'¿Por qué nos querían matar?': Sergio y Ronald, niños baleados en Reynosa
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"¿Por qué nos querían matar?": Ellos son Sergio y Ronald, niños baleados en Reynosa antes de jugar futbol

Los dos sueñan con ser futbolistas y el día del ataque se dirigían a jugar. Jessica, su madre, vive entre el alivio de tener a sus hijos con vida y la angustia de no saber cómo explicarles a unos niños qué fue lo que les sucedió.
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29 de junio, 2021
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Sergio Hugo Rodríguez Alonso y su hermano Cristiano Ronaldo tienen 13 y 10 años, respectivamente, y son de Reynosa, Tamaulipas.

Los dos sueñan con ser futbolistas, pero tienen gustos diferentes. Sergio, es fanático del Barsa. Y su ídolo es Lionel Messi, el astro argentino. Cristiano, en cambio, le va al eterno enemigo, al Real Madrid. Y su ídolo, obvio, es su tocayo; la estrella portuguesa que batió todos los récords de goles con los ‘merengues’.

“Se quieren mucho, pero siempre andan peleando porque uno es del Barcelona y el otro del Real Madrid”, se queja divertida la madre de los hermanos, Jessica, de 33 años.

Lee: Trabajaba en la maquila para pagarse su carrera de ingeniería: él era Eulalio, víctima de la masacre en Reynosa

Pero ese sábado 19 de junio, Sergio y Ronald estaban del mismo lado. Los dos llevaban puestas sus playeras blanquiazules de la escuela de futbol ‘Tuzos de Reynosa’, una filial del Pachuca Futbol Club donde juegan como mediocampistas.

Eran como las 12:35 del mediodía. Jessica apresuró a los muchachos. Ronald jugaría el primer partido, a las 13 de la tarde.

Y su hermano, en una categoría superior, jugaría después, a las 17 horas. Los dos subieron al carro, un Ford Focus. Ronald se sentó de copiloto junto a su madre. Y Sergio Hugo iba detrás junto a su hermana, de 15, y su primo Roberto Zuriel, de ocho años.

El coche arrancó y comenzó a moverse rápido hacia el campo de futbol. Pero, ni a los cinco minutos, cuando iban por la calle General Rodríguez, en la colonia Almaguer de Reynosa, Jessica pisó el freno a fondo.

“Nos topamos de frente a un tipo armado”, narra la mujer en entrevista, aun con la voz trémula.

Tal vez por el instinto desarrollado de vivir en una ciudad acostumbrada a los retenes del narco y a la violencia, Jessica dice que actuó con rapidez: metió la reversa, maniobró para hacerse espacio en la calle, y metió de nuevo la primera velocidad para salir huyendo en sentido contrario.

Pero no alcanzó a huir a tiempo. Sobre la carrocería del coche se escuchó un pac-pac-pac metálico y los niños gritaron presa del pánico.

-¡Mami, nos van a matar. ¡Nos van a matar!

El Focus se abrió paso por la colonia a toda velocidad.

Jessica trataba de controlar los nervios para no atropellar a nadie. Los gritos de los niños no se lo ponían fácil.

Al fin, llegaron al camino de terracería que está junto a su casa. Jessica se quitó el cinturón y volteó a ver a sus hijos y a su sobrino.

“Mami, llévame a un hospital”, le pidió con un hilo de voz Sergio Hugo, que traía el uniforme blanquiazul de los Tuzos empapado en sangre. Los hombres armados le habían acertado cuatro balazos.

“Mami, me duele mucho -se quejaba el niño agarrándose las piernas-. Llévame a un hospital”.

“Al verlo, grité aterrada”, recuerda Jessica. “Pensé que se me iba a morir en mis brazos. El coche estaba lleno de sangre”.

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Al escuchar los gritos, los albañiles que hacían unas obras en casa de Jessica salieron a socorrer al niño. Como pudieron, le amarraron “unos cintos” en las piernas. Y luego, más vecinos llegaron para auxiliar también a Roberto, el primo de apenas ocho años, que también fue herido por las balas.

Jessica llamó a su esposo y le contó lo sucedido. El hombre dejó de inmediato el trabajo y se dirigió a su casa. Al llegar, cargó a Sergio Hugo y lo metió al carro para llevarlo a la clínica más cercana.

Antes de partir, Jessica cuenta que su niño le dijo:

“Qué bueno que fui yo, mami. No quiero que nada malo le pase a usted”.

“¿Por qué nos querían matar?”

A esa hora, las 12:40 de la tarde del sábado 19 de junio, el infierno ya se había desatado en varios puntos de Reynosa. Un convoy de tres vehículos con integrantes del crimen organizado entró a la ciudad fronteriza minutos antes con la aparente consigna de disparar a todo lo que se pusiera por delante y al azar. Querían calentar la plaza.

Primero, asesinaron a seis personas en calles de la colonia Bienestar; luego a otras dos en la Almaguer, de donde salieron huyendo Jessica y sus niños; luego a otras cuatro en la Fidel Velázquez; luego, otra más en la Lampacitos; y por último a otras dos personas en la Unidad Obrera.

En total, 15 civiles asesinados, entre los que había albañiles, estudiantes, taxistas, familias enteras, en una de las peores masacres de las que se tenga registro en México, y en la que, además, hay múltiples testimonios que aseguran que las autoridades tardaron más de una hora en acudir en auxilio de la población; versión que la Fiscalía estatal rechazó.

Hoy, Jessica vive entre el alivio de tener a sus hijos con vida y la angustia de no saber cómo explicarles a unos niños qué fue lo que les sucedió ese día.

“Ellos no entienden nada. Me dicen: ‘Mami, pero si nosotros no somos malos, no somos delincuentes, ¿por qué nos tiraron? ¿Por qué nos querían matar?”.

Las balas le acertaron de lleno en los pies a Sergio Hugo. En el derecho, le causaron heridas. Y en el izquierdo, una fractura de la que aún no saben bien su alcance.

Además, las balas, los gritos, la sangre, el horror, le dejaron otras secuelas que no se aprecian a simple vista.

“Desde ese día, mi hijo tiene mucho miedo. A cada rato me dice: ‘Mami, no vaya a salir a la tienda. No quiero que le pase nada’. O se despierta en mitad de la noche y me dice: ‘Sí, mami. Yo estoy bien. No se preocupe por mí’, y se regresa a la cama caminando dormido”.

Ronald, por su parte, ya expresaba antes de la masacre los efectos de vivir en una ciudad donde los enfrentamientos entre grupos criminales son cotidianos.

“Él ya estaba muy espantado antes de todo esto -explica Jessica-. Hágase cuenta que escuchaba una tabla caerse al suelo y ya se pensaba que eran balazos, y corría a esconderse”.

Tras la masacre, el niño también está expresando un fuerte sentimiento de culpa, porque ese sábado el primer partido era el suyo, a las 13 horas, y el de su hermano baleado era más en la tarde, a las 17.

“Mi niño se pega en la cabeza y me dice: ‘por mi culpa le pasó esto a mi hermano, porque mi partido era primero’”.

Algo más de una semana después, Jessica y su familia tratan de recuperar, poco a poco, algo de normalidad. Aunque, lógicamente, al que más le está costando es a Sergio Hugo, que con las piernas y los pies inmovilizados se desespera porque no podrá jugar la final con su equipo de Los Tuzos.

“Éstá muy triste. Me dice llorando que ya no va a poder jugar otra vez al futbol, que porque no puede mover su pie”, cuenta Jessica, que trata de animarlo: “Yo le digo que solo ha pasado una semana, que no se desespere. Ahora tiene que recuperarse bien y que, algún día, seguro que podrá jugar otra vez al futbol”.

Y eso es lo único que lo reconforta, que lo sosiega, dice su madre: verse pronto vestido de uniforme y jugar de nuevo al futbol con su hermano Cristiano Ronaldo.

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"No soy yo, es mi tiroides": la montaña rusa emocional de las mujeres con problemas hormonales

Esta glándula es "la batería" del cuerpo y provoca síntomas, muchas veces ignorados o mal diagnosticados, tanto si funciona mucho como si funciona poco. El 80% de las personas que sufren estos síntomas son mujeres.
7 de abril, 2022
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Quiero acostarme con mi pareja, pero mi libido dice no. Quiero levantarme pronto, hacer mil cosas, pero ya no puedo hacer las cosas como antes. Quiero leer un libro, pero la neblina mental lo impide. Quiero estar tranquila, pero algo me hace gritar al que tengo enfrente, patalear, rabiar. Quiero bajar de peso, lo intento, me esfuerzo, pero no puedo. Quiero estar feliz, tengo motivos, pero algo, como un succionador de energía y alegría se interpone. Quiero bajarme de esta montaña rusa de síntomas y emociones.

Laura, Eirene y Loreta viven en países tan dispares como Chile, España y Croacia, pero, según cuentan a BBC Mundo, el párrafo anterior resume buena parte de lo que han vivido en los últimos años. También pasaron por un largo camino hasta dar con lo que tenían.

“Con 17 años empecé a tener síntomas locos. Vértigos, un zumbido en el oído, me sentía muy mal al entrenar. Pensaban que era epilepsia. Después de medio año de pruebas, vieron que era la tiroides”, cuenta Loreta.

El caso de Eirene empezó por problemas estomacales en 2009, endoscopias, gastroscopias, colonoscopias, una doctora que le dijo que se estaba inventando una enfermedad, hasta que, en la década siguiente, le dieron su diagnóstico.

Laura escuchó cómo un médico le decía que estaba gorda porque “los venezolanos lo están porque comen muchas arepas” y ha visto a siete u ocho médicos para encontrar un tratamiento que no le suponga un shock hormonal.

Las tres tienen hipotiroidismo autoinmune.

Una mariposa que controla tu energía

La tiroides es una glándula con forma de mariposa ubicada en el cuello. Su trabajo es producir hormonas esenciales para ayudar al cuerpo a usar energía, mantenerse caliente y mantener el funcionamiento correcto del cerebro, corazón, músculos y otros órganos.

Doctora inspecciona el cuello de una mujer

Getty Images
El hipotiroidismo es más frecuente y está infradiagnosticado

“Es como la batería del cuerpo. Si funciona mucho o poco, hay síntomas”, cuenta a BBC Mundo la endocrinóloga Paloma Gil. Si funciona poco, aparece el hipotiroidisimo y se siente “como un juguete al que se le acaban las pilas, se cansa más fácilmente“; si funciona demasiado, se produce hipertiroidismo y la persona puede estar “como si alguien le huiera dado una dosis extra de cafeína, acelerado”.

Ambos, hipo e hipertiroidismo, tienen multitud de sintomas: caída de pelo, pérdida de energía, cambios de humor repentinos, pérdida o ganancia de peso, cambios en la menstruación, en la piel, olvidos y neblina mental.

“El problema es que son inespecíficos”, comenta el doctor Francisco Javier Santamaría, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología. Por ejemplo, en el caso del hipotiroidismo “se puede confundir con tener una mala racha o una depresión”.

El hipotiroidismo es más frecuente y, cuenta Santamaría, está infradiagnosticado. “La incidencia es de más o menos un 10% de la población que la sufre. La mitad de ellos no está diagnosticado”. Es una dolencia principalmente femenina: “El 80% de las personas que padecen de tiroides son mujeres”.

“No somos un órgano separado de un cuerpo”

Un tratamiento muy habitual es la levotiroxina, una pastilla que regula el desajuste de la tiroides. “Una vez que se ponen las hormonas bien se puede hacer una vida normal“, explica la doctora Gil.

Dubujo de dos personas que cargan un celular con muy poca batería

Getty Images
Muchas mujeres con hipotiroidismo aseguran que se cansan mucho y se les hace difícil estar al 100 %

Pero no ocurre así con Loreta, Eirene y Laura, que, aunque están bajo control médico y con tratamiento, siguen teniendo síntomas.

“A veces estoy deprimida, todo te cansa mucho. Es difícil combinar esta enfermedad con el ritmo de vida actual”, se queja Loreta, mientras que Laura, una persona muy activa, tiene días que debe trabajar tumbada en la cama. “Trato de hacer todo lo mejor que puedo, sin presión. Pero es muy difícil estar bien a 100%”, añade Eirene.

Loreta ha visto su condición agravarse, tiene nódulos y puede que le extirpen parte de su tiroides. “El médico (el actual) me dijo que había cosas que me pasaban, como no poder enfocarme, no poder mantener una conversación, eran por esto. Siempre me digo ‘yo no soy así. Es mi tiroides'”.

“Normalmente la mayoría de los pacientes, el 80 o 90% se normaliza. Pero hay casos que no llegan a estar 100% normal”, apunta el doctor Santamaría.

“Hay casos que son más complejos. La mayor parte de los hipotiroidismos son de tipo autoinmune y, aunque tomes medicación, esta autoinmunidad sigue afectando a otros órganos”, sostiene el doctor Santamaría.

Esto significa que nuestro sistema acaba atacándose a sí mismo. “Produces anticuerpos y atacas a otras cosas, vas contra el folículo del pelo, te da vitíligo, problemas en el intestino…”

Además, apunta Santamaría, la hormona tiroidea afecta a todo, incluso al sistema nervioso: “Hay mucha labilidad emocional, irritación. Aunque hayas corregido la tiroides, puede persistir esa clínica (síntomas).

En definitiva, muchos pacientes no encuentran respuestas.

Un camino autodidacta

Las tres pacientes entrevistadas por BBC Mundo acusan que el problema es que no hay tantos médicos actualizados ni tampoco hay un tratamiento integrativo de la tiroides. “Todo está relacionado, no somos un órgano separado del cuerpo”, dice Eirene.

Loreta, Eirene y Laura sintieron que no estaban recibiendo todas las respuestas que necesitaban. Las tres emprendieron un camino autodidacta de libros, videos, cursos, lleno de informaciones contradictoriasy soluciones a base de ensayo-error.

Las tres acudieron a algo que, saben, es un privilegio: un médico privado que les dedique más tiempo y les lleve su control rutinario. Y tanto Laura como Eirene, acudieron específicamente a especialistas en medicina integral para que revisaran todos su síntomas y los trataran en conjunto.

Una mujer apoya su cabeza sobre su escritorio

Getty Images
Quienes llegan a la consulta de la doctora García aseguran que “quieren llegar a todo” y no pueden

Isabel García es médica especialista en endocrinología y nutrición con una visión integrativa. Asegura que a su consulta acuden muchas personas cansadas de dar vueltas y “dañadas por médicos a los que dicen que no se encuentan bien a pesar de que las analíticas aparezcan correctas. Ahí hay otras cosas que evaluar”.

“Las enfermedades tienen una causa, una raíz. Muchas veces no se solucionan con solo una pastilla. Hay que ver a la persona”, sostiene García y apunta que un problema es que en las facultades y en las consultas médicas “no se habla del componente emocional ni de la importancia de la alimentación y los hábitos”.

Una pequeña guía

Los tres especialistas consultados advierten que, en ningún caso, se debe tomar medicamentos o suplementos sin supervisión médica.

La doctora García promueve en su consulta la eliminación de los tóxicos, que puede ir desde algunos empastes dentales que contienen mercurio hasta reemplazar los túper de plástico por otros de cristal o los jabones líquidos por pastilla. Esto son cambios que, por el ritmo de vida, las condiciones económicas, el contexto social que se tenga no están siempre al alcance de todos.

Pero también propone cambios en la alimentación mucho más asequibles, como eliminar el azúcar y los ultraprocesados y todo aquello que considera inflamatorio, como el gluten o la leche de vaca, además de tomar el sol, esencial para la vitamina D, así como hacer ejercicio de fuerza “pero poco a poco, porque el ejercicio es algo que estresa mucho al cuerpo”.

Una mujer medita sentada en el suelo

Getty Images
El autoconocimiento, meditar y ser autocompasiva puede ayudar a llevar una enfermedad autoinmune

Por la tipología de mujeres que llegan a su consulta -“mujeres de mediana edad, que quieren llegar a todo y no les da la vida, con una carga mental y emocional fuerte”- García recomienda pequeños gestos diarios: dormir sin el teléfono móvil en la habitación, disminuir el consumo de internet, delegar y decir que no, hacer algo a nivel personal que nos motive, como meditar, ir a terapia, aprender a gestionar nuestras emociones y conectar con una misma.

“Cambiando algo de la dieta y bajando el estrés, los cambios son espectaculares”, observa la doctora García.

Conocerse mejor y ser autocompasiva

Eirene, Loreta y Laura coinciden en un proceso que califican de esencial: autoconocimiento.

“Es clave saber cuándo algo es molestia mía y cuándo son las hormonas”, dice Laura. “Conócete, escribe cada vez que sientas un cambio de humor, aprende de la enfermedad. Si no te conoces, no sabes si el casancio lo tienes porque sí, la semana estuvo fuerte, o porque hay algo yendo mal”.

También es esencial buscar redes de apoyo y explicar a nuestro entorno el problema. “Hay mucha incomprensión. Eres la floja, la rara que come raro, que no bebe alcohol”, explica Eirene, quien modificó radicalmente su dieta y estilo de vida eliminando todos los tóxicos posibles e inlcuyendo una dieta antiinflamatoria.

Laura agradece que apareciera su hipotiroidismo para darle la oportunidad de mirar hacia adentro. Y aconseja: “Esto es una enfermedad silenciosa, pero quien te grita es tu cuerpo. Escúchalo, abrázalo, sé comprensiva contigo misma y, es clave, ten autocompasión”.


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