Guillermo y Phillip luchan en Namibia porque se reconozca su paternidad
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Especial

Guillermo y Phillip luchan en Namibia por el reconocimiento de la paternidad de sus tres hijos

Namibia se niega a reconocer legalmente a los hijos de Guillermo y Philipp, porque tienen dos papás hombres. Autoridades dicen que les darán la ciudadanía si, con un examen de ADN, se confirma que “el verdadero padre” es de dicho país.
Especial
Por Dalila Sarabia
19 de mayo, 2021
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A más de 13 mil 500 kilómetros de la CDMX, en Namibia, África, Guillermo Delgado y Phillip Lühl enfrentan al gobierno de aquella nación que se niega a reconocerles la paternidad de sus tres hijos: Yona, Paula y Maya.

La historia de Memo y Phillip comenzó en 2008 cuando ambos se conocieron en Holanda mientras estudiaban una maestría en arquitectura. Desde ese momento han sido inseparables, y con la noticia de que en Namibia -de donde es originario Phillip- se abriría la primera escuela de arquitectura, la pareja decidió probar suerte y mudarse en 2010 al país africano. Phillip entró a trabajar a la Universidad de Ciencia y Tecnología de Namibia y Guillermo, quien nació y creció en la CDMX, lo hizo en una ONG.

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Oficialmente Phillip nació en Sudáfrica, pero en 1990, cuando Namibia se independiza, él adquiere esa nacionalidad manteniendo la residencia permanente sudafricana.

Ya que en Sudáfrica las relaciones entre personas del mismo sexo sí están permitidas, es que en 2014 contraen matrimonio.

“Como él tiene esa doble identidad es que nos pudimos casar en Sudáfrica (…) y pudimos tener acceso al proceso de paternidad subrogada que está muy bien regulado allá. Se nos hizo una muy buena opción para ser padres”, comparte Guillermo en entrevista con Animal Político desde Johannesburgo, Sudáfrica.

“Por ahí de 2017 es cuando empezamos el proceso (de paternidad subrogada) y dos años después es cuando dimos a luz a nuestro primer hijo, Yona, y fue ahí donde empezaron las dificultades”.

En un inicio, cuando ambos volvieron de Sudáfrica con Yona no hubo mayor problema para entrar a Namibia, pero luego de advertir que ambos padres eran hombres, rechazaron su aplicación. En el acta de nacimiento del bebé claramente estaba el nombre de Guillermo y de Phillip como padres.

“Después de que vieron bien la aplicación empezaron con que ‘no puede ser que dos hombres sean padres de un hijo’”. Ahí comenzó el calvario.

Peleas legales, conflictos y cuestiones migratorias se volvieron el pan de cada día.

“Cuando quisimos presentarnos ante el gobierno namibio como una pareja, al principio sí nos dieron un permiso, pero después nos lo quitaron y dijeron ‘fue un error, aquí no reconocemos a las parejas del mismo sexo’”, agrega.

A pesar de las dificultades siguieron su vida en Namibia, pero Guillermo y Phillip querían más familia. Casi de forma inmediata, luego de tener a Yona, comenzaron un nuevo proceso para aplicar a la paternidad subrogada en Sudáfrica. Aunque tomó más tiempo porque hubo varios intentos fallidos, en marzo pasado se convirtieron en padres de las gemelas Paula y Maya.

Sin embargo, sólo Phillip pudo ir al nacimiento, pues ni Guillermo ni Yona podían salir de Namibia. Memo porque no tenía permiso para viajar y aunque lo de menos era salir, no había ninguna garantía de que pudiera volver a Namibia, y Yona porque a dos años de su nacimiento no se han podido arreglar sus papeles de identificación, pues no reconocen que tenga dos papás hombres.

“Entonces Phillip vino a Johannesburgo para el nacimiento de las gemelas y para cuando quería regresar (a Namibia), el gobierno no le quería dar nada, no le quería dar los documentos y quedó atorado en Sudáfrica y yo atorado con Yona en Namibia. Ahí se puso fea la cosa porque pasaban las semanas. Hicimos una aplicación urgente, y la declinaron, y otra más y la declinaron”, lamenta Memo.

A dos meses del nacimiento de Paula y Maya, el gobierno de Namibia les dice que sí reconocerá la ciudadanía namibia de las gemelas siempre y cuando se practiquen un examen de ADN que confirme que “el verdadero padre” en efecto es ciudadano namibio. Una propuesta que Guillermo y Phillip han rechazado categóricamente porque afirman que la paternidad no puede ser reducida a un tema meramente biológico.

“Nos negamos (a hacernos la prueba) por cuestión de principios, no queremos decir que el que sea el donador del esperma, es el verdadero papá, No, aquí no hay papá de verdad y papá de mentira, ambos somos los papás y ninguno es más ni menos. Y la segunda (razón) es que no es constitucional. En ningún lado dice que la biología tenga que ver, o sea, si hubiéramos sido un hombre y una mujer con un acta de nacimiento no nos hubieran preguntado nada, pero claro, somos dos hombres y eso no puede ser”, reclama.

Recién en la primera semana de mayo, Guillermo consiguió un permiso para salir de Namibia y viajó a Johannesburgo para conocer a sus gemelas. Yona no pudo viajar, por lo que tuvo que ver a sus hermanas a través de una videollamada.

Solo por cuatro días pudieron estar juntos, pues Phillip volvió a Namibia y de nueva cuenta la familia está separada con la incertidumbre de no saber qué sucederá.

Guillermo subraya que “tal vez (el gobierno de) Namibia se confunde porque nosotros no queremos hacer paternidad subrogada en Namibia, eso ya pasó, lo hicimos en Sudáfrica, lo único que le estamos pidiendo es reconocer un acto de nacimiento en otro país, no tiene nada que ver la paternidad subrogada”.

Paralelamente a los procesos abiertos que se llevan a cabo en el país africano, Guillermo ha solicitado el apoyo del gobierno de México a través de la secretaría de relaciones exteriores. Lo que busca es que el país le reconozca a sus hijos la nacionalidad mexicana. Sin embargo, anticipa, puede tratarse de otra lucha que le consumirá tiempo, energía y recursos porque en comunicaciones extraoficiales le han anticipado que de igual manera le solicitarán pruebas de ADN.

“Yo soy mexicano y nunca me he sentido otra cosa. Estoy lejísimo, con mi esposo de Namibia, a muchísimos kilómetros, pero para mí es muy importante que mis hijos sean mexicanos. Para mí es importante hablarles en mi idioma (…) para mi es muy importante cultivar ese aspecto, entonces por eso se me hace importante que México entre a la ecuación”, afirma.

Guillermo y Phillip ya están preparados para el mejor y peor escenario. Si todo sale bien, dice, volverán a Namibia a su casa, los cinco juntos como la familia que son. Si en la última solicitud hecha no les entregan los documentos a sus hijos, saben que de nuevo irán a la corte, gastarán dinero, esfuerzo y tiempo. Sabe que no podrá ser una batalla que puedan sortear por mucho tiempo más, porque aceptan que están llegando a un límite económico y de energía.

Aunque confía en que ganarán y obtendrán el reconocimiento legal de la paternidad de sus tres hijos, Guillermo sabe que también es posible que pierdan el juicio y tengan que tomar una decisión extrema como la de salir de Namibia.

“Si nos vamos a juicio y el veredicto no es a nuestro favor vamos a tener que reconocer que perdimos y habrá que salir del país, lo que sería una lástima. Ya vivimos ahí (en Namibia) 11 años, tenemos nuestro trabajo en la universidad, nuestra casa, nuestra familia, nuestros amigos… es un exilio”, reprocha.

De ahí la importancia del apoyo del gobierno mexicano porque si el veredicto no les favorece, la opción de volver a México está sobre la mesa, siempre y cuando el país les reconozca la nacionalidad a los tres niños.

Y es que, explicó, para poder salir de África, es necesario garantizar la seguridad de los cinco porque al llegar a la frontera les preguntarán quiénes son los padres de los pequeños y si no reconocen el papel que lleven, les pueden quitar a los niños y esa es una situación que le preocupa mucho.

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Así, desde Johannesburgo, Guillermo solicitó el apoyo de las autoridades mexicanas a través de la secretaría de relaciones exteriores para que Yona, Paula y Maya tengan la nacionalidad mexicana.

“Con nuestro primer hijo nos dijeron que sí (le darían la nacionalidad mexicana), que ya estaba todo listo, solo era cuestión de que nos dieran una cita y que fuéramos a Pretoria -que es donde está la embajada- y registraban a nuestro primer hijo. Pero como no pudimos viajar porque Yona no podía salir de Namibia, pues lo dejamos ir y cuando tuvimos a nuestras gemelas decidimos ‘bueno, ahora sí con las gemelas vamos todos y los registramos a los tres en un viaje en lugar de hacer dos’”.

“Yo percibo que hay una agenda de igualdad que está a nivel de discurso, ahora se tiene que implementar a nivel práctico. Por ejemplo, a mi me parece una cosa muy bonita que las autoridades (mexicanas) sean ya muy abiertas con cuestiones de igualdad con la comunidad LGBTI, pero, por ejemplo, cuando nosotros, pareja del mismo sexo, llegamos con nuestros tres hijos a registrarlos como ciudadanos mexicanos y nos van a pedir cuestiones de ADN pues esa agenda no está tan implementada, es más discurso”, señaló Guillermo.

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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