Masacre en Reynosa: Eulalio trabajaba en la maquila para pagarse universidad
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Foto: Cuartoscuro

Trabajaba en la maquila para pagarse su carrera de ingeniería: él era Eulalio, víctima de la masacre en Reynosa

Vio el rostro completamente “blanco, blanco” de un repartidor, y empezó a entender la magnitud del suceso.
Foto: Cuartoscuro
Por Manu Ureste/@ManuVPC
27 de junio, 2021
Comparte

A Silvia, la balacera del sábado pasado en Reynosa la sorprendió a eso de las 12.30 del mediodía. Estaba en casa, sola con su bebé, llenando unos tanques de agua. 

“Parecía que estaban dentro de la casa de lo fuerte que se oía. Eran como cuernos de chivo, o armas de grueso calibre. Se escuchaba que disparaban, disparaban y disparaban. No tenía fin”.

Al escuchar el tableteo metálico, Silvia dice que actuó en automático: agarró al bebé y buscó refugio.

“Por lo general, si los balazos me agarran en la calle, trato de refugiarme con algún vecino, o en alguna tiendita. Y si me tocan en la casa, vengo rápido para el baño porque tiene paredes de losa muy gruesas”, explica la mujer desapasionada, como quien explica un hecho cotidiano en una ciudad demasiado acostumbrada a la violencia.

Una vez pasado el horror, salió a la calle, a la tiendita de enfrente.

-¿Qué ha pasado? -preguntó asustada a sus vecinos tras ver la fachada de la casa de uno de ellos -un trailero- agujereada y destrozada por las balas.  

Ahí vio el rostro completamente “blanco, blanco” de un repartidor que se había refugiado en la tiendita, y empezó a entender la magnitud del suceso.

Muy cerca del comercio y de la puerta de su casa había cuatro cuerpos tirados: eran los de un hombre, su esposa, su hijo, y un hermano. Una familia completa. 

Poco después se supo que no fueron los únicos. Ese sábado 19 de junio, integrantes del crimen organizado a bordo de tres camionetas dispararon a todo lo que saliera a su encuentro, asesinando a 15 civiles en cinco colonias aledañas al puente internacional Pharr que cruza a Estados Unidos. 

Al ver los cadáveres, Silvia tomó su celular y buscó el grupo de chat que tiene con sus hermanos. 

“Oigan, tengan mucho cuidado”, los previno. “Está bien feo por mi casa”. 

Uno a uno, los hermanos respondieron al mensaje. Todos, salvo el segundo de los cinco; Eulalio Céspedes, de 37 años; un estudiante de ingeniería industrial que alternaba los libros con su empleo en la maquila los viernes, sábados y domingos, y que acababa de abrir una tiendita con su esposa en su casa de Infonavit. La acaban de terminar de pagar tras una década de esfuerzo y trabajo.   

A eso de las nueve de la mañana, Eulalio había escrito otro mensaje en ese mismo chat.  

“Buenos días, espero estén bien hoy, mañana, y siempre”, deseó a sus hermanos, con quienes planeaba reunirse al día siguiente, el domingo, para festejar el Día del Padre en una cena familiar. 

Más tarde, el hombre subió a su camioneta para dirigirse al supermercado a comprar la despensa de la semana. A diferencia de lo que solía hacer los sábados, esa mañana no se llevó a ninguno de sus tres hijos, ni a su esposa. 

Pero Eulalio no llegó a la tienda. Su camioneta fue encontrada cerca de una purificadora de agua. Estaba estacionada sobre la banqueta, y orientada como si hubiera decidido regresar a su casa al percatarse de la balacera. 

Cuando Silvia recibió la llamada de otro de sus hermanos se negaba a creerlo. En ese entonces aun no sabía que tras pasar por su calle los agresores siguieron desatando el terror por muchas otras partes de la ciudad, como las colonias Almaguer, la Fidel Velázquez, la Lampacitos, y la Unidad Obrera. 

Tuvo que trasladarse hasta el lugar donde se había quedado la camioneta de su hermano. 

“Se me salió el corazón al verlo”, dice Silvia con la voz quebrada. 

Eulalio, que había dejado olvidado su celular en casa y no alcanzó a ver los mensajes de su hermana advirtiendo de las balaceras, había sido asesinado. 

“Los narcos anduvieron a sus anchas”

Tan solo cinco meses antes, Eulalio salió victorioso de una batalla durísima contra la Covid 19. 

“Ya lo dábamos casi por perdido”, dice taciturna Silvia. “Íbamos a verlo a su casa con mucho cuidado para no contagiarnos. Le pedíamos que reaccionara, que saliera adelante por sus hijos y su esposa. Pero mi hermano estaba muy cansado, apenas podía respirar”.  

Lentamente, y con muchos cuidados, Eulalio superó el virus. Y aunque le quedó un cansancio crónico como secuela, el veracruzano de nacimiento fue volviendo a su vida cotidiana. A su familia, sus estudios y su trabajo.

“Mi hermano era un luchador y una buena persona. No se metía con nadie y era alguien muy estudioso y muy trabajador. Muy centrado en lo que hacía”, cuenta al otro lado de la llamada Silvia, que pide no revelar su verdadera identidad por temor a la inseguridad que desde hace años azota a Reynosa.

Sobre esto precisamente, sobre la inseguridad, Silvia explica que la ciudad fronteriza tamaulipeca se ha caracterizado desde hace años por ser violenta, por los cárteles y el narcotráfico. Pero asegura que desde la pasada jornada electoral del 6 de junio la violencia se disparó después de un periodo de cierta calma. 

“El día de las votaciones hubo muchos asaltos y vi en los portales de noticias de aquí que aparecieron varios muertos”, asegura. “Por eso luego veías en las calles a muchos policías vigilando la zona”. 

Sin embargo, Silvia acusa que ese sábado de la masacre “no hubo patrullas por ningún lado”. 

“Ahí por el puente internacional (Pharr) siempre hay marinos. Y cerca de la Unidad Obrera hay un cuartel de policía. Pero nadie vino a apoyarnos cuando los necesitamos ese día. Llegaron cuando ya todo había pasado, y mientras tanto, los narcos anduvieron a sus anchas por la ciudad”, denuncia. 

El testimonio de la mujer coincide con el de Juan, hijo del señor Matías De la Cruz Galindo, un albañil de 63 años que también fue asesinado ese sábado 19, y cuyo perfil publicó Animal Político en esta nota. 

Y también coincide con más testimonios recabados por el Comité de los Derechos Humanos de Nuevo Laredo, que refieren que las autoridades estatales y federales de policía tardaron hasta una hora en responder a los llamados de auxilio que la población hizo al 911 y por medio de redes sociales. Una versión que la Fiscalía estatal negó, para asegurar que la primera respuesta de los uniformados se dio a los 13 minutos. Aunque también precisó que abrió una carpeta para investigar cómo fue la actuación policiaca ese día. 

No obstante, más allá del tiempo que tardó la autoridad en responder, Silvia lamenta que ya poco importa. Su hermano ya no está. Como tampoco está el albañil Matías De la Cruz; ni Fernando Ruiz Flores, un técnico en enfermería de 19 años; ni Alfredo, taxista asesinado; ni las 15 personas que en total fueron masacradas el pasado sábado. 

Y aunque el jueves 24 de junio, la Fiscalía estatal anunció la detención de dos sujetos que podrían encontrarse vinculados a la masacre de Reynosa, la violencia continúa en la ciudad fronteriza, que en la semana posterior a los hechos sufrió nuevas balaceras y enfrentamientos en las calles. 

Por ello, aunque habitantes de Reynosa marcharon ayer sábado para exigir seguridad, pedir paz, y también justicia por las víctimas, Silvia dice que ella y su familia prefieren resguardarse en casa.

“Hay mucho miedo y mucha inseguridad -hace hincapié la mujer, que insiste-. Por mucho que las autoridades de aquí digan que todo está tranquilo, lo cierto es que ahora mismo vivir en Reynosa es muy inseguro”. 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
Comparte

Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarganuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.