Médicos que trataron COVID en Unidad Citibanamex quedan sin empleo
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Desechables después de la emergencia: médicos que atendieron COVID en Unidad Citibanamex denuncian desempleo

Aunque a una buena parte del personal de salud que trabajó en este hospital se le ofreció una reubicación, hubo otros a los que ya no se les dio la oportunidad de seguir laborando para la Sedesa, pese a la promesa del presidente.
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30 de junio, 2021
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Juan Daniel Cázares Hernández recibió, el pasado 20 de noviembre, la condecoración Miguel Hidalgo, en grado cruz, “por sus méritos eminentes y conducta destacadamente ejemplar en la atención de la emergencia sanitaria por COVID-19”, según se lee en el reconocimiento. Lo que no obtuvo por esa labor fue un empleo fijo. El médico general estuvo laborando durante un año en la Unidad Temporal Citibanamex. El 29 de abril le avisaron, a través de un mensaje de WhatsApp, que ya no tendría trabajo.  

Después de doce meses de atender a los afectados por el coronavirus, de recibir la condecoración y de pasar 15 días hospitalizado por COVID en el mismo Citibanamex, Juan Cázares no recibió una explicación sustentada de por qué justo a él la Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa) con la que había estado firmando sus contratos Animal Político tiene copia  al menos de uno lo estaba dejando sin empleo. 

Cázares asegura que Mónica Arboleya, coordinadora de Vinculación Clínica en la Unidad, le explicó que, por instrucción de Sedesa, cada 15 días habría bajas al azar. El hospital temporal ya tenía menos pacientes, estaba próximo a cerrar y se les reubicaría, aunque eso ya no dependería de ella, porque ya no estaría en los hospitales de la Secretaría de Salud. 

La reubicación no llegó, al menos para Juan y otros aproximadamente 30 de sus compañeros, que salieron en esos primeros grupos dados de baja. “En una junta posterior nos dijeron que estábamos en una lista de espera, que teníamos preferencia sobre los demás. Después se cerró la Unidad y empezaron a reubicar a todos los que se quedaron hasta el final. A los que fuimos de los primeros en salir ya nunca nos llamaron”. 

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La Unidad Temporal Citibanamex arrancó operaciones el 29 de abril de 2020, cuando ya 50 hospitales en el país reportaban más de 70% de ocupación en camas generales y 35 estaban con más de 70% de camas con ventilador llenas, entre ellos los más grandes y emblemáticos de la capital: el Instituto de Enfermedades Respiratorias (INER), el de Nutrición, el 1° de Octubre, el 20 de Noviembre, el Hospital Juárez y el General de México. A partir de ahí el número de hospitales saturados empezaría a crecer.

El Citi se montó, con ayuda y financiamiento de la iniciativa privada, para quitar presión sobre esos hospitales y atender a los pacientes que no estaban tan graves. Al menos eso se dijo al principio, porque aquí se terminó atendiendo también a quienes llegaban con cuadros muy complicados de COVID, por la falta de espacio en otros lugares. Pero pasado lo peor de la emergencia, la Unidad dejó de atender y recibir pacientes. 

Este 10 de junio se dio la última alta. 

La promesa

El 15 de abril de 2020, el presidente Andrés Manuel López Obrador garantizó, durante su conferencia matutina, que el personal de salud que se sumase a la convocatoria laboral para atender la emergencia sanitaria tendría trabajo permanente.

“Hago un llamado a los médicos, a las enfermeras, que son tan importantes, indispensables en estos momentos, a que nos ayuden, que se inscriban para participar, aunque sea de manera temporal. Les garantizamos trabajo permanente, porque tenemos un déficit, nos dejaron un faltante de enfermeras y de médicos y más especialistas, les garantizamos, vamos a decir base”, subrayó el mandatario. 

Un año después de esa declaración, Juan Daniel, quien acababa de terminar su servicio social cuando entró al Citi, se enteró que esa promesa no se iba a cumplir, y lo hizo de una forma que lo dejó todavía más decepcionado. 

“Me mandaron por whats un mensaje dándome las gracias por mi trabajo y pidiéndome que me presentará en el área de administración del Citi, ahí primero me dijeron que ese mensaje no era verdad, que no hiciera caso y luego Arboleya me confirmó que era un hecho, que ya no me darían más contratos”. 

Por ahora Juan Daniel está trabajando en una aseguradora y esperando que la UNAM le libere su título, que se ha retrasado por las cuestiones administrativas que se han alentado por la pandemia. En septiembre hará el examen para cursar la residencia en geriatría.

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Algo similar refiere Gustavo Rodrigo Albarrán Gómez, aunque a él lo dejaron sin contrato incluso antes, en febrero, y aún le deben una quincena, la última que laboró. Gustavo también entró al Citi en el primer grupo contratado desde abril del año pasado. 

“El 21 de febrero de 2021 me entero que ya me habían dado de baja desde el día 15. Me llegó un mensaje de whats avisándome. Fui a la administración y me dijeron que no pasaba nada, que siguiera trabajando, del 21 al 28 estuve yendo a trabajar y eso no me lo han pagado”, dice Gustavo. 

Justo ese día, el 28 de febrero, Gustavo se enteró que se había quedado en la residencia médica y debía trasladarse a Puebla, así que por ahora lo único que pide es que Sedesa le pague los últimos días que trabajó y que aún le deben. 

“Me han hecho dejar papeles y papeles y papeles como si me fueran a contratar otra vez y el pago no sale, me dicen que ya merito. Incluso cuenta el médico tuve que pedir permiso un día en la residencia para ir a la Ciudad de México, al Citi y me dijeron que no estaba el encargado de los pagos y al otro día lo mismo, que tampoco estaba”. 

El mensaje por WhatsApp como primer aviso del fin de los contratos también lo cuenta Julián, a quien llamaremos así porque él prefiere que no se le identifique, no confía en que no haya represalias por parte de Sedesa por compartir lo que les ha pasado. 

“Yo entré desde el inicio al Citi y un año después, el 29 de abril me llegó por whats un mensaje de parte de la Dirección Médica UTC19, desde donde nos enviaban los roles y otro tipo de información sobre el trabajo, en el que me decían en resumen: muchas gracias, eres un excelente médico, pero hemos concluido el contrato contigo”, recuerda. 

Para entender mejor: Centro Citibanamex se habilitará como hospital COVID-19; funcionará a partir del 1 de mayo

El médico dice que su contrato se había acabado desde el 31 de marzo, pero “era normal”, y eso lo confirman otros compañeros: se terminaban los contratos y el personal seguía laborando por semanas y hasta meses, y con paga, antes de firmar uno nuevo. 

Después del aviso de que ya no lo iban a contratar, lo único que le ofrecieron fue firmar un contrato por una quincena más, la primera de mayo, la cual le pagarían y en la que ya no tenía que presentarse a trabajar. 

“No me dieron una explicación de por qué ya no. Me dijeron que no podíamos quedarnos ya todos y que era algo aleatorio, según ellos fue por azar que me quedé sin trabajo”, explicó Julián. 

Él también es médico general. Cuando empezó la pandemia tenía dos meses de haber terminado la carrera y ahora está esperando hacer en septiembre el examen para cursar la residencia en anestesiología. 

Los médicos refieren que fueron Mónica Arboleya y una persona que trabajaba en Administración, Erika Graniel, quienes les confirmaron que sus contratos ya no se renovarían por órdenes de Sedesa, y que la dependencia había enviado las listas de quienes ya no iban a seguir trabajando. 

“Empezó a haber rumores de que iba a haber recortes de personal, porque ya lo peor de la epidemia estaba pasando y el Citi se cerraría en algún punto, pero que quienes estuvimos desde el principio, desde abril, como yo, sí se nos reubicaría, y que a quienes no le iban a dar empleo sería a los nuevos o a los que tuvieran alguna incidencia y que se les avisaría con quince días de anticipación. Yo no había tenido ningún problema, no había cometido ninguna falta, yo estaba trabajando un día y ese día me avisaron que ya me habían dado de baja, ya no aparecía en los roles”, dice otra médica, a quien llamaremos Laura. 

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Ante eso, la médica fue a hablar con quien era su jefa directa, Mónica Arboleya. “Me dijo que era baja, no me dio una explicación aceptable de por qué, según ella fue aleatorio, y sólo me dijo que ya me fuera para que no estuviera trabajando un día sin paga, y que nos iban a reubicar, que entrábamos a la bolsa de trabajo de Sedesa, pero ya reubicaron a la gente y a nosotros, entre 20 y 30 compañeros que nos pasó lo mismo, no nos han reubicado”. 

Laura, que también es recién egresada, por ahora está sin trabajo.

Perdone usted, es un error

Jesús Garrido, director general de Administración y Finanzas de Sedesa, asegura, en entrevista con Animal Político, que cuando cerró la Unidad Temporal Citibanamex, ellos le dieron al personal de salud la opción de colocarse en alguno de sus hospitales e hicieron la transferencia. En el caso de personas que se quedaron sin contrato antes de eso, el funcionario afirma que no fue la Secretaría de Salud capitalina la que tomó la decisión de no volver a emplearlos. 

“Las decisiones que se hayan tomado durante el proceso de operación del Citi fueron totalmente de los directivos que operaban en ese momento la unidad. Nosotros al trasladar al personal del Citi a la Secretaría hicimos una transferencia de todo el personal que se encontraba activo en ese momento para invitarlo a que formara parte de las unidades médicas de segundo nivel de atención y otros del primer nivel”, afirma Garrido. 

El directivo dice que de un total de 2 mil 125 personas que estaban contratados por Sedesa, el número de los que estaban contratados por CIE y otros asegura que no lo sabe, mil 862 personas fueron reasignadas a otros hospitales, aunque 282 no se presentaron en su nuevo lugar de trabajo designado, y 181 personas están esperando el cierre total en el citi y las entregas administrativas. 

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De los que salieron antes, reitera que no sabe de quién fue la decisión de ya no renovarles sus contratos, “quien tomaba esas decisiones era la gente que estaba al frente de ese lugar, y había muchas personas en el Citi, a nosotros solo nos informaban, por ejemplo, cuáles eran los movimientos de altas y de bajas y era lo que operábamos”.

-¿Era la doctora Arboleya (la que tomaba esas decisiones)?, se le pregunta.

-No sabría decirle si en ella está esa decisión. Había muchos directivos y mucho personal, respondió.

Sin embargo, Garrido asegura que si los médicos a quienes no se les ha reubicado se presentan con ellos, en Sedesa, “en los movimientos que estamos haciendo de las altas del personal, con toda seguridad se podrán ubicar en uno de nuestros hospitales de segundo o primer nivel. Están invitados todos estos trabajadores a que acudan a una entrevista con nosotros y si se pueden incorporar, se incorporarán”. 

Respecto al tema de los pagos pendientes, el funcionario señala que si hay retraso en algunos casos es porque al personal le ha faltado presentar algún documento, pero que cuando se integran los expedientes completos, el problema puede resolverse. Asegura que si el pago no puede realizarse por falta de documentación, el monto regresa a la tesorería y hay que esperar tres quincenas para que lo liberen. 

Los que… ¿lo lograron?

Liliana, nombre ficticio, es de las médicas a las que sí se les ofreció reubicarlas cuando cerró operaciones la Unidad Temporal Citibanamex. Ella trabajaba ahí lo que se conoce como jornada acumulada, los fines de semana y días festivos, y lo combinaba con su otro trabajo, entre semana, en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), donde también atiende pacientes COVID. 

“Yo había pedido que me respetaran el horario de la jornada acumulada en la reubicación, porque trabajar doble turno entre semana es muy pesado, más si estás atendiendo pacientes tan graves. Me dieron la oportunidad de elegir de entre una lista de hospitales de Sedesa y elegí un materno infantil, pero cuando llegué allá, me dijeron que el espacio era para un horario que a mí se me empalmaba con el trabajo en el INER y que no había otra opción, entonces ya no lo tomé. Hay varios compañeros a los que les pasó así”. 

De los seis trabajadores ex Citi con los que Animal Político logró hablar solo “Ana” se reubicó en un hospital de Sedesa. Ella estuvo entre los últimos grupos que salieron de la Unidad Temporal, cuando ya era un hecho que este cerraría operaciones en la primera quincena de junio. Se colocó en uno de los hospitales materno infantiles de la Secretaría de Salud capitalina.

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“Estoy contenta acá. Me respetaron el horario que elegí y creo que voy a quedarme. Hay compañeros que me dicen que les preocupa que después del 30 de junio ya no les renueven los contratos porque no hacen mucho en los hospitales donde están, pero a mí me han dicho que sí voy a quedarme y no parezco estorbar, al contrario, acá faltaba personal. Pero eso sí, me seguirán dando contratos temporales de tres meses, no sé hasta cuándo”. 

Sobre por qué se otorgan contratos trimestrales cuando el presidente prometió base, Garrido explica que el personal del Citi estuvo y está contratado hasta este 30 de junio bajo un programa de honorarios de atención a COVID, en el que se generan contratos de manera trimestral. 

Desde antes de la pandemia e incluso desde antes de que llegara esta administración había ese esquema de honorarios con contrato temporal por tres meses, explica. El 30 de junio termina el de COVID y entra el regular, que de todas formas es trimestral, “pero ya se verá cómo se van creando y generando todas estas condiciones de las plazas en los diferentes hospitales y se irá viendo con qué tipo de contratación se van a ir incorporando con nosotros (el personal)”, promete. 

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El pueblo en Francia que se quiere iluminar con organismos vivos

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia, que está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.
29 de abril, 2022
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En una tranquila habitación de un centro de vacunación contra el coronavirus en Rambouillet, una pequeña ciudad francesa a unos 50 kilómetros al suroeste de París, una suave luz azul emana de una fila de tubos.

En fechas próximas, el mismo resplandor azul iluminará la cercana Place André Thomé y Jacqueline Thomé-Patenôtre.

Pero a diferencia de las farolas estándar, que a menudo emiten un fuerte resplandor y necesitan ser conectadas a la red eléctrica, estas luces son alimentadas por organismos vivos a través de un proceso conocido como bioluminiscencia.

Este fenómeno, en el que las reacciones químicas dentro del cuerpo de un organismo producen luz, se puede observar en muchos lugares de la naturaleza.

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia: está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.

Estos experimentos también están en marcha en toda Francia, incluso en el aeropuerto Roissy-Charles-de-Gaulle de la capital.

Variedad natural

Los ejemplos de bioluminiscencia en el mundo natural son muchos.

Las luciérnagas se iluminan para atraer parejas, mientras que algunas especies de algas brillan cuando se agita el agua circundante.

El rape (un pezde aguas profundas) permite que bacterias bioluminiscentes se establezcan en un lóbulo sobre su cabeza como un señuelo tentador para sus presas.

La mayoría de las especies oceánicas bioluminiscentes emiten una luz azul verdosa que, debido a las longitudes de onda más cortas de los colores, puede viajar más lejos en el océano.

Algunas luciérnagas y ciertos caracoles brillan de color amarillo, y se sabe que el llamado “gusano ferroviario”, una larva de escarabajo nativa de las Américas, se vuelve rojo y amarillo verdoso en un patrón que se asemeja a un tren por la noche.

Incluso se ha descubierto que algunos roedores nocturnos que se encuentran en el sur de África tienen cabello que produce un brillo biofluorescente de color rosa intenso.

Las luces de Francia

El brillo azul turquesa en la sala de espera en Rambouillet proviene de una bacteria marina recolectada en la costa de Francia llamada Aliivibrio fischeri.

Las bacterias se almacenan dentro de tubos llenos de agua salada, lo que les permite circular en una especie de acuario luminoso.

Dado que la luz se genera a través de procesos bioquímicos internos que forman parte del metabolismo normal del organismo, su funcionamiento casi no requiere más energía que la necesaria para producir los alimentos que consumen las bacterias.

La bioluminiscencia en las aguas de la bahía Preservation de Tasmania

Brett Chatwin

Se agrega una mezcla de nutrientes básicos y se bombea aire a través del agua para proporcionar oxígeno.

Para “apagar las luces”, simplemente se corta el aire, deteniendo el proceso al enviar la bacteria a un estado anaeróbico donde no produce bioluminiscencia.

“Nuestro objetivo es cambiar la forma en que las ciudades usan la luz”, dice Sandra Rey, fundadora de la empresa emergente francesa Glowee, que está detrás del proyecto en Rambouillet.

“Queremos crear un ambiente que respete mejor a los ciudadanos, el medio ambiente y la biodiversidad e imponer esta nueva filosofía de la luz como una alternativa real”.

Los defensores del proyecto argumentan que la bioluminiscencia producida por bacterias podría ser una forma sostenible y eficiente en energía para iluminar nuestras vidas.

La forma en que actualmente producimos luz, argumenta Rey, ha cambiado poco desde que se desarrolló la primera bombilla en 1879.

Si bien la bombilla LED, que surgió en la década de 1960, ha reducido significativamente los costos de funcionamiento de la iluminación, todavía depende de la electricidad, que se produce en gran parte por la quema de combustibles fósiles.

Glowee

Fundada en 2014, Glowee está desarrollando una materia prima líquida, en teoría infinitamente renovable, hecha de microorganismos bioluminiscentes.

Se cultiva en acuarios de agua salada antes de envasarse en los tubos.

El proceso de fabricación, afirma Rey, consume menos agua que la fabricación de luces LED y libera menos CO2, mientras que el líquido también es biodegradable.

Las luces también usan menos electricidad para funcionar que las LED, según la compañía, aunque las bombillas Glowee producen menos intensidad de luz que la mayoría de las bombillas LED modernas.

las luces de Glowee

Glowee
Las luces de Glowee.

Si bien las luces de Glowee actualmente solo están disponibles en tubos estándar para eventos, la compañía planea producir pronto varios tipos de mobiliario urbano, como bancos para exteriores, con iluminación incorporada.

En 2019, el ayuntamiento de Rambouillet firmó una sociedad con Glowee e invirtió US$109.000 para convertir la ciudad en “un laboratorio de bioluminiscencia a gran escala”.

Guillaume Douet, jefe de espacios públicos de Rambouillet, cree que si el experimento tiene éxito, podría conducir a una transformación en todo el país.

“Se trata de una ciudad del mañana”, dice Douet. “Si el prototipo realmente funciona, podemos implementarlo a gran escala y reemplazar los sistemas de iluminación actuales”.

Los usos de la bioluminiscencia

Los estudios de la bioluminiscencia no son nuevos.

Alrededor del año 350 a. C., el filósofo griego Aristóteles describió la bioluminiscencia en luciérnagas como un tipo de luz “fría”.

Los mineros del carbón han usado luciérnagas en frascos como iluminación en minas donde cualquier tipo de llama, incluso una vela, podría desencadenar una explosión mortal.

Luciérnagas

Getty Images

Mientras tanto, las tribus de la India han utilizado hongos brillantes durante años para iluminar selvas densas.

Sin embargo, Glowee es la primera empresa del mundo en alcanzar este nivel de experimentación y dice que está en negociaciones con 40 ciudades de Francia, Bélgica, Suiza y Portugal.

ERDF, una empresa mayoritariamente estatal que gestiona la red eléctrica de Francia, se encuentra entre los patrocinadores de Glowee; la Comisión Europea ha proporcionado US$1,9 millones de financiación y el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (Inserm) ha proporcionado asistencia técnica y apoyo.

Los desafíos

Carl Johnson, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Vanderbilt, cree que aún quedan serios desafíos por delante antes de que la bioluminiscencia pueda obtener luz verde para su implementación a gran escala.

“Primero, tienes que alimentar a las bacterias y diluirlas a medida que crecen”, dice.

“Eso no es tan fácil. Además, el fenómeno dependerá mucho de la temperatura y dudo que funcione en el invierno. En tercer lugar, la bioluminiscencia es muy tenue en comparación con la iluminación eléctrica”, agrega.

Rey, de Glowee, reconoce los desafíos que se avecinan, pero insiste en que los beneficios, tanto ecológicos como económicos, podrían ver ciudades futuras bañadas en luz azul bacteriana.

Hongos

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Actualmente, el equipo de Evry está trabajando para aumentar la intensidad de la luz producida por bacterias, que por ahora solo dura días o semanas antes de requerir más nutrientes y aún no es tan fuerte como las luces LED.

Hasta ahora, Glowee dice que sus bacterias pueden producir una salida de brillo de 15 lúmenes por metro cuadrado, por debajo, pero no muy lejos, del mínimo de 25 por metro cuadrado que cree que se requiere para la iluminación pública en parques y jardines.

En comparación, una bombilla LED doméstica de 220 lúmenes puede producir unos 111 lúmenes por metro cuadrado de suelo.

“Estamos avanzando poco a poco”, dice. “Pero ya hemos dado pasos enormes y nuestra filosofía de la luz es una respuesta a la crisis que enfrenta la humanidad”.

Catrin Williams, profesora de la Facultad de Biociencias de la Universidad de Cardiff que ha estudiado la bioluminiscencia en bacterias, está de acuerdo en que es “difícil” mantener cultivos bacterianos vivos a largo plazo debido a la necesidad de suministro de nutrientes.

Pero Williams dice que esto podría superarse centrándose en la “quimioluminiscencia”, un proceso que Glowee también está investigando actualmente, que elimina la necesidad de bacterias vivas.

En cambio, la enzima responsable de la bioluminiscencia, la luciferasa, en teoría puede extraerse de las bacterias y usarse para producir luz.

“Creo que el enfoque de Glowee es extremadamente novedoso e innovador y podría ser fantástico”, dice Williams.

Otras iniciativas

Otras iniciativas en todo el mundo están proporcionando más rayos de esperanza.

Nyoka Design Labs, con sede en Vancouver, está desarrollando una alternativa biodegradable a las barras luminosas utilizando enzimas no vivas y libres de células que, según los creadores, son mucho más fáciles de mantener que las bacterias vivas.

“En lugar de usar todo el automóvil, solo quitamos los faros”, dice Paige Whitehead, fundadora y directora ejecutiva.

“La enzimología ha avanzado hasta el punto de que ya no tenemos que depender de los sistemas sustentados por células”, agrega.

Luciérnagas

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Las luciérnagas han sido estudiadas desde la Antigüedad.

Una vez utilizadas, las barras luminosas no se pueden reciclar debido a la mezcla de productos químicos que contienen.

Se utilizan en una amplia gama de aplicaciones, desde usos policiales y militares hasta festivales de música.

Algunos investigadores han expresado su preocupación por el efecto de los productos químicos que contienen en la vida marina, ya que también se utilizan a menudo como señuelos en la pesca con palangre.

“Gran parte de este desperdicio es innecesario”, dice Whitehead. “La visión que buscamos es reemplazar cualquier sistema de iluminación alternativo para hacerlos más sostenibles”.

En un gran avance para esa visión, un estudio publicado en abril de 2020 reveló que un equipo de bioingenieros rusos que trabajan con una empresa emergente de biotecnología con sede en Moscú han creado un método para mantener la bioluminiscencia en las plantas.

Afirman que pudieron hacer que las plantas brillaran 10 veces más y durante más tiempo que los esfuerzos anteriores, produciendo más de 10.000 millones de fotones por minuto, mediante la bioingeniería de genes bioluminiscentes de hongos en las plantas.

La nueva investigación se basó en los hallazgos que identificaron una versión fúngica de la luciferina, uno de los compuestos únicos que es necesario para la bioluminiscencia, junto con las enzimas luciferasa o fotoproteína.

Keith Wood, un científico que hace 30 años creó la primera planta luminiscente utilizando un gen de luciérnagas, dice que la tecnología podría reemplazar en parte la iluminación artificial como los LED.

Más recientemente, descubrió que al alterar la estructura genética de una luciferasa que se encuentra en el camarón de aguas profundas Oplophorus gracilirostris, su brillo podría aumentar 2,5 millones de veces.

luces

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La enzima resultante, que los investigadores llamaron NanoLuc, también era 150 veces más brillante que las luciferasas que se encuentran en las luciérnagas.

“La aplicación de la biología sintética a la bioluminiscencia es una gran oportunidad”, dice Wood, quien ahora está desarrollando una planta bioluminiscente para la empresa Light Bio.

Pero todavía está por decidirse exactamente cómo se podrían usar estas plantas bioluminiscentes transgénicas en el futuro.


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