Testigos de Lozoya niegan declarar por sobornos; los intimidan, dice FGR
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Testigos de Lozoya se niegan a declarar por sobornos a legisladores; FGR acusa intimidación

Fueron los responsables de entregar el dinero y grabar los hechos, pero ahora se retractaron de comparecer ante el Ministerio Público. Habían sido ofrecidos por el propio Lozoya como parte de las pruebas para sostener su denuncia y buscar un criterio de oportunidad.
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25 de mayo, 2021
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Dos personajes clave en el caso de la presunta entrega de sobornos a legisladores para la aprobación de la reforma energética en el sexenio pasado se negaron a comparecer ante la Fiscalía General de la República (FGR) para confirmar la forma en cómo ocurrieron los hechos.

Se trata de Francisco Olascoaga Rodríguez y Rodrigo Arteaga Santoyo, colaboradores del exdirector de Pemex Emilio Lozoya y responsables, según la FGR, de haber entregado por orden del entonces presidente Enrique Peña Nieto y el exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, casi 100 millones de pesos provenientes de Odebrecht a un representante de los senadores sobornados.

A estos dos testigos los habría ofrecido el propio Lozoya para que declararan sobre los hechos y entregaran pruebas de que esto ocurrió. Sin embargo, cuando fueron requeridos por la Fiscalía para declarar no quisieron presentarse.

Lo anterior fue revelado por los fiscales de la FGR ante un juez federal durante la audiencia de abril pasado en la que el exsenador del PAN, José Luis Lavalle, fue acusado de pertenecer y beneficiarse de la presunta asociación delictiva conformada por Peña Nieto y Videgaray.

Según la FGR, los testigos se habrían retractado de declarar y confirmar las acusaciones como resultado de supuestas presiones o intimidaciones de Lavalle y de sus abogados, tras un encuentro que tuvieron en enero pasado. 

“El hecho de que no tengamos comunicación actualmente con estas dos personas nos hace suponer fundadamente que fueron intimidados, amenazados y que esto obstaculiza la labor de nosotros como servidores públicos que participamos en la investigación para el esclarecimiento de los hechos”, expuso uno de los fiscales.

La falta del testimonio de Olascoaga Rodríguez y Arteaga Santoyo no impidió al juez Marco Antonio Fuerte Tapia valorar otras pruebas que consideró suficientes para validar la posible existencia de una asociación criminal encabezada por altos funcionarios del sexenio pasado, de la que Lavalle se ha convertido en el primer procesado.

Sin embargo, autoridades federales indicaron que en caso de un eventual juicio donde la exigencia de pruebas es mucho mayor, la participación de estos testigos es fundamental para sustentar el modus operandi que se usó en los presuntos sobornos.

Operadores materiales del fraude

Olascoaga Rodríguez y Arteaga Santoyo no solo fueron los responsables de entregar el dinero que presuntamente recibieron los legisladores. También grabaron el video y recopilaron los recibos que amparan esos pagos, elementos que fueron entregados por Lozoya como pruebas en el caso.

De acuerdo con la carpeta de investigación de la FGR, cuando Lozoya aceptó por instrucciones de Peña y Videgaray canalizar dinero de Odebrecht a legisladores de oposición, este recurrió tres personas para la entrega material del dinero: José Velasco Herrera, actualmente fallecido, y los ya mencionados Olascoaga Rodríguez y Arteaga Santoyo.

Fueron por lo menos 15 entregas de dinero las realizadas entre abril de 2013 y agosto de 2014. En la mayoría de ellas los colaboradores de Lozoya entregaron las maletas al enlace de los legisladores, Rafael Caraveo Opengo. Este último corroboró en una declaración ante la FGR que recibió el dinero, aunque dijo desconocer que provenía de un fin ilícito.

Para respaldar que los pagos se habían hecho, los enviados de Lozoya solicitaron a Caraveo que firmara unos recibos. Además, Olascoaga grabó al menos una de las entregas de dinero realizadas en agosto de 2014. Se trata del mismo video que el año pasado se filtró públicamente a través de redes sociales, y donde se aprecia las maletas con el efectivo.

Testigos de Lozoya… y de Lavalle

Cuando Lozoya ofreció colaborar con la FGR a cambio de que no fuera encarcelado, lo hizo aseverando que tenía pruebas sólidas para sustentar que había operado un gran esquema de corrupción en el sexenio pasado, y en el que él solo fue uno de los instrumentos utilizados para el mismo.

Entre la evidencia que ofreció se encontraba el testimonio de dos excolaboradores (Olascoaga y Arteaga) que habían participado, siguiendo sus instrucciones, en la entrega del dinero. Como un adelanto, el exdirector de Pemex proporcionó el video que grabaron y copias de los recibos.

Sin embargo, la defensa de Lozoya comunicó después a la FGR que tenía dificultades para presentar a los testigos prometidos. La Fiscalía procedió entonces a citarlos con la finalidad de que ratifiquen el tiempo, modo y lugar de las entregas de dinero, pero ninguno de los dos quiso presentarse.

No solo eso. Tanto Olascoaga como Arteaga promovieron recursos judiciales en contra de los citatorios de la Fiscalía, quejándose de que no se les aclaraba si estaban siendo citados como testigos o como probables responsables de un delito, por lo que no había condiciones para presentarse.

Sin embargo, quien sí logró hablar con ellos y hacerles una entrevista fueron los abogados del propio Lavalle Maury, en un encuentro realizado el pasado 25 de enero. Dichas declaraciones fueron ofrecidas como datos de prueba en la audiencia de abril por parte de los defensores del exsenador.

El contenido íntegro de las entrevistas no se ha revelado dado que el caso aún no llega a juicio, pero según lo expuesto en la audiencia por los abogados de la defensa, los excolaboradores de Lozoya habrían negado que el dinero que recogieron y trasladaron fuera un pago de sobornos.

De acuerdo con los fiscales de la FGR, la forma en cómo se dieron estos hechos prueba que fueron cooptados e intimidados por los investigados.

“(Arteaga y Olascoaga) eran parte del primer círculo de confianza del señor Emilio Lozoya y ellos fueron quienes le entregaron tanto el video como los recibos para que fueran presentados. Pero ahora ante la injerencia evidente por parte del imputado es que estas personas ya no acuden a los citatorios (de la FGR). Nos queda claro que estas personas ya han sido cooptadas por parte de la defensa y de los intereses del imputado para declarar con falsedad”, indicaron los fiscales.

¿Y qué pasa con Lozoya?

El exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, permanece vinculado a proceso por los sobornos que ya admitió haber recibido de parte de la constructora Odebrecht. Sin embargo, hasta ahora no ha pisado la cárcel gracias a la colaboración y pruebas que ofreció a los fiscales desde el año pasado.

De acuerdo con las autoridades consultadas, aún cuando dos de sus excolaboradores se han rehusado a testificar, el procedimiento para concederle un criterio de oportunidad continua ya que, a partir de su denuncia, se ha conseguido integrar una indagatoria que ya fue judicializada exitosamente en contra de un primer imputado (Lavalle).

Lo que se prevé es que la FGR solicite –en una audiencia programada para julio– la suspensión temporal del proceso en contra de Lozoya mientras se desahogan los casos y juicios que la Fiscalía busca impulsar en contra de los altos exfuncionarios y exlegisladores denunciados.

La cancelación definitiva del proceso en contra de Lozoya dependerá de que los referidos procesos concluyan con sentencias condenatorias. De lo contrario, la FGR podría reactivar el proceso cuando lo considere procedente.

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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