¿Qué estamos haciendo en Latinoamérica para restaurar los ecosistemas?
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Foto: Esteban Barrera.

¿Qué estamos haciendo en Latinoamérica para restaurar los ecosistemas?

Incendios forestales, cambio de uso de suelo y especies invasores son algunas de las causas para la pérdida de ecosistemas.
Foto: Esteban Barrera.
Por Mongabay Latinoamérica
5 de junio, 2021
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Cada año se pierden por lo menos 4.7 millones de hectáreas de bosque tropical en el mundo, informa las Naciones Unidas. La expansión agrícola y ganadera, la tala ilegal, la contaminación y las especies invasoras, así como los incendios son algunas de las causas de la deforestación y degradación de bosques.

Ríos, lagos y lagunas padecen también por la contaminación y la sobrepesca; mientras las montañas y océanos están expuestos a la degradación y la perdida de sus ecosistemas. En el último siglo, la mitad de los humedales del planeta han desaparecido y lo mismo  ha ocurrido con el 50% de los arrecifes de coral.

El planeta está perdiendo su biodiversidad y un ejemplo de las consecuencias de esta destrucción ha sido la pandemia del COVID-19.

Es por ello que la restauración de ecosistemas se hace urgente. Las Naciones Unidas decidió dedicar este año el Día Mundial del Medio Ambiente a la recuperación de los hábitats. Esta fecha marca también el inicio del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de Ecosistemas.

Deforestación en los bosques de Colombia.

Deforestación en los bosques de Colombia.

Según cálculos de las Naciones Unidas, la mitad del PBI mundial depende de la naturaleza, y por cada dólar que se invierte en restauración se puede generar hasta 30 dólares en beneficios económicos.

La seguridad alimentaria y lograr mantener la temperatura por debajo de los 2°C también tienen una relación directa con la restauración de los ecosistemas.

«Hacer restauración significa recuperar al máximo y acercarse tanto como sea posible a la composición, estructura y función de un ecosistema», dice Lilia Roa Fuentes, directora del doctorado en estudios ambientales y rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, en Colombia.

Roa Fuentes explica que para ello se usa como modelo un ecosistema nativo y local, que haya soportado condiciones históricas de perturbación natural y que permita saber qué componentes deberían ser parte del espacio restaurado de acuerdo con las condiciones sociales y ecológicas del lugar.

En Latinoamérica –señala Roa– el panorama no es muy bueno, los ecosistemas se están perdiendo por deforestación, por la apertura de vías, pero el mayor impulsor ha sido el cambio de uso de suelo para convertir bosques en campos de cultivo, pasturas para ganado, actividades mineras y cultivos ilícitos.

Identificación de áreas para restauración de ecosistemas en Imiría, Ucayali.

Identificación de áreas para restauración de ecosistemas en Imiría, Ucayali.

Aunque esta degradación va a un ritmo acelerado, en América Latina existen experiencias que buscan revertir esta situación.

En las Islas Galápagos, en Ecuador, se está cambiando las especies de plantas invasoras por cultivos locales; en Perú se recuperan bosques deforestados en un área de conservación regional; en Bolivia hay una experiencia para organizar huertos ecológicos familiares rescatando saberes ancestrales y en Colombia se está haciendo un trabajo para restaurar bosques secos y humedales. ¿Qué estrategias están detrás de estos casos de éxito?

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Ecuador: las especies invasoras en las islas Galápagos

En las Islas Galápagos, las especies invasoras llegaron con los primeros colonos. Desde entonces, plantas como la mora y la guayaba han ocasionado la degradación de ecosistemas en los que hoy se trabaja para lograr su restauración.

Sandra García lidera el programa de restauración en las Islas Galápagos.

Sandra García lidera el programa de restauración en las Islas Galápagos.

Sandra García, especialista en agricultura sostenible de Conservación Internacional Ecuador, es una de las personas comprometidas con este cambio. El fin es detener la expansión de las especies invasoras y cultivar plantas locales.

«Estamos trabajando en las fincas para controlar especies invasoras y reemplazarlas por agricultura sostenible, sembrando plantas endémicas de Galápagos», explica García.

Hasta ahora –explica García– son 40 productores los que han firmado acuerdos de conservación en las islas Santa Cruz e Isabel, comprometiéndose así a la recuperación de estas fincas bajo estándares de sostenibilidad y agroecología de los productores.

El plan de restauración en Galápagos también contempla la recuperación paisajista y el agroturismo, con apoyo del Ministerio de Turismo, comenta García.

La restauración de ecosistemas en las Islas Galápagos busca erradicar las plantas invasoras.

La restauración de ecosistemas en las Islas Galápagos busca erradicar las plantas invasoras.

La experiencia empezó en el 2013 con el cultivo de café con especies endémicas, que les permitió conseguir la denominación de origen de este producto. Y desde el 2018 se iniciaron los acuerdos de conservación con los productores.

En ese camino –comenta García– se logró también la aprobación de normas para disminuir la importación de productos que llegaban del continente. «En el 2018 se impulsaron políticas públicas para impedir la entrada de yogurt y en el 2020 se detuvo el ingreso de café, tomate riñón y queso mozzarella. Actualmente se produce café y queso mozzarella en Galápagos».

La experiencia de Conservación Internacional de Ecuador ha logrado, hasta el momento, recuperar diez hectáreas mediante estas estrategias de conservación y pretende, en poco tiempo, iniciar un nuevo proyecto para avanzar en la restauración de otras 20 hectáreas.

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Perú: recuperación de bosques en comunidades indígenas

En Perú se han identificado 8.2 millones de hectáreas de paisajes degradadas que se deben restaurar, indica el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor). De ellas, cerca de 2.3 millones de hectáreas están consideradas como prioridad muy alta para la restauración.

Un programa de restauración de ecosistemas se ejecuta en el Área de Conservación Regional Imiría, en Ucayali.

Un programa de restauración de ecosistemas se ejecuta en el Área de Conservación Regional Imiría, en Ucayali.

Para recuperar estos ecosistemas de urgente atención se han puesto en marcha algunos proyectos de restauración. Uno de ellos es el que se implementa en el Área de Conservación Regional (ACR) Imiría, en Ucayali.

El biólogo Jorge Watanabe, experto en la restauración de ecosistemas forestales degradados, explica que la recuperación de los bosques no significa solamente plantar árboles. «Se debe tener claro cuál es el árbol correcto, en el lugar correcto y para el objetivo correcto», agrega el reconocido Héroe del Paisaje 2020, considerado un embajador de los ecosistemas forestales en Perú por el Global Landscape Forum.

Watanabe –especialista del Programa USAID Pro Bosques para el proyecto en Imiría– explica que en esa área protegida de la Amazonía peruana se está trabajando con cinco comunidades nativas del pueblos Shipibo y cuatro caseríos, todos ubicados dentro del área de conservación. «La restauración se está ejecutando en áreas agrícolas abandonadas con purma y zonas de pasto degradadas».

La restauración de ecosistemas en el ACR Imiría se ejecuta en coordinación con comunidades nativas.

La restauración de ecosistemas en el ACR Imiría se ejecuta en coordinación con comunidades nativas.

Estas comunidades y caseríos –agrega Watanabe– están amenazadas por la expansión de los cultivos ilegales de hoja de coca, que en los últimos cuatro años ha ingresado con mayor fuerza en estos territorios.

En Ucayali son 75 mil hectáreas incluidas en la categoría de muy alta prioridad para la restauración. «Los territorios que estamos recuperando en Imiría corresponden a bosques de terraza y bosques de colina -comenta Watanable-  en los que se sembrarán especies nativas como marupas, huairuros, moenas, entre otros árboles propios del lugar que estaban presentes en estos bosques antes de su deforestación».

Watanabe también recuerda los errores que se cometieron en  proyectos anteriores, cuando hasta se talaban bosques secundarios o áreas con cierta variedad de especies para sembrar eucalipto o pino.

«He revisado muchos proyectos de reforestación hechos en el pasado y elegí diez al azar. Los visité, y no encontré nada, la inversión se había perdido completamente. En algunos casos, incluso, se talaron árboles de bosques secundarios y hasta primarios para sembrar especies exóticas», recuerda Watanabe y agrega que estos errores no deben repetirse.

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Bolivia: los huertos ecológicos familiares

“Entre 2019 y 2020 se han quemado más de ocho millones de hectáreas en Bolivia. Esto tiene su impacto en un proceso acelerado de desertificación”, señala Miguel Ángel Crespo, director de Productividad Biosfera Medio Ambiente (Probioma), sobre la degradación y deforestación de los ecosistemas en Bolivia.

Estas hectáreas quemadas –continúa Crespo– se destinan a la agricultura y la ganadería, a pesar de que no son aptas para ese fin, sino para el manejo forestal.

En ese sentido, Crespo menciona las denominadas normas incendiarias emitidas en gobiernos anteriores que han permitido e incluso impulsado el avance de la frontera agrícola y la expansión de la ganadería en lugares que antes fueron bosque.

Bolivia es uno de los países con mayor tasa de deforestación en el mundo y el segundo en América Latina después de Brasil. En los últimos años los incendios han sumado millones de hectáreas perdidas a la degradación de los suelos en el país.

En ese contexto, algunas experiencias de restauración se van abriendo paso en este país. Una de ellas es la creación de viveros comunales con plantas nativas, liderado por Probioma y el Instituto Boliviano de Investigación Forestal (IBIF). “Hemos empezado en el municipio de San Antonio de Lomerío, en la Chiquitanía norte, con 15 comunidades”, cuenta Crespo.

Los arboles frutales también son parte de la restauración de los ecosistemas.

Los arboles frutales también son parte de la restauración de los ecosistemas.

Para establecer estos viveros, las comunidades están recibiendo plantines de árboles frutales que se sembrarán en las zonas destinadas a los cultivos en cada comunidad, cerca de sus núcleos urbanos. En una segunda etapa del proyecto, la propuesta es implementar  viveros comunales para plantas maderables forestales.

Este proceso de restauración de ecosistemas se suma a una apuesta previa de recuperación del conocimiento tradicional. En estas mismas comunidades originarias, antes de los incendios forestales de 2019, Probioma organizó la instalación de huertos ecológicos familiares con cada uno de los miembros de la comunidad.

“Después de los incendios, en medio de las capas grises de todo lo quemado se observaban manchitas verdes que eran los huertos que las familias habían defendido del fuego a capa y espada”, cuenta Crespo sobre como los comuneros protegieron su trabajo y los cultivos que se convirtieron en su sustento cuando todo se incendiaba.

Estos huertos –continúa Crespo– sirvieron como fuente de la alimentación de estas familias después que los incendios arrasaron con miles de hectáreas alrededor. Luego, con la pandemia, estos cultivos familiares también fueron clave para la alimentación familiar.

A través de los huertos ecológicos familiares se están rescatando saberes ancestrales. Foto: Probioma.

“Estamos recuperando las prácticas tradicionales”, asegura Crespo sobre el trabajo que realizan con los huertos ecológicos familiares y ahora con los viveros comunales de especies nativas.

La creación de viveros comunales es, por ahora, un programa piloto que se inició en Lomerío por tratarse de un municipio con autonomía indígena, sin embargo, Crespo espera que esta propuesta logre convertirse en una política de Estado para recuperar los ecosistemas y aportar en la seguridad alimentaria de la población.

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Colombia: la recuperación de bosques secos y humedales

«Colombia tiene una política nacional de restauración, un documento que expone de manera tangible la necesidad de ponernos como meta la urgencia de restaurar ecosistemas», dice Clara Solano, directora ejecutiva de la Fundación Natura de Colombia.

Vivero de plantas para la restauración de bosques en Colombia. Foto: Fundación Natura.

Bajo esa premisa, Fundación Natura impulsa dos programas de recuperación de ecosistemas en los lugares más degradados del país. Los bosques secos de los cuales solo queda el 6% de lo que existía originalmente y los humedales de agua dulce, como señala Solano.

Uno de los proyectos de la Fundación Natura se concentra en los humedales de la cuenca del río Magdalena del Cauca. «En los humedales llevamos tres años trabajando y contamos con la participación de poblaciones muy vulnerables, como los pescadores», comenta Solano.

La Fundación Natura tiene programas de restauración de ecosistemas de bosque seco y humedales. Foto: Fundación Natura.

Natura lleva, además, 12 años trabajando en ecosistemas de bosque seco. «Ha sido proceso muy lento, de inversión muy grande, pero con buenos resultados, no solo en recuperación de especies, sino también como esfuerzo en transformaciones sociales de los sectores involucrados». En este camino –asegura Solano– han trabajado en coordinación con sectores del gobierno y con el sector privado.

«Tenemos una degradación muy alta en la región Andina y El Caribe y la pérdida de conectividad entre Andes y Amazonía en Colombia ha sido muy fuerte», precisa Solano sobre la situación de pérdida de ecosistemas en el país.

Un promedio de 200 mil hectáreas se deforestan cada año en Colombia. Foto: Fundación Natura.

Por su parte, Lilia Roa, de la Universidad Javeriana, menciona que en Colombia se pierden, en promedio 200 mil hectáreas cada año. En algunos periodos, como en el 2015, la cifra fue de 150 mil hectáreas, pero en otros, como el 2017, la deforestación alcanzó hasta 230 mil hectáreas, comenta.

Por ello –indica Roa–  urge la restauración de los bosques secos tropicales en Colombia, de los cuales quedan apenas relictos, a ellos se deben sumar los valles interandinos entre los lugares priorizados para su recuperación, así como los humedales de alta montaña y tierras bajas que aportan con la captura de carbono.

Un panorama muy diverso de pérdida de ecosistemas ocurre en Latinoamérica, y al mismo tiempo, surgen experiencias que buscan recuperar esos espacios para rescatarlos de su destrucción.

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Variante de COVID que llegó a Brasil por la Copa América, más transmisible y con una mutación inédita

Esta nueva versión del coronavirus fue detectada por primera vez en Colombia, donde ya es bastante común en algunas regiones del país, pero aún hay poca información sobre su impacto real en la pandemia.
14 de julio, 2021
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Detectada por primera vez en Colombia, la variante B.1.621 de coronavirus también llegó a Brasil, donde fue registrada en dos hombres que formaban parte de las delegaciones de Ecuador y Colombia que disputaron la Copa América en el país sudamericano.

Ambos casos fueron diagnosticados en Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso.

La B.1.621 fue descrita por primera vez en enero de 2021 en Colombia. Desde entonces, se ha extendido a otros 19 países de América y Europa, según el sitio web Pango Lineages, que reúne a expertos en vigilancia genómica de diversas universidades y centros de investigación.

Por ahora, los lugares con más casos de covid-19 relacionados con esta variante son Estados Unidos, Colombia, España, México y Holanda.

¿Qué tiene de diferente esta variante y qué ya sabe la ciencia al respecto?

Actualmente, la B.1.621 forma parte de una “lista de alerta” de la Organización Mundial de la Salud junto con otras versiones virales que necesitan ser monitoreadas y estudiadas.

Como es relativamente nueva, aún no fue nombrada con una letra griega, como sucedió con la variante Alfa (Reino Unido), la Beta (Sudáfrica), la Gama (Brasil) y la Delta (India).

Gráfico de las 11 variantes del coronavirus

BBC

Una sopa de letras y números

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Europa señala que la B.1.621 trae al menos cinco mutaciones importantes en la proteína de espiga, la estructura que se encuentra en el exterior del coronavirus y es responsable de pegarse en los receptores de nuestras células y dar inicio a la infección.

Cuatro de estas alteraciones genéticas (E484K, N501Y, D614G y P681H) ya se habían observado en otras variantes más preocupantes, como Alfa, Beta, Gamma y Delta. Perola mutación R346K parece ser nueva y no se ha descrito en otras versiones del virus.

Estas modificaciones en el código genético pueden hacer que el agente infeccioso sea aún más transmisible, lo que representa un peligro para el control de la pandemia.

El CDC europeo también informó que esta variante podría tener algún impacto en la inmunidad obtenida después de haber pasado la covid-19 o por vacunación, pero esto aún debe estudiarse más a fondo.

Presencia en Colombia

En la práctica, esta versión del coronavirus parece haberse propagado con relativa facilidad a ciertos lugares.

Según información de Gisaid, una iniciativa de vigilancia genómica global, la variante representa el 24% de todas las muestras recolectadas y analizadas en Colombia.

En algunas localidades, como Córdoba, Bolívar, Atlántico y Chocó, ya está presente en más del 60% de todas las investigaciones genéticas realizadas desde principios de año.

La situación de la pandemia en Colombia, de hecho, es muy preocupante: el país latinoamericano tiene actualmente el tercer peor promedio móvil de muertes del mundo (solo por detrás de Namibia y Túnez).

Ataúdes en una sala en una ciudad próxima a Bogotá, en Colombia,

Getty Images
Colombia registra 4,5 millones de casos y 113.000 muertes por covid-19.

Pero, ¿esta variante tiene algo que ver? Se desconoce. Colombia no cuenta con un sistema bien estructurado de vigilancia genómica del coronavirus, que realice una gran cantidad de pruebas diarias. Por eso, no se puede conocer con exactitud la presencia y el impacto de las variantes en el país.

Aun así, la B.1.621 ha llamado la atención del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Salud.

En un artículo publicado en mayo, muestran su preocupación por “el rápido aumento de la frecuencia” de esta variante “en poco tiempo”, especialmente en ciudades que “parecían estar cerca de una eventual inmunidad colectiva”.

La situación en Brasil

El virólogo Fernando Spilki, profesor de la Universidad Feevale de Rio Grande do Sul, señala que, por ahora, no hay razón para entrar en pánico con la variante B.1.621.

“Hay pocos casos reportados en Brasil. Está claro que hay que monitorearla, pero los datos de Colombia y otros países no indican mayor agresividad, a pesar del aumento de casos en algunas regiones”, evalúa.

“Tampoco tenemos datos sobre una posible resistencia de esta nueva variante a las vacunas ya disponibles”, agrega el especialista.

Según una nota difundida por el gobierno de Mato Grosso, los casos de covid-19 provocados por esta versión del coronavirus fueron detectados en dos hombres de 37 y 47 años, que formaban parte de las delegaciones de fútbol de Ecuador y Colombia, respectivamente.

El 13 de junio, los dos países se enfrentaron en la primera ronda de la fase de grupos de la Copa América. El partido se desarrolló en Cuiabá.

Arena Pantanal

Getty Images
El Arena Pantanal, en Cuiabá, Mato Grosso, uno de los estadios donde se jugó la Copa América.

La buena noticia, según información de las autoridades de Mato Grosso, es que los dos pacientes fueron aislados en un hotel luego de su diagnóstico y permanecieron en cuarentena hasta que recibieron un certificado que les permitía regresar a sus países de origen.

Pero aunque el protocolo posterior al diagnóstico se siguió estrictamente, no se sabe si los dos hombres tuvieron contacto con otras personas antes de someterse a los exámenes.

Por lo tanto, existe el riesgo de que hayan extendido la variante por todo el país, de ahí la necesidad de monitorear de cerca la situación y ver si la B.1.621 gana terreno en territorio brasileño o no.

Aún en el terreno de la incertidumbre, no es posible determinar si esta variante causará mayor daño en Brasil, donde están en circulación otras versiones del coronavirus que son bastante dominantes, como el caso de la Gama, detectada originalmente en Manaus).

Independientemente de las mutaciones en la espiga del virus o del mayor potencial de virulencia, una cosa es cierta: las medidas preventivas contra la covid-19 siguen siendo eficaces y necesarias.

Por ello, es importante reforzar la distancia física, el uso de mascarillas (preferiblemente la PFF2 o N95), la higiene de manos y la circulación del aire en las habitaciones. Otra medida esencial es tomar ambas dosis de la vacuna.

Las vacunas disponibles siguen siendo eficaces contra las variantes ya descubiertas y, con un buen número de personas vacunadas, consiguen evitar que otras versiones aún más peligrosas del coronavirus aparezcan en algún rincón del planeta.


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