Médico de farmacia enfrenta meses de recuperación tras caer por COVID
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La COVID dejó a José sin levantarse: médico de farmacia enfrenta meses de recuperación

José, de 43 años, es médico de farmacia, se contagió de COVID en febrero y pasó mes y medio intubado.
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8 de mayo, 2021
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José Ramírez hacía entre 25 y 30 pruebas de COVID al día en el consultorio de la cadena de farmacias donde trabajaba. En febrero, se contagió de la enfermedad, lo que le provocó falla multiorgánica, está vivo solo por los aparatos que le daban soporte. 

Desde hace dos semanas volvió a casa, pero pasarán muchos meses para que pueda regresar realmente a la vida. Le cuesta hablar, tiene oxígeno suplementario, no puede levantarse de la cama por su pie, tiene convulsiones, crisis de ansiedad y hay mañanas en las que le pregunta a su esposa, Sofía Álvaro Pérez, si de verdad está vivo y está con ella, o solo está soñando, como lo hacía cuando estaba sedado e intubado.

Leer más: Perder la movilidad y la fuerza en extremidades, otra secuela de la COVID

José tiene 43 años y es médico general. Presta sus servicios en un consultorio de la cadena Farmacias del Ahorro. Es decir, es médico de farmacia, un empleo que ha saltado a las noticias por las protestas de estos profesionales, a quienes hasta ahora las autoridades sanitarias del país han dejado sin vacuna. 

La omisión ha vuelto a echar luz sobre las condiciones en las que laboran –la mayoría por honorarios y sin prestaciones– y sobre el papel que han tenido en esta pandemia. La Asociación Nacional de Farmacias (Anafarmex) calcula que hay unos 36 mil médicos trabajando en consultorios anexos a estos establecimientos. 

Contra el argumento de las autoridades de salud de que no los han vacunado porque no son primera línea, se han alzado los testimonios de médicos relatando en medios sus jornadas en las que atienden hasta a 14 pacientes confirmados o sospechosos de COVID. 

Pero eso es solo cuando se trata de dar consulta. Si se le suma hacer pruebas rápidas, entonces la exposición al virus es mucho mayor. 

A José le tocaba eso. La cadena Farmacias del Ahorro, donde labora desde hace tres años, empezó a ofertarlas y la gente respondió haciendo largas filas afuera de los establecimientos. En los días más demandantes, José dice que debió haber hecho hasta 40 en una sola jornada. 

No recuerda con exactitud cuándo tuvo que empezar a tomar las muestras de la garganta de los clientes y meterlas en esos dispositivos pequeños, como de prueba de embarazo, que se usan para las pruebas rápidas de COVID, pero cree que empezó por julio. En febrero fue cuando se enfermó. Aguantó mucho con la alta exposición al riesgo porque se cuidaba todo lo que podía, dice. 

La cadena de farmacias le daba una bata quirúrgica desechable por día. También le daban cubrebocas, googles, careta y guantes. Él se compraba cada semana, como protección adicional, un traje tyvek (de los que parecen los de astronauta), y se lo ponía debajo de la bata desechable. 

También se compró una máscara especial, que usaba en lugar de la careta que le daban, y con la que parecería más bien un agente antimotines. 

José y Sofía creen que el virus aprovechó un intento de ahorrar material de un supervisor nuevo, que en lugar de darle los guantes suficientes para desechar en cada toma de muestra, le pidió que en lugar de usar un par cada vez, usara solo uno en la mano derecha. La izquierda del médico quedaba desnuda y expuesta por esa instrucción. 

El 1 de febrero, José tenía dolor de cabeza, fiebre y tos. En el consultorio que tiene en su casa, donde también recibía pacientes COVID después de volver del trabajo, se hizo él solo la prueba. Salió positiva. También se la aplicó a su familia: a su esposa, suegra, abuela política y cuñada, con quienes vivía. Todos estaban contagiados.

Solo José pisó el hospital. Ingresó el 2 de febrero. Su cuadro se agravó por la obesidad: pesaba 120 kilos. Todavía con la segunda ola de COVID sin controlarse y con los sanatorios llenos, lo tuvieron que mandar a un hospital para niños, el Infantil de México, donde la atención de José costó 10 millones de pesos. 

“Ni vendiendo la casa hubiéramos podido pagar eso. Pero José tiene seguro de gastos médicos mayores y de Star Médica lo mandaron al infantil”, dice Sofia. 

Él es de los afortunados en este sector de los médicos generales que trabajan en consultorios anexos a farmacias: está por honorarios, pero tiene vacaciones, y seguro de vida, así como de gastos médicos mayores. “Me lo dieron al año y medio de estar trabajando en Farmacias del Ahorro”, dice. 

Hasta el 26 de abril, de acuerdo a información de la Secretaría de Salud, se habían contagiado de COVID-19 en México, 235 mil 243 integrantes del personal de salud y 3 mil 829 habían fallecido. 

El roce con la muerte 

En el hospital, los médicos primero intentaron ponerle solo puntas nasales. Pero José no lograba llevar oxígeno suficiente a sus pulmones y el aire frío que le llegaba a la nariz, a través de los pequeños tubos, le daba una mayor sensación de asfixia. Le preguntó a su médico qué probabilidades tenía de sobrevivir si lo intubaban. La respuesta fue que tenía 75% de oportunidad. Pidió el soporte ventilatorio. Era 7 de febrero.

“Me llamó para decirme que lo iban a intubar y yo temblaba. Solo le decía: ‘No, no, no puede ser’. Pero él me dijo que todo iba a estar bien. Y antes de colgar solo le dije que lo esperaba acá en la casa”, cuenta Sofía. 

José tuvo varias complicaciones. Incluso sufrió un proceso inflamatorio que hizo que su tamaño se triplicara. “Rompió cinco camas en el hospital. Lo pasaban de una a otra porque no lo aguantaban”, dice Sofia. 

Esa inflamación comprometió el funcionamiento de sus órganos vitales. Tuvieron que darle soporte con máquinas, medicamentos y transfusiones, de las que le hicieron una decena. 

“Rocé la muerte. No es verdad que ves un túnel de luz. En ese limbo yo soñaba que estaba en mi pueblo, en casa con mis dos gatos y Sofía, o en un programa de televisión: en un reality show”, cuenta José, con el ritmo lento para hablar, como el de un acetato girando a otra revolución, que le ha dejado por ahora como secuela la COVID-19 y los días con el tubo en la garganta.

El 22 de febrero, el médico le dijo a Sofía que se preparara para lo peor. La puso en videollamada para que pudiera despedirse de José. Pero ella no lo entendió así, o no quiso entenderlo, y solo soltó ante la pantalla al ver a su esposo un: “Qué guapo estás!”.

Desde ese momento se las arregló para enviarle cartas a su marido. Usó como correo humano a las enfermeras. Las convenció para recibirlas y que se las leyeran. También logró que, a escondidas, le llamaran a ella desde sus celulares para poder hablar con él. José estaba sedado, pero aún con la sedación los pacientes escuchan y ella lo sabía. 

“Cada vez que llegaba una llamada del médico o un mensaje, yo temblaba -dice Sofía. Muchos días todo fue: su esposo está grave, prepárese para lo peor. Pero desde que yo me comunicaba con él, empezó a estabilizarse y un día –el día que falleció mi abuelita por COVID– me llamaron para decirme que ya no lo tenían pronado (boca abajo) y que iba mejor”. 

Apenas hace una semana que José volvió a su hogar. Sofía tuvo que conseguir un concentrador de oxígeno y una cama especial para que no se les hagan llagas. Lo que antes era el consultorio de José para recibir pacientes en casa, se volvió sala de recuperación. “Llevamos, en todo lo que se ha necesitado después de su salida del hospital, unos 100 mil pesos y esto ya corre por nuestra cuenta”. 

José y Sofía en lo que era el consultorio en casa del médico y ahora es sala de recuperación.

José y Sofía en lo que era el consultorio en casa del médico y ahora es sala de recuperación.

También deberán correr por cuenta de Sofia y José, las fisioterapias, consultas, estudios y medicamentos que se requieran como parte de la recuperación del médico. 

Al menos en los próximos ocho meses, José no podrá volver a trabajar, pero la empresa lo indemnizó, le pagará el 70% de lo que ganaba al mes y han prometido que conservará su empleo. 

En ese tiempo, José también espera volver a la maestría en medicina estética y rejuvenecimiento, que estaba cursando en línea cuando se contagió de COVID. A eso quiere dedicarse en cuando acabe de estudiar. 

Animal Político consultó a Farmacias del Ahorro sobre el caso de José pero dijeron que no tenían comentarios.

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Los días que la reina Isabel II escuchó La cucaracha, comió recalentado y vio actuar a Pedro Vargas en México

La soberana británica visitó, junto a su esposo, el príncipe Felipe, México en 1975 y 1983. Te contamos detalles de sus viajes y los recuerdos que han evocado en la monarca.
4 de junio, 2022
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Fue sin duda un homenaje especial, que además coincidió con el Día de la Bandera.

El 24 de febrero de 1975 una multitud se congregó en el Zócalo de la capital de México para recibir a la reina Isabel II, que ese día iniciaba junto a su marido, el príncipe Felipe, la primera visita oficial de un monarca británico a ese país.

Para celebrarla hubo flores, música, cantos, aplausos, pompones, gimnastas. Y audaces apuestas artísticas.

En una de ellas, un grupo de jóvenes consiguió hacer una animación en la que se observaban a Charlie Chaplin y a Cantinflas -los emblemáticos humoristas de ambos países- correr el uno hacia el otro hasta darse la mano y finalmente abrazarse.

Seguidamente formaron la frase: “United by friendship” (“Unidos por la amistad”). También otras oraciones, en inglés y español, como “Larga vida Isabel II” y “Viva México”.

“El cariño que se le manifestaba era muy evidente. Había una demostración de alegría y de buena voluntad para enviarle un mensaje a la soberana de que era muy bienvenida a México”, le cuenta a BBC Mundo César Lajud, profesor mexicano de Economía en la Universidad Nebrija de Madrid, que estuvo presente en la ocasión.

Los diarios cubrieron en detalle el inédito viaje.

Así reseñó el diario El Universal la cena de honor que Isabel II ofreció en la embajada británica en México en honor del presidente Luis Echeverría y su esposa, María Ester Zuno, el 25 de febrero.

“Con sus exquisitos dotes de anfitriona sirvió como platillo principal pollitos tiernos rellenos de paté, con guarnición de corazones de alcachofa. Un conjunto musical ejecutó música de autores europeos y estadounidenses, además de un arreglo de ‘La Cucaracha’“.

“Recuerdo el detalle de ‘La Cucaracha’…. Entiendo que escucharla les resultó muy agradable a los visitantes”, rememora Lajud.

“Es una canción históricamente vinculada a la Revolución Mexicana, que se ha ido adaptando a la cultura del país, y se ha convertido en un referente cuando se quiere alegrar cualquier momento”, indica.

Renovar lazos

La visita de la reina conmemoraba el 150 aniversario de un importante acuerdo comercial y de navegación entre Reino Unido y México, firmado en 1825.

Hasta 1945, Reino Unido había sido el principal socio comercial de gran parte de América Latina.

La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría

Serge Lemoine/Getty Images
La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría durante su visita a México en 1975.

Pero con su rol protagónico en la lucha contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y dado que la mayor parte de sus colonias estaban en Asia y África, comenzó a prestarle menos atención a Latinoamérica.

La situación cambiaría en la década de los 70.

Y es que ante su imagen muy eclipsada por el peso de Estados Unidos, “Reino Unido quería decir: vamos a regresar“, le explica a BBC Mundo el profesor Harim Gutiérrez, de la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

En ese contexto, “la visita de la reina era una buena oportunidad para mejorar las relaciones con México y con otros países de América Latina y de promover la imagen del Reino Unido en la región”, señala el experto.

Un México que se proyectaba

A medida que avanzaba el siglo XX, los gobiernos mexicanos se habían dado cuenta de “la necesidad de ampliar sus horizontes internacionales” para no restringirse únicamente a las relaciones con Washington, su principal socio comercial.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con Gutiérrez, hasta ese momento ningún mandatario había tenido una política exterior tan activa como Luis Echeverría (1970-1976).

Entre el 29 de marzo y el 24 de abril de 1973, el presidente visitó Canadá, Reino Unido, Bélgica, Francia, la entonces Unión Soviética y China. Y en su paso por Inglaterra fue invitado junto a su esposa al Castillo de Windsor a una cena privada con la reina Isabel y el príncipe Felipe.

Fue en esa gira que Echeverría invitó a jefes de Estado para que visitaran su país.

Y, por supuesto, la reina Isabel II fue una de ellas.

“Hasta lo que recuerdo, fue apenas la tercera vez que un monarca extranjero visitaba México”, indica Gutiérrez.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El primero fue el emperador etíope Haile Selassie I, en 1954, y la segunda fue la reina Juliana de Holanda, en 1964.

“Pero por la preponderancia económica y cultural que ha tenido el Reino Unido, despertó mucho más interés en la población mexicana la visita de la reina Isabel que las previas”, comenta el experto.

El príncipe Felipe ya había visitado México, en los años 60, en un viaje considerado no oficial.

“De alguna forma ya había un antecedente de que la realeza británica iba a ser bien recibida”.

El papel del PRI

“Algo que fue llamativo para la reina es que decía que solamente en la India había sido recibida por multitudes más numerosas que en México”, recuerda Gutiérrez.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto bañados con confeti

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con el experto, muchos de los eventos fueron organizados por el gobierno.

“El gobernante Partido Revolucionario Institucional, el PRI, era una organización que tenía muchísima habilidad y experiencia para movilizar a sus simpatizantes“, lo cual no sólo se reflejaba en los comicios electorales, sino en otro tipo de actividades, explica Gutiérrez.

“Muchas de esas personas iban con gusto a los actos que convocaba el gobierno, pues eran como una fiesta popular, no les costaba dinero, les daban transporte, algún refrigerio y, bueno, no todos los días venía la reina Isabel II a México”, indica.

“Eran contingentes de sindicatos, de obreros, de organizaciones de campesinos, de vecinos, deportistas, estudiantes, que además podían hacer espectáculos como formar, con cartones de colores, letreros y hasta animaciones”.

“En el Zócalo, por ejemplo, hicieron una tribuna y en ella cientos de personas formaron dibujos en honor a la reina”.

Y una composición gigante de los rostros de la soberana y del presidente y de las banderas de ambos países, con la palabra “Amistad” en el medio de ambos líderes.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto

Serge Lemoine/Getty Images

Un viaje cultural

Isabel II y su marido entraron a México a través de Cozumel a bordo del yate real Britannia. Desde allí volaron a Ciudad de México.

Además de la capital, visitó otros lugares.

“La reina dijo que ella había aprendido de la cultura maya en libros y que le emocionaba mucho poder visitar el lugar y conocerlo con sus propios ojos”, evoca Gutiérrez.

Estuvo en la zona arqueológica de Monte Albán, una de las ciudades más importantes de Mesoamérica, ubicada a 8 kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez, y en Yucatán inauguró el Parque Zoológico La Reina en Tizimín, que fue nombrado en su honor.

Además, paseó por mercados y asistió a exposiciones de arte y artesanías organizadas exclusivamente para ella, recibió muchos regalos y aprovechó la ocasión para comprar cerámicas, cobijas, manteles.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images
La soberana visitó la zona arqueológica de Uxmal.

“También fue algo muy notorio en la prensa de la época, que una señora rompió la valla (de seguridad) y le obsequió un rebozo y que la reina lo usó durante el resto de esa jornada”.

Y aprovechando la visita de la reina, el gobierno mexicano promovió la idea de que México era un lugar seguro para visitar y un destino turístico atractivo.

“Así que si la reina era bien recibida y la prensa internacional cubría los lugares más atractivos que visitó, como por ejemplo Guanajuato, Yucatán y Oaxaca, había una posibilidad muy razonable de que eso ayudara a promover el turismo extranjero en el país, empezando por el británico y el europeo”, asegura Gutiérrez.

“Si iba a mercados de artesanía, visitaba las zonas arqueológicas, acudía a los mercados populares, le regalaban comida típica, tlacoyos, tortillas y otros platos típicos, entonces también se volvía otra promoción para el país”, afirma.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El canto del Rey

De acuerdo con la crónica realizada por el diario El Universal, el 27 de febrero la reina comió recalentado mientras sonaba música de Agustín Lara, ‘popurrís’ de canciones mexicanas” interpretadas en órgano.

Pedro Vargas, ‘El Tenor Continental’, hizo su aparición y después de cantar ‘Solamente una vez’, siguió con ‘Noches de ronda’ y recibió los aplausos de todos. Al pasar ante la reina, le hizo una reverencia y ella le sonrió”.

La reina Isabel II en México, bajando de un tren

Serge Lemoine/Getty Images
Quintana Roo, Guanajuato, Oaxaca y Yucatán estuvieron entre los lugares que la soberana visitó.

La monarca también visitó la Alhóndiga de Granaditas, “el edificio histórico más famoso de Guanajuato”, indica Gutiérrez.

La reina y su marido estuvieron en México hasta el 1 de marzo.

Antes de partir, la monarca destacó “el encanto y amabilidad” de los mexicanos.

“Nuestro profundo agradecimiento a todos los que planearon y organizaron nuestra visita con tanta meticulosidad e imaginación”, dijo Isabel.

Una segunda visita diferente

La reina regresó en 1983. “Volver consolidó la relación entre su país y México”, dice Lajud.

“En 1983, dado que la situación económica de México era mucho más apremiante que en 1975, la visita de la reina no tuvo tanta repercusión popular”, indica Gutiérrez.

“El ánimo del país no era festivo porque el año anterior había ocurrido una crisis económica muy fuerte causada por la baja del precio del petróleo”.

La reina Isabel II en un autobús en México

Eddie Sanderson/Getty Images
La agencia de fotografía Getty cuenta que en el interior del autobús solo estaba la reina, su asistente personal y el conductor.

Se trató, según el experto, de una visita más discreta, aunque miles de personas salieron a recibirla con alegría en las diferentes localidades a donde fue.

“También me puedo aventurar a decir que ese momento (la visita) sirvió para mejorar las relaciones entre México y Reino Unido”, tras la guerra de las Malvinas/Falklands en 1982, cuando México apoyó la demanda argentina sobre las islas.

Lajud coincide: “De alguna manera, trató de suavizar y mejorar la presencia de Gran Bretaña en Latinoamérica”.

Además, explica Gutiérrez, a diferencia de los años 70, la oposición de izquierda, “aunque minoritaria todavía, ya tenía mayor visibilidad pública”.

Y desde una posición antimperialista, republicana y antimonárquica, protestaron contra la visita de la reina Isabel “e incluso pidieron oficialmente al gobierno de México que no fuera recibida”.

La reina Isabel II en México en 1983

John Shelley Collection/Avalon/Getty Images

Aunque un tanto diferentes, ambas visitas hicieron historia en México y dejaron huella en la reina.

En marzo de 2015, en un discurso que ofreció a propósito de la visita a Reino Unido del entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, la monarca dijo:

“El Príncipe Felipe y yo guardamos cálidos recuerdos de nuestras visitas a México en 1975 y 1983, y también nos dio mucho gusto que hace apenas unos meses el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornwall hayan disfrutado una inolvidable visita a su país”.


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