Colapso en Línea 12 afecta a comerciantes, sus ventas bajan hasta 80%
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Dalila Sarabia

Colapso en Línea 12 afecta a comerciantes, sus ventas bajan hasta 80%

Durante un recorrido por la zona, Animal Político confirmó -en un cuadra- al menos el cierre de cinco locales sobre avenida Tláhuac entre los que había dos lugares de comida (tacos y tortas), una farmacia y un local de aguas frescas y paletas congeladas.
Dalila Sarabia
25 de mayo, 2021
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A nueve kilómetros de la zona cero de la tragedia por el colapso de la Línea 12 la noche del 3 de mayo, hay otros afectados colaterales que se suman a los miles de usuarios que se quedaron sin metro, como Ignacio, César y Rogelio, cuyos negocios -ubicados en las inmediaciones de la estación Tláhuac- están a punto de quebrar porque desde hace casi un mes las personas y potenciales clientes ya no caminan por la zona, ya sea porque encontraron otras formas para trasladarse (incluido el uso de mototaxis) o porque el servicio emergente de camiones que cubren la ruta Mixcoac-Tláhuac obliga a los usuarios a entrar hasta el paradero de esta estación.

Son comerciantes y tienen sus locales de donas y tacos a unos metros del Metro Tláhuac, sobre la avenida que lleva el mismo nombre, justo ahí donde están las escaleras que conducían directamente a los torniquetes del metro, y que desde el accidente que cobró la vida de 26 personas y dejó a más de 80 heridos hacen todo lo posible por resistir para no bajar la cortina indefinidamente. Ya no hay clientes.

Leer más: Autoridades del Metro sabían de fallas en la Línea 12 desde antes de inaugurarla

“Para empezar con lo de la pandemia se tranquilizó mucho (la venta), después del accidente se acabó todo. Teníamos un modo de sobrevivir, con deudas y todo -como todo mexicano- pero era sustentable (sic), veníamos trabajando bien, podíamos pagar las deudas, pero ahorita no hay para dónde”, comparte Ignacio González, vendedor de donas en las inmediaciones del Centro de Transferencia Modal (Cetram) Tláhuac.

Cuenta que lleva ocho años con su negocio, lo abrió poco después de que inauguraran la Línea 12, pero la peor época la ha vivido en el último año.

¿Del total que vendía antes del accidente, ahorita en qué porcentaje han bajando sus ventas?, le pregunto.

“Hasta en un 80%”, dice sin el menor titubeo.

“Si tenemos un 20% (de venta) ya es demasiado”, subraya.

Afortunadamente la persona que le arrenda el local ha sido comprensible y le dijo que le reduciría la renta del espacio en tanto mejora la situación, sin embargo, el hombre no cree que eso vaya a pasar en breve.

“Abrimos toda la semana, lo que nos queda es ampliar el horario (…) ahorita estamos abriendo de las 06:00 horas y hasta la medianoche, a ver si en el último camión agarramos clientes”, comentó Ignacio.

“Abriendo el Metro esto se normaliza (…) lo que le pediríamos (al Gobierno de la Ciudad de México) es un apoyo para sobrevivir, no somos uno o dos, somos un buen de comercios. Hay muchos que desde la primera semana cerraron”.

Durante un recorrido por la zona, Animal Político confirmó -en un cuadra- al menos el cierre de cinco locales sobre avenida Tláhuac entre los que había dos lugares de comida (tacos y tortas), una farmacia y un local de aguas frescas y paletas congeladas.

“No les estamos pidiendo (al gobierno) regalado porque al fin y al cabo se pagan esos préstamos, pero sí estaría bien que nos ayudaran. Que hubiera un apoyo, una pagina, alguien a quien pudiéramos acercarnos”, pide el hombre.

Esperemos que con el Metrobús mejore

César Castillo es de los primeros comerciantes que abrieron sus negocios cuando se inauguró la Línea 12. El mejor lugar para hacerlo era justo en avenida Tláhuac, frente de la estación terminal de la línea dorada porque desde antes se había anunciado que el paradero Tláhuac sería libre de comercio. Lo que se buscaba era evitar que este espacio fuera como Indios Verdes o Tacubaya en donde se ha desbordado el comercio formal e informal. Apenas dos meses después de la apertura de la línea 12 el 30 de octubre de 2012, él abrió su local de tacos.

“El Metro le trajo mucha dignidad aquí a Tláhuac, muchas personas se animaron a conseguir trabajos por Mixcoac o por lados más lejanos donde literal se hacían 45 minutos para llegar, y ahorita muchos de esos clientes me comentan que ya no pueden ir porque no le salen los tiempos, porque gastan más y el desgaste es mayor”, comparte.

Pero no solo sus clientes la están pasando mal. Al paso de los años César ha visto cómo su negocio se ha ido deteriorando poco a poco.

Al principio tenía tres empleados y no paraba de vender. Trabajaba de lunes a sábado y el alguna ocasión también en domingo, pero rápidamente los problemas con la línea dorada comenzaron y con ello los de su negocio.

Primero fue el cierre del viaducto elevado por 20 meses -entre 2014 y 2015- porque había desgaste ondulatorio en las vías y representaba un riesgo para los usuarios. Las ventas en la taquería de César se fueron para abajo.

En 2017, tras el sismo del 19 de septiembre, también se tuvo que cerrar el viaducto elevado, y aunque apenas fueron algunos meses, sí se resintió en las ventas de César.

Ahora, con el colapso de una trabe en las inmediaciones de la estación Olivos de la Línea 12, el hombre hace malabares para evitar cerrar permanentemente su negocio.

“Bajó el 75% (las ventas) estamos trabajando al mínimo (…) yo abría de lunes a sábado, pero ahora solo abro de lunes a viernes”, explica César.

Generalmente abre su negocio al mediodía. Ya son las 14:00 horas y la cortina sigue abajo. Me dice: “A ver si abro como a las 15:00 horas”.

Transitar por Avenida Tláhuac es enfrentarse a un permanente ir y venir de gente en todas direcciones, sin embargo, a la altura de la estación Tláhuac la realidad es otra.

Salvo algunos policías de tránsito de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SCC) y algunas personas que esperan camiones rumbo al centro de Tláhuac y Chalco, no hay mayor movimiento.

“Desgraciadamente el que siempre sale afectado es el pequeño comerciante, el obrero, la gente común, la gente de la clase trabajadora como nosotros”, lamenta.

“En el mejor de los momentos tenía tres trabajadores, pero ahorita nada más uno y yo (…) vamos a aguantar, no hay de otra, la verdad es que el Gobierno (de la Ciudad de México) no nos da muchas opciones”.

Frente a su local observa pasar, casi sin parar, los camiones que dispuso la Secretaría de Movilidad (Semovi) para brindar servicio emergente de Mixcoac a Tláhuac, pero ninguno de ellos baja a los usuarios frente al Cetram, ahí donde está su negocio y desde donde es posible subir las escaleras para ingresar al paradero. Por el contrario, los camiones siguen de largo y dan una vuelta -que puede llegar a tomar hasta 15 minutos- para poder entrar al paradero y bajar a los pasajeros.

Si permitieran que los pasajeros descendieran sobre avenida Tláhuac, estima, no solo ellos ganarían tiempo en sus viajes, sino que él tendría mayor oportunidad de que vieran su negocio y consumieran en él.

“Ahorita está el patrón aguantando la situación, pero esperemos que con el Metrobús mejore esto porque ya hay negocios que cerraron”, dice por separado Rogelio Ávila.

Hace siete meses que trabaja en las Carnitas el Dorado. Él atiende, pero este lunes -como hace ya un par de semanas- no tiene ningún cliente.

Está ahí parado detrás del mostrador -con su mandil y cubrebocas- esperando que alguien se acerque.

“Se cayó casi en un 80% la venta. Ya no hay gente, no pasa ninguna persona, está todo vacío como si fuera domingo”, lamenta.

De acuerdo con el secretario de Movilidad de la Ciudad de México, Andrés Lajous, a partir de este miércoles 26 de mayo operará el Metrobús de Tláhuac a Atlalilco y de regreso y aunque aún serán consideradas pruebas, ya se permitirá el ascenso y descenso de usuarios

“Hemos estado ahorita haciendo pruebas preoperativas con autobuses de Metrobús, pero en el miércoles ya podrá haber ascenso de usuarios; los cual nos permitirá seguir ajustando toda la operación a lo largo de esta semana para hacer las modificaciones necesarias para hacer el servicio más eficiente, todavía será periodo de pruebas, pero ya es un periodo de pruebas con personas”, detalló el funcionario en conferencia de prensa.

En las estaciones Atlalilco y Tláhuac, observó Animal Político, ya se balizó la zona y se instalaron estructuras para el ascenso y descenso de usuarios.

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El boom del sotol, el licor perseguido en México y la polémica de su producción en Texas

Forma parte de la identidad de Chihuahua, Coahuila y Durango y es también un destilado con un mercado en expansión.
16 de julio, 2022
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“En mi pueblo acostumbran a decir: ‘Vamos a hacer la mañana’. Y lo primero que hacen al levantarse es tomar una copa de sotol”.

Jesús Miguel Olivas, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, habla del único destilado mexicano que no se hace a partir de un maguey o agave, de una bebida que, aunque ancestral, es para muchos una gran desconocida.

El sotol integra la historia y el paisaje cultural de Chihuahua, Coahuila y Durango, los tres estados del norte de México en los que se produce.

“Forma parte de nuestra identidad. Está presente en corridos, en la poesía, en la literatura. Es un legado de esta región”, le dice a BBC Mundo Ricardo Pico, vicepresidente del Consejo Certificador del Sotol. Por ello, está protegido con una denominación de origen.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
El sotol es el único destilado mexicano que no se elabora a partir de un maguey o agave.

Y es, además, un mercado en expansión. “Comercialmente hablando, es lo que era el mezcal hace 12 años”, asegura Pico, comparándolo con el espirituoso mexicano cuya producción ha aumentado en ese periodo de los 500.000 a los 6,5 millones de litros al año. Aunque no hay cifras oficiales, los entrevistados para este artículo concuerdan en que hay un boom del sotol.

Ahora, hay quien ve ambos aspectos del sotol —la identidad que representa y su potencial comercial— amenazados.

Y es que también se ha empezado a hacer del otro lado de la frontera, en Estados Unidos.

La polémica sobre quién tiene derecho a elaborarla está servida.

Conocimiento ancestral

La palabra sotol proviene del vocablo náhuatl tzotollin, que significa el dulce de la cabeza.

La bebida conocida con ese nombre se elabora con distintas especies del género Dasylirion, una planta nativa deldesierto chihuahuense que resiste las extremas temperaturas —hasta mínimas de -14°C en invierno y 42°C en verano— de ese ecosistema semiárido que abarca la zona norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

Mapa de las zonas en las que crece la planta del sotol

BBC

Ya en tiempos prehispánicos, las comunidades originarias de ese vasto territorio se servían de ella, principalmente para alimentarse.

“Asaban el corazón, conocido como piña, y hacían una especie de pastas que se podían almacenar. Eran una buena fuente de carbohidratos”, le dice a BBC Mundo Jeffrey Keeling, profesor de biología y gestión de recursos naturales de la Facultad de Agricultura y Ciencias Naturales de la Universidad de Alpine, Texas.

Los rarámuri o tarahumaras, quienes le siguen llamando sereque, la usaban también para hacer utensilios —no por nada en inglés se conoce también como desert spoon, cuchara del desierto—, canastas, zapatos y artesanías, o con fines medicinales, por sus propiedades antibióticas.

La planta del sotol, del género Dasylirion.

Getty Images
La planta del sotol tiene aspecto de palma.
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Getty Images
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Y elaboraban con ella un brebaje fermentado, similar al pulque que se hace con agave en otras zonas de México, de muy baja graduación, para usos ceremoniales ya desde hace 800 años, apunta el experto.

La destilación llegaría después, cuando los españoles trajeron consigo la técnica en el siglo XVI, y la bebida se empezó a parecer a la que se conoce actualmente.

Fermentación y destilado

Han pasado siglos desde aquello, pero el proceso de elaboración no ha variado mucho en décadas y su producción hoy sigue siendo mayoritariamente artesanal y en algunos casos semiindustrial, señala Pico.

Antes que nada, hay que cortar la planta, que crece de forma silvestre.

Hombre corta la cabeza de una planta de sotol.

Ángel Valdez
Son las cabezas de la planta, también llamadas piñas, las que se llevan a la vinata.

Aunque Olivas lidera un proyecto de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, que nació en 1996, centrado en la domesticación de la especie, con el objetivo de que en un futuro pueda haber plantaciones y la producción sea sostenible.

“Si no nos aseguramos de establecer plantaciones, es muy probable que si sigue creciendo el interés en la bebida, a mediano plazo nos veamos en problemas para tener materia prima”, le dice a BBC Mundo.

Una vez cortado el tallo o piña, ya en la vinata o destilería se cuece en rudimentarios hornos construidos a ras de suelo.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda para reducirlas a trozos pequeños, a los que luego se les añade agua para que inicie la fermentación.

Piñas o cabezas de la planta de sotol en un horno rudimentario construido a ras de suelo.

Ángel Valdez

Finalmente, el doble destilado permite obtener una bebida con un volumen alcohólico del 45%.

“Tiene cosas en común con las producciones tradicionales de otros destilados, como el ‘perlado’, una técnica basada en la observación para calcular la graduación etílica, pero también muchísimas diferencias”, le dice a BBC Mundo Faridy Bujaidar, antropóloga especializada en bebidas espirituosas del norte de México.

“El tequila, el mezcal y el sotol, cada uno tiene su trayecto histórico, sus sabores y aromas particulares. Son conocimientos regionales muy focalizados“, añade.

La mayor disimilitud es quizá el volumen de producción. Ya comentamos cuánto mezcal se genera al año en el país, una cifra que palidece frente a la del tequila: 350 millones de litros en 2021, según el Consejo Regulador del Tequila.

Mientras, la entidad homóloga del sotol estima que de este se producen anualmente 500.000 litros, cerca del 80% en Chihuahua y el resto a partes iguales en Coahuila y Durango.

“A los ojos del consumidor somos una bebida emergente, aunque sea ancestral”, dice su presidente, Efraín Maldonado.

El Consejo calcula que en México hay unos 40 productores tradicionales.

Décadas de persecución

Este panorama es la herencia de la persecución que sufrieron los sotoleros durante décadas, apunta Pico, vicepresidente del Consejo Regulador del Sotol.

Se debió a una combinación de factores, explica, entre ellas la influencia de la prohibición de los destilados a principios del siglo pasado en el estado aledaño de Sonora y la Ley Seca vigente de 1920 a 1933 al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, además de una “corriente de pensamiento conservador en México según la cual el alcohol corrompía la sociedad”.

“Aunque no hubiera una ley per se en el país que prohibiera la actividad sotolera, la policía conocida como ‘la acordada’ llegaba a las comunidades, para en teoría checar que se cumplían las normas ambientales y sanitarias, y les confiscaba el equipo a los vinateros o los llevaban presos“, cuenta.

Hombre cortando un Dasylirion.

Ángel Valdez
Las plantas a partir de las cuales se hace el sotol se encuentran en estado silvestre.

Eduardo Arrieta, “Don Lalo”, maestro sotolero de cuarta generación del municipio de Aldama, Chihuahua, conoce bien la historia.

En parte porque se la contó su abuelo, quien se llamaba igual que él, y en parte porque la vivió en carne propia.

“Mi abuelo empezó en el sotol muy joven, en 1920, cuando andaba en la Revolución con Pancho Villa”, le dice a BBC Mundo.

‘Quítame esa vinata’, le dijo Pancho Villa un día que pasó por allí a caballo, pero mi abuelo no hizo caso, así que cuando volvió lo agarraron, lo ataron y le dieron con un sable. Según ellos esa era la ley aquí antes”, cuenta.

Cuando mataron al “centauro del norte” en 1923, el abuelo de Don Lalo siguió destilando y le enseñó el oficio a su hijo, quien después haría lo propio con el suyo.

“A mí todavía me tocó esconderme cuando llegaron los de a caballo (la policía), para que no me hallaran y me llevaran. Nos destruían el alambique donde hacía uno el vino (sotol), lo balaceaban para que ya no sirviera”, recuerda.

Pico, del Consejo Regulador del Sotol, analiza aquello —que duró hasta finales del siglo pasado en ciertas zonas— con perspectiva.

“La persecución quizá actuó a nuestro favor porque, ¿quién sabe?, de otra manera quizá hubiéramos acabado ya con la planta”, dice. “O nos hubiéramos convertido en otro Tequila, Jalisco, con una industria completamente desarrollada y millonaria”.

Protección institucional

Para caminar en esa dirección y ordenar y proteger la producción del sotol en Chihuahua, Coahuila y Durango, se creó en 2002 la denominación de origen.

Destilando sotol en una vinata.

Ángel Valdez
La última fase de la elaboración del sotol es la destilación.

Una denominación de origen (D.O.) es un sello que certifica que un producto es originario de una zona geográfica particular, que en ella se llevan a cabo todas las fases de producción, y que a esto se deben la calidad y las características del mismo.

Una de las más famosas es la del champán, que dicta que solo se le puede llamar así al vino espumoso elaborado en la zona francesa de Champagne o la Champaña.

La D.O. del sotol está reconocida a nivel internacional por la Organización Mundial de la Protección Intelectual, en 2005 nació el Consejo Mexicano del Sotol y más recientemente, en 2017, el Consejo Certificador.

Hoy el producto se vende dentro y fuera de las fronteras mexicanas.

“El mejor mercado para el sotol en México está, curiosamente, allí donde se producen otros destilados, porque se valora ese tipo de producto: en Oaxaca, Jalisco, y, por supuesto, Ciudad de México“, informa Pico.

“En Estados Unidos se vende en Texas y California sobre todo, y existe un mercado emergente, en constante crecimiento, en Arizona, Nueva York, Colorado e Illinois“.

El problema que ven muchos en la industria del sotol en México es que EE.UU. está dejando de ser meramente consumidor y ha empezado a producir, aunque aún de forma muy focalizada, concretamente en Texas.

Y es que el sotol, a diferencia del tequila y el mezcal, no está reconocido como bebida distintiva de México por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

¿Quién tiene derecho a producir?

En enero, Sandro Canovas se plantó fuera de una destilería en Marfa, Texas, con un megáfono en la mano y gritó: “¡El sotol es mexicano! ¡Boicot a estos buitres culturales! No apoyen a los ladrones”.

Y repartió entre clientes y curiosos unos papeles en los que se leía: “Ten en cuenta que Marfa Spirit Co. opera a diario bajo estas premisas: a) apropiación cultural; b) el flagrante desprecio de la denominación de origen que pertenece a Chihuahua, Durango y Coahuila en México; c) ningún compromiso ni acciones o programas hacia la sostenibilidad en la producción de sus bebidas espirituosas”.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Fundado en 2021 por Morgan Weber, con una amplia experiencia en el sector de la restauración y al frente de bares especializados en licores mexicanos, Marfa Spirit Co. es una de las empresas que está produciendo destilado a partir de Dasylirion en Texas.

“Están robando patrimonio cultural, una de las tradiciones tangibles más viejas de la región del norte de México junto al adobe —él es adobero— y quitándoles el negocio a los maestros mexicanos que han hecho esto durante generaciones”, le dice a BBC Mundo el activista.

Cánovas empezó a alzar la voz sobre la cuestión en distintos eventos, hablando con sotoleros y otros miembros de la industria, tocó la puerta de las autoridades.

Pronto una confederación de productores mexicanos, el Grupo de Sotoleros El Potrero del Llano, publicó un comunicado condenando que varias destilerías texanas estuvieran usando la palabra “sotol” en sus productos.

Las autoridades chihuahuenses mantuvieron una serie de reuniones sobre la protección de la producción del sotol en el estado, a medida que la conversación llegaba a los ciudadanos.

Y en su edición del 17 de febrero el diario Hechos de Chihuahua publicó en portada este titular: “Sin respetar la denominación de origen, Texas produce sotol”.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda

Ángel Valdez
Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda.

Preguntado por la posición Consejo Regulador del Sotol sobre la cuestión, su presidente Efraín Maldonado es tajante:

“La norma denominación de origen es clara: a lo que se produzca en los tres territorios (Chihuahua, Coahuila y Durango) se puede le llamar sotol, a lo producido fuera no. Puede ser cualquier otro licor, destilado, pero no se le puede decir sotol“.

Weber, el dueño de Marfa Spirit Co., quien hizo equipo con Jacobo Jáquez, del veterano Sotol Don Celso, para elaborar su producto, se defiende haciendo referencia justamente a eso.

“La denominación de origen no dice nada sobre el uso de la planta para hacer una bebida”, le dice a BBC Mundo.

Sería una locura que, si tuvieras acceso a uvas, alguien te dijera que no puedes hacer vino espumoso. Lo puedes hacer. Otra cosa es que le puedas llamar champán. Y yo tengo acceso a las plantas de sotol”.

Por ello, aunque en las etiquetas viejas de sus botellas se leía Chihuahuan Desert Sotol, las más recientes dicen Far West Texas Desert Spirit, a lo que se le añade que está hecho en un 100% con sotol.

“Es importante honrar la tradición y nosotros no le llamamos sotol por respeto, le decimos licor del desierto. Pero las normas federales requieren que se incluyan los ingredientes en el etiquetado, así que tenemos que poner que viene de la planta sotol, como comúnmente se le llama”, explica.

“Nos critican mucho, que estamos violando la denominación de origen, cosa que no hacemos. Lo hacemos todo desde el respeto”, insiste.

Sin embargo, otras compañías les siguen llamando a sus destilados Texas sotol.

Shot de destilado reposado o añejo con dos pedazos de naranja.

Getty Images
Para hacer las variedades reposado y añejo se guarda el sotol en barricas de roble americano desde 4 hasta más de 12 meses.

Maldonado ve difícil que se deje de producir al otro lado de la frontera y cree que el futuro pasará por integrar a las destilerías estadounidenses en la industria ya existente.

“Quizá en algún momento, después de que las autoridades estatales y federales mexicanas puedan tocar base con las autoridades de Estados Unidos, y si encontramos un mecanismo que sea también benéfico para la industria de aquí, entonces a lo mejor nos podríamos sentar y negociarla“, añade.

Mientras, sigue trabajando en “ordenar” la industria, para que los sotoleros pequeños también puedan certificar su destilado y beneficiarse de la denominación de origen, y en unir fuerzas con las entidades de Coahuila y Durango.

“El mercado está creciendo y cada vez existe una mayor necesidad de que se difunda la tecnología para plantaciones”, dice el doctor Olivas.

“Y también que el público se entere de la calidad, el origen y lo que representa técnica, cultural, social y económicamente el sotol. Es importante que la gente sepa todo lo que hay detrás de una copita de sotol“, añadió durante el Festival del Agave, precisamente en Marfa.

La copa que, en su pueblo, toman temprano “para hacer la mañana”.


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