Con pérdida de gubernaturas y votos, PRI y PRD, fuera del mapa electoral
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Con pérdida de gubernaturas y votos, PRI y PRD se desdibujan del mapa electoral

El PRI fue derrotado en 8 de las 12 entidades que todavía le quedaban, por lo que ya sólo gobernará en 4 estados del país
8 de junio, 2021
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En 2015, a mediados del sexenio de Enrique Peña Nieto, el PRI gobernaba en 19 estados, el 60% del país, pero desde entonces ha ido perdiendo gubernaturas en cada proceso electoral. Este 6 de junio de 2021, el partido fue derrotado en 8 de las 12 entidades que todavía le quedaban, por lo que ya sólo gobernará en 4 (Estado de México, Oaxaca, Coahuila e Hidalgo).

En 2018, había perdido Yucatán a manos del PAN y Jalisco ante Movimiento Ciudadano (MC). Esta vez perdió casi todo —Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas— ante Morena, con excepción de San Luis Potosí, donde va arriba el candidato de su antiguo aliado el Partido Verde, y en Campeche aún no hay nada definido por lo cerrado de la contienda entre Morena, MC y el propio PRI en alianza con PAN y PRD.

En cuanto a los congresos locales de esos 8 estados, el tricolor también los perdió casi todos ante Morena, excepto en Zacatecas, donde se repartirá a la mitad entre la alianza PRI-PAN-PRD y la de Morena-PT-PVEM-Nueva Alianza; y en San Luis Potosí, donde la alianza logró un distrito más que PVEM-PT.

La sorpresa ha sido Nuevo León, donde pese al triunfo de Samuel García por Movimiento Ciudadano, ese partido no ganó ningún distrito y el PRI-PRD se queda con una mayoría de 12.

En el Estado de México, el gobernador priista se había enfrentado a un Congreso dominado por Morena, que en 2017 ganó 30 de 45 distritos, sin embargo, a partir de ahora el PRI recupera fuerza al hacerse con 20 escaños en alianza y otros 2 en solitario, para igualar los 22 que obtuvo la unión Morena-PT-Nueva Alianza.

Donde el PRI sí logró un mejor resultado en esta elección comparado con la anterior es en la Cámara de Diputados federal. Mientras que en 2018 solo consiguió solo 11 diputaciones de mayoría relativa (por voto directo), esta vez ganó 11 en solitario y la alianza con PAN y PRD logró 65 escaños. Además el tricolor registró 8.4 millones de votos, el 17.8% del total, ligeramente por encima del 16.4% obtenido hace tres años.

Por ello, de las y los 49 diputados que tiene actualmente (considerando también los plurinominales), el cálculo del Instituto Nacional Electoral (INE) es que termine con entre 14 y 26 representantes más que en la legislatura que termina.

PRD a punto de perder su única gubernatura y presencia en CDMX

El partido que parece quedarse con las manos casi vacías tras esta elección es el PRD. En 2018 gobernaba cuatro estados, Michoacán, Morelos, Tabasco y la Ciudad de México. Los últimos tres los perdió ese año ante Morena; ahora Michoacán, con todo y la alianza con PRI y PAN, está dos puntos porcentuales por debajo de la alianza Morena-PT —una diferencia tan ajustada que ya se prevé sea impugnada entre acusaciones de irregularidades—.

Aunque el candidato Carlos Herrera Tello es emanado del PRD, en números de votos su partido se está quedando en cuarto lugar, por debajo de sus aliados en esta elección.

El Congreso de ese estado es el único donde en distintas combinaciones de alianzas, el PRD logra 14 escaños, frente a 9 de Morena-PT. Aunque en votos totales ocurre lo mismo que en la gubernatura, ya que el sol azteca apenas está obteniendo 12% de preferencias electorales.

En la Ciudad de México, que fue bastión perredista desde las primeras elecciones para elegir representantes en 1997, el desplome ya se había dado en la elección pasada, cuando perdió la jefatura de gobierno, no obtuvo ningún diputado o diputada de mayoría relativa, y solo consiguió dos alcaldías: la Venustiano Carranza, con Julio César Moreno, y Coyoacán, con Manuel Negrete, que poco después de ganar se sumó al proyecto de Morena en la ciudad.

Este 2021, dos perredistas llegan a alcaldesas: en Tlalpan Alfa Eliana González y en la Cuauhtémoc, Sandra Cuevas. Aunque la alianza con PAN y PRI ganó en total ocho alcaldías.

En el Congreso local actual, el sol azteca solo tiene cinco legisladores que obtuvo por vía plurinominal, al sacar 10.6% de la votación en 2018, poco más de medio millón de votos. El domingo pasado, logró con sus aliados el triunfo en 9 distritos.

Pero aunque Morena cayó de 42% de preferencias a 38%, el PRD se fue en esta elección a un lejano cuarto lugar, con solo 123 mil votos, que representan apenas un 5.3% del total, por debajo del 39% logrado por Morena, el 26% del PAN y el 15% del PRI.

Y en cuanto a diputaciones federales, la caída del partido ha sido tal que incluso se especuló con que pudiera perder el registro, si no llegaba al 3% requerido. Con el PREP casi cerrado, el PRD logró apenas superar esa barrera y cuenta 3.7% de la votación total, que significan apenas 1.7 millones de votos.

Es la peor caída de un partido político frente a su propio resultado en la elección pasada, de alrededor de 40%, frente a los 2.8 millones de electores que había alcanzado en 2018 (3.1 millones si se considera los obtenidos en alianza) y gracias a los que actualmente tiene 11 escaños.

Con su resultado individual, el PRD no está logrando ni un solo diputado o diputada por mayoría relativa. Sin embargo, ante el impulso positivo de la alianza que hizo para este proceso electoral con el PAN y PRI, el INE calcula que el sol azteca podría incrementar de 1 a 10 representantes en la Cámara de Diputados.

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Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
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“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


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