empresa Light Bio.

Pero todavía está por decidirse exactamente cómo se podrían usar estas plantas bioluminiscentes transgénicas en el futuro.


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