Los hallazgos y fallas en la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa
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Los hallazgos, fallas y negligencias en la búsqueda e identificación de los restos del caso Ayotzinapa

A casi 7 años de la desaparición persisten las dudas sobre los sitios y la forma en que fueron asesinados los tres normalistas cuyos restos han sido identificados. Tampoco hay certeza de los otros 40. Las fallas iniciales generaron años de retraso, sostiene la actual FGR.
Cuartoscuro
Por Arturo Ángel @arturoangel20 y Alberto Pradilla @albertopradilla
17 de junio, 2021
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Restos encontrados que no se indagaron y se ocultaron por años; terrenos que no fueron bien explorados pese a que había pistas para ello; una tecnología costosa pero inadecuada para explorar la superficie; conclusiones adelantadas sin la evidencia suficiente y pruebas sembradas o recolectadas sin los protocolos adecuados.

Se trata de algunas de las numerosas fallas y negligencias que han rodeado la investigación en campo sobre el paradero de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

Anomalías que, según las autoridades actuales y los abogados de las víctimas, han provocado que a casi siete años del crimen solo se haya conseguido identificar los restos de tres de los normalistas, sin que haya claridad del estado o destino de los otros 40 estudiantes no localizados.

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Luego del anuncio hecho esta semana por la Fiscalía General de la República (FGR) sobre la identificación de un fragmento de hueso perteneciente a un tercer estudiante, Animal Político revisó el desarrollo que han tenido las investigaciones relacionadas con la localización de los restos.

Esto a partir de los datos proporcionados por la propia FGR, por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro que acompaña legalmente a los familiares de las víctimas, y de los informes de otras instancias que han intervenido en los peritajes como el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) o la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Los funcionarios consultados insistieron en que se trata de una investigación abierta y que, por ahora, temas como los lugares en que pudieron ser asesinados los tres estudiantes identificados o el modus operandi que se habría empleado para ello no tienen aún una respuesta definitiva.

La cronología de los hallazgos

El 27 de octubre de 2014, exactamente un mes después de la desaparición de los normalistas, la entonces Procuraduría General de la República (PGR) informó que había localizado fragmentos de huesos aparentemente humanos tanto en un vertedero de basura ubicado en el municipio de Cocula, así como dentro de una bolsa de plástico hallada en el cauce del Río San Juan, en Iguala.

El procurador en aquel momento, Jesús Murillo Karam, explicó que llegaron a esos puntos luego de que un detenido de nombre Agustín García Reyes alias “el Chereje” – que hoy se sabe fue torturado por los agentes federales – declarara que los normalistas fueron asesinados y quemados en el basurero, y que sus restos se esparcieron en bolsas en el referido río.

De los 60 mil fragmentos óseos que la PGR dijo haber encontrado se enviaron 17 muestras a la Universidad de Innsbruck en Austria para su identificación con estudios de ADN avanzados. Se seleccionaron las muestras que se consideraron óptimas de entre las recolectadas. Diez de los fragmentos provenían del vertedero y siete de la bolsa de plástico ubicada en el río.

Operativo realizado por personal de la Sedena en una colonia cercana al basurero municipal de Cocula, donde se localizaron restos óseos humanos, en octubre de 2014.

El 7 diciembre del mismo año la Procuraduría informó que como resultado de los análisis practicados se había conseguido identificar un fragmento de hueso que correspondía al estudiante Alexander Mora Venancio. Eso lo convirtió en la primera de las víctimas identificadas.

El 15 de diciembre, la PGR exploró un nuevo punto conocido como barranca de “La Carnicería” localizado a unos 800 metros del sitio donde se ubica el basurero.  Esto luego de que policías comunitarios advirtieron que había más restos en la zona. Los peritos recogieron decenas de fragmentos óseos que colocaron en tres bolsas de evidencia.

Sin embargo, de este hallazgo no se informó públicamente y ninguno de esos fragmentos fue enviado a Innsbruck, como había ocurrido con los otros fragmentos.

La búsqueda de los normalistas continuó el resto del sexenio sin nuevos hallazgos. Sin embargo, el 16 de septiembre de 2015 la entonces procuradora Arely Gómez informó que un nuevo análisis de fragmentos recogidos en el Río San Juan y enviados a Innsbruck arrojó coincidencias con el ADN de dos estudiantes.

Uno de ellos era Mora Venancio, quien ya se había identificado previamente. El otro fragmento con resultado positivo pertenecía al estudiante Jhosivani Guerrero de la Cruz, lo que lo convertía en el segundo normalista encontrado y confirmado sin vida.

Pero el anuncio de la identificación de Guerrero de la Cruz fue criticado públicamente por el Equipo Argentino de Antropología Forense debido a que se trataba de un resultado con solo el 17 por ciento de certeza debido a la técnica experimental que se usó. También se criticó que ni los familiares ni los peritos independientes fueron avisados a tiempo.

El 21 y 29 de noviembre de 2019, ya en el actual sexenio, peritos de la FGR realizaron una nueva búsqueda en la barranca de “La Carnicería”, pero a unos 500 metros del punto explorado por la PGR cinco años antes. Ahí se localizaron nuevos fragmentos óseos que fueron enviados al laboratorio de Innsbruck para su estudio.

El 7 de julio de 2020 la FGR hizo público que los estudios practicados a los nuevos fragmentos de hueso ubicados permitieron la identificación de un tercer estudiante: Christian Adolfo Rodríguez Telumbre.

Tras estos hallazgos, se ordenó intensificar y ampliar la búsqueda en la referida barranca. La Fiscalía confirmó a Animal Político que se realizaron al menos una decena de intervenciones más en la zona en un periodo de año y medio que permitieron recolectar 180 fragmentos.

En octubre de 2020 se seleccionó un paquete de 16 muestras nuevas que eran susceptibles de identificación y en febrero de 2021 se enviaron a Innsbruck. Esto dio como resultado la nueva identificación del estudiante Jhosivani Guerrero de la Cruz anunciada esta semana, pero ya con una certeza del 99.9 por ciento. Además, se identificó que un hueso de un talón de Aquiles correspondiente a Rodríguez Telumbre.

La FGR indicó que enviará un nuevo paquete de restos encontrados en la barranca a Innsbruck en los próximos días. De acuerdo con los funcionarios consultados, la expectativa está sobre cuatro fragmentos seleccionados del que hay buenas posibilidades de obtener ADN suficiente. Se espera que los resultados estén listos dentro de tres meses.

Descuidos, opacidad y siembra de evidencia

Hasta ahora las autoridades han reportado el hallazgo de restos de los normalistas en tres puntos dentro de un radio de kilómetro y medio: el vertedero de basura en Cocula, la desembocadura del Río San Juan, y la barranca conocida como “La Carnicería”. Todos se ubican en los límites de los municipios de Cocula e Iguala, en Guerrero.

La PGR encabezada por Jesús Murillo Karam centró su teoría del caso solo en el basurero y en el río. De acuerdo con la denominada “verdad histórica”, los normalistas fueron asesinados en el basurero y sus restos repartidos en el referido río.

Sin embargo, los especialistas del EAAF establecieron que no hay certeza científica ni técnica que compruebe que, en efecto, alguno de los normalistas fue asesinado y quemado en el basurero. Además, dudan que los restos encontrados en la bolsa del río – y que fueron abiertos y manipulados sin la presencia de los especialistas externos – realmente provengan del basurero.

“Como se mencionó anteriormente, en los comunicados del 7 de Diciembre de 2014 y del 7 de febrero del 2015, en opinión del EAAF, por el momento no existen elementos científicos suficientes para vincular los restos hallados en el Basurero de Cocula con aquellos recuperados, según la PGR, en el Río San Juan”, señaló el equipo argentino en un comunicado emitido en septiembre de 2015.

Un mes después de la emisión de dicho comunicado, Animal Político reveló que existía un informe del EAAF en la carpeta de investigación que alertaba de la siembra de cartuchos de armas de fuego en el terreno del basurero, de la fallida preservación del sitio, y de la intervención de personas que no eran peritos.

Un descuido similar ocurrió en el área de la barranca de “la Carnicería”. Aunque los peritos de la PGR recolectaron cerca de un kilo de fragmentos de hueso en ese punto en 2014, dicha área no fue explorada adecuadamente ni se ampliaron las operaciones de rastreo alrededor de ese punto, a diferencia de lo ocurrido con el basurero.

De acuerdo con los fiscales que ahora están a cargo de las investigaciones, el haber descuidado la exploración de toda esa área provocó años de retraso en la indagatoria.

“La clave está en que, a pesar de que habían encontrado los pequeños huesos, la PGR no siguió buscando ni amplió el perímetro en esta zona. Si lo hubiese hecho, es posible que hubiese llegado al lugar en el que se centran las actuales indagatorias”, dijo un funcionario que participa en el caso.

Los padres de los normalistas y sus abogados han insistido en varios momentos en que la PGR omitió de forma dolosa ampliar las líneas de investigación y las búsquedas sobre el terreno, con el objetivo de mantener la narrativa de la “verdad histórica”, es decir, que los estudiantes fueron asesinados y quemados en el basurero.

La CNDH, por su parte, reveló en su informe de la recomendación del caso Ayotzinapa, que en septiembre de 2016 Innsbruck consiguió identificar una concordancia entre un resto encontrado en el basurero con otro encontrado dentro de la bolsa del Río San Juan, y que ambos correspondían al estudiante Jhosivani Guerrero de la Cruz.

Sin embargo, la Comisión cuestionó que este hallazgo no se hiciera público por parte de la PGR, y que solo fuera informado al Centro Agustín Pro y al EAAF. Esto ya que se trataba de la primera prueba sólida que ligaba los restos hallados entre el basurero y el rio, lo que fortalecía la hipótesis original.

Pero peritos independientes que participaron en el caso indicaron que esta identificación no se transparentó debido a que, nuevamente, eran exámenes realizados con una técnica experimental y con una baja certeza del resultado.

Lee más: CNDH critica recomendación hecha con EPN sobre Ayotzinapa por ocultar información y revictimizar

Los restos ocultos

El 24 de septiembre del 2020 el diario El País reveló que en el predio de la “La Carnicería” la PGR había localizado restos óseos desde diciembre de 2014, los cuales almacenó sin realizar una investigación adecuada de los mismos y sin informarlo públicamente. El dato cobró relevancia debido al hallazgo en este sexenio de nuevos restos en dicha zona.

La información señalaba que aun cuando los restos fueron recolectados como evidencia del caso, estos no fueron procesados hasta casi un año más tarde y con exámenes periciales incompletos. Tampoco se envió nada de lo localizado a Innsbruck, Austria.

En enero de 2015, Jesús Murillo Karam, entonces procurador general de la República, afirmó que a partir de análisis se concluyó que los 43 normalistas fueron calcinados y sus restos arrojados al Río San Juan.

Funcionarios de la actual FGR confirmaron a este medio que, en efecto, los paquetes con dichos restos fueron ocultados durante cinco años en diversas agencias ministeriales. Solo hasta que se realizó el cambio de administración y se dio mayor intervención a expertos independientes es que pudieron ser ubicados.

Aunque se trató de examinar varios de los fragmentos guardados con los protocolos actuales, en la fiscalía indicaron que el estado en el que se encontraban ya no permitió realizar un mayor estudio para identificarlos.

Los funcionarios subrayaron que el punto de la barranca explorado a finales de 2014 se ubica aproximadamente a 500 metros del sitio explorado en noviembre de 2019 y donde se comenzaron a recoger los nuevos fragmentos.

Tecnología costosa, pero inadecuada

En 2017, ante las numerosas observaciones de los expertos independientes e internacionales que alertaban de búsquedas insuficientes en el terreno, la PGR anunció una inversión de más de 600 mil pesos para la adquisición de una tecnología denominada “Sistema Lidar”.

Se trataba de una serie de equipos que se instalaron en aeronaves y con los cuales se buscaba identificar anomalías en el terreno que dieran pistas del lugar donde pudieron haber sido enterrados fragmentos óseos de los normalistas.

Un informe obtenido por Animal Político vía transparencia reveló que se identificaron en total 128 puntos de interés en un perímetro de kilómetro y medio en torno al basurero de Cocula. Sin embargo, tras las búsquedas realizadas con dicho sistema los resultados fueron negativos.

Autoridades que actualmente participan en la indagatoria señalaron que si bien, entre los puntos explorados con dicha tecnología se encontraba la barranca de “La Carnicería”, esta tecnología no era la adecuada para identificar fragmentos óseos que sí se localizaron con recorridos a pie sobre el terreno.

“Este sistema se usó extensivamente en los alrededores de Iguala e incluso en la zona de la carnicería. Como esta tecnología ayuda a ubicar remociones del subsuelo y por tanto fosas, no fue útil para ubicar lo que ahora se está encontrando que son pequeños fragmentos óseos en semi-superficie”, indicó una de las fuentes con conocimiento de la indagatoria.

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La COVID-19 quizás no se vaya nunca: ¿cómo aprendemos a convivir con ella?

Los científicos están convencidos de que el virus llegó para quedarse. Lo que eso significa para nuestra vida diaria aún está por verse. Hablamos con expertos sobre los distintos escenarios posibles para el futuro.
22 de julio, 2021
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La COVID-19 ha infectado a más de 185 millones de personas y ha causado cuatro millones de muertes en todo el mundo desde que fue clasificada como una pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hay grandes esperanzas de que la vacunación pueda llevar al mundo de regreso a algún tipo de normalidad, aliviando las restricciones que han moldeado nuestras vidas durante los últimos 16 meses.

Sin embargo, los científicos están cada vez más convencidos de que el coronavirus llegó para quedarse.

En enero, la revista científica Nature preguntó a más de 100 inmunólogos, virólogos y expertos en salud de todo el mundo si se podía erradicar el Sars-Cov-2.

Casi el 90% de los encuestados dijo “no”: hay evidencia, dijeron, y que es probable que el coronavirus se convierta en endémico y continúe circulando en el mundo.

Esto no es desconocido en la batalla de la humanidad contra las enfermedades, pero este virus presenta algunos desafíos específicos.

Entonces ¿cómo predice la ciencia que tendremos que vivir con la covid-19 en los próximos años?

¿Por qué no podemos deshacernos de la covid-19, en primer lugar?

Foto histórica de un niño con sarampión

Getty Images
El sarampión es un caso raro de una enfermedad viral que logró erradicarse, aunque en años recientes han ocurrido algunos brotes.

Erradicar las enfermedades infecciosas no es algo que ocurra todos los días. En absoluto.

De hecho, hasta la fecha, la OMS ha declarado solo dos enfermedades virales oficialmente erradicadas, la viruela y la peste bovina.

Y solo la viruela, una afección antigua que creó epidemias a lo largo de la historia de la humanidad y causó hasta 500 millones de muertes en el siglo XX hasta su erradicación en la década de 1980, es comparable a la covid-19 en términos de distribución geográfica y alcance.

Un conjunto único de circunstancias ayudó a erradicar la viruela, principalmente mediante el desarrollo de una vacuna que cortó la transmisión del virus.

Desafortunadamente, las vacunas contra la covid-19 desarrolladas hasta ahora no han logrado el mismo efecto.

“Las vacunas que tenemos hoy en día en algunos casos no previenen la infección. Simplemente modifican la infección y hacen que la enfermedad sea menos grave. Las personas vacunadas aún pueden transmitir el virus a otras”, dice David Heymann, profesor de epidemiología de enfermedades infecciosas en la Escuela de Salud y Medicina Tropical de Londres.

Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), va más allá. Él cree que las vacunas no evitarán que contraigamos la covid-19 en el futuro.

“La covid nunca desaparecerá”, anticipa. “Es inevitable que nos contagiemos repetidamente por el resto de nuestras vidas, ya sea que nos hayamos vacunado o no”.

Entonces ¿qué pasará con el nuevo coronavirus?

Ilustración de una molécula del virus Sars-CoV-2.

Getty Images
La covid-19 puede convertirse en una enfermedad endémica como la gripe.

El profesor Heymann es uno de los muchos expertos que creen que la covid-19 se convertirá en una enfermedad endémica, lo que significa que seguirá circulando en grupos de la población mundial durante los próximos años.

Esto no es algo nuevo: los virus de la gripe y los cuatro coronavirus que causan los resfriados comunes, por ejemplo, son endémicos.

La OMS calcula que entre 290.000 y 650.000 personas en todo el mundo mueren cada año por causas relacionadas con la gripe.

Pero estas enfermedades se han vuelto manejables, con un número de muertos que puede estimarse.

Los científicos, y los políticos, esperan que este sea el caso con la covid-19: en este escenario, el virus se mantiene, pero las personas desarrollan cierta inmunidad a través de la vacunación y las infecciones naturales.

Por lo tanto, hay menos casos graves de la enfermedad y las hospitalizaciones y muertes no son de la escala que hemos visto hasta ahora.

El problema aquí es que todavía no sabemos si este virus realmente se comportará de esa manera.

El profesor Heymann lo llama “muy inestable”.

“Cuando este virus se replica en células humanas, muta de vez en cuando. Y algunas de esas mutaciones son motivo de preocupación”.

Pero el experto también dice que la covid-19 puede convertirse en una preocupación menor de lo que es hoy por otros medios.

“Los virus también pueden disminuir en virulencia (gravedad), ya sea por mutación o porque la mayoría de la población está vacunada”.

¿Significa que tendremos que vacunarnos una y otra vez, como hacemos con la gripe?

Dosis de vacunas de covid-19

Getty Images
Todavía no está claro cuánto dura la inmunidad contra el covid-19 provista por las vacunas.

Un virus tiene una “misión”: propagarse a la mayor cantidad de personas posible, razón por la cual las mutaciones son comunes.

“Desde un punto de vista evolutivo, el virus necesita mutar para que pueda infectar más personas. Un virus exitoso es el que se propaga más fácilmente”, explica Trudy Lang, profesora de Salud Global en la Universidad de Oxford.

Los cambios en los virus de la influenza son tan comunes que una red de agencias de salud revisa la composición de las vacunas contra la influenza todos los años.

Hay otras enfermedades, como el tétanos, que requieren inyecciones de refuerzo a lo largo de nuestra vida.

Como sabemos, el coronavirus ha desarrollado al menos cuatro variantes principales, incluida la delta, altamente contagiosa, identificada por primera vez en India y actualmente detrás de los picos en casos en Europa, Asia y EE.UU.

Las estadísticas sugieren que la vacunación está funcionando bien contra la delta; por ejemplo, las últimas cifras del organismo de Salud Pública de Inglaterra muestran que el 82% de todas las infecciones con esta variante entre febrero y junio que terminaron en el hospital no eran personas vacunadas o solo habían recibido una dosis.

Sin embargo, el Sistema Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) ha comenzado a planificar una tercera vacuna o “refuerzo” antes del invierno, que se administrará a más de 30 millones de personas.

En EE.UU., los Institutos Nacionales de Salud han comenzado un ensayo clínico con personas completamente vacunadas para estudiar si una vacuna de refuerzo aumentará los anticuerpos y prolongará la protección.

La realidad es que los científicos aún no saben cuánto tiempo durará la inmunidad de las vacunas de covid-19.

Esto se debe a que estas vacunas son bastante nuevas y los investigadores aún están analizando la respuesta inmune a los diferentes tipos de inyecciones disponibles.

“Nadie sabe todavía si necesitaremos más vacunas”, dice el profesor Heymann.

“Es un virus diferente al de la gripe y está mal incluso poner eso en la mente de las personas en la actualidad”.

¿Pueden los encierros convertirse en algo habitual?

Dos niños de Bangladesh durante un confinamiento en su país.

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Muchos países se vieron forzados a ordenar confinamientos locales o nacionales durante la pandemia.

Varios países y regiones han tenido que volver a introducir restricciones de viaje y circulación a medida que aumentaban las tasas de infecciones y hospitalizaciones.

Si bien estas medidas ayudaron a frenar la propagación de la enfermedad y aliviaron la presión sobre los sistemas de salud, también causaron daños económicos, incluido el aumento del desempleo.

¿Podrían los encierros seguir siendo parte de un escenario endémico?

Eso dependerá del éxito de los programas de vacunación en la reducción de las admisiones hospitalarias en cada país, dicen los expertos.

En los últimos meses hemos visto intervenciones tanto localizadas como nacionales en todo el mundo: mientras que Australia tenía siete ciudades bloqueadas, Bangladesh optó por un conjunto de restricciones para todo el país.

“En la medida de lo posible, los bloqueos se convertirán en parte del conjunto de herramientas esenciales que los gobiernos utilizarán al abordar los brotes”, le dijo Nicholas Thomas, profesor asociado de seguridad sanitaria en la City University de Hong Kong a la agencia de noticias Bloomberg.

¿Aún tendré que usar mascarilla?

Una mujer y un niño paseando en Long Beach, California, mientras se ve una mascarilla en el piso.

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Pocas medidas han sido más controversiales que el uso obligatorio de mascarillas en algunas partes del mundo.

Pocas medidas han sido más controvertidas durante la pandemia que el uso obligatorio de cubrirse la boca. Incluso se convirtió en parte de la provocación política en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020.

Pero los científicos apoyan abrumadoramente su uso como una forma de contener la propagación de covid-19 incluso en áreas donde las tasas de vacunación son altas.

“Está claro que no podemos seguir teniendo bloqueos cada vez que hay un brote”, dice la científica del comportamiento Christina Gravert, de la Universidad de Copenhague.

“Pero parece razonable seguir recomendando que las personas que se sientan enfermas se mantengan alejadas del transporte público y trabajen desde casa, o al menos usen una mascarilla cuando estén cerca de otras personas”, agrega.

El uso de mascarillas está muy extendido en algunos países asiáticos, pero no en otras partes del mundo.

Las encuestas sobre las intenciones futuras no son nada alentadoras: en EE.UU. por ejemplo, el uso obligatorio de mascarillas al aire libre para quienes están completamente vacunados se eliminó en abril, y la proporción de personas vacunadas que informaron usar una en todo momento ha disminuido desde entonces de 74% a 63%, según el índice de coronavirus Axios-Ipsos.

La encuesta también encontró que el uso de mascarillas disminuyó entre las personas no vacunadas.

Mientras que algunos argumentan que los gobiernos deberían respaldar el uso de mascarillas en interiores como parte de sus campañas de salud pública, otros creen que dependerá del individuo, y algunas personas pueden optar por usar una como señal de cortesía común, particularmente en el transporte público o espacios abarrotados.

¿Qué pasa con los viajes internacionales?

Actualmente, los gobiernos se debaten entre las consecuencias económicas de las fronteras cerradas para viajes no esenciales y las necesidades de proteger a su población del virus.

Los diferentes países tienen reglas diferentes y expertos como el profesor Heymann critican lo que ven como un esfuerzo global mal coordinado.

“Con la distribución desigual de las vacunas, la OMS no recomendará un ‘pasaporte de vacunación’, pero espero que algunos países los utilicen”, dice.

“Ciertamente no es ético tener un certificado de vacunación si las personas no pueden viajar porque no pudieron conseguir la vacuna o tienen una razón para no vacunarse”.

No obstante, la Unión Europea ya ha desplegado su Certificado Covid Digital, que permite a los ciudadanos y residentes moverse dentro del bloque continental sin estar sujetos a restricciones si han sido vacunados, tienen una prueba negativa válida o se han recuperado recientemente de la enfermedad.

El pasaporte de la vacuna está reconocido por los 27 miembros de la UE, así como por Islandia, Noruega y Suiza.

Pero queda por ver cómo el resto del mundo manejará el movimiento de personas de otros países a través de sus fronteras.

Los viajes internacionales se han desplomado desde marzo de 2020 y la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), estimó que la pandemia costará hasta US$1,4 billones de dólares en ingresos por turismo perdidos durante 2021, y los países de bajos ingresos serán los más afectados.

¿Tendremos alguna vez una “democracia de las vacunas”, y eso influye?

Una mujer siendo vacunada en un área rural de Kenia.

Getty Images
Vacunar a los países más pobres no es solo una cuestión humanitaria, sino que también puede potencialmente limitar las probabilidades de que emerjan nuevas variantes del virus.

Hasta el 5 de julio, un poco más de 1.000 millones de personas han quedado completamente vacunadas contra la covid-19 en todo el mundo, menos del 15% de la población mundial.

“Nuestro mundo está fallando, como comunidad global estamos fallando”, dijo recientemente el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una conferencia.

Aparte del tema humanitario, la “democracia de las vacunas” también es importante para mantener a raya las variantes de covid-19.

En una carta abierta reciente, los jefes de la OMS, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC) advirtieron que la escasez de vacunas en los países más pobres crea las condiciones para la aparición de nuevas variantes.

“Cada vez más, se está desarrollando una pandemia de dos vías. La distribución desigual de vacunas no solo deja a millones de personas vulnerables al virus, sino que también permite que surjan variantes mortales y reboten en todo el mundo”, escribieron.

“Incluso los países con programas de vacunación avanzados se han visto obligados a volver a introducir medidas de salud pública más estrictas. No tiene por qué ser así”.

Durante la cumbre más reciente del G7, los líderes de las siete economías avanzadas más grandes del mundo (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos) se comprometieron a enviar 1.000 millones de dosis de vacunas a los países pobres.

Esto está muy por debajo de las 11.000 millones de dosis que según las estimaciones de la OMS son necesarias para cubrir a la población más pobre del mundo. Y llegar a todos será clave para expandir la inmunidad si el virus estará en circulación en el futuro cercano.

“Existe una responsabilidad humanitaria y de salud pública para asegurarnos de que obtengamos una distribución equitativa de las vacunas en todo el mundo”, dice el profesor Heymann.

¿Los animales todavía presentan un riesgo?

Visón en una jaula.

Getty Images
Un estudio en Dinamarca descubrió que los visones podían contagiar la covid-19 a los humanos.

La lucha contra el SARS-CoV-2 también depende de cómo se comporte el virus en los animales. Hasta la fecha, los científicos apoyan la idea de que este coronavirus se originó en los murciélagos y de que puede haber saltado a los humanos a través de un animal intermediario.

Los estudios han demostrado que puede infectar a gatos, conejos y hámsteres y es particularmente infeccioso en visones: científicos en Dinamarca encontraron evidencia de transmisión de visones a humanos.

Los expertos dicen que mientras haya animales en la naturaleza que puedan contraer el virus, existe el riesgo de que también puedan infectar a los humanos.

“Las enfermedades están ahí fuera. Dada la oportunidad, podrían saltar”, le dijo a la BBC Dawn Zimmerman, veterinaria de vida silvestre del Programa de Salud Global del Instituto Smithsonian de Biología de la Conservación.


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