Pacientes denuncian falta de medicinas; hay retrasos en compras
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Pacientes de institutos de Salud denuncian falta de medicinas e insumos; hay retrasos en compra consolidada

La compra consolidada de medicamentos y material de curación 2021 sigue en proceso y la escasez de insumos ya se resiente en los hospitales.
Cuartoscuro
3 de junio, 2021
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El 19 de mayo, Thelma Ponce, paciente con cáncer de mama, llegó al Instituto Nacional de Cancerología (INCan) para su segunda quimioterapia. Primero la hicieron ir a comprar dexametasona, porque no había en el hospital. Cuando regresó con esta, le dijeron que definitivamente no podían aplicarle su tratamiento porque no había el fármaco que ella usa, el Fluororacilo (5flu) o quimio roja.

Pacientes de tres hospitales de la Secretaría de Salud señalaron que hay escasez de medicamentos. La situación más grave se encontró en el INCan, donde los cinco pacientes entrevistados refirieron que les han faltando fármacos e insumos, que van desde la misma quimioterapia hasta catéteres, antibióticos y suplementos alimenticios.

Leer más: Cáncer y desigualdad: los más vulnerables mueren por falta de atención temprana

Al preguntar a la Secretaría de Salud por qué estaba pasando esto, refirieron a la oficina de comunicación del Instituto de Salud para el Bienestar, pues son los encargados de la compra de medicamentos a través de la UNOPS; oficina de la ONU a la que el gobierno de México le encargó la compra consolidada 2021. Se le hizo la consulta al Insabi del por qué de la falta de medicamentos en los hospitales, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Los pacientes del INCan refieren que la situación ha empeorado durante las últimas semanas y que para tener completos sus tratamientos ellos tienen que comprar medicinas y materiales.

La señora Thelma, de 65 años, cuenta, a unos metros de la entrada principal del edificio nuevo del INCan, que cuando, el 19 de mayo, le dijeron que no había la quimioterapia que le ponen, le pidieron subir al sexto piso para que le dieran una receta y la fuera a comprar.

Pero cuando iba a extenderle la receta, el médico a cargo del trámite le advirtió que en las farmacias tampoco la iba a encontrar, porque estaba agotada. “Le pregunté que entornes qué podía hacer y me contestó que mejor me cambiaban la formulación. Le dije que sí, y justo hoy vine a preguntarle a mi doctor si está bien el cambio y dice que sí. Me reagendaron la aplicación para el 9 de junio. Espero que no llegue y otra vez no haya quimio”, dice doña Thelma.

La señora Elvira Gascón cuenta que tampoco hay en el hospital cisplatino, para aplicarle la quimioterapia a su mamá Evelia Guadalupe. Su hija dice que al menos tres veces la familia ha tenido que comprar el cisplatino para que le puedan aplicar el tratamiento contra el cáncer cervicouterino a doña Evelia, porque en el INCan no hay. Cada dosis les ha costado 660 pesos.

“Ahorita otra vez no hay, le tocaba la quimio mañana y le dijeron que no hay, pero que igual ya no se la van a poner, porque ya era la última, lleva ocho quimios y 25 radios, y su riñón ya está trabajando lento”, explica Elvira.

Por ahora, doña Evelia, de 72 años y con uno en tratamiento contra el cáncer, va a estar solo bajo vigilancia, en estudios periódicos.

“Eso sí, no nos cobran consultas, no nos cobran estudios, aunque hemos tenido que hacerle (estudios) de sangre por fuera unas tres veces, tampoco nos cobran cirugías, pero sí ha pasado que no hay quimioterapia y se tiene que comprar”, señala Elvira.

Cómo va la compra del gobierno

El jueves 27 de mayo, el secretario de Salud, Jorge Alcocer, presentó, durante la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, los últimos datos oficiales que se conocen del avance de la compra consolidada de este año.

“A la fecha, se han adjudicado, con la UNOPS, un total de 730 claves de medicamentos y material de curación”, afirmó Alcocer.

En diciembre, la UNOPS especificó, en una sesión informativa abierta al público, que se comprarían más de 1,600 claves de medicamento y material de curación, a través de licitaciones públicas internacionales y cuyos contratos estarían firmados en marzo para iniciar el abasto en mayo.

Aparte se haría la compra de 367 claves de medicamentos de patente y de abasto urgente, que debían estar adquiridas en enero. Si Alcocer reporta un total de 730 claves adjudicadas, quiere decir que apenas se llevaría un avance en la compra consolidada 2021 de 35.5%.

En abril, la UNOPS explicó a Animal Político que el retraso se debía a que estaban haciendo el due dilligence de las empresas que postularon ofertas para asegurarse que eran compañías “limpias”, que no estaban ligadas a actos de corrupción.

Fuentes de Animal Político confirmaron que ese proceso de due dillinge ya finalizó, las empresas ganadoras ya recibieron la notificación correspondiente y ya inició la firma de contratos derivados de las licitaciones.

Esta compra cubrirá los requerimientos de las instituciones públicas de salud de junio de 2021 a junio de 2022, y este próximo julio iniciará el proceso de la compra multianual, también conducida por la UNOPS, para asegurar el abasto de medicamentos hasta 2024.

Pacientes compran sus medicamentos

Uri Agustín Rosario tiene 27 años y padece leucemia linfoblástica. Está sentado, junto con su esposa, Dolores Serrano, en una banca de cemento enfrente del edificio nuevo del INCan. Desde marzo está en tratamiento.

A él no le ha tocado tener que comprar fármacos para la quimioterapia pero sí ha tenido que comprar Aciclovir (antiviral), Trimetropina (antibiótico), Heparina (anticoagulante) y los tapones para el catéter.

También tuvo que comprar, porque no había en el hospital, un medio de contraste para una tomografía, que le costó 800 pesos. La pareja cuenta que están en una situación económica compleja porque a los dos los despidieron de sus trabajados por las constantes faltas para atender la enfermedad de Uri. Son las familias de ambos quienes los ayudan.

Eva, quien pide solo identificarla así, dice que a su mamá –parada a su lado bajo la sombra de una cornisa del edificio antiguo del INCan– no le ha faltado su quimio para el cáncer cervicouterino, pero tuvo que comprar, un catéter que le costó 2 mil 400 pesos.

“Esperamos dos meses para ver si ya lo conseguían, porque yo no tenía dinero para comprarlo. Somos de Veracruz y nos tuvimos que venir para acá para la Ciudad para que mi mamá pudiera seguir su tratamiento. Estamos viviendo desde octubre en la casa de unos amigos, yo conseguí trabajo pero gano muy poco. Hasta que junté, en mayo, compré el catéter y hasta entonces se lo cambiaron”, dice Eva.

También cuenta que van cuatro veces que no les dan los medicamentos para el dolor y ella tiene que comprarlos. “He comprado paracetamol con tramadol, pregabalina y gabapentina, porque aquí en el hospital no hay, enumera Eva. Me toca además comprar casi siempre la solución salina para la quimioterapia, que cuesta unos 50 pesos”.

La señora Antonia, que también pide no dar su apellido, dice que esta vez no le dieron un suplemento alimenticio, polimérica hipercalórica, que necesita consumir para subir de peso. Tiene cáncer de matriz y un año en tratamiento.

Este 31 de myao no encontró en la farmacia del hospital el suplemento alimenticio y el viernes pasado no hubo tamoxifeno (un medicamento que se usa como terapia complementaria para el cáncer). “Estuvimos una hora ahí parados en la fila para que nos dijeran que no había. Mi hija lo tuvo que comprar. No sé cuánto le costó. Ya mejor ni pregunto”, dice doña Antonia.

Ni gasas

En el Hospital GEA González la falta de medicamentos e insumos no parece tan acentuada pero hay carencia de material básico.

Mucho más cautelosos que en el INCan, algunos de los familiares de los pacientes de este centro médico prefieren no dar sus nombres. “Es que si uno se queja, se vayan a desquitar con los pacientitos”, dice una señora a quien llamaremos Rosa. Ella cuenta que su mamá está hospitalizada aquí desde hace dos semanas por un absceso que le salió en el cuello.

La señora tiene diabetes e hipertensión. “Sí se tomaba sus medicamentos, pero la alimentación pues no la seguía, la hemos pasado dura ahora con la pandemia, nos quedamos sin trabajo, no come bien ella y pues se le descontrolaron las enfermedades”, dice Rosa.

Hasta ahora le han pedido que compre Microdacyn (antiséptico), Cavilón (protector cutáneo) y un inspirómetro incentivo (para recuperar el volumen pulmonar). En todo se ha gastado unos 600 pesos.

Rosa cuenta que además no hay suficiente ropa de cama ni batas para que puedan bañar a los pacientes. Faltan también, asegura, guantes y hasta gasas. “Pedimos unas para ponerle compresas y bajarle la fiebre y que no hay. Los guantes cuando la tenemos que limpiar solo nos dan de a uno. Falta material de higiene y en el hospital hay enfermos con infecciones, hasta con COVID”.

Lourdes López Díaz tiene a su hijo, Jesús Giovanni, hospitalizado en el GEA desde el miércoles de hace una semana. Todavía no le dan un diagnóstico definitivo pero le han dicho que tiene un virus en la cabeza.

“Estaba internado en el Hospital de Las Américas, en Ecatepec, en el Estado de México, allá sí que está feo, allá sí que falta de todo. Los doctores ya me habían dicho que mi hijo se iba a morir. Por eso nos lo trajimos. Aquí solo nos han pedido unas botellitas de un como suero, que no me acuerdo cómo se llama, pero fueron cinco botellas y cada una cuesta 80 pesos”, dice Lourdes.

Ella también sostiene que no hay suficiente ropa de cama ni batas para tener aseados a los pacientes, y que, en efecto, faltan hasta gasas.

Dulce Montserrat López Reyes dice que ella tiene internado en el GEA a su papá, ya lleva más de 40 días en el hospital, donde lo están tratando por COVID.

“Lo único que nos han pedido pagar es un electrocardiograma. Mandaron traer el equipo y el especialista del Instituto de Cardiología, porque a mi papá no lo podían llevar allá por el COVID y nos cobraron por eso 3 mil 500 pesos”.

En el Instituto Nacional de Pediatría, de 10 familiares de pacientes con los que pudo hablar Animal Político, solo una persona dijo que le pidieron un medicamento y otra que le habían dicho los médicos que no tenían Eritropoyetina para el tratamiento de su hijo de cinco años, quien desde el año y medio padece insuficiencia renal.

“Desde hace dos semanas que está el niño aquí y no hay, dicen que no llega, pero le están poniendo otro medicamento en sustitución de ese, pero no sé cuál”, dice la señora Natalia.

Eso sí, asegura, que ya no le están cobrando nada. “Desde diciembre pasado ya no me están cobrando nada, antes sí me cobraban, dependiendo del tiempo que estuviera internado, me cobraban 4 mil o 3 mil 500 pesos y ahorita ya no pago nada”.

La señora Griselda tiene a su niña de un año ocho meses internada desde hace dos meses en Pediatría, tuvieron que hacerle una cirugía porque nació con atresia esofágica (parte del esófago del bebé no se desarrolla adecuadamente).

En todo ese tiempo dice que solo le han pedido un medicamento, del que no recuerda el nombre, pero dice que eran tres ampolletas y le costaron 50 pesos cada una.

“De todo lo demás no me han cobrado nada, ni me pusieron peros para recibirla. Nosotros venimos de Guanajuato y nos estamos quedando en un albergue. Los dos, también mi marido, somos obreros, en el trabajo nos dieron permiso de venir pero no nos están pagando, la estamos pasando con lo poquito que nos manda la familia, lo bueno que no hemos pagado nada aquí en el hospital”.

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'El día que le dije a mi novio que era una persona no binaria'

Katje van Loon tuvo la idea de celebrar un Día Internacional de las Personas No Binarias, a mitad de camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre.
14 de julio, 2022
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Hace 10 años, Katje van Loon escribió una publicación en su blog en la que pedía la creación del Día Internacional de las Personas No Binarias el 14 de julio, exactamente a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre. Katje le ha contado a la corresponsal de género e identidad de la BBC, Megha Mohan, por qué es importante que el día se haya convertido en una realidad.

Hay un meme que aparece de vez en cuando sobre un pájaro al que han llamado pingüino toda su vida. Un día, el pájaro se encuentra con un médico que le dice: “No eres un pingüino, eres lo que se llama un cisne“. El cisne se siente aliviado. De repente, toda su vida cobra sentido.

Yo tuve mi momento cisne en 2011, cuando tenía unos 20 años.

Mi abuela acababa de morir y yo estaba en su apartamento organizando sus cosas. Tratando de distraerme, entré en internet y, pasando de un página a otra, me encontré con la entrada en Wikipedia sobre identidades de género.

Fue aquí donde leí por primera vez la definición de “no binario”. En esos párrafos, aprendí sobre personas que no siguen las normas binarias de género, personas que sienten que existen en un espacio intermedio fuera de las definiciones de hombre y mujer.

“Esto soy yo”, pensé. “Soy una persona no binaria. Esto es lo que he sido toda mi vida. Y nunca he tenido las palabras para describirlo”. Empecé a llorar. Sabía que tenía que contárselo a mi novio.

La chica más fuerte

El teatro era mi asignatura favorita en la escuela secundaria. Me gustaba todo, incluso acarrear las cosas pesadas que habíamos utilizado al final de la clase. Me señalaban como la “chica más fuerte de la clase de teatro” cuando me tocaba guardar las piezas pesadas del set junto con los chicos.

Así que allí estaba yo, moviendo atrezzo con los chicos, identificada como diferente a las otras chicas. Pero, extrañamente, esta era de las pocas veces en las que ser diferente era un motivo de orgullo para mí en lugar de una vergüenza.

De alguna manera, yo era como mi madre. La gente decía que mi madre era una mujer “guapa”, y mucho más tarde me di cuenta de que en realidad lo decían como un insulto para referirse a su aparente falta de feminidad.

Era una mujer soltera, abogada y educadora. Ella no era como las otras madres de la escuela. Se sentía tan cómoda arreglando cosas por la casa como cuando enseñaba a sus alumnos o me cuidaba a mí.

Yo era como ella al adoptar roles de género no tradicionales. Pero a diferencia de ella, yo existía en otro lugar. No era solo que no me sintiera “femenina”, o que fuera más alta y más grande y menos femenina. Era algo más que eso: la etiqueta de “mujer” simplemente no me encajaba.

Al crecer en los barrios periféricos de Vancouver, en Canadá, y luego en Hawái, me perdí en libros de fantasía, en mundos ficticios creados por escritores como Ursula K. Le Guin, habitados por personajes sin identidad de género fija.

A los 12 años comencé a escribir, creando mis propios planetas ficticios. Más de una década después pude publicar una versión muy revisada y pulida de estos mundos, la primera de una serie de novelas de ciencia ficción.

En estos imperios creativos, jugué con los roles de género; los personajes oscilaban entre tener características sexuales masculinas o femeninas. Escribir me dio la libertad para imaginar una realidad menos rígida.

Como milenial, crecí en internet. En los chats encontré comunidades de personas que hablaban sobre sexualidad y me declaré bisexual a los 14 años. Primero en internet y luego en el mundo real, las comunidades LGBT me dieron la bienvenida cuando me abrí sobre mi sexualidad, y entonces experimenté un sentimiento de pertenencia.

Expulsada de la comunidad LGTB

Más tarde, cuando tenía 20 años, me enamoré de mi novio, Nathan. Pero esto tuvo un precio. Creo que no hay forma más rápida de ser expulsada de una comunidad LGBT que la de ser una mujer bisexual que sale con un hombre.

La gente te ve como “heterosexual”, alguien que no entiende la lucha, y de repente las conversaciones y los eventos ya no te incluyen. Lo llaman el “bi-borrado”, y es un fenómeno muy real. Dejan de invitarte a cosas. Se crean grupos privados sin ti.

En mi experiencia, las personas todavía entienden la sexualidad de la forma en la que no entienden la identidad de género.

Cuando encontré la página de Wikipedia que explicaba mi identidad no binaria, Nathan fue la primera persona a la que quise contárselo, pero me daba mucho miedo.

Cuando lo vi más tarde ese día, lo dije rápidamente: “Soy una persona no binaria”.

Pausa.

“Entonces, ¿qué es lo que cambia?”, preguntó.

Otra pausa.

Puede que use pronombres diferentes“, respondí. “O que me llame de otra forma a veces”.

Me preguntó si yo era transgénero. ¿Estaba pensando en cambiar físicamente de alguna forma?

Dije que no, que no lo era.

“Está bien, intentaré recordar tus pronombres”, dijo, “pero no soy muy bueno recordando cosas”.

Ambos nos reímos, relajados, y la tensión se disipó. Le expliqué cómo, al crecer, me había sentido mal representada como esta “otra” persona, y que ahora tenía un nombre para describir lo que era, por lo que inmediatamente encajé un poco mejor en mi propia piel.

Nos comprometimos poco después y nos casamos en 2015.

La boda de Katje y Nathan.

Zemekiss Photography

Durante varios años, usé diferentes pronombres en lugar de “ella”. Me gustó especialmente “zie”, que sonaba suave y divertido. Eran términos neutros en cuanto al género que la gente usaba en internet y que no determinaban el sexo de la persona.

Durante un tiempo estuve a favor del pronombre “they” utilizado en singular (en inglés significa tanto “ellos” como “ellas”). Pero a medida que vi su uso florecer y despegar, comenzó a desagradarme, y ahora no lo soporto.

Como escritora, me tomo el lenguaje muy en serio, y he leído varios textos en los que las personas usan el pronombre “they” que me confundieron realmente sobre si se referían a un individuo o a un grupo. Algunos escritores argumentan que Shakespeare solía usar “they”, a lo que respondo: “Muy pocas personas escriben tan bien como Shakespeare”.

Con el tiempo, mi amor de la infancia por la escritura de fantasía se convirtió en una carrera, así como en una salida para mi mundo imaginario fuera de las normas de género.

En mi libro “Stranger Skies” (Cielos más extraños), escribo sobre una diosa que cae de los cielos a un planeta que no obedece las leyes de la física o la biología. Descubre que en ese mundo, el género está programado, se es hombre o mujer, pero el sexo es mutable. Las personas pueden cambiar su cuerpo físico a través de una pequeña ceremonia semirreligiosa. Esto permite que las parejas homosexuales puedan tener hijos biológicos sin intervención médica. Me divierto mucho explorando estos conceptos en mi escritura.

Un año después de identificarme como persona no binaria, escribí una publicación de 153 palabras en mi blog sobre por qué debería haber un Día Internacional de las Personas No Binarias. Dije que debería ser en julio, a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer en marzo y el Día Internacional del Hombre en noviembre. Hubo algunos comentarios en el blog entonces, pero apenas se extendió por internet.

Katje haciendo pompas de jabón

Kam Abbott
Katje pasa ahora menos tiempo en internet.

Lo olvidé hasta varios años después, cuando vi que el Día Internacional de las Personas No Binarias se celebraría oficialmente el 14 de julio, el mismo día que sugerí en mi publicación. Lo iban a celebrar la organización Campaña por los Derechos Humanos, Stonewall, el sitio web del Parlamento de Reino Unido e incluso la web dictionary.com.

La gente citaba las razones que yo había dado para elegir la fecha, pero solo la página de Wikipedia sobre el género no binario mencionó mi blog como inspiración. Esto me molestó. Un pequeño reconocimiento hubiera estado bien.

Cambios

Ahora, las cosas han cambiado en mi vida. Estoy más cómoda conmigo misma. Me importa menos cuando la gente se refiere a mí como mujer o usa el pronombre “ella”.

Solía ​​​​estar muy a favor de tener un tercer marcador de género en las identificaciones, como pasaportes o permisos de conducir, como tienen en Argentina, Australia e India y han propuesto en Sudáfrica. Pero ahora no estoy tan segura. ¿Quiero que los datos de las minorías de género se recopilen en algún lugar al que los gobiernos puedan acceder fácilmente? Definitivamente no. No tengo fe en las burocracias. Puedo entender por qué puede ser importante para algunas personas en ciertos países, pero no lo es para mí.

También paso mucho menos tiempo en internet. No me siento cómoda ni en las páginas conservadoras ni en las liberales. Se fagocitan a sí mismas, a la espera de que la gente diga lo que ellos consideran que no está bien.

Solíamos llamarlo “la cultura de la denuncia“, pero ahora le han crecido más cabezas, es una bestia. Y no ayuda a nadie, y mucho menos a las personas vulnerables que quieren pertenecer a algo pero que saben que pueden ser apartadas en cualquier momento por decir algo incorrecto.

Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Katje van Loon
Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Puedo imaginar lo que puedes estar pensando ahora. Si no quiero ningún nuevo tipo de documento de identidad, y no necesito que respetes mis pronombres preferidos (todavía zie), ¿qué sentido tiene ser no binario? ¿Es importante tener un Día Internacional de las Personas No Binarias?

Sí, lo es.

Podemos sentirnos invisibles en un mundo que aún no ha entendido del todo lo que somos. Así que es bonito tener un día que reconozca nuestra existencia. ¿Tiene que ser un día en el que estemos en las calles marchando? No. Pero sería lindo recibir algunas flores.

Creo que ser llamada persona no binaria es importante a nivel interno. Para mí es importante tener esas palabras para describirme, y saber quién soy me permite estar más cómoda conmigo misma. Quiero que la gente sea feliz como es.

Y si tener un día te ayuda a ser feliz contigo mismo, genial. Ese es el mejor resultado que podría haber esperado de esa publicación de blog que escribí hace 10 años.


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